Reflexión crítica de Lorenzo en el FA
Sí sólo hablamos de proyectos,
es muy difícil hacer política

Conferencia del ministro Fernando Lorenzo

Si estar en el gobierno limita
la osadía, estamos en un problema

El pasado viernes 10 de mayo Fernando Lorenzo ministros de economía participó en un encuentro organizado por el Frente Líber Seregni en las coordinadoras A y B, en el que también disertó el director nacional de Aduanas, Enrique Canon. Con una sala llena el Ministro Fernando Lorenzo señaló que; “Llegamos al gobierno a hacernos cargo – probablemente – de la situación más crítica que le ha tocado a un gobierno democrático enfrentar en las últimas décadas”. Pero, “si nosotros creemos que el papel de la izquierda termina cuando no hay más pobres o cuando no hay más indigentes, estaremos errando el camino…” Lo que sigue son los tramos más salientes de la conferencia de Lorenzo.

“Porque debemos reflexionar siempre, pero cuando estamos en el gobierno tenemos que reflexionar con mucho más rigor, con mucha más responsabilidad y también, con mucha más osadía. Porque si estar en el gobierno limita la osadía, estamos en un problema. Si estar a cargo de las responsabilidades del gobierno nos hace ser menos osados en términos de lo que pretendemos que ocurra, creo que estaríamos haciendo algo que no responde a las señas de identidad de la izquierda. La tensión en la izquierda entre el camino recorrido y el camino por recorrer es absolutamente natural y el balance - a mi entender - siempre de nuestra parte, va a estar en que lo que falta por recorrer es más que lo recorrido. No nos sentiríamos parte de la historia de la que provenimos y parte de la realidad política de la que somos parte, si en algún momento cayéramos en cualquier forma de autocomplacencia o cualquier forma de sobrevaloración de ese camino recorrido y no identificar que de ese camino recorrido hay muchas cosas a valorar, pero hay - sobre todo - un encuentro de nuevos problemas, nuevos desafíos y una agenda pendiente que se vive enriqueciendo. Y que esa visión crítica es parte de lo que somos. Por tanto reflexionar y reflexionar sin autocomplacencia, creo que es de las cosas que nosotros no deberíamos perder nunca.

Por supuesto, en la propia estructura, en la propia lógica de organización de nuestra fuerza política, todo debe ser considerado como un aporte. Cada uno de nosotros está convocado a realizar su aporte. Por supuesto, porque en las ideas, en la discusión, después nos toca en la acción. Hoy tenemos la responsabilidad de este gobierno y estas quince reflexiones lo que tratan de hacer es una pausa en el camino para seguir caminando y una invitación a que podamos discutir y analizar cosas que están ocurriendo y cosas que todavía no han ocurrido y que nosotros deberíamos propiciar que ocurrieran.

Ahora, en esa tensión natural entre el camino recorrido y lo que resta por recorrer, parte de lo que nosotros tenemos como mensaje central en este momento es que tenemos que valorar el camino recorrido. O sea, una cosa es no ser autocomplaciente. Una cosa es siempre creer que la tarea pendiente es tan o más relevante que el camino recorrido. Y otra cosa es que no nos demos cuenta - compañeros y compañeras - en qué consiste el conjunto de transformaciones y logros que estamos impulsando, que se están concretando y que están naciendo con transformaciones muy relevantes para nuestra sociedad.

Orgulloso de haber tenido un lugar para hacer un aporte
Estas quince reflexiones pretenden hacer un aporte en todas estas aristas o estas facetas, de lo que es nuestra realidad. Porque si no lo hiciéramos así, equilibradamente, sin autocomplacencia, pero al mismo tiempo sosteniendo la importancia de lo que hemos logrado en estos años, estaríamos también poniendo en tela de juicio la continuidad de un proceso que yo creo - y quiero ser sincero, yo estoy muy orgulloso de haber tenido la oportunidad, en los dos gobiernos del Frente Amplio, de haber tenido un lugar para hacer un aporte - pero, ¿cuántos de los que estamos hoy aquí soñamos durante mucho tiempo que esta era la etapa que queríamos vivir? Entonces, cuando la estamos viviendo y la vemos con realizaciones concretas, yo creo que eso nos tiene que llenar de satisfacción por ser parte de este período.

Yo decía en una reunión hace unos pocos días en el Comité “Cuaró”, que allá por los años 80 - 20 años de mayo del 68 - yo vivía en Francia y me tocó ver una serie de televisión muy buena que era rememorando los años 60 y aquellos años tan especiales en la historia de Europa, del mundo y de nuestra América, ni que hablar, y había una frase que titulaba el inicio y el final de cada una de las series - eran varios capítulos - y era alguien que le decía a Regis Debrais (alguien que murió en esas luchas): “Tu vas a ver, Regis, lo maravilloso que va a ser recordar que tuvimos 20 años en los años 60”. Y es una frase que, verdaderamente, mostraba lo que es el sentimiento de pertenecer a una época especial.

Las claves de este proceso que estamos asistiendo
Permítanme decir con la debida distancia que yo me siento muy orgulloso de ser parte de este proceso que tantos de nosotros y tantos de nuestros mayores esperaron que ocurriera. ¡Luchamos por décadas para tener esta oportunidad! Y créanme que yo no siento que estemos perdiendo la oportunidad. Yo creo que estamos en una fase que tiene algunos ribetes de inéditos en nuestra historia contemporánea. Estamos liderando un proceso político de transformaciones, algunas que soñamos y otras que no soñamos porque ni sabíamos que iban a ocurrir, pero están ocurriendo. Y creo que eso nos tiene que templar. Nos tiene que templar y nos tiene que hacer ver lo que falta por recorrer, pero reparar muy correctamente en qué consisten las claves de este proceso de transformación al cual estamos asistiendo. Y yo quisiera mencionar que está implícito en toda la estructura de estas quince reflexiones, pero decir en qué consiste aquello que está ocurriendo, que está en curso y qué debemos preservar para que este proceso tenga continuidad.

Reconstrucción de nuestra confianza
Yo creo que el primer elemento a destacar tiene - para mí - significación política. Después se pueden poner dimensiones sociales, económicas, institucionales. Este país ha recobrado, en estos últimos años, la confianza. Los uruguayos hemos vivido un proceso de reconstrucción de nuestra confianza en la sociedad que vivimos y en las posibilidades de que esa sociedad pueda ofrecernos la oportunidad de desarrollarnos como personas, como familia, como entidades sociales. Este es un hecho que yo creo que no nos damos cuenta de lo que ha significado. Sobre todo a los que nos ha tocado vivir épocas en las que se llegó al cuestionamiento sobre la viabilidad nacional. O sea, la postración, el estancamiento productivo y todos los fenómenos de exclusión social a los que asistimos durante décadas en este país. Con la emigración como telón de fondo, con la desocupación laboral, con la subocupación y la falta de oportunidades como la realidad tangible, esa especie de esclerosamiento de la estructura productiva, llevó a constituir una especie de pesimismo endémico que ponía en tela de juicio las condiciones de viabilidad de nuestro país como sociedad. Yo creo que tenía un economicismo por detrás, pero era mucho más que un economicismo. Era - verdaderamente - la materialización de la ausencia de oportunidad y ausencia de perspectivas.

Nosotros no llegamos al gobierno con un impulso formidable de una sociedad progresando, no. Llegamos, además, enseguida después de la crisis económica y social más importante que recordamos algunos de nosotros. Probablemente alguien podrá ahondar en episodios que a nosotros no nos tocaron vivir - los episodios de los años 30, yo no lo sé - pero nosotros no llegamos al gobierno con viento de cola. Llegamos al gobierno a hacernos cargo - probablemente - de la situación más crítica que le ha tocado a un gobierno democrático enfrentar en las últimas décadas.

Cambio en términos de oportunidades
Y se logró reconstruir la confianza. ¿Cuáles son las claves de la reconstrucción de la confianza? Porque yo creo que hay que identificar porqué se reconstruyó la confianza y qué significación tiene esa recuperación de la confianza. En primer lugar, no habría recuperación de confianza si no hubiera un cambio muy drástico en términos de las oportunidades individuales y colectivas, la percepción sobre oportunidades individuales y colectivas. No se reconstruye por un solo juego de imágenes o ningún tipo de trasmisión de ideas un proceso de reconstrucción de confianza que no esté amparado en que - efectivamente - los ciudadanos, la gente de nuestro país, empieza a notar que hay un cambio sustantivo en término de las oportunidades. Pero no alcanza con las oportunidades. Son oportunidades y perspectivas de mantenimiento de que esas oportunidades van a seguir estando. Porque vaya si en nuestra historia hemos tenido efímeros episodios en los que parecía que superábamos los problemas endémicos y después volvíamos a recaer como una suerte de recaída grave de una enfermedad que siempre dicen que es peor que los primeros síntomas del primer contagio de la enfermedad. Entonces yo creo que el cambio en la matriz de oportunidades, en el conjunto de perspectivas de mantenimiento de esas oportunidades, ha jugado un papel decisivo. Y eso tuvo una enorme dosis de construcción política. Porque no hubiera sido posible generar un espacio de oportunidades sin que hubiera habido realidades económicas y políticas que propiciaron que esas oportunidades ocurrieran.

Crecimiento económico superior al de otros tiempos
Aquí no es que el gobierno supo encauzar un proceso de crecimiento económico superior al de otros tiempos. No. El problema es que al mismo tiempo en que trataba de impulsar este crecimiento económico, les dio a los trabajadores las herramientas necesarias para convertirse en actores relevantes de ese proceso. Ofreció un marco de acción a quienes querían esforzarse, trabajar e invertir en nuestro país y decirle: “aquí está un enfoque serio, confiable y confiado en las posibilidades del país”. Se notó que el gobierno confiaba en lo que hacía, pero confiaba en las potencialidades del país. Y aquí hubo una suerte de retroalimentación, de resultados y acciones y señales dadas desde las políticas y desde la conducción política del gobierno que generó - mucho más rápidamente de lo que imaginábamos - un proceso de tonificación de la confianza, restablecimiento de la confianza y generación de una suerte de optimismo que no era característico en nuestro país. Esto tiene algo de especial y yo quiero que lo reflexionemos. Tiene algo de especial porque ¿cuántas historias han escuchado de fuerzas políticas y de gobiernos que llegan con una agenda de transformaciones impresionantes y que al poco tiempo lo que se dicen es la decepción, la agenda incumplida, las promesas que no fueron, el fracaso de la promesa? Bueno, muchas de esas cosas las tenemos presentes en nuestra historia y cerca en realidades que conocemos muy bien. Esa no fue la historia de nuestro primer gobierno, ni la ratificación en las urnas para el segundo gobierno, ni lo que está ocurriendo en las actuales circunstancias.

Nuestros adversarios políticos no confían en este país
Creo que tenemos que hacer una valoración política muy especial de que hemos construido algo que es verdaderamente una nueva plataforma para enfrentar los desafíos y los problemas que el Uruguay tiene y sigue teniendo. Porque haber construido activos sociales de confianza que ofrecen oportunidades, que hay perspectivas, que se recobra la esperanza y la expectativa para ir a más, no quiere decir que los problemas no estén ahí. ¡Vaya si haríamos mal, nosotros, si empezáramos a relatar un catálogo de logros y nos olvidáramos de las cosas que faltan por hacer, nuevamente! Pero esto sí lo construimos y esto es un tesoro que lo tenemos que conservar entre todos. ¿Por qué? Porque yo creo que el problema es que nuestros adversarios políticos no confían en este país. Entonces no pueden transformar en confianza a la sociedad, a los trabajadores, a los jóvenes, a los empresarios, a los inversores, a todos. No importa si les caen simpáticos o antipáticos cada uno de esos actores. El problema es que, finalmente, tienen enormes dudas sobre la viabilidad de este país. Gobernaron durante décadas generando esas dudas y se contagiaron de esas dudas sobre la viabilidad del país. Pero esto no quiero que se haga una cuestión de retórica. Quiero que se haga análisis.

La izquierda: tensión entre crecimiento y distribución
La izquierda cree profundamente en las posibilidades de desarrollo de este país y ratifica en su acción de gobierno, que creyendo en esas capacidades, se hace un aporte específico para la construcción de esas oportunidades. Yo creo que este es un primer elemento que tiene, a mi entender, significación.

Enrique decía que uno de los pilares de lo que se trata de trasmitir es que hemos roto con algunas proposiciones o ideas muy simples que regían, prácticamente, la constelación de ideas predominantes en nuestro país y en el continente. Probablemente la más importante de todas era una especie de idea de resignación secuencial de lo que era el avance de la producción y la capacidad de que esa producción se transforme en bienestar social. Porque esa tensión entre crecimiento y distribución… Vamos a hablarlo claro, cambiémosle la terminología. Estamos hablando de si el esfuerzo que realizamos y el progreso que realizamos trabajando, redunda en bienestar social o no redunda en bienestar social. Y llámenle como le quieran llamar, pero de esto se trata. Porque el trabajo es mucho más que el ámbito donde se generan ingresos. Para la izquierda, el trabajo es el lugar donde ocurren un conjunto muy grande de relaciones humanas y sociales, donde se definen lugares de pertenencia y donde se define, además, buena parte de las realizaciones y frustraciones en las que cada uno de nosotros interviene. El trabajo no es una fuente de ingreso, no es una ocupación laboral. Es donde se legitima nuestro aporte a la sociedad en la que vivimos y, por supuesto, a nuestra familia, a nuestro pequeño reducto.

Ruptura en el proceso del trabajo

Pero esa confianza de que el trabajo, el esfuerzo que realizamos - individual y colectivo - redunda en bienestar personal y colectivo, es algo que tiene, en sí mismo, un proceso de ruptura en estos años. ¿Por qué? Porque nos habían tratado de trasmitir que había que ser paciente y esperar que se generaran las condiciones para el avance de la producción y que ellas implicaban - necesariamente - que los aspectos vinculados al bienestar, pasaran a ocupar un lugar secuencialmente posterior. Y esta idea arraigó muy fuerte y fue inspiradora de muchas reformas cuyo formato tenía implícito la validez de esta idea. Porque las reformas que trataban de transformar abruptamente estructuras productivas sin reparar en las consecuencias sociales que eso pudiera tener, eran parte de esta historia. Y el Frente Amplio se encontró con una estructura productiva que - vaya - que no era la estructura productiva deseada. Era la estructura productiva que teníamos, un país que venía de enfrentar la crisis económica y financiera más importante de nuestra historia y una recesión que llevaba varios años. La recesión empezó en el 99, 2000, 2001, 2002 y a fines del 2003 se empiezan a insinuar los primeros elementos de crecimiento y, en el 2004, apenas tenemos un esbozo de salida, una aproximación a la salida de una situación de postración económica.

En qué Uruguay empezamos a gobernar
Yo creo que hemos perdido de vista lo que eran los niveles de endeudamiento de las familias y las empresas. Hemos perdido de vista lo que era la fractura social y la fractura económica en la que estaba inmerso nuestro país en el momento en el que nos tocó hacernos cargo de las responsabilidades de gobierno. ¡Ese no era el Uruguay que queríamos empezar a gobernar! Pero fue el Uruguay que nos tocó gobernar. Y fue con esa estructura productiva, con esa realidad, con la que se inició el proceso de construcción. E, inmediatamente, la apelación a la compatibilidad entre crecimiento y desarrollo, entre crecimiento y distribución, estuvo jalonada por algunos actos que yo creo que los tenemos que recordar como actos emblemáticos que exhiben cual fue la sensibilidad del gobierno. El gobierno prioriza el Plan de Emergencia y convoca a la negociación colectiva y restablece los ámbitos de negociación colectiva. Quiero que vean que estas dos cosas, en un país inmerso en dificultades, es una doble señalización de cual era el rumbo. Teníamos que propiciar que la producción le diera oportunidades y que los trabajadores defendieran sus oportunidades en la negociación. Y aquellos que habían perdido la esperanza y aquellos que estaban desenganchados, incluso, del mundo del trabajo, no los podíamos dejar a solas, tampoco.

Construcción de las herramientas

Vivíamos en una sociedad a dos velocidades - todavía vivimos -, pero en aquel momento esas dos velocidades estaban marcadamente influenciadas por una enorme crisis de la que proveníamos. Y fue la construcción de herramientas para que fuera posible y compatible el proceso de expansión económica y el proceso de mejoras de bienestar, la articulación permanente entre políticas de corto plazo y una visión estratégica de largo plazo. Al mismo tiempo el PANES, se diseñaba y se estaba trabajando en el Plan de Equidad. Al mismo tiempo que se fortalecían recursos para la Salud Pública, se llevaba adelante la Reforma de la Salud. Al mismo tiempo que se atendían las realidades específicas de algunos sectores productivos en dificultad, se proponían instrumentos para que la acumulación del capital y para que el desarrollo de las inversiones y de las oportunidades de empleo pudieran ocurrir. Quiero decir, no cooperó en ningún momento una visión de confrontación entre el corto y el largo plazo. Hubo una visión estratégica que combinó, simultáneamente, las dos dimensiones.

El programa del Frente Amplio es un programa que tiene como referencia un conjunto de transformaciones que creemos deben marcar el paso en nuestra sociedad y, al mismo tiempo, la atención de las realidades concretas. La vigencia política de la fuerza que nosotros representamos, está plasmada en la estructura programática. Y la estructura programática del Frente Amplio siempre ha tenido dos grandes vertientes de aporte: una es la visión de largo plazo, el Uruguay que queremos construir, el rechazo a los problemas estructurales y a los postulados que los podemos superar, pero al mismo tiempo el reconocimiento de que, cuando surgen problemas circunstanciales, específicos, coyunturales - si ustedes quieren - dar respuestas. E integrar en la base programática esos aspectos, es tan o más importante que tener la visión de largo plazo. Porque la política es acción. Y si la política es acción, la visión estratégica implica dar cuenta del presente, actuar en el presente y mirar hacia el futuro. Y vaya si yo creo que esta combinación estratégica entre la resolución de los problemas que nos van apareciendo - o los que vamos recibiendo del pasado - y la visión de las transformaciones que hay que hacer, ha sido la seña de identidad de nuestro gobierno. ¡Y cuidado, compañeros! ¡Va a tener que seguir siéndolo! Si nosotros nos creemos que el problema de la discusión programática y la elaboración que tenemos por delante, las reflexiones para lo que sigue, sólo implican decir cómo quiero que sea la sociedad dentro de 20 años y no nos damos cuenta de aquellas cosas que son hoy relevantes porque hoy tenemos que ayudar más a resolverlas, estaremos dando una visión parcial y carente de estrategias.

La estrategia política es mirar largo, pero bien ancladito en la realidad. Porque si no estamos anclados en la realidad y sólo hablando de proyectos por venir y de larga maduración, es muy difícil hacer política. Es muy difícil convocar, con urgencias, convocar a la paciencia y a la espera de que estamos construyendo algo superior. Yo creo que estas son parte de los procesos en los que estamos inmersos. La legitimidad política de la izquierda, en lo programático, ha dependido y va a depender de una rica articulación entre esa visión del mediano y del largo plazo de la sociedad que queremos construir, de los problemas estructurales que queremos superar y - al mismo tiempo - una visión muy crítica de los problemas actuales y de la forma en que podemos contribuir constantemente a su superación. Y yo creo que esto es especialmente importante si estamos en el gobierno.

Porque si estamos en el gobierno, en el 2005, heredamos un conjunto de problemas de los cuales tuvimos que hacernos cargo. Ocho o diez años después, vamos a dar cuenta de cuántos de aquellos problemas hemos logrado ayudar a superar.

Cambian las prioridades
Pero tenemos que reconocer que hay una nueva agenda que se despliega sobre la base de los problemas superados, pero que es una nueva agenda de la cual cambian las prioridades. Nosotros llegamos al gobierno con… Los tres o cuatro primeros temas de preocupación de los uruguayos tenían todos dimensiones económicas y laborales. ¡Todos! Hoy, los temas económicos y laborales no forman parte de las dos o tres primeras respuestas de los uruguayos como preocupaciones. Eso tiene materialidad política y tiene significación política. No porque la agenda económica diga: “¡No, despreocupémonos! ¡Que pase cualquier cosa con la economía!”. ¡No! Porque rápidamente, cualquier cosa que nosotros desatendamos de lo que estamos haciendo - y es valorado - cualquier desatención va a implicar un retorno a la valoración de eso, si no nos despreocupamos. Pero hay hoy ejes de preocupación de nuestra sociedad de los cuales nos tenemos que hacer cargo. ¡Y por supuesto que algunas son herencias largas! Pero va avanzando el tiempo y nosotros somos actores de gobierno que vamos a completar - el año próximo - diez años de gobierno en este país. Y por tanto, hacernos cargo de la agenda, priorizada y más relevante de los uruguayos, es absolutamente esencial. Porque tenemos la confianza que nos da algo que yo creo que - hoy en día - es la señas más importante del Frente Amplio que es: el programa está para cumplirse y los compromisos programáticos y los compromisos políticos son compromisos que la población cree que el Frente Amplio - cuando comparece a una elección y convoca a votar - sabe que los objetivos programáticos guían la acción de gobierno y damos cuenta por las acciones y por el cumplimiento de los compromisos asumidos.

Un doble error
Entonces, tenemos el crédito de cumplir y, por tanto, tenemos la obligación, no sólo de seguir cumpliendo, sino de tener la agenda real y osada hacia el futuro. No puede ser de otra manera. Porque si nos complacemos con el camino recorrido, yo creo que cometemos un doble error: no interpretamos a nuestra gente, a nuestros votantes, a la sensibilidad de izquierda - que es sociológicamente mayoritaria en este país - si nosotros nos volvemos complacientes con el camino recorrido, sin osadía y sin realismo para enfrentar los problemas, estaremos - a nuestra propia base social de sustentación - dándole un mensaje inadecuado. Y en segundo lugar, estaremos cometiendo un error muy importante y es: estaremos abriéndole las puertas del retorno a las ideas que van a traicionar todo lo que incipientemente hemos construido. Algunas de las cosas que hemos construido están ya muy arraigadas. Otras no. Y los procesos de arraigo de las transformaciones, los procesos mediante los cuales las transformaciones se transforman en permanentes en nuestra sociedad - o en cualquier sociedad - demoran tiempo y requieren, además, de un enorme involucramiento político. Y esto casi también es un llamado de nuestra parte y es que gobernar durante diez años no nos exime de seguir haciendo lo que somos, que somos militantes políticos y que ponemos por delante el activismo y el compromiso de cada uno de nosotros con la política, al servicio de la acción política. Y no es un problema de separar: acá está el gobierno y acá están los éxitos del gobierno y vaya por donde vaya el resto de la organización política, no va a ser relevante. No compañeros. Eso no va a ser así. Porque las transformaciones arraigan en el pueblo, arraigan en la gente y se transforman en realidades consolidadas después de que esas realidades políticas han sido matrizadas políticamente. Porque no vamos a perder de vista que este es un debate de ideas, también. Y el debate de ideas es un debate que no se da sólo en el gobierno, ni mucho menos.

Cuando uno analiza este proceso en el que hemos estado inmersos, yo creo que hay un conjunto de datos muy relevantes a tener en cuenta que es que estamos asistiendo - yo lo decía hace algún momento - a un proceso de transformaciones de gran significación. De gran significación en la estructura productiva, de gran significación en la estructura social, de gran significación en las formas institucionales, en las formas de organización del trabajo.

Lo peor es que no sepamos las transformaciones que están ocurriendo
Nosotros tenemos un enorme desafío y es que… Y esto no debe ser parte de la autocomplacencia. Nosotros tenemos que dar cuenta de esas transformaciones. Tenemos que internalizar políticamente entre nuestros compañeros, entre nuestros militantes primero pero después, en toda la sociedad, que se tome real magnitud de lo que son esas transformaciones. Lo peor que nos puede pasar políticamente es que nosotros mismos no sepamos las transformaciones que están ocurriendo. ¡Y cuidado, compañeros! Estamos tan ocupados de algunas otras cosas, que a veces nos olvidamos de que tener un relato del proceso en el que nos encontramos, que de cuenta de la realidad, es tan o más importante que todos nuestros sueños. ¿Por qué? Porque esa realidad en transformación es un aliento a continuar transformando. Y si uno se cree que el proceso de transformación todavía no empezó, va a caer en desánimo. ¡Todos vamos a caer en desánimo! O sea, si no nos damos cuenta y no jerarquizamos esos procesos de cambio y, además, no los integramos como aspectos positivos de lo que ha estado ocurriendo.

La ventaja de la izquierda es que conocía el país
Si nosotros nos creemos que el Uruguay Productivo de hoy, que el Uruguay Social de hoy, se parece al de los años 90, o se parece al de principios del siglo XXI, estamos cometiendo errores garrafales. Y creo que la izquierda tomó la ventaja para convertirse en mayoría política y social en el país, sobre la base que tenía mejores ideas y mejor conocimiento del país. ¡Esa ventaja no la podemos perder! Ni la de las ideas, ni la del conocimiento de lo que ocurre en el país. Y, créanme, que deberíamos priorizar una plataforma de análisis y dar cuenta de estos procesos de transformación.

Han ocurrido cambios muy importantes. Positivos muchos de ellos, otros no. Pero son transformaciones que cambian la lógica de la agenda del país. O sea, aquí hay gente que yo sé que ha estado vinculada a múltiples actividades productivas, pero el desconocimiento urbano sobre lo que pasa en la agropecuaria de este país, es impresionante. Es preocupante. Que los uruguayos no sepan ya la cantidad de ámbitos productivos sobre los que penetró la innovación y la sofisticación tecnológica, que ya no son anécdotas perdidas y episodios absolutamente menores de alguien que contaba una historia y decía: “se puede, se puede. ¡Viste! ¡Uno pudo!”. No, no. ¡Que nosotros no nos demos cuenta de los niveles de calificación de la mano de obra más calificada de nuestro país! Estamos en pleno empleo y eso está significando mucho sobre lo que está ocurriendo en producción. Si no nos damos cuenta que en este momento tenemos inserto en los mercados de exportación una enorme cantidad de sectores que antes no competían con el exterior. Si no nos damos cuenta la cantidad de trabajo uruguayo que depende de nuestro éxito en el comercio internacional. Si no nos damos cuenta lo que han implicado la sofisticación de procesos productivos industriales, hechos sobre recursos naturales.

Recursos minerales, se juega mucho
O si no nos damos cuenta los desafíos que implica para el futuro la producción y explotación - por primera vez en el país - de recursos naturales no renovables. Ninguno de nosotros incluyó nunca, como una reflexión relevante en Uruguay, el problema de administrar con políticas públicas, la producción de recursos minerales o de recursos no renovables. ¡Es una materia nueva! Es un proceso de transformación en curso en el que se juega mucho más que qué se va a producir y cuánto se va a producir.

Entonces, dar cuenta de estos procesos de transformación en curso. No son procesos consolidados. No es que es una estación terminal. Es un proceso - que con sus luces y sombras - tiene que estar inspirando nuestra elaboración programática y tiene que alimentar nuestras reflexiones. Y llegará el momento en que esos temas se transformen en temas de primer nivel. Y créanme que si efectivamente existe ese Uruguay de producción de recursos no renovables, vamos a tener que ponerle mucho esfuerzo político para que eso redunde en bienestar social, presente y futuro. Estamos demasiado acostumbrados a producir cosas renovables. Pero cuando uno empieza a explotar algo no renovable, ¡hay un problema hasta moral, ético, ideológico! ¿Me puedo yo apropiar hoy, los uruguayos de hoy, de la integralidad de un recurso que viene del pasado y que podría tener derecho a ser explotado en el futuro y gozado por uruguayos que todavía no nacieron? ¿Es lo mismo explotar algo no renovable que asegurar la sustentabilidad de la producción renovable? ¿Es lo mismo?

El Plan “Ceibal”! ¡No era un compromiso!
Estos van a ser debates muy grandes, que implican reflexión y análisis previo. Y esa reflexión y análisis previo tienen que estar inmersos en la experiencia de gobierno, pero en la osadía de lo que falta por hacer. Porque estos son temas nuevos. En el 2005 teníamos un Plan de Gobierno y nadie se imaginó, al inicio, que íbamos a llevar adelante el Plan “Ceibal”. ¡No estaba escrito en el Programa de Gobierno el Plan “Ceibal”! ¡No era un compromiso! Encontramos las ideas y la oportunidad y lo llevamos adelante. Y como esa, podríamos señalar muchas otras cosas. ¡Vaya si encontrarse con buenas ideas y desplegarlas - aunque ellas no estuvieran programadas - no tiene un inmenso valor político!

Bueno, estamos en un momento en el cual vamos a concretar un segundo gran gobierno del Frente Amplio. Vamos a haber acumulado un proceso de diez años de progreso social sin comparación en nuestra historia contemporánea y vamos a tener la oportunidad de revalidar esto por un tercer período. No es por gobernar cinco años más. Es porque lo que hemos hecho vale la pena y porque lo que queda por hacer, todavía sigue siendo muy importante. ¡Y cuidado con caer en ningún tipo de simplismo que termine validando la acción de la izquierda en función de solucionar tal o cual problema concreto y que ahí se termina!

¿Cuando la izquierda le erra con los indigentes?
Si nosotros creemos que el papel de la izquierda termina cuando no hay más pobres o cuando no hay más indigentes, estaremos errando el camino. Si nosotros nos creemos que la superación de alguno de los problemas acuciantes, que ocurren sólo en algunos ámbitos de nuestra sociedad, resolverlos - eso sólo - es tarea cumplida, estaremos acotando cuál es el papel que tenemos para jugar en el futuro. Ese papel va a ser siempre el del progreso, la transformación y - lo que es más importante - la ampliación de derechos gozados por la mayoría de los uruguayos democráticamente.

Yo creo que la única fuerza política en Uruguay que está preparada para seguir encabezando procesos de transformaciones, como en las que estamos en curso, es el Frente Amplio. Y esta es la tarea - me parece - la de todos, sentirnos orgullosos de esto, pero - sobre todo - ser concientes de que nos jugamos una parada muy grande en sostener este proceso. Y hay que entusiasmar a mucha gente. ¡A mucha gente! Y no reentusiasmar a los que perdieron el entusiasmo. ¡Hay que entusiasmar! Hay que convocar a muchos que nunca estuvieron entusiasmados. Pero yo creo que lo podemos hacer. Que están dadas las condiciones para que esto ocurra y necesitamos: reflexión, análisis, mucha fraternidad y mucho compañerismo.


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