“Mao-Nixon” 2.0
Cuando China y EEUU se unieron contra
la Unión Soviética

Por Minghao Zhao*

Este fin de semana, una finca californiana es escenario de la “cumbre de Sunnylands” entre el presidente chino Xi Jinping y su par estadounidense Barack Obama. Esta reunión puede marcar un antes y un después en las relaciones entre las dos mayores economías del mundo. De hecho, lo que Xi desea de la reunión (concretamente, “un nuevo tipo de relación entre las grandes potencias”) se origina conceptualmente en las históricas reuniones entre Mao Zedong y Richard Nixon en 1972.

En 1969, los desafíos más graves a los que se enfrentaba el recientemente electo Nixon eran terminar la Guerra de Vietnam y hacer frente a una Unión Soviética cada vez más agresiva. China era un elemento esencial dentro del esquema general de Nixon para la solución de estos problemas aparentemente intratables.

De hecho, China tuvo un papel especial de asistencia a Vietnam del Norte contra los estadounidenses; y sus relaciones con la Unión Soviética estaban agriándose, a tal punto que llegaron a producirse violentos incidentes en la frontera compartida a lo largo del río Amur. Nixon y su asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, consideraron que había llegado el momento de restaurar las relaciones con China, que también temía las ambiciones hegemónicas de los soviéticos. Para ello, Nixon y Kissinger puentearon al Departamento de Estado y al Congreso de los Estados Unidos e iniciaron contactos directos con China a través de canales clandestinos en Pakistán y Rumania.

En los tres años que siguieron, los dos países consiguieron superar sus diferencias ideológicas y alcanzar una solución negociada eficaz en lo concerniente con la Unión Soviética, Vietnam e incluso Japón; al mismo tiempo, se aseguraron de que durante el proceso de mejora de sus relaciones, sus intereses reales no se verían afectados por la “cuestión Taiwán”. Una vez bosquejados estos acuerdos, en febrero de 1972 Nixon hizo una visita a China, que terminó con la firma de uno de los documentos diplomáticos más importantes del siglo XX, el “comunicado de Shanghai”.

Para que la cumbre de Sunnylands produzca beneficios a largo plazo como los que generó la cumbre Mao-Nixon, se la debe plantear en el mismo nivel filosófico y estratégico. Por supuesto, las relaciones sinoestadounidenses son mucho más complejas ahora que en 1972, en virtud de los estrechos lazos económicos que en la actualidad vinculan a ambos países. Solo nos cabe esperar que se emita un “comunicado de California”, que marque el rumbo que seguirán las relaciones bilaterales en las décadas que vendrán.

Tanto Obama como Xi deben aspirar a impedir que la actual “coexistencia competitiva” de los dos países degenere en confrontación estratégica (algo que no pudo evitarse en ninguno de los casos en que una potencia establecida se encontró frente a una potencia en ascenso). A pesar de que ambos líderes han reiterado muchas veces la importancia de una relación estable, positiva y de colaboración, es inevitable que la competencia estratégica se intensifique a medida que en los próximos años la economía de China vaya alcanzando a la estadounidense y luego la supere (al menos, en lo que atañe al PIB).

De modo que el objetivo de Sunnylands debe ser sentar las bases para la institución de reglas que impidan que la supuesta rivalidad sinoestadounidense se descontrole. Por más sospechas que uno de los lados pueda abrigar en relación con las intenciones estratégicas a largo plazo de la otra parte, la única opción viable para ambos países es tener una relación no basada en la confrontación. Pero por desgracia, en la actualidad las relaciones bilaterales muestran en este aspecto tendencias muy preocupantes.

¿Qué puede servir como elemento de unión entre China y los Estados Unidos, dada la ausencia de una amenaza común como fue la Unión Soviética y el hecho de que una parte importante de las élites de ambos países considera al otro país como la principal fuente de peligro?

Es preciso que los expertos en planificación estratégica en Beijing y en Washington miren más allá de las amenazas tradicionales y presten atención a cuestiones como la estabilidad económica, la seguridad en materia de recursos y energía, el avance tecnológico, el cambio climático, los problemas demográficos y la ciberseguridad. Son cuestiones estas que un país no puede resolver solo, ni siquiera con la ayuda de sus aliados; y plantean una amenaza que es mayor que la de la ex Unión Soviética, además de indudablemente más compleja, y que solamente se puede encarar a través de la cooperación.

Por ejemplo, China ya es el mayor consumidor de energía del mundo y el mayor emisor de dióxido de carbono. En los últimos años, ambos países han padecido las consecuencias de fenómenos meteorológicos extremos. Incluso si en el corto plazo Estados Unidos obtiene la independencia energética gracias a la explotación del shale, no podrá tolerar el impacto de altos niveles de consumo, contaminación y emisiones por parte de otros países.

Además, dentro de la relación bilateral ha surgido un tema nuevo, el de la ciberseguridad, que probablemente será delicado; pero ambas partes están muy interesadas en encararlo en forma cooperativa. Lo mismo vale para las iniciativas encaminadas a impedir que la situación en la península de Corea empeore, asegurar la estabilidad en Afganistán y Pakistán, resolver el dilema de Oriente Próximo y crear una estructura abierta e inclusiva para el comercio y las inversiones a escala regional e internacional. Y entre los resultados más importantes que se esperan de la cumbre de Sunnylands, también está el de forjar un nuevo tipo de relación entre las fuerzas armadas de ambos países.

Así como la reunión entre Mao y Nixon de hace 41 años fue el comienzo de una distensión en la hasta entonces gélida relación entre ambos países, la reunión entre Xi y Obama puede ser un nuevo punto de partida para esta relación bilateral, que ha llegado a ser la más importante del mundo, y servir para prevenir la necesidad de nuevas distensiones futuras.

Hace cuatro décadas, China y Estados Unidos se unieron para hacer frente a un adversario común. Hoy es necesario que se unan en pos de un objetivo común.

Ambos países saben que es tiempo de cooperar y definir el futuro. El único modo que tienen de encarar los desafíos comunes en forma conjunta y exitosa es demostrando capacidad de contención estratégica y voluntad política para resolver los problemas y actuar en forma concreta.

Traducción: Esteban Flamini

*Fuente: project-syndicate.org

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