Versiones completas
El mensaje de la juventud brasileña
Por Luiz Inácio Lula da Silva*

Columna editorial publicada en New York Times 16/07/013
Fuente: http://osamigosdopresidentelula.blogspot.com
Traducción: Jaime Secco

AQUÍ DISCURSO COMPLETO DE LULA EN EL XIX FORO DE SAN PABLO

Tras las primeras manifestaciones masivas en su país, el 17 de julio el expresidente Lula publicó una columna en las páginas editoriales del diario New York Times, que tuvo enorme repercusión. Al interpretar el mensaje de la juventud brasileña como altamente político -y no antipolítico-, alerta al sistema político que las instituciones y su propio Partido de los Trabajadores deben transformarse para conectar más directamente con todos los sectores.

Parece más fácil explicar estas protestas cuando ocurren en países no democráticos, como Egipto y Tunes en 2011, o en países donde la crisis económica aumentó el número de jóvenes desempleados a cifras que asustan, como en España y Grecia, que cuando surgen en países con gobiernos democráticos populares, como Brasil, donde actualmente gozamos de las menores tasas de desempleo de nuestra historia y de una expansión sin precedentes de los derechos económicos y sociales.

Muchos analistas atribuyen las recientes protestas a un rechazo a la política. Creo que es exactamente lo contrario: Ellas reflejan un esfuerzo por aumentar el alcance de la democracia, para incentivar a las personas a participar más plenamente.

Yo sólo puedo hablar con autoridad sobre mi país, Brasil, donde creo que las manifestaqciones son en parte el resultado de los éxitos sociales, económicos y políticos. En la última década, Brasil duplicó el número de estudiantes universitarios, muchos de familias pobres. Nosotros redujimos drásticamente la pobreza y la desigualdad. Éstas son conquistas importantes, pero es completamente natural que los jóvenes, especialmente aquellos que están obteniendo cosas que sus padres nunca tuvieron, deseen más.

Éstos jóvenes no vivieron la represión de la dictadura militar en las décadas del 60 y 70. No convivieron con la inflación de los años 80, cuando la primera cosa que hacíamos cuando recibíamos nuestros salarios era correr al supermercado y comprar todo lo posible antes de que los precios subieran nuevamente al día siguiente. Recuerdan muy poco de la década del 90, cuando el estancamiento y el desempleo deprimieron nuestro país. Quieren más.

Es comprensible que así sea. Ellos quieren que mejore la calidad de los servicios públicos. Millones de brasileños, incluyendo los de la clase media emergente, compraron sus primeros automóviles y comienzan a viajar en avión. Ahora, el transporte público debe ser eficiente, haciendo menos difícil la vida en las grandes ciudades.

Las preocupaciones de los jóvenes no son meramente materiales. Quieren mayor acceso al esparcimiento y actividades culturales. Pero por encima de todo, ellos exigen instituciones que sean más limpias y más transparentes, sin las distorsiones del sistema político y electoral anacrónico de Brasil, que recientemente se mostraron incapaces de procesar una reforma. La legitimidad de esas demandas no puede ser negada, incluso aunque sea imposible atenderlas de inmediato. Es preciso primero encontrar recursos, establecer metas y definir plazos.

La democracia no es un compromiso de silencio. Una sociedad democrática está siempre en movimiento, debate y definición de sus prioridades y desafíos, en constante deseo de nuevas conquistas. Sólo en una democracia un indígena pudo ser elegido presidente de Bolivia y un afroamericano presidente de los Estados Unidos. Sólo en una democracia podría, primero un metalúrgico y después una mujer ser electos presidentes de Brasil.

La historia muestra que, cuando los partidos políticos son silenciados y las soluciones se procuran a la fuerza, los resultados son desastrosos: guerras, dictaduras y persecución de minorías. Sin partidos políticos no podría haber una verdadera democracia. Pero las personas no quieres simplemente votar cada cuatro años. Quieren interaccionar diariamente con los gobiernos locales y nacionales y quieren participar en la definición de las políticas públicas, brindando opiniones sobre las decisiones que afectan al día a día.

En suma, quieren ser escuchados. Esto provoca un enorme desafío para los líderes políticos. Exige las mejores formas de relacionamiento, a través de los medios sociales, en los espacios de trabajo y las universidades, reforzando la interacción con grupos de trabajadores y líderes de la comunidad, pero también con los llamados sectores desorganizados, cuyos deseos y necesidades no deben ser menos respetados por falta de organización.

Se ha dicho, y con razón, que mientras la sociedad entró en la era digital, la política permanece analógica. Si las instituciones democráticas utilizaran las nuevas tecnologías de comunicación como instrumentos de diálogo, y no meramente para propaganda, respirarían aire fresco en sus actividades. Y eso los llevaría más eficazmente a ponerlos en sintonía con todas las partes de la sociedad.

Incluso el Partido de los Trabajadores, que ayudé a fundar y que ha contribuido tanto a modernizar la democracia política en Brasil, precisa una profunda renovación. Es necesario recuperar sus lazos diarios con los movimientos sociales y ofrecer nuevas soluciones para nuevos problemas, y hacer las dos cosas sin tratar a los jóvenes en forma paternalista.

La buena noticia es que los jóvenes no son conformistas, apáticos ni indiferentes a la vida pública. Incluso aquellos que piensan que odian a la política están comenzando a participar. Cuando yo tenía su edad, nunca imaginé que me convertiría en un militante político. A pesar de ello, terminamos creando un partido político cuando descubrimos que el Congreso Nacional prácticamente no tenía representantes de la clase trabajadora. A través de la política conseguimos restaurar la democracia, consolidar la estabilidad económica y crear millones de empleos.

Es claro que hay mucho para hacer. Es una buena noticia que nuestros jóvenes quieran luchar para garantizar que los cambios sociales continúen a un ritmo más intenso.

La otra buena noticia es que la presidenta Dilma Rousseff propuso un plebiscito para realizar las reformas políticas que son tan necesarias. Ella también propuso un acuerdo nacional para la educación, la salud y el transporte público, en que el gobierno proporcionaría apoyo técnico y financiero sustancial a los estados y municipios.

Al hablar con líderes jóvenes en Brasil y otros lugares, me gusta decirles lo siguiente: Incluso si estás desanimado con todo y con todos, no desistas de la política. ¡Participa! Si no encuentras en otros al político que buscas, puedes hallarlo en ti mismo.

AQUÍ DISCURSO COMPLETO DE LULA EN EL FORO DE SAN PABLO

*Luiz Inácio Lula da Silva es ex presidente de Brasil que ahora trabaja en iniciativas globales en el Instituto Lula.

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