Chile
El comunista del saco
Por Ricardo Farrú*

Cuando éramos chicos, nuestras madres o abuelas solían decirnos que si nos portábamos mal, irremediablemente iba a pasar el viejo del saco a buscarnos y nos llevaría a lugares horripilantes que nadie se atrevía a describir, así que no quedaba otra que portarse bien, antes que pasara el viejo y te echara en ese saco maligno.

Con las años el viejo del saco se cambió por los comunistas nacionales que se comían a la parrilla a los recién nacidos y no dejaban monja sin violar, por lo que había que andar con mucho cuidado por las calles, no fuera a ser cosa que un malhechor de esa magnitud te pillara sin estar confesado.

Después, verbigracia la dictadura, ya no era un Viejo del Saco nacional, sino que una conjura internacional de los marxistas-leninistas-socialista-castristas-maoistas y cualquier combinación posible de istas, los que vendrían con un saco a llevarnos, a veces en submarino, a veces en aviones indetectables, a veces disfrazados de osos polares, en fin, la imaginación pobretona, el control total de los medios de comunicación, el terror desatado y otras joyitas ya conocidas por todos, les permitieron montar un modelo económico que era un embudo perfecto, la parte ancha para unos pocos y la angosta para la mayoría, acompañado de una constitución espuria, redactada entre cuatro paredes y aprobada en medio del toque de queda y la persecución implacable a cualquiera que no pensara como ellos, utilizando el viejo principio: Si no están conmigo, estás en contra mía y bala contra ustedes.

Allá por el año 90 vuelve una cosa que tenía pinta de democracia, olorcillo a democracia, cara de democracia, pero no era democracia, era el engendro que nos dejaba de legado el General y que la Concertación se dedicó con esmero a mantener, retocar y maquillar para que el país creyera que era una niña bonita, aunque fuera lo más parecido al Jorobado de Notre Dame.

La Concertación logró adaptarse al sistema heredado, gritaban contra el binominal durante las elecciones, mientras lo usaban para apernarse en el Congreso, aullaban contra la desigualdad de un país donde el 1% se lleva el 30.7 % del PIB, pero iban en caravana a rendir examen de buena conducta económica ante los grandes empresarios, vociferaban contra el lucro prohibido en educación, mientras iban teniendo intereses en colegios, universidades e institutos profesionales, o sea, se fueron en la más brillante de las paradas, hablaban con el lado izquierdo de la boca, mientras recogían con el lado derecho del bolsillo. Gran combinación.

Un gran logro de los años de la “medida de lo posible” y la “Alegría ya viene” fue que se nos acabó el Viejo del Saco, lo escondieron bien escondido y casi nadie lo echaba de menos.

Casi nadie, porque la gente se aburrió del gatopardismo y, a falta de alternativas por obra y gracia del binominal, los ciudadanos decidieron que ya estaba bueno de tanta melcocha acomodada a los placeres del poder, así que ahí le brindan una oportunidad a Piñera y su cantinela de excelencia y desarrollo para todos.

A poco andar del gobierno de la Alianza y, presumiblemente, debido a que a la excelencia le costaba llegar y que el desarrollo y las platas seguían llenando los bolsillos de unos pocos a costa del endeudamiento ahogante del resto, empiezan a aparecer los primeros indicios que había llegado la hora de desempolvar al temido Viejo del Saco.

Tímidamente al principio, histéricamente después, comienzan a echarle la culpa de todos los males del país al gobierno anterior, si llovía mucho, si llovía poco, si el dólar subía, si el dólar bajaba, si un ministro renunciaba o si a alguna autoridad nueva de paquete la pillaban en cosas extrañas, todo eso era culpa del Viejo del Saco, en su nueva envoltura del “gobierno anterior”.

Como ese viejito no logró asustar a nadie, los marketeros pensantes se abocaron a la tarea de re encantar a la población con un viejo que de verdad asustara a todo el mundo y no hallaron nada mejor que desempolvar al Viejo del Saco comunista, el mismísimo y antiguo come guaguas y viola monjas para que la población toda escondiera a sus recién nacidos ante este rebrote de caníbales colorados.

Los aliancistas se dijeron a sí mismos: nos regalaron al Viejo en bandeja de plata, ya que los comunistas le dan apoyo explícito a Bachelet para ser parte de la concertación, así que duro con ellos, que duran más.

El primero en salir a la palestra con la novedad del Viejo del Saco Comunista fue un caballerete, el cual, sin que se le moviera un músculo de su cara, dice por la tele que si se toca una coma de la constitución de Guzmán y Pinochet, las fuerzas armadas deben intervenir nuevamente a como dé lugar.

La verdad es que el carcamal no tuvo las repercusiones esperadas, porque ya hace rato que está tan de capa caída, que ni siquiera le publican sus escritos en los medios más apegados a la derecha.

Pero la segunda arremetida fue mucho más en serio, más solemne, incluso más vigilada y orquestada por el propio gobierno. La propinó el propio Ministro de Hacienda en una reunión donde proclama al mundo que la economía chilena se está desacelarando por los anuncios de la candidata de la Concertación y el PC, en cuanto a que se modificará la constitución y se harán reformas tributarias para lograr tener una educación gratuita y de calidad.

El ministro, con voz engolada le da a conocer al país esta horrorosa noticia y avisa que si no siguen ellos gobernando, Sodoma y Gomorra están a las puertas de este paraíso llamado Chile.

Lo que este caballero, amnésico por conveniencia, deja en el tintero es que él mismo había anunciado hace meses que la situación internacional iba a producir un menor crecimiento del producto interno bruto, pero, como estamos en elecciones, es bueno que el país sepa que hay un fantasma que recorre Chile y ese fantasma no es otro que el Viejo Comunista del Saco que quiere destruir este perfecto modelo que permite que un 33% sea igual al 50 % en política y que el 99 % del país se tenga que pelear por el 70% del PIB y que reproduce perfectamente la segregación en base a un modelo educacional de mala calidad y caro para la mayoría.

Así que el Viejo Comunista ya camina, saco en la espalda , ojos desencajados, buscando a los inocentes que serán llevados a lugares horripilantes que nadie se atreve a describir, así que no queda otra que portarse bien y dejar todo sin mover, cambiar o retocar.

Aviso final: Hay que ser muy ingenuo para seguir tragándose este cuento infantil del Viejo del Saco y la farsa que este país es la copia feliz del Edén tal y como está ahora.

*Director del periodico chileno elpilin

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