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Desbaratada la gran conspiración contra Venezuela
Maduro asegura la continuidad del proceso bolivariano
Por Niko Schvarz*
A esta altura, a una semana de las elecciones del 14 de abril, parecería que la situación en Venezuela se ha encauzado en calma y que Nicolás Maduro, electo en comicios de transparencia ejemplar, podrá empeñarse hasta 2019 en el objetivo comprometido de afirmar y profundizar la revolución bolivariana iniciada por el presidente Chávez 14 años atrás. Para llegar a esta situación, el pueblo y el gobierno venezolanos mancomunados han debido desbaratar una conspiración en gran escala de las fuerzas de la oposición agrupadas en torno a Henrique Capriles Radonski, que contó con el apoyo irrestricto del imperio y de la derecha en todo el mundo, desde el punto de vista financiero y del concentrado poder mediático con el propósito de revertir la situación y retornar al antiguo orden de cosas. Al día de hoy Estados Unidos no ha reconocido al nuevo gobierno, permaneciendo prácticamente aislado en esa posición.
Hay que tener plena conciencia de que el objetivo de esta gran conspiración no era otro que cortar de cuajo el proceso iniciado por Chávez en 1998 apelando a cualquier medio, y en particular a la reedición del golpe de estado de abril de 2002, del cual Capriles fue uno de los principales impulsores. En estos días se han reproducido las imágenes que lo mostraban en primer plano en el asalto a la embajada de Cuba en Caracas. El plan se puso en marcha en los días previos a la elección y el mismo 14 de abril. Hubo sabotaje eléctrico para dañar la maquinaria electoral, desabastecimiento provocado, se distribuyeron remeras (franelas) con la inscripción FRAUDE en gruesos caracteres cuando se había emitido un solo voto, se intentó bloquear el Consejo Nacional Electoral (CNE), se hackeó la cuenta twitter de Maduro y de otros dirigentes, y al mismo tiempo la CNN y canales y diarios de Colombia y España, en particular, lanzaban en el transcurso de la elección la especie de que Capriles ganaba, y que si no se reconocía su triunfo era porque se cometía fraude. Así el día entero. Cuando, con todas las garantías del caso, el CNE dio a conocer los resultados ya irreversibles que sellaban el triunfo de Maduro, las maniobras se multiplicaron a todo volumen. Capriles salió amplificado en todas las pantallas del mundo, desconociendo el pronunciamiento del órgano competente y clamando a voz en cuello, exorbitado e histérico, la verdadera imagen de un fascista, que había trampa y que reclamaba un recuento manual voto a voto de toda la elección (ya veremos que esto es disparatado por los cuatro costados).
Al mismo tiempo, llamó a sus partidarios a salir a la calle para rechazar el dictamen del CNE. A esa altura, la CNN y consortes decían que el resultado era incierto pero que por estrecho margen había ganado Capriles. Esto sin tener ningún dato en la mano. En la noche del domingo 14, con el pronunciamiento del CNE emitido cuando el resultado era irreversible, Maduro celebró la victoria en un gran acto frente al Palacio de Miraflores.
El llamado de Capriles era una incitación a sus huestes, que se tradujo en el asesinato de ocho militantes chavistas en diversas localidades. Maduro les rindió homenaje y mostró sus fotos en el acto de juramento ante la Asamblea Nacional, el viernes 19, prometiendo que no habría impunidad para los asesinos; previamente había visitado a sus familiares para expresarles sus condolencias. La incitación de Capriles derivó también en incendios de Centros de Diagnóstico Integral (CDI), de viviendas populares (una de las grandes realizaciones del gobierno chavista) entre otras en el estado de Bolívar. Se quemaron centros de salud atendidos por médicos cubanos (que realizan una labor abnegada y cuentan con reconocimiento de la población), sedes electorales y del PSUV, se registraron intentos de atentado al domicilio de la presidenta del CNE, Tibisay Lucena. Asimismo, pretendieron sitiar el canal de TV estatal y varios canales públicos estaduales, quemaron sedes del PSUV en Anzoátegui y Táchira con gente adentro. En síntesis, salvajismo puro. Así siguieron al otro día. Luego, ante el rechazo generado por estos atentados, Capriles dio marcha atrás en la asonada proyectada para el miércoles en Caracas.
Este es el verdadero rostro del candidato derrotado, que a lo largo de la campaña electoral se mimetizó con las consignas, con las propuestas e incluso con el atuendo chavista, le puso a su comando electoral el nombre de Simón Bolívar, dijo que no iba a suprimir las misiones (médicas y educativas, que tienen un gran impacto en la población), y que iba a decretar aumentos de salarios del 40%, todo ello con la finalidad de engañar al electorado.
Venezuela no es el primer país en que se practican acciones desestabilizadoras de este tipo, programadas según un patrón prefabricado denominado “revolución de color” y que se aplicaron antes en la antigua Checoslovaquia, en Serbia y en varias ex repúblicas soviéticas. Un estudio especializado sobre el tema, titulado “Fallida ‘revolución de color’ en Venezuela” señala que “este proceder tenía como finalidad generar el caos, para dar la impresión que en Venezuela no había gobierno, reinaba la inestabilidad y estaban creadas las condiciones para pasar a otra fase, de golpismo abierto” (como en 2002). Éste es el gran peligro que de momento se ha conjurado.
La algarada de Capriles se anunció en la noche del domingo 14, apenas se dio a conocer el resultado electoral por parte del CNE. En las horas previas, el comando de Capriles había difundido a todos los vientos (y sin ningún fundamento) que él era el ganador, y eso fue amplificado de inmediato y llevado al mundo entero por el cartel mediático (y por algunos observadores internacionales, incluida una parlamentaria uruguaya). Al día siguiente, lunes 15, la presidenta del CNE Tibisay Lucena entregó a Nicolás Maduro el acta oficial que consagra su victoria electoral. Según la misma, la candidatura de Nicolás Maduro, apoyada por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en alianza con otros 13 partidos y formaciones políticas que configuran en conjunto el Gran Polo Patriótico, obtuvo 7.563.747 votos, el 50,75% del total, en tanto el candidato opositor Henrique Capriles Radonski logró 7.298.491, el 48,97%. La diferencia es de 265.256 votos y de 1.78%. Un ajuste posterior, éste sí definitivo, eleva la ventaja de Maduro a 1,89% y la sitúa en el entorno de los 273.000 votos. El porcentaje de votantes fue de 79,23%: 14.977.737 sobre un total de 18.903.143 habilitados. Este porcentaje supera al de elecciones anteriores y solamente es inferior, en proporción muy reducida, al de la elección presidencial del 7 de octubre 2012, que fue de ochenta por ciento y fracción. En la misma, Chávez derrotó a Capriles con 8.191.132 votos y 55,07% contra 44,31% y en el entorno de 6,5 millones de votos.
Una acotación a estas elecciones, pensando en Uruguay: en Venezuela votan todos los ciudadanos residentes en el exterior, sin ningún impedimento y con todas las facilidades y garantías. Lo mismo sucedió en los recientes comicios en Ecuador, que consagraron la reelección de Rafael Correa. Uruguay sigue siendo uno de los pocos reductos negativos que van quedando en esta materia.
Para reclamar el recuento voto a voto, Capriles hizo caudal de la exigüidad de la diferencia de votos en su contra, pero eso no es argumento. En la propia Venezuela, Rafael Caldera ganó la presidencia con una ventaja de 0,89%. Por porcentajes similares a la elección del 14 de abril, George Bush le ganó a Al Gore (con trampa manifiesta en la Florida perpetrada por su hermano Jeb), Kennedy a Nixon, Aznar a Felipe González en España, Calderón a López Obrador en México.
Por otra parte, el sistema de votación en Venezuela es el más seguro y confiable del mundo, según los testimonios de todos los expertos y observadores del mundo entero que por cientos se hicieron presentes en Venezuela (junto a seis mil integrantes de los medios de comunicación). El sistema electoral en vigencia implica el voto automatizado en un 100%, donde cada elector, tras identificarse electrónicamente (para evitar duplicaciones en el voto o el voto de personas fallecidas, como ocurría antes) y después de elegir a su candidato en un ordenador, obtiene una papeleta donde aparece impreso el voto elegido. Una vez verificado que el voto elegido coincide con el de la papeleta, el propio elector deposita esa papeleta en una urna. El ordenador envía al Consejo Nacional Electoral el voto de manera electrónica. Y por ley, el 54% de las urnas se somete a auditoría, comprobándose que coinciden las papeletas en la urna con lo que ha enviado el ordenador. Se verificó que el 100% de los resultados auditados ha sido correcto. Todos los observadores y expertos internacionales dijeron que las elecciones habían sido limpias y transparentes. Carter y el centro que lleva su nombre lo calificaron como el más fiable y transparente del mundo. Wilfredo Penco, delegado de la Corte Electoral uruguaya, insistentemente requerido por los medios declaró que el sistema electoral venezolano es “sólido, eficiente y plenamente confiable”, en tanto el representante de Unasur Carlos Chacho Álvarez agregó que dicho sistema era, además, inexpugnable.
Agrego que se efectúan auditorías múltiples de todos los aparatos previamente a la elección; y que hay testigos de todos los partidos en cada mesa, y a cada uno se le entrega una copia del acta respectiva. Personalmente pude apreciar el sistema en funcionamiento el día de la elección, y marcha en forma perfecta, sin colas, empleando de uno a dos minutos por elector (incluso cuando vota un discapacitado, con ayuda de un asesor, debidamente certificado).
En estas condiciones, el reclamo de un recuento voto a voto en forma manual efectuado por Capriles carece de fundamento. Se dijo con razón que pretende resucitar el viejo sistema, de la época de la IV República, en que “acta mata voto”, aludiendo a las trampas sistemáticas realizadas por Acción Democrática y el COPEI. Se demostró además que las denuncias de presuntas irregularidades efectuadas por Capriles (y amplificadas por CNN, ABC y El Mundo de Madrid, NTN24 de Colombia, Andrés Oppenheimer en The New Herald Tribune de Miami, y desde luego Globovisión de la propia Venezuela) correspondían a fotos del año 2010, o a actos de represión en Egipto. En otro caso, de Cuica, se mostró un acta con 700 votos donde había solamente 500 inscriptos; pero eso ocurría en la mesa 2 del circuito, que comprendía además la mesa 1 con otros 500 inscriptos. Total: votaron 700 de un total de 1000 inscriptos, algo perfectamente legal.
Recién al tercer día de desmanes presentó Capriles su pedido formal al CNE. El jueves 18, Tibisay Lucena informó que el CNE realizará la auditoría del 46% de las cajas que resguarda y que no fueron auditadas el 14 de abril, cuando se celebró la jornada electoral y se verificó de inmediato el 54% de las mismas. Lucena explicó que para realizar la evaluación “seleccionaremos una muestra que será auditada durante diez días inicialmente”. Ante esto, Capriles no tiene más nada que decir. Esta nueva auditoría no modificará el resultado electoral. Al día siguiente, el presidente electo juró su cargo en la Asamblea Nacional legislativa ante su presidente Diosdado Cabello, ambos con la Constitución bolivariana de tapas azules en la mano y en presencia de presidentes y delegados de 61 países, y con un amplio apoyo internacional. Entre ellos, el reconocimiento de la Unión Europea, del Movimiento de Países No Alineados (120 naciones de los 5 continentes) y de la UNASUR. En la tarde, previamente al gran desfile militar, Maduro recibió en el Paseo de los Próceres los atributos de mando como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.
En su discurso ante la Asamblea Nacional, se autodefinió como el primer presidente obrero y chavista, dijo enfáticamente que procurará la paz, la reconciliación y la unión, llamó a la oposición a cesar las acciones agresivas y el sabotaje, ofreció un diálogo constructivo, se comprometió a aplicar y ampliar el proyecto diseñado por Chávez y a bregar por la construcción de una nueva mayoría ciudadana. Uno de sus objetivos es alcanzar pobreza 0 en 2019, al término de su mandato. Dijo que hará un “gobierno de calle” y que “yo me voy con mi autobús y todos los ministros a recorrer todo el país, a recortar la cabeza que haya que recortar”. Este ex conductor de autobús y dirigente sindical de su gremio asumirá a partir del próximo 28 de junio la presidencia del Mercosur.
El destacado papel de UNASUR Un papel muy importante con vistas a la normalización de la situación en Venezuela lo desempeñó la UNASUR (Unión de Naciones de América del Sur) en su reunión efectuada en Lima, Perú, el jueves 18, bajo la presidencia del mandatario peruano Ollanta Humala.
En una resolución de cinco puntos adoptada por unanimidad, el Consejo de Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno de UNASUR felicita al pueblo venezolano por su masiva participación en la elección del 14 de abril, que ratifica su vocación democrática, y saluda a Nicolás Maduro por su elección como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. En segundo término, insta a todos los sectores que participaron en el proceso electoral a respetar los resultados oficiales emanados del Consejo Nacional Electoral (CNE), autoridad competente en la materia. Ratifica en tercer término lo señalado en la declaración de la Misión Electoral de UNASUR a Venezuela del 15 de abril, que todo cuestionamiento o procedimiento extraordinario que solicite alguno de los participantes del proceso electoral deberá ser canalizado dentro del ordenamiento jurídico vigente. En tal sentido, toma nota positiva de la decisión del CNE de implementar una metodología que permita la auditoría del total de las mesas electorales.
En cuarto lugar, hace un llamado a deponer toda actitud o acto de violencia que ponga en riesgo la paz social del país y expresa su solidaridad con los heridos y las familias de las víctimas fatales del 15 de abril. Invoca asimismo al diálogo y a contribuir a preservar un clima de tolerancia. Acuerda por último la designación de una comisión de UNASUR para acompañar la investigación de los hechos violentos del pasado 15 de abril.
Esta declaración fue adoptada por unanimidad por todos los mandatarios. El único que faltó a la cita fue el ecuatoriano Rafael Correa, que se entrevistó en Roma con el Papa Francisco y estuvo representado por el vicepresidente Glass. Desde Europa, Correa declaró que “Ecuador está con Venezuela” y que “no permitiremos que en Venezuela el golpismo trate de lograr por la fuerza lo que no logra en las urnas”. El presidente ecuatoriano tiene experiencia propia en materia de atentados golpistas.
Un conjunto de los mandatarios sureños (Dilma, Cristina, Evo, Mujica, entre otros) se trasladó de Lima a Caracas para participar en la asunción de Maduro el día siguiente. Varios de ellos visitaron el sábado, en compañía de gobernantes y delegados de otros países, como los presidentes Raúl Castro y Daniel Ortega, el Cuartel de la Montaña, que guarda los restos de Hugo Chávez.
De esta suerte, la UNASUR siguió desempeñando el papel positivo que asumió desde su fundación, en defensa de la democracia y de una solución pacífica de conflictos en América del Sur. De ello fueron ejemplo su actitud frente a intentos golpistas en Bolivia y luego en el conflicto entre Colombia y Venezuela, con papel destacado del fallecido ex presidente argentino Néstor Kirchner.
En síntesis: conjurado el gran peligro golpista, la América Latina y caribeña y las fuerzas progresistas del mundo entero miran con esperanza en la nueva etapa que se abre la consolidación y avance del proceso bolivariano en Venezuela, que concentró en estos días la atención de la comunidad internacional en su conjunto.
*Periodista y escritor uruguayo
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