Diez años que cambiaron Brasil
Por Niko Schvarz*

Con reminiscencias de la obra de John Reed (“Diez días que conmovieron al mundo”, sobre la revolución rusa de 1917), un analista brasileño publicó en Página/12 una nota cuyo título reproducimos, referida a los diez años de la puesta en marcha de la Bolsa Familia en Brasil por iniciativa del primer gobierno de Lula, iniciado el 1º de enero de 2003. Es un aspecto relevante de las realizaciones de los gobiernos progresistas de América Latina amanecidos con el nuevo siglo y milenio.

Allí se dice que “la Bolsa Familia, de lejos el más amplio programa de transferencia de recursos de la historia brasileña, cumple diez años. Instalado formalmente en octubre de 2003, a diez meses de la llegada de Lula da Silva a la presidencia, benefició hasta ahora a más de 50 millones de personas y ayudó a cambiar el rostro del país”. Éste es el aspecto que deseamos resaltar: el cambio paulatino de la estructura de la sociedad brasileña por el impulso de este programa y otros que lo acompañan.

En su primer año el programa llegó a 3:600.000 hogares brasileños. Ahora, faltando poco para cumplir una década, alcanza a 13:900.000 domicilios a lo extenso del país. A un promedio de 4 personas por familia, puede estimarse que incide en un entorno de 55 millones de personas. Más que toda la población de Argentina, y la mitad de México. El programa destina recursos por cada miembro de la familia, y el requisito indispensable para percibirlo es que deben comprobar que los niños frecuentan la escuela al menos hasta completar el ciclo primario. Algo similar a la exigencia que existe en nuestro país para el cobro de la asignación familiar por hijo.

Resulta interesante analizar la evolución de la Bolsa Familia. Actualmente se sigue beneficiando de la misma un 45% de los inscriptos originalmente en 2003. Se considera que el 55% restante consiguió en este lapso otras fuentes de recursos para solventar su existencia. Los estudios coinciden en que la Bolsa Familia contribuyó de manera decisiva a reducir las grandes brechas y desigualdades sociales imperantes en el país.

Uno de sus méritos más importantes es que asegura que los hijos asistan a la escuela, donde reciben atención de la salud pública. Pasados estos diez años, muchos de los hijos amparados en el programa, debidamente escolarizados, tienen posibilidades ciertas en el mercado de trabajo. Las estadísticas indican que el 70% de los beneficiados con más de 16 años lograron trabajo, contribuyendo al sostén familiar. Esto desvirtúa la crítica de los enemigos de la Bolsa Familia en el sentido de que “si reciben dinero, ¿para qué van a trabajar? Brasil tiene ahora una tasa de desempleo de 5,5%, una de las más bajas del mundo. En el caso de las familias más numerosas, los beneficios son mayores.

Los estudios realizados señalan que “pasados estos diez años, no hay lugar a ninguna duda: el perfil de la pobreza cambió radicalmente en el país”. Muchas casas de familias pobres han sido ampliadas, recibieron tejados nuevos, pasaron a tener pisos de cemento o cerámica, cuentan con refrigerador, lavadoras, televisor y en muchos casos con computadora conectada a internet (a precios muy bajos, subsidiados). Se han señalado algunas incongruencias típicas de este período de transición. Hay casas de barro, sin desagüe y en condiciones sanitarias precarias, con antenas parabólicas de TV, o con teléfono celular. La conclusión final es que “mientras se discute sobre estos temas, 55 millones de brasileños habrán eludido un futuro cruel y pasado de la humillación de la miseria a la pobreza digna”. En un extenso reportaje a Ignacio Ramonet en ocasión de su reciente comparecencia en Argentina, destacó como primer elemento de la gran obra realizada por los gobiernos progresistas en América Latina el haber sacado a decenas de millones de seres de la miseria y la pobreza extrema, citando en primer término a Brasil.

Hacia el fin de la pobreza extrema
Este es precisamente el aspecto que resaltó la presidenta Dilma Rousseff en un mensaje a la nación del 27 de febrero sobre la lucha para poner fin a la pobreza extrema. Allí anunció que “a partir de marzo, más de 2,5 millones de personas saldrán de la pobreza extrema en Brasil, sumando 22 millones de personas rescatadas de esa posición en los últimos dos años”. Y agregó: “Deseo compartir con todos los brasileños la satisfacción y los nuevos desafíos que nos plantea esta victoria. Éste será el último grupo de beneficiarios actuales de la Bolsa Familia que saldrá de la pobreza extrema”. El 93% de los titulares de la Bolsa Familia son mujeres. El lema del gobierno de Dilma Rousseff expresa que “un país rico es un país sin pobres”.

Pero hay todavía más pasos a dar en este camino. Porque mientras se pone proa a erradicar la pobreza extrema entre los integrantes del plan Bolsa Familia, hay todavía personas y familias que permanecen por fuera del mismo y ni siquiera saben que les corresponde. Dijo Dilma que gracias al programa denominado Búsqueda Activa desde 2011 se logró localizar 800 mil familias que estaban en esa situación y fueron incorporadas a la Bolsa Familia, pero que aún existen otras 700 mil familias (estimadas) en esa situación de extrema pobreza y “encontrarlas es nuestro desafío, un desafío de todo Brasil”. En ese objetivo se empeñan las alcaldías y los gobiernos de los estados, y requiere recorrer la periferia de las grandes ciudades, las comunidades ribereñas y las zonas extractivistas de la Amazonia, el semiárido del nordeste, las áreas rurales profundas. Toda esta labor debe proseguir con la generación de posibilidades de empleo, el ejercicio de actividades productivas, la educación de los hijos. En este último punto hay un énfasis especial. Se complementa con la construcción de guarderías infantiles, la construcción de nuevas escuelas con ayuda del gobierno central. Con este dato de sumo interés: los niños de la Bolsa Familia ya representan la mayoría de los alumnos en más de la mitad de las 32 escuelas públicas que ofrecen enseñanza integral.

Todo esto es parte de las profundas transformaciones que se han originado en Brasil a partir de los gobiernos del PT y sus aliados en la última década, en materia de lucha contra la pobreza y la miseria, creación de millones de puestos de trabajo, aumento de salarios y del salario mínimo (el aumento real de este último es de 65,96%), de protección social y créditos para los sectores de menores ingresos, todo lo cual ha generado un gran dinamismo económico y una reactivación del mercado interno. Estos datos son objeto de análisis y valoración en una recopilación de 15 estudios coordinada por Emir Sader titulada “10 años de gobiernos pos-neoliberales en Brasil - Lula y Dilma”, que a su turno comentaremos.

*Periodista y escritor uruguayo

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