Antón Pirulero: la
responsabilidad de cada uno

Por El Perro Gil*

“Antón, Antón, Antón Pirulero,
cada cual, cada cual, atiende su juego…
Y el que no lo atienda, y el que no lo atienda,
una prenda tendrá”

¿Hasta dónde llega mi juego?
El viernes pasado, las cámaras de Canal 4 registraron a tres jóvenes que disponían objetos en medio de la Avda. Santín Carlos Rossi, para obstaculizar el tránsito de vehículos, cobrando peajes o directamente cometiendo arrebatos a los pasajeros de los mismos.

El movilero estaba -junto a su camarógrafo- a unos sesenta metros o más aproximadamente, (nunca fueron unos diez metros como afirma en el informe). Así por lo menos lo deja en evidencia la propia filmación cuando haciendo zoom para enfocar al periodista, revela la distancia que existía entre este y los jóvenes que hacían la barricada improvisada.

Allí la primera de las muchas inconsistencias que nos dejó esta filmación. Porque no fue la única, ya que se nos ocurren algunas preguntas cuyas respuestas son necesarias para entender la situación documentada en imágenes.

Por ejemplo, si el Comisario cuestionado por su inacción fue advertido por el periodista sobre la ocurrencia de un delito en estado de flagrancia, como termina sucediendo cuando constata (y relata) el forcejeo de los jóvenes con los ocupantes de uno de los dos coches que protagonizan el incidente. En ningún momento de su relato se escucha advertencia alguna para quien estaba a unos 30 o 40 metros del lugar desde donde hacían el informe.

El sentido común me indica que cualquier persona que está en presencia de un hecho con apariencia delictiva, y que -como en este caso- lo advierte a una distancia prudencial que pone a resguardo su propia integridad, debiera advertir a la fuerza pública para tratar de impedir que el hecho se concrete. Más aún si -como ocurrió en esta ocasión- tiene detrás suyo a un Policía. Debió advertirle que se estaba consumando un delito, (a esa altura ya no tenía ninguna duda pues así lo reseña claramente en su producción audiovisual).

Todo esto sin perjuicio de caberle responsabilidad a quien, teléfono en mano, debió tener otra actitud frente a quienes depositaban impunemente objetos en medio de la calzada para impedir el libre tránsito de vehículos. Con el único (¿?) fin -comprobado luego- de cometer arrebatos a los ocupantes de los mismos. Creemos que la sola presencia uniformada hubiera disuadido a los protagonistas. Sin embargo no lo hizo.

A su favor -si es que hay argumentación posible para semejante omisión- puede decirse que por la distancia pudo no advertir, con la certeza que sí tuvo el periodista y su camarógrafo, que se estaba procesando un hecho delictivo. El uniformado estaba haciendo las comunicaciones correspondientes a la Intendencia de Montevideo solicitando su apoyo para el retiro de piedras que fueran puestas en anterior intento de obstaculización en el sector donde fue registrado por la cámara. Pero todo eso lo dirá, con mayor detalle, la investigación que se sustancia en la Jefatura de Policía de Montevideo por estos momentos.

Ahora bien, hasta qué punto llega la responsabilidad de cada uno, sea quien sea. Por un lado, la del periodista: ¿Alcanza con la sola emisión de la noticia y el relato posterior de los hechos? ¿No debió solicitar la asistencia inmediata del Policía que tenía a escasos metros? ¿Primó su interés personal y egoísta de tener un hecho noticioso de alto impacto para obtener la aprobación indignada de muchos de los televidentes, antes que un interés solidario de prestar auxilio a una víctima de delito? ¿Si tenía tiempo para hacer girar la cámara denunciando la insólita presencia omisa del Comisario, no lo tuvo para denunciarle a éste el delito que luego relató? ¿Por qué Canal 4 emite una sola vez la llegada de las motos que terminan disuadiendo a los jóvenes que protagonizaron los hechos y luego edita el informe sin esas imágenes?

Por otra parte, el Comisario: ¿no advirtió que estaba siendo filmado en reiteradas ocasiones? ¿No le asaltó duda alguna al respecto?

Reitero, no es responsable el periodista por la inacción policial documentada, pero bien puede pensarse que el Comisario en cuestión no advertía la ocurrencia misma del hecho final, que es en definitiva lo que más indigna a quien repasa las imágenes (a estar por las mismas los hechos se produjeron a una cuadra o más del lugar desde donde fuera filmado el Comisario).

Otra de las dudas que me surge es saber cómo pudieron registrar todos los hechos sin resistencia de ningún tipo por parte de los protagonistas. Porque en situaciones similares bastaba que vieran una cámara para que reaccionaran ante los “Antón” que todo lo denuncian”, (según supimos escuchar en procedimientos policiales con presencia periodística), pero acá no pasó nada de eso. Seguramente la distancia prudencial desde donde registraron los hechos, pueda ser la respuesta, quizás…

En tiempos donde se aprueban códigos de ética, se me ocurren muchas preguntas cuando se dan situaciones como estas. La Policía tiene sus procedimientos y aplica correctivos disciplinarios. Los códigos de ética imponen reglas de conducta periodística que, seguramente, se chocan con informes como el de marras. Lo cierto es que en los tiempos que corren, no alcanza (o por lo menos no debiera alcanzar), con la sola denuncia, si esta encierra una mínima posibilidad de ser parte y/o protagonista de la solución.

En el caso que nos ocupa, el periodista debió contribuir a impedir el hecho delictivo, máxime si -como está demostrado en la propia filmación- no estaba en riesgo su integridad y tenía un Policía a escasos metros. No basta con ceñirse estrictamente cada uno a su rol si con ello coadyuvamos al peor resultado.

El Antón Pirulero reclama atención de cada uno en su juego, y a los distraídos u omisos les caben prendas. En este caso la prenda la sufrieron un par de señoras que no tuvieron mejor idea que transitar por una avenida donde había una cámara de un canal de televisión y un Policía cerca…

Todo parte del mismo show.


El hombre hablaba por micrófono,
el perro, hubiera ladrado una advertencia

*Columnista uruguayo

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