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¿La neurociencia puede sustituir a Freud?
Por José Grau*
Aquí las opiniones del profesor Julio Artieda
El neurólogo Vaughan Bell ha criticado la simplificación de los medios de comunicación cuando informan sobre los avances científicos en neurociencia, una materia de la se publican miles de títulos de todo tipo, serios y, quizá con más frecuencia, ridículos.
Bell remitía a un trabajo de la psicóloga Cliodhna O'Connor, que tras diez años de seguir el rastro a la prensa llegó a la conclusión de que los redactores utilizaban los avances en el estudio del cerebro como una "prueba biológica" para apoyar su prejuicios.
Bell, no obstante, partía del hecho de que la revolución en la comprensión de la neuroquímica ha traído importantes tratamientos médicos para las enfermedades mentales y para los desórdenes neurológicos. Recordaba que determinados circuitos cerebrales están especializados en contribuciones a nuestras emociones y conductas. Y que el desarrollo de la tecnología para escanear el cerebro a partir de los años ochenta y noventa ha permitido a los científicos ver, "al menos de forma vaga", la actividad cerebral en individuos sanos cuando estaban realizando tareas reconocibles.
Para Vaughan, el ejemplo más deslumbrante del progreso aquí es la cirugía contra la epilepsia. Pequeñas zonas del cerebro que funcionan mal pueden ser la fuente de esta enfermedad. Extirpar con acierto esa parte, sin dañar otras sanas como las del habla o la memoria, es una técnica con la que se consigue acabar con esa dolencia.
Pero a partir de ahí se quejaba de que la neurociencia divulgativa se había convertido "en Freud para los que tiene aversión a Freud", en psicología de "andar por casa para los escépticos", algo, desde luego, que no era la neurociencia; y en la "autoridad" para explicar la naturaleza humana. No era de extrañar que la gente se viera impelida a usarla cuando trataba de persuadir acerca de lo que se debería o no se debería hacer.
En lugar de tratar de poner de manifiesto pequeños avances en "la complejidad de la belleza que hay aquí de fondo", la información y los divulgadores se conformaban con "generalidades" y "clichés científicos irritantes".
¿Entra dentro de ese patrón de quejas el libro de David Eagleman, Incognito: The Secret Lives of the Brain, que en España acaba de salir a la venta bajo el título de Incógnito: las vidas secretas del cerebro?
Según algunas de las reseñas que han salido en la prensa nacional, habría que contarlo entre los libros serios. Pero hay al menos tres párrafos, que traducimos de la versión inglesa de la obra, y que dan que pensar. Son los siguientes:
Primero: "Imagine por un momento que no somos nada más que el producto de miles de millones de años de moléculas que van juntas y en aumento gradual por medio de la selección natural, que nosotros estamos compuestos solo por fluidos y productos químicos que se deslizan a lo largo de rutas con miles de millones de células danzantes, que billones de conversaciones sinápticas zumban en paralelo, que esta vasta fábrica como de huevos, de microcircuitos, pone en funcionamiento algoritmos insospechados por la ciencia moderna, y que esos programas neuronales causan nuestas decisiones, amores, deseos, temores y aspiraciones. Para mí, esta comprensión sería una experencia numinosa, mejor que todo lo propuesto en cualquier texto sagrado".
Segundo: "A los meros 400 años de distancia de nuestra caída del universo, hemos experimentado la caída del centro de nosotros mismos".
Tercero: "Se necesita cierto equilibrio entre los sistemas emocionales y racionales, y este equilibrio puede ser ya optimizado por la selección natural en el cerebro humano".
Quizá convenga tener en cuenta lo que el profesor Julio Artieda** comunicaba recientemente a Suma Diario: "La neurociencia nos permitirá llegar a entender cómo funciona el cerebro. Es decir, nos permite profundizar en el plano orgánico. Entender la mente u otros aspectos más elevados pienso que se escapa de las herramientas de las que disponen las neurociencias, y es mejor recurrir a otras áreas de conocimiento como la psicología, la filosofía, la teología, etc.".
Fuente: +Sumadiario
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