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Alianza del Pacífico, la OTAN y Uruguay
Estrategias globales y soluciones nacionales
Por Antonia Yánez*
La casi simultaneidad de la reunión en Colombia de la última cumbre de la Alianza del Pacífico y el anuncio del Presidente Juan Manuel Santos de lograr un acuerdo con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) disparó en toda Sudamérica y especialmente en los países con gobiernos progresistas, nuevas y viejas interrogantes.
¿Las interrogantes y desconfianzas tienen un sustento realista? Sí, principalmente por una historia geopolítica que aun continua abierta y ha sido extremadamente traumática.
Esto hoy contrasta con el camino elegido por la región con democracias estables en la mayoría de los países. Una gestión económica responsable, programas de lucha contra la pobreza, reformas estructurales y una mayor apertura a la inversión extranjera productiva que han contribuido en conjunto a generar años de crecimiento con baja inflación. A esto habría que sumarle la búsqueda de generar sus propias instancias regionales de integración, con una impronta sin influencia de Washington y distante de la OEA.
Esta realidad, está enmarcada en un mundo globalizado y en profundas transformaciones de las diversas interrelaciones bilaterales y multilaterales.
Con todo, sería un error considerar la diversificación de las relaciones internacionales adquiridas ante esta nueva realidad, que marca el fin de la supremacía norteamericana sobre el Sur. Sin mencionar los múltiples vínculos políticos culturales y especialmente militares que persisten y se han modernizado, importa retener también los datos del flujo comercial. Más del 40% de las exportaciones norteamericanas van a México, Sudamérica y América Central. México es el segundo mercado extranjero más grande de los Estados Unidos (con un valor estimado de 215 mil millones de dólares en 2012). En los últimos seis años, las exportaciones de Estados Unidos hacia América Central han aumentado un 94% y las importaciones procedentes de la región han crecido un 87%. Asimismo, la inversión extranjera más importante en el continente sigue siendo la de los Estados Unidos.
Lo que sí es una rigurosa realidad, es que tardíamente la administración Obama se ha dado cuenta que esta nueva impronta también exige un estilo diferente de diplomacia y estrategias vinculantes, por ejemplo con respecto a Sudamérica y en gran medida con China y el mundo Asiático. Es por eso que ha decidido jugar a fondo sus cartas en todas las instancias de la región que posibiliten unir su acción a una única estrategia global.
Esta visión también implicará una mayor amplitud de criterios a la hora de reconocer la diversidad de intereses y matices políticos en el continente. Una metodología por ejemplo, que parta del reconocimiento de que Brasil es una potencia emergente y que esto implica una realidad distinta en la escena mundial.
Sobre el mismo escenario está trabajando China, lo evidencia su diplomacia, lo confirman el diagrama de la las visitas de su presidente Xi Jinpi por estos días y lo rubrica su agenda centrada en temas energético y de minería.
Gradualmente Sudamérica va ingresando en ese gran escenario en disputa mundial que será el Pacifico. Por eso sería ingenuo pensar que ante el avance de un eje comercial Asia Pacifico, no apareciera la idea de readecuar también los ejes militares a esta realidad emergente por parte del mayor conglomerado militar, económico y político de todos los tiempos, que es hoy la OTAN. No es casual que Colombia sea el país que le haya tocado en los últimos tiempos ser el punto de largada de iniciativas militares (territorio geopolítico en disputa, un Afganistán sudamericano), reflejo de estrategias globales. Las fronteras entre Brasil y Colombia son un continuo de 1.645 kilómetros. Brasil en la lógica de la OTAN es el responsable de la Unasur (Unión de Naciones del Cono Sur), y del Consejo de Defensa Sudamericano. Un organismo multinacional de coordinación militar de vasto alcance. Además una de las potencias económicas emergentes con un creciente protagonismo global.
"Por lo que sabemos, los colombianos han estado interesados en esto desde hace tiempo, nuestro objetivo ciertamente es apoyar a Colombia como un miembro fuerte y capaz en muchas organizaciones internacionales, y eso podría incluir perfectamente a la OTAN", declaró Roberta Jacobson subsecretaria adjunta para América Latina del Departamento de Estado.
Por su parte el Ministro de Defensa de Brasil Celso Amorim dijo el jueves 6 de junio en Ecuador, junto a su par de ese país; “vemos con preocupación un acercamiento de un país miembro de Unasur y del Consejo de Defensa sudamericano con una alianza defensiva militar extra regional". Por su parte la ministra ecuatoriana afirmó que, "es un tema que nos preocupa, es un paso que está tomando nuestro país hermano Colombia, hay preocupación y creo que debemos emprender un diálogo para que todos estemos mejor informados". También reaccionaron críticamente los gobiernos de Nicaragua, Venezuela y Bolivia. Ante estos pronunciamientos Colombia indicó que "solo" quiere cooperar con la OTAN.
Las posibilidades para los países latinoamericanos de ver diversificada las relaciones económicas, particularmente en dirección a China y Asia, no omiten contextualizar su accionar en un mundo política y militarmente en transición, donde a las decisiones nacionales ya les queda un estrecho margen para serlo.
El presidente Jose Mujica ha culminado una visita oficial a China definida como muy positiva, por la ampliación de los lazos económicos que se abren. Simultáneamente el vicepresidente Danilo Astori, que representó a Uruguay en la última cumbre de la Alianza del Pacífico en la ciudad colombiana de Cali a fines de mayo, dijo que el objetivo es "diversificar aún más la inserción internacional de Uruguay, un país físicamente pequeño pero con un gran potencial".
Agregando que se trata de "un proyecto con mucho potencial integracionista" porque los países que lo componen son "muy abiertos". Astori remarcó que el 38% del comercio global de Uruguay es con ese bloque y "con los países no americanos del Pacífico, una "cifra sin duda muy alta".
Estas definiciones de Astori generaron controversias dentro del Mercosur, el Alto Representante del bloque regional, Iván Ramalho afirmó “que debe ser el bloque en conjunto el que negocie algo así y no Uruguay solo. Para nosotros es importante mantenernos unidos para que los beneficios que el bloque pueda traer sean para todos, no solamente para algunos”. Pero las controversias por las afirmaciones de Astori se escucharon también dentro de su propia fuerza política, el Frente Amplio.
Sin embargo un pequeño incidente con un funcionario de la cancillería uruguaya (caso Kintto Lucas) puso al descubierto que lo manifestado por Astori, era en realidad una iniciativa del propio Presidente de la Republica Jose Mujica. Así lo aclaró el canciller Luis Almagro; la “idea de participar como observadores de la Alianza del Pacífico, es una idea del Presidente de la República, José Mujica, quien lo planteó con el objetivo de no quedar descolgados de ningún proceso de integración que se dé en Latinoamérica”.
El canciller explicó que por ahora Uruguay es observador del bloque, dado que para ser miembro pleno debe “dar pasos que van más allá, se requieren cosas que aún no tenemos”. “Con los países de la Alianza del Pacífico ya estamos trabajando, pero todavía tenemos que construir más intercambios para pensar cualquier otra cosa”, afirmó.
Por su parte Astori mostró una mayor urgencia por resolver esos “pasos que faltan”, "pretendemos llegar cuanto antes de Estado candidato a miembro pleno y ojalá pueda darse lo antes posible la calidad de miembro pleno para Uruguay", subrayó Astori.
Las aspiraciones de Uruguay se convierten así en un caso típico de búsqueda de soluciones nacionales mediáticas en el marco de una controversia geopolítica global, sin una visión estratégica que ponga a salvo al país de ejes ideológicos, militares y económicos, muy lejos del objetivo expresado y de la cultura política de la nación. Los ejemplos abundan por estos días en las calles de Europa. Los rebotes de la participación de la OTAN en lugares remotos, luego se convierten en hechos dramáticos donde ciudadanos europeos pagan con su vida en las calles decisiones políticas de sus Estados, sin una visión de conjunto.
* Socióloga uruguaya
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