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Habitar el mundo
Los animales, nosotros
Por el arquitecto Luis Fabre
El paleontólogo americano Stephen Jay Gould proponía ya en 1998 la implantación de una Ética Ecológica: “considero importante insistir en el hecho de que la escala temporal humana es la única que debiéramos tener en cuenta en nuestros postulados ecológicos o éticos. Una ética ecológica no debe fijarse como objetivo el futuro lejano de la vida en otros planetas, sino que debe preocuparse de la calidad de nuestra y de las demás especies aquí y ahora.” “ Nos ha sucedido incontables veces que hemos erradicado hábitats enteros sin darnos cuenta siquiera. Hemos exterminado las especies que habían tenido la desgracia de afincarse allí”… “la mayoría de las personas no tienen la menor conciencia de lo efectos que producen nuestras manipulaciones del medio ambiente”. Pregunta el periodista: ¿Cuáles son las especies que le parece más urgente proteger? “Salvémoslas todas, si podemos, no tengo prioridades, confío en un principio general: no deberíamos dejar que perezca ninguna especie si está en nuestras manos impedirlo. Sin embargo hemos modificado los climas y los entornos ambientales tan profundamente que es inevitable que de ello se deriven algunas extinciones.
El segundo principio consiste en no considerar que ese pequeño escarabajo que nadie conoce carezca de importancia. Es tal vez cierto desde el punto de vista estético, pero no desde el farmacológico.” Profundizando en esta línea, la teoría sistémica aportó la conexión entre sistemas que forman cadenas de vida sobre el globo. Sobre como los desperdicios de unos sirven de alimento a otros interactuado incluso entre vida animal y vegetal. Esta concepción integral de vida incluye la de la especie humana, la misma que ha distorsionado estas cadenas arrasando y ocupando los espacios, compitiendo por los alimentos, despojando de los mismos a animales y plantas. La más notoria de esas distorsiones es producida por los residuos de la actual sociedad de consumo. Los biodegradables porque intoxican el medio ambiente, superando su capacidad natural de absorción. Y los no biodegradables, cuya permanencia es una verdadera “bomba de tiempo” para las generaciones venideras.
Desde aquí Desde mi modesto lugar, por mi parte, hace unos años publicaba un artículo sobre la instalación de un acuario en el Zoológico Municipal, regenteado por la Asociación de Acuaristas del Uruguay a la que en él hago referencia: “ Sus intereses por la difusión de la disciplina ( la piscicultura) se aúnan perfectamente con una actualizada concepción del zoológico, tratando de disponer variedad de ejemplares, recreando a la vez su entorno natural, y efectuar simultáneamente una tarea de información y docencia que trascienda la mera observación, incorporando a nuestras vidas el conocimiento de las especies en armonía con el planeta, lo que por fin nos empieza a importar! Hoy los efectos del cambio climático demuestran que esa inquietud del pasado era atinada. Actualizados estudios demuestran que las especies necesitarán miles de años para adaptarse a los cambios que en el planeta se producirán en los próximos cien, por lo que en su mayoría no sobrevivirán por sí mismas. En tanto ya es inocultable la responsabilidad sobre los efectos de su accionar, la humanidad debe, tomando conciencia de ello, recorrer dos líneas de acción: Una, revertir los cambios negativos que su actividad sobre la tierra está causando. Ya nos ocuparemos de eso en otro artículo.
La otra, incipiente, por aquí novedosa, es la que proponemos: la creación de laboratorios de estudio, investigación y apoyo a la preservación de las especies autóctonas .Lugares con un hábitat controlado en que se recreen las condiciones variables del natural, se detecten y estudien las reacciones ante los cambios para descubrir apoyos, modos de alimentación y de vida que impidan la extinción futura. Asimismo, intercambiar estadías con regresos al lugar natural, devolver ejemplares con sus congéneres, ubicarlos en sitios en que se detecten mayores posibilidades de adaptación y deducir pautas para ayudarlos. Ya el lector habrá deducido que propondremos usar los zoológicos para esta trascendente, continuada tarea. Para eso deben refuncionalizarse, eliminando el cautiverio de por vida de los animales e incluso su exhibición continuada, reduciendo al mínimo la intromisión del hombre. Más cerca que los zoológicos hacia estas funciones, están las reservas de flora y fauna de nuestro País, cuya actividad bien podría derivarse hacia estos trascendentes objetivos, coincidentes con los que hacen su razón de ser.
Profundizando En cualquiera de estas líneas de acción, sostenemos conceptualmente que considerar la flora y fauna como “recursos” al exclusivo servicio de los humanos debe definitivamente superarse, independientemente de ideología y religión alguna. Transcurrido tanto tiempo de la descripción por Darwin en “El origen de las especies” el parámetro de la interdependencia sigue vigente. Si desde su posición de poder , la humanidad es displicente, renuente en respetar y preservar las otras formas de vida sobre el planeta, deberíamos tener en cuenta que- mas allá de todos los fantásticos avances de la ciencia y sus logros tecnológicos- en la integración con la naturaleza, la flora y la fauna, la tierra y los mares, todavía nos va la vida. En tanto la humanidad no logre mantener la especie con insumos logrados artificialmente, puede que aprendiendo a salvar otras, en un futuro no tan lejano, sepa salvar la propia. Por de pronto ayudaría bastante mas que estas conclusiones de un lego, que algún científico escriba: “La extinción de las especies”.
LA ONDA® DIGITAL
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