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No dejemos a los chiquilines solos
Por Raúl Legnani* Urumex80@gmail.com
La humanidad perdió en el Centenario, cuando la Cámara de Diputados votó que la venta de marihuana (Maruja) sea regulada por el Estado.
Una vez más quedó demostrado que el hombre tiene una debilidad particular que viene de siglos, capaz que desde su propia aparición, cuando descubre sustancias naturales y artificiales que le hagan más placentera la vida, aunque lo perjudiquen en su estructura biológica.
Soy de los que creen que el sistema político manejó argumentos, exponiendo sus debilidades como mujeres y hombres que son. No hubo un debate irracional en la cámara baja, pero predominó la sensación de impotencia por parte de los legisladores. Por lo menos así lo percibí, aunque debo reconocer que hubo diputados que en la defensa del proyecto de ley tuvieron una línea argumental bien elaborada.
El voto que decidió la aprobación del proyecto fue del doctor Darío Pérez quien se opuso a la iniciativa, con una fuerte denuncia sobre los peligros de la adicción. Pero su postura última fue acompañar el voto afirmativo, en tanto “algo hay que hacer” ante el drama de la adicción.
Quizás esta haya sido una buena actitud, en tanto el mercado de la droga ha sido instrumentado y copado por grupos mafiosos, de gran capacidad financiera a nivel internacional.
Ahora bien, otra es la actitud que he percibido entre actuales consumidores, quienes festejan porque ahora podrán acceder a la Maruja sin estar violando la institucionalidad (cometiendo un delito), pero no hacen ningún comentario - ni positivo, ni negativo- sobre la importancia de que se puede llegar a reducir el accionar del narcotráfico.
Si esto que he percibido está generalizado, tenemos que saber que la satisfacción de un sector de la sociedad que es consumidora de esa droga, no tiene nada que ver con el combate al narcotráfico.
Es de esperar, entonces, que en los primeros tiempos de la nueva experiencia que pasa a vivir la República, crezca por vía de la imitación el número de consumidores.
Por eso desde mañana el país tiene que ponerse de pie y participar de una amplia campaña educativa contra la adicción, particularmente entre los jóvenes. Una campaña que llevará años y que debe integrarse a la acciónn educativa, en todos los niveles. De la sociedad y del Estado.
También habrá que preparar a funcionarios del Estado, para que encabecen el apego a la ley, una vez que el Senado la apruebe y el Poder Ejecutivo la ponga en marcha.
Pèrez definió bien a esta droga: “Es una bosta”, dijo. Pero creo que se quedó corto en tanto la bosta (estiércol) es parte de los procesos naturales de los actores de la vida, por más que el individuo sienta asco ante su sola presencia. Solo basta recordar que el estiércol seco de vaca es usado como combustible.
Quizás el país entre con esta ley a lo mejor de la historia, quizás sea un paso atrás para dar dos adelante, quizás haya sido una aventura. Por encima de cómo termine esta película, no dejemos a los chiquilines solos, siendo también los adultos severos autocríticos por ser consumidores de alcohol y de tabaco.
*Maestro y periodista Publicado en La República el 2 de agosto
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