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Tras la visita del Che a Uruguay
El doble intento de asesinato a Goulart
Por Niko Schvarz*
En Brasil ha comenzado a desarrollar sus actividades la Comisión Nacional de la Verdad, creada por la presidenta Dilma Rousseff en 2011, que investiga los crímenes de la dictadura militar brasileña, la cual se extendió desde el golpe de Estado del 31 de marzo de 1964 hasta el año 1985.
Ante la Comisión, que sesiona en Río de Janeiro, se presentó el sábado 4 de mayo el coronel aviador retirado Roberto Baere, quien brindó todos los datos de la conspiración montada por militares brasileños de ultraderecha para asesinar a Joâo (Jango) Goulart, quien debía asumir la presidencia tras la renuncia del presidente Janio Quadros, el 25 de agosto de 1961. El episodio nos interesa en máximo grado, ya que se vincula cronológicamente con la presencia del Ché Guevara en nuestro país, a su participación memorable en la conferencia del CIES en Punta del Este ese mismo mes, y su ulterior encuentro con el presidente Quadros en Brasilia, antes de regresar a Cuba.
Cuando se produjo la intempestiva renuncia de Janio Quadros a la presidencia, Goulart (quien ocupaba la vicepresidencia) se hallaba de viaje en China. Emprendió el retorno a marcha forzada, pasando por el aeropuerto de Carrasco. De allí voló a Porto Alegre, capital del estado de Río Grande do Sul, donde fue acogido por el gobernador, figura prominente y correligionario suyo del Partido Trabalhista, Leonel Brizola. Yo estuve presente en todo este episodio, y viví la llegada de Goulart a Porto Alegre, que fue una verdadera apoteosis, hasta que logró abrirse paso en medio de la multitud hasta el Palacio de Piratiní, sede del gobierno estadual, donde lo recibió el gobernador Brizola y cientos de periodistas de todo el mundo, a los cuales se les facilitó su labor al máximo.
Pues bien: el coronel aviador Roberto Baere narró a la Comisión de la Verdad que el jefe de su destacamento, coronel Paulo Costa, ya fallecido, le ordenó abatir el avión en el que Goulart iba a viajar (y efectivamente viajó) desde Porto Alegre a la entonces recién inaugurada capital, Brasilia, para asumir la presidencia. “Nos negamos porque dijimos que defendíamos la Constitución y no queríamos agredirla. Fui expulsado de forma sumaria, y sufrí 50 días de prisión, incomunicado”, expresó el aviador.
Goulart asumió la presidencia en Brasilia, pero el plan conspirativo siguió su marcha, y culminó con el golpe de estado del 31 de marzo de 1964. Tras el mismo, Goulart llegó a nuestro país, y se alojó en una vivienda de un balneario de Canelones (Solymar). Allí le hicimos una entrevista colectiva en la mañana del domingo siguiente al golpe, que fue tapa en la revista “Time”, en que aparecemos en primera fila junto a Carlos María Gutiérrez, de Marcha, y el ex coronel del ejército uruguayo Juan José López Silveira, que combatió junto a los republicanos en la guerra civil española y escribió una nota excepcional sobre la derrota y el pasaje por los Pirineos hacia Francia, en una contratapa de Marcha, precisamente.
Goulart falleció en la Argentina en 1976, en circunstancias no debidamente aclaradas. Las revelaciones del aviador Baere siguen a un anuncio de la Fiscalía brasileña de que se procederá a exhumar el cadáver de Goulart, ante las denuncias de que fue envenenado por una conspiración que formaba parte del Plan Cóndor, conformado por las dictaduras del Cono Sur.
El Ché Guevara, Janio Quadros, Jango Goulart Estos hechos se vinculan a un episodio entrañable de la historia de nuestro país (y de América Latina), relacionada con la presencia de Ernesto Ché Guevara, quien asumió la representación de Cuba revolucionaria en la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES) de la OEA, efectuada en Punta del Este en agosto de 1961. Recién amanecida la revolución cubana del 1º de enero de 1959, debió enfrentar y derrotar la invasión de Playa Girón, lanzada el 19 de abril de 1961 por fuerzas navales y aéreas de Estados Unidos en connivencia con los representantes de las antiguas clases dominantes cubanas, refugiadas en Miami y que venían a reconquistar sus dominios. En 72 horas, con Fidel Castro al frente, los hicieron papilla.
El objetivo de la reunión era expulsar a Cuba del sistema interamericano, pero se disfrazó con la retórica del presidente John F. Kennedy sobre la “Alianza para el Progreso”. Ya en su intervención inicial del 8 de agosto el Ché la estigmatizó con el nombre de “revolución de las letrinas”. Allí expuso, como contracara, los logros alcanzados por la joven revolución cubana en materia de educación y salud para todo el pueblo, reforma agraria, nacionalización del comercio exterior y del sistema bancario, reforma urbana, abolición de cualquier forma de discriminación, todo lo cual convertía a Cuba en “Territorio Libre de América”. En su discurso final, el 16 de agosto, expuso el Ché las razones por las cuales Cuba no firmaba la “Carta de Punta del Este” y delineó los dos caminos que se abrían ante los pueblos de América Latina. En el transcurso de la Conferencia fue recibido por el presidente del Consejo Nacional de Gobierno de nuestro país, Eduardo Víctor Haedo, en su residencia de La Azotea, y luego en un asado con cuero junto a decenas de periodistas. Terminada la Conferencia, el 17 de agosto Guevara pronunció un discurso de profundo contenido en el Paraninfo de la Universidad en Montevideo, ocasión en que las bandas fascistas del MEDL segaron la vida del profesor Arbelio Ramírez. Estos hechos históricos están documentados en el libro de Asdrúbal Pereira “1961/Ernesto Ché Guevara en Uruguay”, con el subtítulo: “Para dar vuelta el mate”, que muestra en la carátula al Ché tomando mate con Haedo y su hija Beatriz, rodeados por periodistas.
Es después de estos episodios que la trayectoria del Ché se junta con Janio Quadros, Goulart y lo narrado al principio. Cuando el Ché pronunció su discurso en el Paraninfo de la Universidad, en el estrado estaban Salvador Allende, entonces presidente del Senado de Chile, el profesor Luis Gil Salguero, Victorio Casartelli, el Arq. Ricardo Saxlund, el “colorado” Luis Echave y otros dirigentes de la Federación de Estudiantes. Horas más tarde, en su habitación del Parque Hotel (hoy sede del Mercosur), Guevara expresaba su dolor profundo ante la muerte del profesor Arbelio Ramírez por una bala que estaba destinada a él, e invitaba a sus hijos a visitar Cuba.
En la mañana siguiente viajó a Buenos Aires, donde se entrevistó con el presidente Arturo Frondizi. Luego regresó a Montevideo, de donde partió a las 19:30 horas, con sensible retraso, hacia Brasilia en un avión Britannia. Aterrizó en las primeras horas de la madrugada del sábado 19 de agosto. El presidente Janio Quadros se había ido a dormir, pero a la mañana lo recibió con todos los honores y lo condecoró con la más alta distinción brasileña, la Orden de la Cruz del Sur. A partir de allí se acentuaron los movimientos conspirativos de los militares golpistas, que derrocaron a su sucesor, Joâo Goulart, dos años y medio después, el 31 de marzo de 1964. La intervención del gobierno de Estados Unidos en el golpe fue tan descarada que Lyndon Johnson (que completó el mandato del asesinado presidente John F. Kennedy y luego fue electo) lo anunció antes de que se produjera. Y en las paredes de Río se escribió: “Lincoln Gordon al poder” (sin intermediarios); era el embajador de EEUU en Brasil. El Plan Cóndor y la muerte (o asesinato) de “Jango” Goulart vivió 12 años de destierro en Uruguay y en Argentina, y falleció a raíz de un paro cardíaco el 6 de diciembre de 1976 en la provincia argentina de Corrientes, en el litoral. Su cuerpo llegó al día siguiente a Brasil y fue enterrado en el cementerio municipal de Sâo Borja, en el estado de Río Grande do Sul. La dictadura prohibió la realización de una autopsia, “algo que siempre nos resultó sospechoso”, dice su hijo Joâo Vicente, quien durante todos estos años ha estado investigando la muerte de su padre y solicitando la exhumación de sus restos.
Ahora han aparecido hechos nuevos. Por una parte, la Comisión de la Verdad aprobó días pasados, junto con la Procuraduría General de la República, la exhumación de los restos de Goulart. Uno de los elementos que tomó en cuenta para ello son las declaraciones del ex agente de inteligencia uruguayo Mario Neira Barreiro, quien declaró haber integrado el grupo responsable de seguir los pasos del ex presidente brasileño en Uruguay y en Argentina durante los 12 años de su exilio. En 1976, año de la muerte de Goulart, en ambos países imperaban dictaduras militares, y Neira Barreiro estaba al servicio de la dictadura uruguaya. El año pasado declaró ante la Comisión de la Verdad que el ex mandatario brasileño fue asesinado con pastillas letales disimuladas entre los medicamentos que ingería por recomendación médica debido a una antigua dolencia cardíaca. Joâo Vicente Goulart dice: “Nosotros sabemos que Neira Barreiro es un delincuente y estuvo al servicio de la dictadura uruguaya y del Plan Cóndor, que había ordenado el seguimiento del ex presidente; pero soy testigo de que su historia es creíble. Él sabía cosas que nos ocurrieron cuando vivíamos en Uruguay, como un choque de auto que tuve yo siendo muchachito, que casi nadie sabía”.
Joâo Vicente Goulart señala una similitud entre la muerte de su padre y la del ex presidente de Chile Eduardo Frei Montalva. En 2009 el juez chileno Alejandro Madrid determinó que Frei Montalva, quien oficialmente falleció a raíz de una septicemia generalizada tras una intervención quirúrgica, fue envenenado en la clínica Santa María de la capital chilena, Santiago. En ese mismo centro médico falleció en setiembre de 1973, pocos días después del golpe de Pinochet que bombardeó La Moneda y mató al presidente Salvador Allende, el poeta Pablo Neruda, cuyo cuerpo fue exhumado el pasado 8 de abril por orden de otro juez, que investigaba una supuesta intoxicación. Los primeros análisis indicarían, no obstante, que la muerte del poeta habría sido consecuencia de un cáncer de próstata avanzado.
El hijo de Goulart insiste en llevar la investigación hasta las últimas consecuencias, porque le consta que su padre fue una de las personas más seguidas y perseguidas por el Plan Cóndor, la red terrorista articulada por las dictaduras sudamericanas en la década de los años 70.
*Periodista y escritor uruguayo
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