Uruguay: nuevos equipos de espionajes
y viejos antecedentes

Por José De Lukas*

En un contexto mundial hipersensible sobre temas de espionaje electrónico o ciberespionaje, potenciado por las recientes denuncias de Edward Snowden, se ha conocido en los últimos días la inversión uruguaya de U$S 2 millones en la compra de una plataforma tecnológica. Esto le permitirá al Estado vigilar miles de celulares y teléfonos fijos y a la vez monitorear en tiempo real a las Redes Sociales y todo tipo de redes que utilizan Internet.

La noticia se conoció primariamente a través del diario El País. El matutino indica que la resolución de Presidencia manifiesta que “la operación de compra debe mantenerse en secreto” porque su difusión “podría generar graves perjuicios a la seguridad pública”. El matutino no cita las fuentes que le permitieron conocer esta información. En las horas siguientes varios integrantes del gobierno del presidente Mujica se inclinaban porque la información obtenida por el matutino, tenía su origen en otra de las empresas interesadas en vender este tipo de plataformas.

La plataforma, integrada por equipos y programas llamado “El Guardián”, permitirá al Ministerio del Interior realizar monitoreos que hasta el momento no estaban a su alcance, detallando la resolución que “incidirá directamente en las tareas de prevención y represión de la delincuencia. Este programa obtiene la información interceptada en los teléfonos o los correos electrónicos, la sistematiza y hace posible el cruzamiento de datos para generar informes de Inteligencia. Este mismo sistema es usado por la policía de Brasil, Perú y Costa Rica entre otros países latinoamericanos.

En el sistema político, especialmente en el Parlamento, la información parece haberse tomado con cierta naturalidad. Aunque según el País “la compra, que fue mantenida en secreto por el gobierno invocando razones de "seguridad pública", sorprendió a representantes de la oposición, que si bien entienden y justifican que la Policía tenga acceso a tecnología de punta para combatir el crimen organizado, reclaman información, transparencia y garantías en el uso de la sofisticada herramienta. El senador nacionalista Gustavo Penadés, integrante de la Comisión Bicameral para la redacción de una Ley que regule la Inteligencia de Estado, dijo a El País que la puesta en funcionamiento de dicha herramienta debería esperar a la vigencia de la ley, aún en etapa de discusión”

La tecnología adquirida por Uruguay pertenecería a la llamada de tercera generación. Se trata de un software espía Interceptor que es único y representa un importante avance tecnológico en comparación a los anteriores. De acuerdo a la opinión de expertos en estos temas y a las recientes revelaciones de Snowden, en gran medida todos estos software y especialmente las plataformas tecnológicos provienen de matrices norteamericanas, factor que le permite a los organismos de inteligencia de EEUU contar con la información de cualquiera de estas regiones cuando lo crean necesarios.

Como y para quién espiaba la policía uruguaya en los 60 y 70
En los años 60 y 70 otro espía desertor de la CIA, Philip Agee, que durante años trabajó en varios países sudamericanos entre ellos Uruguay, escribió un libro; “Diario de la CIA (La “Compañía” por dentro) donde relata con minuciosos detalles, como espiaban a diversas instituciones y personalidades en Uruguay por aquella época. En los siguientes pasajes de este libro editada en 1979 por la editorial Bruguera, ha quedado registrado cómo y para quién espiaba la policía uruguaya.

“La operación de intervención telefónica de Ia “estación” (CIA) se lleva a cabo a través del servicio de enlace. AVALANCHE (el Departamento de Policía de Montevideo), con un historial que se remonta también a la época de la Segunda Guerra Mundial, en que el FBI se encargaba de las operaciones de contraespionaje en América del Sur. Es en la actualidad la más importante operación conjunta que lleva a cabo la “estación” en colaboración con los servicios uruguayos.

Las conexiones las efectúan en la central unos ingenieros de la compañía, a petición del Departamento de policía. Un cable de treinta pares une la central principal de la ciudad con la Jefatura de policía, en cuyo último piso se encuentra instalado el puesto de escucha.

El técnico jefe Jacobo de Anda y el técnico ayudante y correo Juan Torres se encargan del PE, en el que se dispone de dispositivos de puesta en marcha de magnetófonos para cada uno de los treinta pares. Torres se encarga de que conecten las líneas los ingenieros de la compañía y entrega diariamente las cintas a otro correo, AVOIDANCE, el cual las entrega a los transcriptores que desarrollan su labor en su propio domicilio, o bien en despachos situados en lugares seguros. Este correo recoge las transcripciones y las cintas correspondientes y las entrega a Torres, el cual las envía diariamente a la estación (CIA) a través de otro correo, que trabaja por cuenta de la sección de inteligencia de la policía. De este modo, el Departamento de policía se encarga de las conexiones y de controlar el PE.

El correo AVOIDANCE es un agente de la estación que sólo conoce Torres de entre todo el personal del Departamento de policía que interviene en la operación. El Departamento de policía no conoce a los transcriptores, pero la estación facilita todas las transcripciones, salvo en casos especiales, a la sección de inteligencia de la policía.
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A la mayoría de transcriptores se les mantiene separados uno de otro, y separados también del Departamento de policía. La estación que se encarga de financiar la operación y de facilitar el necesario equipo técnico, trata directamente con el jefe de la Guardia Metropolitana, que es el funcionario del departamento de policía que está a cargo de toda la operación de intervenciones telefónicas. Suele ser un Coronel o Teniente Coronel del Ejército, el cual se encarga de dirigir la Guardia Metropolitana, que son unas fuerzas paramilitares de choques de la policía. En la actualidad es el coronel Roberto Ramírez.

Por lo general, suele ordenar la intervención de las líneas que le interesan con vistas a las operaciones que tiene organizadas contra las operaciones de contrabando, lo cual le sirve a la estación de tapadera para las líneas que son de naturaleza política. Torres y De Anda trabajan bajo la supervisión del jefe de la Guardia Metropolitana, si bien la aprobación inicial tiene que proceder del Ministro del Interior (seguridad interna) y del jefe del Departamento de policía de Montevideo. La estación alienta la intervención telefónica contra las actividades contrabandísticas, no sólo porque éstas constituyen una buena tapadera, sino también porque las operaciones de contrabando de la policía resultan muy lucrativas y tienden a apaciguar los temores de escándalo político que pudiera albergar el titular del Ministerio del Interior.
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El Departamento de Inteligencia y Enlace de la policía de Montevideo es la principal fuente de información del gobierno (y de la estación) acerca de las huelgas y manifestaciones callejeras. La importancia de este tipo de información se ha acrecentado en estos últimos años debido a las crecientes campañas de huelgas y manifestaciones organizadas por los sindicatos dominados por el PCU, en protesta contra la política económica del gobierno. Cuando se producen huelgas y manifestaciones, el Departamento de Inteligencia y Enlace transmite información telefónica a nuestra estación acerca del desarrollo de los acontecimientos. En la información se incluyen datos acerca del número de participantes, grado de violencia, localizaciones, órdenes de represión por parte del gobierno y cálculos acerca de la eficacia de las medidas adoptadas, todo lo cual se clasifica con vistas a su inclusión en los informes que envía Ia agencia a la central, a los mandos militares de Sur y del Atlántico, etc. A finales de cada mes, el Departamento de I & E prepara también un informe general acerca de las huelgas y disturbios registrados, enviando una copia del mismo a la “estación”.

A pesar de que el contacto entre los distintos oficiales del Departamento de policía y la estación no constituye ningún secreto para el jefe de la policía -estando calificado como de “enlace oficial"-, la “estación” sigue manteniendo un discreto contacto con un antiguo jefe del departamento de I & E, que fue promovido a un cargo superior y es actualmente el cuarto o quinto oficial en importancia del departamento de investigaciones. Se trata del inspector Antonio Piriz Castagnet, que percibe un sueldo de la estación en su calidad de agente de penetración en el Departamento de policía y siempre se muestra dispuesto a llevar a cabo tareas sin el conocimiento de sus superiores. La estación recurre, por tanto, a este agente cuando no desea que el jefe de policía u otros agentes sepan de su interés por determinado asunto. Píriz nos facilita también valiosa información acerca de los planes del gobierno en relación con las huelgas y el desorden civil, los movimientos de personal dentro de la policía y los posibles cambios de política.
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Aunque han concluido en buena parte las operaciones de acción política que teníamos organizadas a través de Benito Nardone, Holman sigue viéndose con Nardone, con la esposa de éste, Olga Clerici de Nardone, que desarrolla una intensa actividad en el movimiento ruralista, y con Juan José Gari, el principal lugarteniente político de Nardone. Gari ocupa uno de los cargos más ambiciosos asignados a los ruralistas en el actual gobierno blanco, dado que es el presidente del Banco Hipotecario del Estado. Si se produjera un cambio de política y la “estación” tuviera que echar nuevamente mano de la acción política y militante, empezaríamos con la señora Nardone y con Gari, aunque Nardone no consiguiera sobrevivir a su lucha contra el cáncer”.

*Columnista uruguayo

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