Los pleitos que faltan saldar, a
40 años del golpe de estado
y la dictadura

Por Gerardo Caetano

El historiador e investigador Gerardo Caetano participó en las jornadas: A 40 años del golpe de estado y Gerardo Caetano la dictadura: ¡nunca más!, organizado por: Universidad de la República (Facultades de Humanidades y Ciencias de la Educación, desde el 24 de junio hasta el 28 de junio pasado. En esa oportunidad La ONDA digital recogió los aspectos más salientes de su intervención en la Mesa “Los estudios sobre el autoritarismo. Viejas y nuevas perspectivas y enfoques”, donde intervino junto a otros historiadores nacionales y latinoamericanos.

Caetano inicia su intervención haciendo referencia a lo que se planteaba cuando se cumplieron 30 años del golpe y la dictadura de 1973.

(…) Hace 10 años se planteaba la pregunta: ¿hay un cuarto momento? ¿Estamos en los umbrales de un cuarto momento? ¿Se ha superado la dispersión de aquella etapa? Yo lo que perfilaría hoy es que podemos registrar algo que es muy claro, el fuertísimo impacto que en la Academia ha tenido la investigación sobre los detenidos desaparecidos impulsada durante la administración Vázquez.

A partir de esa investigación que fue publicada inicialmente en cinco tomos -cuatro vinculados con la investigación histórica y uno vinculado con la investigación arqueológica- continuados luego, por la publicación de buena parte de los insumos documentales en otros tres tomos, estos sí ya publicados por la Facultad de Humanidades.

Lo primero que hay que registrar es que hay un antes y un después, respecto de esa investigación, que está acompañada por el prólogo, junto con lo expuesto por José Pedro Barrán. Nosotros fuimos coordinadores académicos de ese proceso de investigación, junto con Álvaro Rico que coordinó operativamente la investigación y muchos otros investigadores, entre ellos Carlos Demasi.

Luego de esto ya era muy claro y se enfatizó muy marcadamente, que los deseos del gobierno de entonces era dar un punto final a la investigación respecto a este tema. Esto era absolutamente imposible. Ya no deseable - que no lo era - era imposible.

Y yo creo que este es un punto de partida muy relevante, por cuanto en el escenario político - las declaraciones hoy se reiteran, son interminables - seguimos teniendo esta idea de ¿pero cuándo va a terminar este esfuerzo de investigación?

Estos últimos días hemos escuchado al ex presidente Vázquez diciendo: “¿no habrá llegado el momento de dejar de pasarnos las cuentas?”. Y podríamos registrar anuncios algo similares respecto a otros factores, ni que hablar de la oposición, pero también del gobierno. Y, en realidad, uno podría decir que si uno explora el sistema político encuentra pocos actores - claramente una minoría - que parten de una premisa que es la premisa indiscutida que se planteó la investigación y que es la premisa - no puede haber otra - que cree en impulsar una investigación en este tipo de fenómenos. Que no hay punto final posible, sino que - en realidad - lo que hay por hacer es infinito.

Se ha hecho mucho, se ha registrado una inflexión. Pero lo que hay por hacer es tan grande, hay tantas demandas para profundizar la investigación, que la sola pregunta de si no habrá llegado el momento de poner un punto final, es una pregunta que es muy difícil de asimilar desde el campo académico.

Yo diría que hasta es imposible. No solamente por un tema normativo: un investigador, por definición, no puede aceptar que se tiene que dejar de investigar, sino por un tema de viabilidad: es imposible detener las investigaciones. Sí es muy posible bloquear, dificultar, dejar de impulsar las investigaciones.

Lo otro, a partir de este señalamiento sobre la imposibilidad de esa expectativa política, presente, persistente, de cuándo va a llegar como un cierto fin de ciclo, cuándo se termina esta etapa que - obviamente - presiona y que se traduce en hechos políticos; tiene que ver con el campo de la historia reciente y la pregunta, ¿ha tenido una evolución que nos permita hoy, consolidar, o confirmar, o registrar un rumbo diferente a un enfoque que pasa por el registro de una fuerte dispersión? Yo creo que las preguntas que se hacían cuando se cumplieron los 30 años del Golpe, siguen estando presentes.

Hoy si bien ha habido avances muy concretos en algunos aspectos que se planteaban como debilidades, no creo que tengamos los elementos, las evidencias, como para identificar la consolidación fuerte de un campo y particularmente la construcción de una nueva etapa signada por grandes proyectos de investigación.

Es evidente que en estos diez años hay un avance cualitativo formidable, que - entre otras cosas - pasa por investigaciones actualmente en curso que una vez que avancen y se consoliden o no, generarán verdaderos hitos en la investigación sobre la dictadura. Pero la idea de que este estado de investigación está en curso y que - en definitiva - no es momento todavía como para un balance, en el sentido de terminar de configurar una pintura bastante definitiva de un campo ya consolidado, sino que de lo que se trata es - justamente - de aprovechar este impulso y, consolidarlo, afirmarlo, empujarlo, para que dé sus mejores réditos. Esa parece ser la tónica dominante.

Junto con esto, hay algunas ausencias que están bloqueando - ya han bloqueado - pero que cada vez van a bloquear más el avance de este renovado impulso en el campo de la historia reciente, que tiene que ver con la necesidad de articulación de la dimensión regional de este estudio.

Si los fenómenos de las dictaduras, particularmente en el Cono Sur, fueron fenómenos regionales, cada vez va a ser más difícil e inconveniente, estudiarlas sin una articulación efectiva que dé cuenta de investigaciones en red. En una red internacional y regional.

Cuando muchos de nosotros hemos participado, en otros escenarios, con investigadores argentinos que han avanzado firmemente… Mucho menos las investigaciones con Brasil, que sigue siendo un escenario muy conflictivo para profundizar las investigaciones, en donde el debate político que - de alguna manera - contextualiza la investigación sobre estos campos, parece estar menos desarrollado.

Pero este tema también tiene que ver con la articulación, con el aprovechamiento efectivo en lo que refiere a la desclasificación de los archivos norteamericanos, la desclasificación de otros archivos diplomáticos vinculados con otros países. Incluso la consolidación de una red de investigadores uruguayos que en el mundo están desarrollando este trabajo.

Estos aspectos tal vez sean una de las tónicas dominantes de este momento en el que - más que una hora para establecer un balance - es una hora para profundizar la investigación, para profundizarla con mucho vigor y para profundizarla cada vez más en clave regional, en clave que - de alguna manera - trascienda los límites de un abordaje más típicamente uruguayo.

En estos últimos años se ha dado un elemento que yo creo que hay que registrar en su verdadera dimensión, que es una reformulación del pleito político en torno a los relatos sobre el pasado reciente.

Esto fundamentalmente tiene que ver con el impacto de los dos libros del ex presidente Julio María Sanguinetti: “La Agonía de una Democracia” y “La Reconquista”.

Digamos dos cosas sobre estos libros: en primer lugar, fueron los dos libros más vendidos en los últimos tres o cuatro años. ¡Fueron best-sellers! El primero, además obtuvo el “Bartolomé Hidalgo” como reconocimiento académico de la Cámara del Libro en el rubro “Premio al Ensayo Histórico”.

Se me ocurre que ha sido muy poco leído en la izquierda. Pero además, sorprende algo muy importante: que son dos libros que han recibido poca réplica y que han tenido éxito en algunos lugares insospechados. Por ejemplo ha tenido un gran éxito - en algún sentido, insólito - en la prensa vinculada con el Partido Nacional.

¿Por qué digo que este éxito es un poco insólito? Porque el segundo libro - pero ya el primero - tiene algunas características que lo hacen muy poco legible. ¡Ni qué hablar para lectores de izquierda, aunque se debería leer! Pero también dejan una visión, una interpretación muy fuertemente crítica, que tiene como uno de sus focos de debate a quien fue el principal líder del Partido Nacional en la pre y en la post-dictadura, que es Wilson Ferreira Aldunate.

El segundo libro, así como el primero esboza ya no una variante de la “teoría de los dos demonios”, sino que consolida la teoría de un único demonio… La interpretación es: “Aquí había una democracia muy sólida, con un presidente que; en un contexto muy difícil, como era el período de fines del 67 y del 68 en adelante, al que el ex presidente Pacheco Areco, dió respuestas políticas dentro del marco constitucional”.

¡Hay una realmente insólita democratización en la caracterización del pachequismo! ¡Hay un viraje muy fuerte! Se presenta un pachequismo como un ejemplo de respuesta democrática. No se acepta un autoritarismo civil y al contrario, se afirma de manera muy enfática. Incluso hasta extraña o, por lo menos, imprevista. Una especie de defensa cerrada del carácter democrático, constitucional y no autoritario del gobierno de Pacheco.

A la vez cuestionándose muy fuertemente a los opositores y planteando - en primer lugar - ya no sólo la responsabilidad primerísima del MLN y de la guerrilla armada como el factor desencadenante de la dictadura, sino sumando a la movilización sindical y a la acción política del Frente Amplio, como factores coadyuvantes del desencadenamiento de la represión.

Por eso se perfila la teoría de un único demonio. Y hay una suerte de exculpación implícita en lo que vendría a ser el segundo demonio.

Porque allí los militares aparecen, primero, sin tener un proyecto golpista, sin haber afirmado una dinámica golpista. Se niega absolutamente de que hubiera habido golpistas en el ejército. Se niega en forma absoluta la existencia de una derecha con vínculos paramilitares, que irrumpió en fenómenos de violentismo político ya en los años 50 y ya a comienzos de los años 60. Se niega absolutamente la intervención norteamericana en la consolidación de una estrategia de contrainsurgencia, que incorporaba la pentagonización de las cúpulas castrenses, de las cúpulas de la policía, la instrucción en sistemas de tortura. Se niega todo eso.

Se llega a hablar - y esto es muy fuerte - del eventual “Escuadrón de la Muerte”, por parte de un autor que - obviamente - fue protagonista de algunos episodios en el que, desde una interpretación lo más ingenua posible, uno podría decir: “tiene los elementos”. Estoy hablando de la liberación de Nelson Bardesio en donde - si ustedes recuerdan - cuando Bardesio años 70) es entregado a Gutiérrez Ruiz, se tiene que llamar a alguien del gobierno. Y allí, Gutiérrez Ruiz llama al entonces ministro de Educación y Cultura, que era Julio María Sanguinetti; que luego se retira, cuando reclaman la venida del ministro de Defensa, que era por entonces Walter Ravenna.

Pero alguien que - además de muchas otras cosas - estuvo en esa instancia, ¡no puede hablar así del “Escuadrón de la Muerte”! Bueno, y podríamos seguir afirmando múltiples elementos.

Ese libro fue un libro absolutamente exitoso y fue un libro que - incluso - fue promovido como la alternativa a una historia sesgada y hemipléjica, proveniente de la izquierda como un todo uniforme, y aplaudido desde las audiencias del Partido Nacional.

Un libro en el que ya, el protagonismo de Wilson Ferreira, era un protagonismo que se criticaba. ¡Ni qué hablar la izquierda! Pero ya los críticos a Pacheco eran fuertemente criticados.

A éste siguió luego (el segundo libro) - y no es casual… La dictadura no fue objeto de esta secuencia, allí hay como un salto: se llegaba hasta el 73 y luego del 73 al 80 el relator suspendió el juicio. Luego la recuperación de la democracia, lo cual es bien interesante. Un relato con un hueco. ¡Nada menos que el hueco de la dictadura! Y luego el segundo libro, que en muchos aspectos - en términos de construcción del relato - tiene muchos más vicios que el primero, en donde hay una visión en la que el protagonista absoluto de una transición estupenda, es el propio autor. ¡Hay una exaltación - que causaría pudor a cualquiera - sobre las ventajas de su propuesta!

Pero hay una crítica furibunda a todas las alternativas respecto a la transición finalmente existente. Y si uno tuviera que decir cuál es el otro más duramente criticado, explícita e implícitamente, es Wilson Ferreira. Y sin embargo, del Partido Nacional y de los que uno diría que son los herederos del wilsonismo, yo no vi ninguna crítica.

Lo único que vi es un análisis de Juan Martín Posadas titulado: “Frente a un libro del Dr. Sanguinetti”, en donde no habla del libro del Dr. Sanguinetti y da su interpretación wilsonista sobre la caída de la dictadura. Pero sin responder al libro. Y la segunda parte del segundo libro es una exaltación del primer gobierno del Dr. Sanguinetti.

Estos dos libros fueron muy vendidos - más el primero que el segundo - y, prácticamente, no generaron réplicas. Incluso - y esto es lo más sorprendente - en el prólogo de los dos libros, el Dr. Sanguinetti dice que va a escribir como historiador. En el primero, el título del prólogo se llama: “Con Intención de Verdad” - citando a Riquier - y hace una argumentación extraordinariamente pueril, absolutamente inconsistente, sorprendente en una persona probadamente culta - como lo es el Dr. Sanguinetti -, respecto a buscar su legitimidad, ya no como el relato de un político que está haciendo algo totalmente legítimo y que tiene mucho de testimonio, ya que está historiando períodos en donde él fue protagonista, si no esta idea de un simulacro en donde él se propone, no participar de un pleito entre políticos, sino ungir como historiador que entra en el escenario del pleito de los historiadores.

Acá hay un problema. Hay un problema que debiéramos encarar mucho más y debiera tener una respuesta mucho más fuerte desde la Academia. Sorprendentemente, no la ha tenido desde la política, pero también - sorprendentemente - no la ha tenido desde la Academia.

Esta idea de ningunear a un relato exitoso y absolutamente inconsistente, yo creo que revela cosas. Podemos abundar mucho, pero simplemente quiero registrarla. Por ejemplo, el diario “El País” el domingo 23/06 pasado, sacó dos textos cortos - uno del Dr. Luis Alberto Lacalle y otro del Dr Antonio Mercader - sobre su interpretación del proceso que epiloga el golpe de estado. Y son; ¡realmente sorprendentes!

En el texto de Lacalle, en ningún momento se habla de autoritarismo civil, se vuelve a recaer en la teoría del “único demonio” y en ningún momento se habla de las víctimas. Y en el texto de Mercader - con un poquito más de elegancia - se enfatiza la idea de culpabilizar a la izquierda por su espejismo de febrero, otro debate importante.

El espacio de febrero en esta suerte de golpe en dos tiempos, con una izquierda jugada a la polémica oligarquía/pueblo, etc., etc.

En este pleito también tenemos que incorporar otra figura, que ha sacado muchísimos libros y muy vendido. Una figura que - obviamente - tiene vínculos con los Servicios. Estoy hablando de Álvaro Alfonso que - entre otras cosas - ha desarrollado libros (bueno, porque de alguna manera hay que llamarlos) horriblemente escritos, sin una cita (tal vez porque no pueda citar los documentos que le pasan), pero donde - claramente - esos documentos se los pasa gente de los Servicios. Y que no ha tenido ningún problema - por ejemplo - en publicar confesiones de presos sacadas bajo tormento. Se le ha hecho un juicio - que perdió - pero este hombre que también es alcalde de “Aguas Corrientes”, acaba de fundar una agrupación política y acaba de adherir al sector que lleva adelante la candidatura de Abreu.

Podríamos abundar sobre esto, pero simplemente quiero repicarlo como tema. Este tema de la reformulación del pleito político, en el cual también podríamos sumar el libro que no escribió Gavazzo, el libro de la autobiografía de Gavazzo…

Lo segundo que quiero dejar planteado es el pleito por la documentación. Uno de los factores de impacto de la investigación sobre el destino de los detenidos desaparecidos, fue una apertura documental realmente impactante, importantísima, fortísima.

Es decir, se entró en espacios donde tiempo atrás no se pensaba que se podía entrar. ¡Y eso generó una verdadera revolución en sí misma! Esos cuatro tomos de la primera serie y los otros tres tomos publicados por la Facultad, ya revolucionan el campo. Dan pistas de relevancia política, judicial, historiográfica, fortísimas. Pero acá - como lo indican todos los procesos de investigación sobre períodos dictatoriales - estas revoluciones, si se cortan, se pierden. Hay que seguir.

Y aquí - y forma parte de uno de los elementos de la sentencia de la Corte Suprema de Justicia - ha habido y hay bloqueos. Bloqueos para avanzar en la plena accesibilidad a archivos represivos. Esto tiene que ver con una producción legislativa incoherente, en muchos casos contradictoria, que no termina de formalizar - efectivamente - un Sistema Nacional de Archivos que incorpore como archivos a los archivos represivos y que - a través de la aplicación de políticas públicas - permita la sistematización y la disponibilidad de esa documentación.

Aún falta la pro actividad explícita. También ha faltado pro actividad en otras dependencias públicas para seguir adelante en términos de la estandarización internacional - con respecto a los archivos represivos.

Se habla primero, de poner en posición lo identificado, luego, buscar los archivos que no aparecen. ¡Y acá hay archivos claves! ¡Hay archivos fundamentales que no aparecen! Y no ha habido pro actividad. Cuando hubo pro-actividad se encontraron cosas: se encontró en el Hospital Militar, está el hallazgo en el Ministerio de Defensa y han habido otros hallazgos.

Pero ha faltado pro actividad también en otros países - y no estoy hablando solamente del espacio latinoamericano, sino en otros países - que han vivido regímenes represivos, tuvieron un curso legal. Es decir, acciones legales para la identificación y para la búsqueda proactiva de archivos.

Es en un contexto como este donde el pacto de Omerta ha planteado de manera tan fuerte esta idea de que por la vía de los testimonios, el avance en la perspectiva de la verdad está fuertemente bloqueado, la relevancia de los documentos es absolutamente central. La Ley de Accesibilidad a los archivos públicos ya está siendo incumplida. Está siendo incumplida en sus mandatos, está siendo incumplida en sus períodos, está siendo incumplida - entre otras cosas - porque no hay condiciones para cumplirla en lo que refiere a estos elementos.

La última ley de presupuesto incorporó - así, como al pasar - dos disposiciones por las cuales se ampliaba el período de aplicación del mandato de la Ley de Accesibilidad que, entre otras cosas plantea el hecho de que no podía ser objeto de reserva ningún documento vinculado con la represión.

Estamos en una situación en donde han habido avances muy importantes, por ejemplo un trabajo muy importante de la Cancillería procurando la desclasificación de archivos diplomáticos vinculados con la dictadura uruguaya - no están siendo acompañados - en términos coherentes - por otras dependencias públicas. Entonces acá hay otro pleito que se me ocurre absolutamente importante: ¿dónde están los archivos del Servicio de Información y Defensa y de la OCOA? No las copias que han circulado parcialmente en otros archivos y que ya - en sí mismos - son una evidencia de la impunidad con la que se manejaban estas cosas. No, sino ¿dónde están esos archivos? Hay muchos indicios respecto a que no es imposible que esos archivos existan. Falta la proactividad pública.

Falta la aplicación - en el caso uruguayo - de políticas públicas que en otros países que han padecido regímenes autoritarios como los nuestros, se han llevado adelante y han obtenido resultados.

Nosotros seguimos teniendo un vacío legal muy importante respecto a ciertos temas cruciales. Por ejemplo, en la Argentina hace ya muchos años que existe normativa respecto a que cualquier persona que haya estado involucrada en delitos de lesa humanidad o en procesos legales abiertos vinculados con violaciones de los derechos humanos durante la dictadura, no pueden - no solamente acceder a cargos públicos, sino que, naturalmente, no pueden - acceder a ciertas actividades privadas vinculadas con la seguridad.

En Uruguay tenemos connotadas figuras fuertemente involucradas en delitos de lesa humanidad durante la dictadura, que no solamente trabajan en seguridad, sino que son dueñas de empresas de seguridad y que lo siguen siendo hasta el día de hoy.

Aún hay mucho por hacer, esta es una tarea en la que - por supuesto, la Academia tiene que trabajar y muchas pero muy frecuentemente se encuentra con bloqueos políticos que hay que registrar, identificar y enfrentar. En estos últimos seis o siete años el pleito más eminente político sobre el pasado reciente, ha tenido reformulaciones realmente muy impactantes y - particularmente - asombrosas en algún aspecto en cuanto a su éxito y a su ausencia de respuesta, de réplica.

Y sigo pensando que el otro pleito fundamental es en el campo jurídico, lo es también para el campo de la investigación en torno a la verdad, es el pleito por los documentos, las acciones públicas siguen teniendo deudas muy fuertes. La sentencia de la Corte así lo registra y este es un aspecto al que - me parece - le tendríamos que dar muchísima relevancia.

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