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Las manifestaciones en San Pablo
La desaparición de los partidos políticos como mediadores
Por Marilena Chaui*
Brasil y el pensamiento mágico ¿basta querer para que suceda?
Los manifestantes, simbólicamente, a pesar de sí mismos y a pesar de sus afirmaciones explícitas contra la política, realizaron un evento político: dijeron no a lo que está ahí, contestando las acciones de los Poderes Ejecutivos municipales, estatal y federal, así como a las del Poder Legislativo en los tres niveles
Lo que sigue no son reflexiones sobre todas las manifestaciones ocurridas en el país, sino principalmente en las que tuvieron como escenario la ciudad de San Pablo, aunque algunas palabras de orden y algunas actitudes hayan sido comunes a las manifestaciones de otras ciudades (la forma de la convocatoria, el tema de la tarifa del transporte colectivo como punto de partida, la desconfianza en relación a la institucionalidad política como punto de llegada), así como el tratamiento dado a ellas por los medios de comunicación (condena inicial y celebración final, con condena de los “vándalos”), permitan algunas consideraciones más generales a título de conclusión.
El fusible de las manifestaciones paulistas fue el aumento de la tarifa del transporte público y la acción contestataria de la izquierda con el Movimiento Pase Libre (MPL), cuya existencia data de 2005 y está compuesto por militantes de partidos de izquierda. En su reivindicación específica, el movimiento salió airoso bajo dos aspectos. Consiguió la reducción de la tarifa y definió el tema del transporte público en el plano de los derechos de los ciudadanos y, por lo tanto, afirmó el núcleo de la práctica democrática, a saber, la creación y defensa de derechos por intermedio de la explicitación (y no del ocultamiento) de los conflictos sociales y políticos.
El infierno urbano No fueron pocos los que, por los medios de comunicación, expresaron su perplejidad frente a las manifestaciones de junio de 2013: ¿de donde vinieron y por qué vinieron si los grandes problemas que siempre atormentaron al país (desempleo, inflación, violencia urbana y rural) tienen soluciones bien encaminadas y reina la estabilidad política? Las preguntas son justas, pero la perplejidad, no, dado que nuestra mirada se enfocó hacia un punto que fue siempre el foco de los movimientos populares: la situación de la vida urbana en las grandes metrópolis brasileñas.
¿Cuáles son los rasgos más significativos de la ciudad de San Pablo en los últimos años y, bajo ciertos aspectos, extensibles a las demás ciudades? Sintéticamente, podemos decir que son los siguientes: explosión del uso del automóvil individual. La movilidad urbana se tornó casi imposible, al mismo tiempo en que la ciudad se estructura con un sistema vial destinado a los autos individuales en detrimento del transporte colectivo, pero ni siquiera este sistema es capaz de resolver el problema; explosión inmobiliaria con los grandes condominios (verticales y horizontales) y shopping centers, que producen una densidad demográfica prácticamente incontrolable, además de no contar con redes de agua, electricidad y saneamiento, siendo evidentes los problemas, por ejemplo, en ocasión de lluvias; aumento de la exclusión social y de la desigualdad con la expulsión de los habitantes de las regiones favorecidas por las grandes especulaciones inmobiliarias y la consecuente expansión de las periferias carenciadas y de su creciente distancia con relación a los lugares de trabajo, educación y servicios de salud. (En el caso de San Pablo, como señala Erminia Maricato, se dio la ocupación de las regiones de manantiales, poniendo en riesgo la salud de toda la población; en resumen: degradación de la vida cotidiana de las capas más pobres de la ciudad); el transporte colectivo indecente, indigno y mortífero. En el caso de San Pablo, se sabe que el programa del subte preveía la entrega de 450 kilómetros de vías al término de 1990; de hecho, al 2013, el gobierno estatal presenta 90 kilómetros.
Además, la flota de trenes metroviales no fue ampliada, está envejecida y mal conservada; a la insuficiencia cuantitativa para atender la demanda, se suman atrasos constantes por rotura de trenes y de los instrumentos de control de las operaciones. Lo mismo puede decirse de los trenes de la CPTM, también de responsabilidad del gobierno estatal. En el caso del transporte por ómnibuses, bajo responsabilidad municipal, un cartel domina completamente el sector sin rendir cuentas a nadie: los ómnibuses son hechos con carrocerías destinadas a camiones, por lo tanto están hechos para transportar cosas, y no personas; las flotas están obsoletas y cuantitativamente desfasadas con relación a las necesidades de la población, sobre todo las de las periferias de la ciudad; las líneas son extremadamente largas porque esto las torna más lucrativas, de manera que los pasajeros están obligados a trayectos absurdos, gastando horas para ir al trabajo, a las escuelas, a los servicios de salud y regresar a casa; no existen líneas que conecten puntos dentro del centro de la ciudad ni líneas interbarriales, de modo que el uso del automóvil individual se torna casi inevitable para trayectos menores.
En resumen: definidas y orientadas por los imperativos de los intereses privados, las armadoras de vehículos, contratistas de la construcción civil y empresas de transporte colectivo dominan la ciudad sin asumir ninguna responsabilidad pública, imponiendo lo que yo llamo “infierno urbano”.
La tradición paulista de luchas Recordando: la ciudad de San Pablo (como otras grandes ciudades brasileñas) tiene una tradición histórica de revueltas populares contra las pésimas condiciones del transporte colectivo, esto es, la tradición del “romper todo” cuando, desesperados y enfurecidos, los ciudadanos rompen e incendian ómnibuses y trenes (a la manera de lo que hacían los obreros a comienzos de la Segunda Revolución Industrial, cuando usaban los zuecos de madera - en francés, los sabots, de donde surge la palabra francesa sabotaje, para romper las máquinas). Sin embargo, no fue este el camino tomado por las manifestaciones actuales y valdría la pena indagar por qué. Tal vez porque, viniendo de la izquierda, el MPL politiza explícitamente la contestación, en vez de politizarla simbólicamente, como lo hace el “romper todo”.
Recordando: en las décadas de 1970 a 1990, las organizaciones de clase (sindicatos, asociaciones, entidades) y los movimientos sociales y populares tuvieron un papel político decisivo en la implantación de la democracia en Brasil por los siguientes motivos: introducción de la idea de derechos sociales, económicos y culturales más allá de los derechos civiles liberales; afirmación de la capacidad auto-organizativa de la sociedad; introducción de la práctica de la democracia participativa como condición de la democracia representativa a ser efectivizada por los partidos políticos. En una palabra: sindicatos, asociaciones, entidades, movimientos sociales y movimientos populares eran políticos, valoraban la política, proponían cambios políticos y se encaminaron hacia la creación de partidos políticos como mediadores institucionales de sus demandas. Esto prácticamente desapareció de la escena histórica como un efecto del neoliberalismo, que produjo: fragmentación, tercerización y precarización del trabajo (tanto industrial como de servicios), dispersando a la clase trabajadora, que se ve ante el riesgo de la pérdida de sus referencias de identidad y de lucha; reflujo de los movimientos sociales y populares y su sustitución por las ONGs, cuya lógica es diferente de aquella que rige los movimientos sociales; surgimiento de una nueva clase trabajadora heterogénea, fragmentada, todavía desorganizada que, por ende, aún no tienen sus propias formas de lucha y no se presenta en el espacio público y, por esto mismo, es atraída y devorada por ideologías individualistas como la “teología de la prosperidad” (del pentecostalismo) y la ideología del “espíritu empresarial” (de la clase media), que estimulan la competencia, el aislamiento y el conflicto interpersonal, rompiendo con formas anteriores de sociabilidad solidaria y de lucha colectiva.
Irguiéndose contra los efectos del infierno urbano, las manifestaciones guardaron de la tradición de los movimientos sociales y populares la organización horizontal, sin distinción jerárquica entre dirigentes y dirigidos. Pero, a diferencia de los movimientos sociales y populares, tuvieron una forma de convocatoria que las transformó en un movimiento de masas, con millares de manifestantes en las calles.
El pensamiento mágico La convocatoria fue hecha por medio de las redes sociales. A pesar de la celebración de este tipo de convocatoria, que derriba el monopolio de los medios de comunicación de masas, es preciso mencionar algunos problemas que surgen por el uso de estas redes, que posee algunas características que lo aproximan a los procedimientos de los medios de prensa: es indiferenciado: podría ser para un show de Madonna, para una maratón deportiva etc., y pasó a ser por causa de la tarifa del transporte público; tiene la forma de un evento, o sea, es puntual, sin pasado, sin futuro y sin saldo organizativo porque, aunque haya partido de un movimiento social (el MPL), a medida que creció pasó al rechazo gradual de la estructura de un movimiento social para convertirse en un espectáculo de masas. (Dos ejemplos confirman esto: la ocupación de Wall Street por parte de los jóvenes de Nueva York, que, antes de disolverse, se tornó en un punto de atracción turística para los que visitaban la ciudad; y el caso de Egipto, más triste, pues, con el hecho de que las manifestaciones permaneciesen como eventos y no se convirtiesen en una forma de auto-organización política de la sociedad, dieron la posibilidad para que los poderes existentes pasasen de una dictadura a otra); asume gradualmente una dimensión mágica, cuyo origen se encuentra en la naturaleza del propio instrumento tecnológico empleado, pues este opera mágicamente, dado que los usuarios son, exactamente eso, usuarios, y por lo tanto no poseen el control técnico y económico del instrumento que usan - o sea, desde este punto de vista, se encuentran en la misma situación que los receptores de los medios de comunicación de masas. La dimensión es mágica porque, así como basta apretar un botón para que todo aparezca, así también se cree que basta querer para que suceda. Ahora, además de la ausencia de control real sobre el instrumento, la magia repone uno de los recursos más profundos de la sociedad de consumo difundida por los medios de comunicación, a saber, la idea de satisfacción inmediata del deseo, sin ninguna mediación; el rechazo a las mediaciones institucionales indica que estamos ante una acción propia de la sociedad de masas, por lo tanto indiferente a la determinación de clase social; o sea, en el caso presente, al presentarse como una acción de la juventud, el movimiento asume la apariencia de que el universo de los manifestantes es homogéneo o de masas, aunque, efectivamente, sea heterogéneo del punto de vista económico, social y político, bastando recordar que las manifestaciones de las periferias no fueron sólo de “juventud” ni de clase media, sino de jóvenes, adultos, niños y ancianos de la clase trabajadora.
En el punto de llegada, las manifestaciones introdujeron el tema de la corrupción política y el rechazo a los partidos políticos. Sabemos que el MPL está constituido por militantes de diversos partidos de izquierda y, para asegurar la unidad del movimiento, evitó la referencia a los partidos de origen. Por esto fue a las calles sin definirse como expresión de partidos políticos, y en San Pablo, cuando, en la conmemoración de la victoria, los militantes partidarios comparecieron a las calles, fueron execrados, golpeados y expulsados como oportunistas - sufrieron represión violenta por parte de las masas.
La crítica a las instituciones políticas no es infundada, posee una base concreta: - en el plano coyuntural: el infierno urbano es, efectivamente, responsabilidad de los partidos políticos gobernantes; en el plano estructural: en Brasil, sociedad autoritaria y excluyente, los partidos políticos tienden a ser clubes privados de oligarquías locales, que usan lo público para sus intereses privados; la calidad de los Legislativos, en los tres niveles, es la más baja posible y la corrupción es estructural; como consecuencia, la relación de representación no se concreta porque están vigentes las relaciones de favor, clientela, tutela y cooptación; la crítica al PT: de haber abandonado la relación con aquello que determinó su nacimiento y crecimiento, esto es, el campo de las luchas sociales auto-organizadas, y haberse transformado en una máquina burocrática y electoral (como han dicho y escrito muchos militantes a lo largo de los últimos veinte años).
Esto, sin embargo, aunque explique la negativa, no significa que ésta haya sido motivada por la clara comprensión del problema por parte de los manifestantes. De hecho, la mayoría de ellos no expresa en sus discursos un análisis de las causas de esta forma de funcionamiento de los partidos políticos, a saber, la estructura autoritaria de la sociedad brasileña, por un lado, y, por el otro, el sistema político-partidario montado por los casuismos de la dictadura. En lugar de luchar por una reforma política, buena parte de los manifestantes rechaza la legitimidad del partido político como institución republicana y democrática. Así, bajo este aspecto, a pesar del uso de las redes sociales y de la crítica a los medios de comunicación, la mayoría de los manifestantes adhirió al mensaje ideológico difundido por años por los medios de comunicación de que los partidos son corruptos por esencia. Como se sabe, esta posición de los medios de comunicación tiene por finalidad conferirles el monopolio de las funciones del espacio público, como si no fuesen empresas capitalistas movidas por intereses privados. De esta manera, el rechazo a los medios de comunicación y las críticas a ellos dirigidas por los manifestantes no impidieron que gran parte de ellos adhiriese a la perspectiva de la clase media conservadora difundida por los medios de prensa con respecto a la ética.
De hecho, la mayoría de los manifestantes, reproduciendo el lenguaje mediático, habló de ética en la política (o sea, la transposición de los valores del espacio privado hacia el espacio público), cuando, en verdad, se trataría de afirmar la ética de la política (esto es, valores propiamente públicos), ética que no depende de las virtudes morales de las personas privadas, de los políticos, y sí de la calidad de las instituciones públicas en cuanto son instituciones republicanas. La ética de la política, en nuestro caso, depende de una profunda reforma política que cree instituciones democráticas republicanas y destruya de una vez por todas la estructura dejada por la dictadura, que fuerza a los partidos políticos a hacer coaliciones absurdas si quieren gobernar, coaliciones que comprometen el sentido y la finalidad de sus programas y abren las compuertas para la corrupción. En lugar de la ideología conservadora y mediática de que, por definición y por esencia, la política es corrupta, se trata de promover una práctica innovadora capaz de crear instituciones públicas que impidan la corrupción, garanticen la participación, la representación y el control de los intereses públicos y de los derechos por parte de los ciudadanos. En una palabra, una invención democrática. Ahora, al entrar en escena el pensamiento mágico, los manifestantes dejan de lado el hecho de que, hasta que una nueva forma de la política sea creada en un futuro distante, cuando, tal vez, la política se llevará a cabo sin partidos, por ahora, en una república democrática (al contrario de lo que sucede en una dictadura), nadie gobierna sin un partido, pues es este quien crea y prepara cuadros para las funciones gubernamentales para la concreción de los objetivos y de las metas de los gobernantes electos. Bastaría que los manifestantes se informasen sobre el gobierno Collor para entender esto: Collor partió de las mismas afirmaciones hechas por una parte de los manifestantes (el partido político es una especie de “maharajá” y es corrupto) y se presentó como un hombre sin partido. Resultado: no tuvo cuadros para armar el gobierno ni directrices y metas coherentes y le dio un sesgo autocrático al gobierno, esto es, “el gobierno soy yo”. Y pasó lo que tenía que pasar.
Además, parte de los manifestantes está adoptando la posición ideológica típica de la clase media, que aspira a gobiernos sin mediaciones institucionales, y, por lo tanto, dictatoriales. Aquí es donde surge la afirmación de muchos manifestantes, enrolados en la bandera nacional, de que “mi partido es mi país”, ignorando, tal vez, que esta fue una de las afirmaciones fundamentales del nazismo contra los partidos políticos.
Así, en lugar de inventar una nueva política, de ir rumbo a una invención democrática, el pensamiento mágico de gran parte de los manifestantes se irguió contra la política, reducida a la figura de la corrupción. Históricamente, sabemos donde esto fue a parar. Y por esto no nos deben sorprender, aunque nos deban alarmar, las imágenes de jóvenes militantes de partidos y movimientos sociales de izquierda golpeados y ensangrentados durante la manifestación de conmemoración de la victoria del MPL. Ya vimos estas imágenes en la Italia de los años 1920, en la Alemania de los años 1930 y en el Brasil de los años 1960-1970.
Conclusión provisoria Desde el punto de vista simbólico, las manifestaciones poseen un sentido importante que contrarresta los problemas aquí mencionados.
No se trata, como se escuchó decir en los medios de comunicación, que al final los jóvenes abandonaron la “burbuja” del condominio y del shopping center y decidieron ocupar las calles (ya podemos prever el número de novelas y miniseries que usarán esta idea para incrementar el programa High School Brasil, de la Red Globo). Simbólicamente, a pesar de ellos mismos y a pesar de sus afirmaciones explícitas contra la política, los manifestantes produjeron un evento político: dijeron no a lo que está ahí, respondiendo a las acciones de los Poderes Ejecutivos municipales, estatal y federal, así como a las del Poder Legislativo en los tres niveles. Practicando la tradición del humor corrosivo que recorre las calles, modificaron el sentido corriente de las palabras y del discurso conservador por medio de la inversión de las significaciones y de la irreverencia, indicando una nueva posibilidad de praxis política, una brecha para repensar el poder, como escribió un filósofo político sobre los acontecimientos de mayo de 1968 en Europa.
Justamente porque una nueva posibilidad política está abierta, es menester realizar algunas observaciones para que estemos alertas a los riesgos de apropiación y destrucción de esta posibilidad por parte de la derecha conservadora y reaccionaria.
Comencemos por una obviedad: como las manifestaciones son de masas (de juventud, como propalan los medios de prensa) y no aparecen en su determinación de clase social, que, sin embargo, es clara en la composición social de las manifestaciones de las periferias paulistas, es preciso recordar que una parte de los manifestantes no vive en las periferias de las ciudades, no experimenta la violencia de lo cotidiano experimentada por la otra parte de los manifestantes. Con esto, podemos hacernos algunas preguntas. Por ejemplo: ¿los jóvenes manifestantes de clase media que viven en los condominios tienen idea de que sus familias también son responsables por el infierno urbano (el aumento de la densidad demográfica de los barrios y la expulsión de los habitantes populares hacia las periferias distantes y carentes)? ¿Los jóvenes manifestantes de clase media que, cuando cumplieron 18 años, recibieron como regalo un automóvil (o están a la expectativa de recibir este regalo cuando cumplan esta edad) tienen idea de que también son responsables por el infierno urbano? No es paradojal, entonces, que se pongan a luchar contra aquello que es el resultado de su propia acción (esto es, de sus familias), pero atribuyendo todo esto a la política corrupta, como es típico de la clase media?
Estas interrogantes no son gratuitas o una expresión de mala voluntad con respecto a las manifestaciones de 2013. Tienen un motivo político y un lastre histórico.
Motivo político: señalamos anteriormente el riesgo de apropiación de las manifestaciones rumbo al conservadurismo y al autoritarismo. Sólo será posible evitar este riesgo si los jóvenes manifestantes tienen en cuenta algunas preguntas: 1) ¿están dispuestos a luchar contra las acciones que causan el infierno urbano, y por lo tanto enfrentar de verdad al poder del capital de armadoras, contratistas y carteles del transporte, que, como todos saben, no se relacionan pacíficamente (por decir lo menos) con demandas sociales? 2) ¿están dispuestos a abandonar la suposición de que la política se hace por arte de magia, sin mediaciones institucionales? 3)¿están dispuestos a comprometerse en la lucha por una reforma política, con el propósito de inventar una nueva política, libertaria, democrática, republicana, participativa? 4)¿están dispuestos a no reducir su participación a un evento puntual y efímero y a no dejarse seducir por la imagen que de ellos quieren producir los medios de comunicación?
Lastre histórico: cuando Luiza Erundina, partiendo de las demandas de los movimientos populares y de los compromisos con la justicia social, propuso la Tarifa Cero para el transporte público de San Pablo, le explicó a la sociedad que la tarifa precisaba ser subsidiada por la prefectura y que no permitiría que el subsidio implicase recortes en los presupuestos de educación, salud, vivienda y asistencia social, esto es, de los programas sociales prioritarios de su gobierno. Antes de proponer la Tarifa Cero, aumentó en 500% la flota de la CMTC (explicación para los jóvenes: CMTC era la antigua empresa municipal de transporte) y forzó a los empresarios privados a renovar su flota. Después de esto, en incontables audiencias públicas, presentó todos los datos y planillas de la CMTC y obligó a los empresarios de las compañías privadas de transporte colectivo a hacer lo mismo, de forma que la sociedad quedó plenamente informada en cuanto a los recursos que serían necesarios para el subsidio. Ella propuso, entonces, que el subsidio surgiese de una reforma tributaria: el IPTU progresivo, esto es, la contribución predial y territorial sería aumentada para los inmuebles de los más ricos, que contribuirían con el subsidio junto con otros recursos de la prefectura. En la medida que los más ricos, como personas privadas, tienen servicios domésticos que usan el transporte público y, como empresarios, tienen funcionarios usuarios de este mismo transporte, una forma de realizar la transferencia de renta, que es base de la justicia social, sería exactamente hacer que una parte del subsidio proviniese del nuevo IPTU.
Los jóvenes manifestantes de hoy desconocen lo que pasó: los comerciantes cerraron calles enteras, los empresarios amenazaron con el lockout de las empresas, en las zonas residenciales se hicieron manifestaciones contra el “totalitarismo comunista” de la prefecta y los poderosos de la ciudad “negociaron” con los ediles la no aprobación del proyecto de ley. La Tarifa Cero no fue implantada. Discutida en la forma de democracia participativa, presentada con equidad y ética política, sin ninguna mancha posible de corrupción, la propuesta fue rechazada. Este lastre histórico muestra el límite del pensamiento mágico, pues no basta la ausencia de corrupción, como imaginan los manifestantes, para que todo suceda inmediatamente de la mejor manera y como se desea.
Cabe una última observación: si no tienen en cuenta la división social de las clases, esto es, los conflictos de intereses y de poderes económico-sociales en la sociedad, los manifestantes no comprenderán el campo económico-político en el cual se están moviendo cuando imaginan estar actuando fuera de la política y contra ella. Entre los diversos riesgos de este imaginario, conviene recordar a los manifestantes que se sitúan a la izquierda que, si no tienen autonomía política y si no la defienden con mucha garra, podrán, en Brasil, llevar agua al molino de los mismos poderes económicos y políticos que organizaron grandes manifestaciones de derecha en Venezuela, en Bolivia, en Chile, en Perú, en Uruguay y en Argentina. Y los medios de prensa, comprometidos, agradecerán por los altos índices de audiencia.
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