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Nación y estabilidad financiera
Por el economista Luiz Carlos Bresser-Pereira*
La reducción del nivel de las tasas de interés se produjo a partir de 2001; hasta la actualidad, los avances fueron modestos
Entre 1980 y 1994, los problemas fundamentales que la economía brasileña enfrentaba eran la crisis financiera de la deuda externa, la alta inflación inercial y el desequilibrio de las cuentas públicas. Desde el comienzo de los años 1990, cuando el primer y segundo problema se equipararon, quedó el problema fiscal, pero se agregaron dos más que derivaron de la estabilización de los precios de 1994: la alta tasa de interés y el tipo de cambio crónicamente sobrevaluado.
Considerados estos tres problemas macroeconómicos, el primero fue razonablemente resuelto a partir de 1999, desde que el gobierno estableció una meta de superávit primario y logró alcanzarla; el alto nivel de la tasa de interés no fue totalmente resuelto, pero en los años 2000 se logró un avance sustancial: la tasa de interés dejó de girar en torno del 9% reales para, en 2012, variar en torno del 2,5%; ya con relación al tipo de cambio, no hubo avances: el nivel del tipo de cambio, que torna competitivas a las empresas industriales eficientes existentes en Brasil, debería girar en torno de los R$ 2,90 por dólar, pero viene fluctuando en torno de los R$ 2.
¿Por qué logramos éxito en un problema, algún avance en otro, y prácticamente ninguno en el tercero? Yo podría intentar responder a esta pregunta a partir del liberalismo económico o del desarrollismo de los presidentes y de sus equipos económicos, pero es más importante pensar en términos de la forma por la cual la sociedad brasileña ve estos tres problemas cuyo enfrentamiento no es trivial, porque involucra intereses de consumidores, o de empresarios, o de rentistas.
Los gobernantes sólo se sienten con poder para intentar resolver cada uno de ellos cuando se forma un razonable consenso en la nación sobre la necesidad de resolverlos, y como hacerlo.
La irresponsabilidad fiscal fue el primer problema enfrentado con un razonable éxito a partir de 1999, porque la sociedad civil se convenció que una de las causas de la alta inflación era la irresponsabilidad fiscal. Y por esto pasó a juzgar a los políticos también bajo este criterio.
La reducción del nivel de la tasa de interés real se produjo a partir de 2001, cuando ganó consistencia e intensidad la crítica a las tasas de interés exorbitantes que imperaban en el país desde 1994. Quedó claro que estas altas tasas no podían ser explicadas ya sea por el riesgo Brasil o por la necesidad de combatir la inflación, sino sólo por el interés de los capitalistas rentistas y de los financistas en mantenerlas altas. Y la nación brasileña se convenció de esto.
No obstante la crítica al tipo de cambio sobrevaluado haya ganado base teórica, hasta hoy los avances fueron modestos. Esencialmente porque, en el corto plazo, su corrección implica costos en términos de aumento temporario de la inflación, reducción temporaria de los salarios reales y quiebra de empresas muy endeudadas en moneda extranjera.
Por este hecho es porque la gente tiene dificultad en comprender cuan perjudicial para la economía es un nivel de tipo de cambio sobrevaluado; porque esta sobrevaluación crónica y cíclica desalienta la inversión y el ahorro, y, de esta manera, impide el crecimiento acelerado que Brasil precisa tener para lograr su objetivo.
*Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
LA ONDA® DIGITAL
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