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Provocar abortos y el encuentro entre ética, ciencia y derecho
Discurso completo del Dr. Tabaré Vázquez
Provocar abortos para evitar abortos es tan contradictorio como combatir la muerte ocasionando la muerte
El martes 7 de mayo, en el Ballroom del Hotel Radisson, el Dr. Tabarè Vàzquez presentò el libro “Veto al Aborto” , editado por la Universidad de Montevideo (UM). Previo a la exposición de Vázquez, el decano de la Facultad de Derecho Dr. Nicolás Etcheverry realizó un comentario sobre los 15 artículos de autores que abordan los argumentos esgrimidos por el ex mandatario para vetar los artículos del 7 al 20 de la ley de Salud Sexual y Reproductiva aprobada en noviembre de 2008.
Los autores del libro Veto al aborto son el Dr. Leaslie Van Rompaey, Dr. Leonardo Guzmán, Dr. Pedro Montano, Dr. Nicolás Etcheverry, Dra. Cecilia Hackenbruch, Lic. Lincoln Maiztegui, Dr. Santiago Altieri, Dr. Eduardo Esteva Gallicchio, Dr. Pablo Sandonato, Dra. Carmen Asaín, Dra. Marie Lourdes González, Dr. Alfredo Solari, Dr. Héctor Lescano, Lic. Verónica Alonso y el Dr. Daniel Radío.
Durante su alocución Vázquez aclaró que si bien su exposición no era “neutral” tampoco constituía “un acto de campaña plebiscitaria” sobre la ley del aborto. “Mis palabras no buscaban herir a quienes están a favor de dicha ley y no son una pedrada sobre la claraboya de la fuerza política a la que pertenezco”, afirmò.
El Frente Amplio, fuerza a la que pertenece el ex mandatario, impulsó la Ley vetada en 2008 por Vázquez. En su ponencia, Vázquez expresó el deseo de que la obra editada por la UM permita superar “un debate falso e innecesariamente polarizado” entre los que están a favor y los que están en contra del aborto. “La realidad no es tan burda, la controversia no es entre buenos y malos”, señaló.
El acto fue clausurado por el Dr. Santiago Pérez del Castillo, rector de la UM, quien subrayó “el ejemplo de valentía” y la “coherencia” del Dr. Vázquez en relación a la actitud de “jugarse a favor de la vida del no nacido”. A continuación, la exposición COMPLETA del Dr. Tabaré Vázquez, tomada de la versión gravada por La ONDA digital. Amigas y amigos, gracias por la invitación a otra actividad convocada por la Universidad de Montevideo y la hospitalidad con que, nuevamente, me reciben. De lo anterior se desprende que somos reincidentes - para decirlo con una palabra que no es ajena al carácter académico, al menos en jurisprudencia - de este encuentro. No obstante ello, antes de abordar la temática del mismo, permítanme hacer dos precisiones que estimo pertinentes. La primera no es novedosa pues - si mal no recuerdo - también la expresé el 21 de diciembre de 2009 en oportunidad de la designación, merecida por cierto, del Dr. Mariano Brito como rector emérito de esta casa de estudios. No me gusta citarme, pero recuerdo que aquel día dije que los motivos de mi participación en la ceremonia, eran mi enorme respeto personal, profesional y académico por el Dr. Mariano Brito - que hoy reitero - y, textual dije: “mi pasión por la laicidad en tanto marco de relación en que todos los ciudadanos podemos entendernos, desde la diversidad pero en igualdad”.
La segunda precisión tampoco es novedosa, pero como es inédita, también voy a explicitarla. La exposición que haré sobre el tema que nos convoca no es neutral, pero tampoco es un acto de campaña plebiscitaria sobre la ley nº 18.987 ni busca zaherir a quienes están a favor de dicha ley, ni es una pedrada sobre la clara huella de la fuerza política a la cual pertenezco. Quien crea lo contrario se equivoca y quien pretenda usar mis dichos - y creo no excederme si digo las demás intervenciones y esta actividad en su conjunto - con fines políticos, partidarios y electorales, no sólo se equivoca sino que, además, falta el respeto a la institución convocante, a todos los aquí presentes, a la ciudadanía uruguaya y a sí mismo.
Más allá de su impactante título - “Veto al Aborto” - este libro es, como lo señala la reseña que del mismo hizo Juan Manuel Gutiérrez Bartol en la revista de la Facultad de Derecho de esta Universidad, textual: “Un libro totalmente académico y no de opinión. Fruto de estudios extensos, reflexiones profundas y una buena dosis de sentido común”, publicado en la Revista de Derecho de la Facultad de Derecho de esta Universidad en el nº 22 de este año 2013 en las páginas 195 y 196. Corresponde entonces saludar esta iniciativa editorial y agradecer a todos quienes la han hecho posible y entre todos, muy especialmente, a los autores de los quince artículos quienes de, desde distintas perspectivas pero con idéntica responsabilidad y solvencia, abordan - reitero o remarco, mejor dicho el término - los argumentos que el Poder Ejecutivo expuso en su mensaje del 14 de noviembre de 2008, dirigido a la Asamblea General del Poder Legislativo, observando los capítulos II, III y IV (artículos 7 a 20) del proyecto de ley por el que se establecen normas relacionadas con la Salud Sexual y Reproductiva, sancionado por el Poder Legislativo el 11 de noviembre de ese mismo año, del año 2008. Subrayé el término “establecen” porque excepto los capítulos mencionados - cuyo veto no fue levantado por la Asamblea General - ese proyecto de ley fue promulgado por el Poder Ejecutivo el 1º de diciembre de 2008 y es la ley nº 18.426 de Defensa del Derecho a la Salud Sexual y Reproductiva, vigente desde entonces. Puede parecer obvio, pero como a veces las cosas no son como parecen conviene aclararlo, pues la salud sexual y reproductiva es un estado general de bienestar que excede el derecho de tener acceso a métodos anticonceptivos o a servicios de planificación familiar. Va mucho más allá de eso. Subrayé también el término “argumentos”, pues considero que llamar “tesis” a los mismos - tal cual fueron expuestos en aquella nota es al menos, desde el punto de vista científico, un exceso de generosidad. Ello por supuesto no quiere decir que aquellos argumentos fueran improvisados. Por el contrario. Cuando asumí la responsabilidad de observar - es decir, “vetar” - en forma total las disposiciones de aquella ley que habilitaba el aborto en nuestro país, hice saber al Poder Legislativo que la decisión se fundaba en razones de constitucionalidad y de conveniencia. De constitucionalidad, porque la ley sancionada afectaba el orden constitucional uruguayo, especialmente en los artículos 7, 8, 36, 40, 41, 42, 44, 72 y 332 de nuestra Carta Magna. También afectaba compromisos asumidos por nuestro país en tratados internacionales como se mencionó anteriormente. Entre otros, el Tratado de San José de Costa Rica, aprobado por la ley Nº 15.737 del 8 de marzo de 1985 y la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por la ley Nº 16.137 del 28 de septiembre de 1990.
Entendí entonces que nuestro país estaba obligado a proteger la vida del ser humano desde su concepción, en función de la Protección de la Maternidad consagrada en el artículo 42 de la Constitución de la República y en orden al ya citado Pacto de San José de Costa Rica que - reitero - fue convertido en ley interna como manera de reafirmar la adhesión de nuestro estado a la protección y vigencia de los Derechos Humanos. Así entonces, las razones de “constitucionalidad” estaban referidas - en primer lugar - al compromiso contraído al asumir como presidente de la República y a las razones de mérito, es decir, la conveniencia se justificaba, por mi también, en un IRRENUNCIABLE compromiso de fidelidad a valores, principios y enunciados que me identifican como científico y como médico.
Amigas y amigos, expresar como lo expresé en el tercer párrafo del mensaje dirigido a la Asamblea General del Poder Legislativo, que la legislación, textual, “no puede desconocer la realidad de la existencia de vida humana en su etapa de gestación”, no fue para mí un argumento traído de los pelos ni un dato circunstancialmente útil. Por el contrario, es una convicción sustentada en la evidencia científica. Una evidencia que el italiano Angelo Luigi Vescovi logra expresar simple y contundentemente cuando escribe: “El embrión es un ser humano. Esto es innegable. Cualquier intento de hacer comenzar la vida humana en un momento posterior es arbitrario y no sostenible por argumentación científica”. Es cierto que Angelo Luigi Vesvovi se profesa agnóstico y en algunas publicaciones aparece como católico. Pero además de si es una cosa u otra, también es biólogo, es farmacólogo, es académico universitario en Canadá, en el Reino Unido e Italia - obviamente - y, actualmente, co-director del Instituto de Investigaciones de Células Estaminales del Hospital “San Rafael” de Milán y director del hospital provincial “Casa Sollievo Della Sofferenza” en Foggia.
Cada uno de nosotros tiene un momento preciso en el que comenzamos. Es el momento en que toda la información genética es recogida dentro de una célula - el huevo fertilizado - y este momento es el momento de la fertilización. Sabemos que esa información está escrita en un tipo de cinta a la que llamamos “ADN”. “¡La vida está escrita en un lenguaje fantásticamente miniaturizado!”, sostiene otro académico - este sí, católico - el profesor Jérôme Lejeune, catedrático de Genética de la Universidad de París y descubridor - nada más ni nada menos - de la trisomía 21 o “Síndrome de Down”, en el año 1959.
Ahora bien, se puede cuestionar que la condición católica o agnóstica lleve a apreciaciones subjetivas. Pero creo que la condición católica o agnóstica de estos investigadores no los inhabilita como científicos destacados y reconocidos mundialmente. Como tampoco fue inhabilitante la condición femenina de Marie Curie en el descubrimiento del radio y sus aplicaciones, ni la musulmana de Avicena para reconocerlo como uno de los primeros pioneros de la medicina moderna, ni la africana de Nelson Mandela para apoyar su lucha contra el racismo y el Apartheid, ni la japonesa de Shinya Yamanaka para el Premio Nobel de Medicina de 2012, ni la hindú de Amartya Sen para el Premio Nobel de Economía de 1998, ni la judía de Irène Némirovsky para su monumental obra literaria, ni la comunista de Pablo Neruda para su obra poética, ni la agnóstica de Einstein para su Teoría de la Relatividad, ni la condición del jesuita argentino del Cardenal Bergoglio para ser hoy el Papa Francisco, ni la de ninguno de nosotros para estar aquí presentes en la noche de hoy.
No se puede andar por la vida discriminando o poniendo etiquetas. En tal sentido, permítanme recordar una anécdota del Papa Juan XXIII a mediados de 1962. Le trajeron un documento preparatorio del Concilio Vaticano II que comenzaría en octubre de ese año. Tras leerlo y releerlo atentamente, tomó una regla, midió el texto y respondió a quien se lo había traído. “Quince centímetros de condenas y dos de alabanzas. Acaso ¿esta es la manera de dialogar con el mundo contemporáneo?”. Tampoco se puede manejar la ciencia frívola o irresponsablemente. En ciencia, dos más dos son cuatro. Hay quienes se las ingenian para que esta cuenta tenga un resultado diferente. Pero allá ellos.
No pretendo incursionar en el apasionante terreno de Filosofía de la Ciencia o en el de la objetividad y la verdad en el quehacer científico. Pero permítanme decirles que ningún científico medianamente sensato puede negar que el cigoto - fruto de la fusión de dos células - es un individuo distinto del padre y la madre, con una carga genética que tiene el 50% de cada uno de los progenitores. Por ello, si se quiere determinar indiscutiblemente la paternidad de alguien, no se acude al incierto momento de la implantación en el útero de ese huevo, sino a la fusión del ADN del padre y de la madre, porque la filiación no está determinada por la anidación, sino por la fecundación. Y esto n es una cuestión de fe religiosa o no religiosa, sino una certeza de la biologoía. Nada menos que el Dr. Ernesto Guevara de la Serna - más conocido como el “Che” - solía decir que él no tenía fe religiosa pero tenía fe. Y demostró con su vida que lo decía en serio.
Este argumento - punto de coincidencia entre la ciencia, la ética y el derecho - también está incorporado en el tercer párrafo del l texto del veto interpuesto, por cuanto el mismo parte de la idea central de la vida como tal e inviolable desde el momento de la concepción y durante todas las etapas que transita la persona hasta su muerte. En el ejercicio de nuestra profesión, los médicos nos enfrentamos cotidianamente a situaciones complejas y disyuntivas difíciles. Sin embargo, hay algo que tenemos claro para encararlas. También en medicina es válido el principio ético según el cual el fin no justifica los medios. En esa perspectiva, provocar abortos para evitar abortos es tan contradictorio como combatir la muerte ocasionando la muerte, o eliminar una enfermedad matando al paciente lo cual - aclaremos, por si acaso - nada tiene que ver con los cuidados paliativos y la muerte sin sufrimiento como componentes formales y éticos del derecho a la salud.
Cuando el Pacto de San José de Costa Rica consigna que “toda persona tiene derecho a que se respete su vida y ese derecho está protegido a partir del momento de la concepción”, no sólo se basa en el principio ético enunciado precedentemente, sino que consagra en su contracara la obligación que nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente, reafirmando - por una parte - la adhesión a la protección y vigencia de los Derechos Humanos y la obligación del país que adopta el Pacto a proteger la vida del ser humano desde su concepción. Este argumento - otro punto de encuentro entre ética, ciencia y derecho - también se incluye en el mensaje remitido a la Asamblea General del Poder Legislativo que observa los capítulos 2, 3 y 4 de la ley sancionada anteriormente.
A manera de continuidad con los anteriores, el 6º párrafo del mismo mensaje expresa: “El orden constitucional y los compromisos asumidos por nuestro país, respetan el status de la PERSONA. Estimo pertinente destacarlo, pues no ignoro la extensa e intensa polémica en torno a la relación ser humano/persona. Por el contrario. Aunque no soy un experto en la materia, creo conocer algo de ella. Por su suficiente, para concluir que el término PERSONA - por referirse a SER HUMANO en naturaleza de SUJETO RACIONAL, es equiparable a la expresión SER HUMANO. Consecuentemente, si los seres humanos tienen el derecho al status de persona - por ser “seres humanos” - este status se les debe atribuir durante su existencia como tal. Incluso un ser humano no nacido, posee el status de persona porque no es un algo que se convierte en alguien, sino que es “alguien” desde el principio. Y, en materia de principios, los principios no sólo hay que proclamarlos, sobre todo, hay que practicarlos. No siempre es fácil, ni cómodo, ni simpático. Pero si la causa que persiguen es justa y su aplicación es legal, siempre, siempre, vale la pena”.
Amigas y amigos, no quiero abusar de la paciencia de ustedes con más consideraciones que poco agregan a los excelentes artículos recopilados en la publicación que estamos presentando. En todo caso - y para cerrar esta intervención que quiso ser breve - permítanme decirles que confío en que este libro de estudios extensos y reflexiones profundas, coadyuve a superar un debate falsa e innecesariamente polarizado y mediatizado entre los que están a favor o en contra del aborto. ¡La realidad no es tan burda! La controversia no es entre buenos y malos, entre progresistas y conservadores, o los que están por la vida y los que están por la muerte. No soy neutral en esta materia. Pero tampoco soy arbitrario e intento no ser injusto y respeto a quienes opinan diferente a mí. Pero, sobre todo, no vivo ajeno a la realidad. Sé que la misma tiene lados oscuros de los que todos - absolutamente todos - somos responsables y en la medida de lo posible, quiero ayudar - muy modestamente - a mejorarla.
Creo que la realidad es bastante más compleja y me atrevería a decir, “afortunadamente” más compleja, porque esta complejidad nos obliga a ser mucho más inteligentes y menos dogmáticos, más respetuosos y menos sectarios. Nos hace pensar en nosotros mismos y en nuestros semejantes - y digo “semejantes”, no los otros y los demás - y en el presente y futuro de todos. Estimula el debate leal y profundo. En fin, ayuda a la convivencia, a la democracia y a la prosperidad que queremos y merecemos los uruguayos. Si este libro, su presentación y - lo más importante - su lectura desapasionada y reflexiva coadyuvan a ello, creo que estamos en buen camino.
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