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Las voces y los ecos Figuras en el recuerdo
Por Niko Schvarz*
En el encuentro organizado por los amigos en la Asociación de la Prensa en ocasión de mi cumpleaños se vertieron conceptos muy generosos (que gracias a La ONDA digital y Uypress, alcanzaron amplia difusión) y me hicieron recordar a figuras entrañables que conocí a lo largo de los años y quisiera evocar ahora.
A través de las palabras fraternas de Martha Valentini surgió la figura de José Luis Massera, un científico y militante social y político de altísimo nivel, que posiblemente merezca un mayor reconocimiento de parte de la sociedad uruguaya. Recuerdo ahora en particular una de sus múltiples facetas, de profesor y creador en el dominio de las matemáticas, dirigente comunista, diputado, teórico destacado en el campo del marxismo. En este último aspecto pude apreciar su versación, la profundidad de su pensamiento, su espíritu innovador y abierto, ajeno a todo dogmatismo, cuando me tocó acompañarlo en algunas de sus actividades dentro y fuera del país. Es un don que me otorgó la vida.
Javier Miranda me trajo el recuerdo de su padre, el escribano Fernando Miranda, una de las víctimas emblemáticas de la dictadura, torturado hasta la muerte y desaparecido. Fue uno de los nombres señalados en la sobrecogedora Marcha del Silencio del pasado 20 de Mayo. Lo conocí por la actividad incesante que desplegaba, junto a su calificada labor docente, en defensa de los Derechos Humanos.
Mientras hablaba Juan Raúl Ferreira se me aparecía en figura Wilson, su padre. El recuerdo volaba hacia Buenos Aires, las jornadas trágicas del asesinato de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, en un operativo de los servicios de inteligencia uruguayos y argentinos en que él mismo pudo haber sido víctima y escapó por milagro. Recordé la entrevista que tuvimos con él en Buenos Aires, junto con Alberto Suárez y Adolfo Drescher, en la calle Lavalle.
Después, la intensa actividad de la Convergencia Democrática en México, nuestra contribución para la realización de los “hearings” ante el Congreso en Washington, la campaña de denuncia de la dictadura y de solidaridad con los presos políticos desplegada en Europa y en América, en la máxima dimensión y continuidad. Esta campaña tuvo otra particularidad. Por cierto que el sector de Wilson Ferreira y los partidos de izquierda tenían diferencias notorias en muchos aspectos, pero se unían estrechamente y sin fisuras cuando estaba en juego la lucha contra la dictadura y la solidaridad con los presos políticos. Esa fue otra gran enseñanza de este período.
Al reseñar mi breve actividad como embajador itinerante en Vietnam, el canciller Luis Almagro tocó otra fibra sensible, referida a la patria de Ho Chi Minh y a su figura de máximo dirigente de ese pueblo, venerado por todas las generaciones, como pude apreciar nuevamente en mi reciente estancia en Hanoi y en las entrevistas realizadas con algunos de sus allegados, como la esposa e hijo mayor del general Vo Nguyen Giap (el general, de 105 años, está internado en una clínica, bajo esmerada atención médica). Para mí fue muy estimulante rememorar mis encuentros, en dos circunstancias muy distintas, con el patriarca vietnamita, y relatar su visión de Montevideo cuando lo visitó como ayudante de cocina de un barco mercante francés, larguísimo tiempo atrás.
Pero hay además cosas pequeñas (en apariencia) que ensanchan el carácter afectivo de estos encuentros, y no faltaron en esta ocasión. La reunión en APU y una entrevista radial posterior me pusieron en contacto con una compañera que recuerdo perfectamente y que no veía desde hace (¡asómbrense!, no me van a creer) más de 55 años. Ella es un poco mayor que yo, trabajaba en la administración de un pequeño periódico diario que editamos junto con los hermanos Ismael y Luciano Weinberger y donde hizo sus primeras armas como fotógrafo Aurelio González, antes de la edición de El Popular, iniciada el 1º de febrero de 1957. La compañera, Santa de nombre, que era además una maestra de escuela vocacional, me escribe que “éramos muy jóvenes entonces, me hiciste recordar tantos hechos del pasado cuando deambulabas por la redacción (…), te mando un abrazo por los viejos tiempos (yo tampoco me siento vieja)”. Y este es el precioso colofón: “Te agrego que María Inés Obaldía fue alumna mía en clase de Jardinera. Era una niña encantadora. Sé que se acuerda de mí y de una anécdota con un boniato…”.
Vean como todo se junta. Esto me da ocasión de agradecerle una vez más a María Inés la gracia y el profesionalismo con que condujo el encuentro, y pedirle que comparta con nosotros la infantil anécdota del boniato. Si le parece.
* Periodista y escritor uruguayo
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