Manifiesto: con internet libre,
es hora de cambiar el mundo

Primer Enredo Internacional
Montevideo, Uruguay

Comunicado solidario
con Julián Assange

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“Somos una parte de las indignadas del mundo. Nos identificamos con la gente que salió a la calle en Túnez e Islandia, en Egipto y España, en Grecia, EEUU, México y Chile, en Turquía y Brasil.

Somos parte de las que tiraron dictaduras inamovibles, de las que sacudieron sistemas intocables, denunciaron privilegios incuestionables y movilizaron multitudes por sus derechos.

Somos distintas, diversas, con anhelos diferentes en cada lugar: unas necesitamos legalidad y seguridad otras, trabajo y techo, aquellas comida y educación, todas justicia social, democracia y libertad para el buen vivir.

Somos ciudadanas y ciudadanos de todas las edades, de todos los credos, de todas las orientaciones sexuales, de todas las condiciones sociales y culturales; somos parte de la inmensa mayoría que no vive del privilegio ni del parasitismo, que no explota al prójimo ni anhela riqueza y poder como medios de valoración social y personal.

Somos redes de personas; no pretendemos sustituir partidos, instituciones o iglesias de ningún tipo; “no tenemos más enemigos que los de la pública felicidad”. Nos organizamos directamente, a nuestra medida, sin intermediaciones innecesarias, sin estructuras jerárquicas, sin más que la voluntad de participar activamente en la vida política, social, económica y cultural de nuestros países y del mundo.

Nos enredamos para crear, producir y soñar lo nuevo.

No somos tan tontas como para ignorar que los policías del mundo querrán ciber-vigilarnos -como ya lo hacen-, pero lo sentimos: no somos solo lo que ven, ni hacemos lo pronosticable. No somos un código fácilmente desencriptable: no somos ya lo que creyeron que fuimos.

Todas reclamamos el derecho y uso libre de internet, sin censuras ni espías estatales o empresariales; la red es parte fundamental del espacio público global que debemos preservar y desarrollar asegurando la soberanía tecnológica, el derecho a la cultura y conocimiento libre y la privacidad de cada persona.

Somos portadores del poder de las redes: inteligencia colectiva, creatividad infinita, espíritu cooperativo y nuestra voluntad a prueba de todo. He ahí nuestro tesoro que no es expropiable, privatizable ni controlable. No puede ser robado. Es nuestra condición humana elevada a la categoría de personas y ciudadanas y ciudadanos del mundo que se organiza y se moviliza, crea, siente y transforma realidades.

Existen recursos materiales y conocimientos acumulados para vencer la gran mayoría de los graves problemas que afectan a miles de millones de seres humanos. ¿Hasta cuándo hay que soportar el abuso de los poderosos hacia los débiles? ¿Hasta cuándo hay que pedir a los ricos del mundo una limosna para los que no tienen? ¿Hasta cuándo dilapidaremos los bienes de la naturaleza sin una razonable visión de desarrollo sustentable? ¿Hasta cuándo seguiremos considerando que la vida y el planeta están construidos para satisfacer nuestra codicia?

Para nosotras es hora de cambiar el mundo; vamos por más en cada localidad, en cada país, en cada continente. Vamos por un mundo mejor donde el centro sea el ser humano y la vida. Todo debe ser en función de la gente, por la gente y con la gente. Todo a favor de un planeta vivo que es nuestro hogar común.

Pero las redes -dicen quienes nos critican desde las rancias organizaciones- son virtuales y no tienen programa ni ideología o estructura para estos cambios; no asumen el compromiso militante que se requiere, la entrega y el sacrificio necesarios para tan grande tarea, y nos miran con recelo.

¿Qué más programa que el de la Declaración Universal de DDHH de 1948 y todas las incorporaciones posteriores, como propuso José Saramago hace mas de una década?

En los últimos años estuvimos en las calles y plazas de casi todo el mundo haciendo lo que parecía imposible. Sumemos nuestras mejores esfuerzos para acelerar las transformaciones anheladas, reconociendo la diversidad fundacional y los distintos roles de cada actor.

Somos parte de las redes de esperanza que han enredado al mundo en los últimos años, usando las nuevas tecnologías -y las viejas- para generar una comunicación alternativa y transformar poderes excluyentes e injustos en formas de convivencia verdaderamente democrática y participativa. Pretendemos contribuir a superar los problemas de nuestra época sin erigirnos en modelo ni guía. Somos lo que el mundo ha visto, ni más ni menos.

Muchas de nosotras somos parte de espacios de izquierda que están transformando positivamente sus realidades desde gobiernos progresistas y de izquierda de América que hacen enormes esfuerzos por cambiar siglos de injusticias en todos los ámbitos posibles. Es claro que falta, que cometemos errores, que no somos todo lo sensibles, transparentes y democráticos que deberíamos; sin embargo, tenemos presente la experiencia latinoamericana y lo que nos impuso la derecha vernácula. No nos confundimos ni dudamos al respecto.

Nos enredamos en Montevideo, por primera vez, este junio de 2013; nos gustaría seguir haciéndolo más y mejor. Con más redes, con más gente sumada al permanente desafío de cambiar el curso de la historia marcada por los privilegiados poderes fácticos, para que nuestro hogar común sea más habitable para nosotras y las futuras generaciones.
Somos, también, redes de esperanza y constructores de sueños.
Vamos como quería el poeta:

¡A la calle! que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.
No reniego de mi origen
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo”.



20, 21 y 22 de junio de 2013.

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