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Ups…!
El camino para pelearle Montevideo
Por Anibal Steffen* redaccion.lademocracia@gmail.com
En el número anterior de La Democracia anunciábamos con entusiasmo y optimismo que se había despejado el camino para pelearle Montevideo al Frente Amplio. El pronunciamiento favorable del senador Jorge Larrañaga, líder de Alianza nacional, le dio oxígeno a una iniciativa que parecía languidecer.
Pero episodios posteriores nos mostraron duramente que el camino no estaba tan expedito.
El diputado y precandidato presidencial por el Partido Nacional Luis Lacalle Pou, propuso públicamente la utilización del lema Unión Cívica para cristalizar el acuerdo electoral entre blancos y colorados. La idea de Lacalle Pou no cayó bien entre la dirigencia del Partido Colorado tomada por sorpresa. Por otra parte, aseguran que la UC no tiene existencia formal como partido porque la Corte Electoral le canceló la personería cuando votó bajo el lema Partido Nacional en las elecciones nacionales de 2009. Y aunque así no fuera, prefieren un lema nuevo, sin antecedentes de ningún tipo.
Otro episodio fue protagonizado por el diputado de Vamos Uruguay, Fernando Amado, quien calificó de “fantasía” el proyecto de acuerdo entre ambas colectividades para conquistar el gobierno de Montevideo y anunció su propia candidatura por el Partido Colorado. Es obvio que la “Alternativa Montevideo” como ha dado en llamarse, necesita de la unidad interna en las dos colectividades tradicionales y coincidencias importantes entre ambas.
La creación de un nuevo lema -ya que al parecer la Unión Cívica no está habilitada- es todo un trámite, no imposible, pero que requerirá un diseño prolijo y trabajoso.
Para lograr el éxito de la empresa habrá que remontar otros repechos. Y la cultura frenteamplista del montevideano, -intelectualmente capturado por un relato según el cual blancos y colorados son malos y peor aún si se juntan y se vuelven rosados- no es el menor de todos.
Por lo pronto, Tabaré Vázquez, mostró un fastidio que no logró disimular detrás de su congelada sonrisa y arremetió contra la nueva “colcha de retazos” en cierne.
El razonamiento es bastante primitivo, simple, casi ingenuo; por lo tanto emocionalmente efectivo. Blancos y colorados son malos porque le quieren ganar al Frente. Y le quieren ganar nada menos que en su bastión electoral. Como si el ganar elecciones no fuera un objetivo estratégico válido en la actividad política.
La pregunta es ¿ganar para qué? Y la respuesta tiene que ser muy simple y debe estar en sintonía fina con el estado anímico de los montevideanos, que comienzan a mostrar claros síntomas de disconformidad con la administración frenteamplista.
No deberán estar en juego aspectos ideológicos. La recolección de residuos, la limpieza general de la ciudad, la luz, el transporte colectivo, el orden en el tránsito, etc., no tienen ideología. Es un tema de gestión.
Un programa de gobierno municipal elaborado entre blancos y colorado debe atacar apenas los aspectos fundamentales que hacen a la vida cotidiana de la gente.
Bajo el lema común, blancos y colorados votarán cada cual por el candidato de su partido, promoviendo la competencia, manteniendo su identidad partidaria y al mismo tiempo potenciando, por la vía de la acumulación, las probabilidades de un triunfo.
¿Será tan difícil?
*Periodista de La Democracia
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