Argentina: si el derrotero no es
modificado, nos hará zozobrar

Por el Dr. Alfredo E. Allende*

Hace unos dos años dirigí una carta a varios amigos diciendo que el país iba al garete; se fastidiaron algunos queridos corresponsales; supongo que ahora no se perturbarán como entonces. Claro no se navegaba por aguas procelosas por entonces, aunque a un observador atento le resultaba fácil discernir el bienestar pasajero de las corrientes profundas de la sociedad, que indicaban un rumbo de desprecio por las leyes de la economía, y por el sentido común.

Ahora entramos en zonas tormentosas, claramente se percibe que el resultado de la desaprensión anterior tendremos que afrontarla con inevitables sacrificios, no meramente con incomodidades. No sólo seguimos andando al garete: sabemos que el derrotero, de no ser modificado vigorosamente, nos hará zozobrar. La gente tiene conciencia del tema, y votó como votó, despreciando los cantos de sirena de una publicidad oficial opresiva.

El discurso presidencial posterior a las elecciones nos dejó atónitos y ahondó la preocupación general. Como es conocido el partido oficialista obtuvo un 26% de los sufragio contra 54% recibido en las elecciones de hace dos años. Pero la Sra. Presidente afirmó que ganó, que nadie lo publicó y que sin embargo en la Antártida había vencido -repitió con una exaltación que no se condecía con la ridiculez que estaba expresando-; afirmó que hablaría con las fuerzas productivas, las enumeró, pero omitió especificar (¡en la Argentina!) a los empresarios rurales, señalando que sólo convocará a los jefes de la economía del país y a la CGT, dejando de lado a los partidos políticos, con un sesgo doctrinario fascistoide ridículo. Desconocimiento de la realidad, enojo, expresiones de una superficialidad rayana en el infantilismo, fingiéndose un progresismo confinado a la tribuna, constituyen un conglomerado de agresiones a la inteligencia del pueblo.

Hay una caída de las reservas monetarias que no es para despreciar sino para alarmarse: expertos en finanzas afirman que sólo quedan en el Banco Central diez mil millones de dólares de libre disponibilidad contra tres veces más de hace un par de años; la inflación es una de las más altas del mundo, se va arrimando al 30% anual, es segunda en el continente americano después de Venezuela; el nivel educacional relacionado con los internacionales -dicho por organismos mundiales especializados en la materia- ha descendido a cotas impensadas sólo una década atrás, cuando todavía con el Uruguay conformábamos un bloque de potencias en el tema; con importaciones de combustibles que será no menor a los 12.000 millones de dólares en el año corriente y mayor en el que viene (¿cómo se pagarán sin sufrir un colapso?), con menos exportaciones en el 2014 que en este año, en el que retrocedieron las ventas hacia el exterior con respecto a 2012; con una política de subsidios que no resiste el menor análisis dando lugar a una circulación monetaria que se va haciendo explosiva; sin esperanzas para la creciente masa de desocupados y marginados, con una inseguridad atormentadora de las calles y caminos del país, y carentes de un programa nacional de desarrollo, mientras las corporaciones mundiales de explotación minera se llevan a precio vil el rico material sin valor agregado, con amenazas ciertas hacia el sistema ecológico, pues bien, el mensaje presidencial no dio pauta alguna de visión de estadista, ni de política seria. Sólo mostró ira, y eso no ayuda nada, pero enturbia todo.

Sería bueno que una 100 o más firmas de gente que no tengan militancia política pero que sean reconocidas por su solvencia en los diferentes quehaceres, hagan un manifiesto público, llamando la atención acerca del riesgo que se corre y en defensa del propio gobierno constitucional que se va autodestruyendo. Debe ser un documento sin altisonancias, redactado con amor por las instituciones republicanas y con ansias de que se emprendan vías de crecimiento que absorban la inflación, la miseria y la desocupación crecientes, con la finalidad institucional de que se pueda cumplir el mandato sin demasiadas turbulencias, y con la finalidad social de evitar una crisis grave. Porque si se continúa así, sin cambios, con la misma línea de emisionismo, falta de inversiones productivas, con villas miserias en continuo avance, en un año o menos crecerá la inflación y la inseguridad a niveles intolerables, los fondos de reserva bajarán a cotas que desatarán el pánico con huidas hacia divisas extranjeras, y la desocupación no podrá ser compatible con la tranquilidad social.

Es bueno, aunque de desesperante lentitud, tener la perspectiva de explotaciones gasíferas y la erección en el Río Santa Cruz de usinas que compensen los enormes déficits actuales. Claro que ello sucederá, si es que se llevan a cabo las obras, por ahora “en veremos” y ya sospechadas de corrupción en la etapa preinicial de las licitaciones. La estupidez ha consistido en dar durante diez años prioridad a ideologías y abstracciones, a enfrentamientos evitables, a concentrarse en el electoralismo, y no a realizaciones concretas de envergadura, y dejar avanzar la descomposición moral en las mismas entrañas del gobierno.

Es inconcebible que luego de una década se hayan construido a los sumo 300 kilómetros de rutas con un parque automotor en aumento acelerado (porque no se sabe donde ahorrar y entonces se actualizan los coches), que se hayan pasado el tiempo en improperios contra los hacedores -como es el caso nos guste o no de Mauricio Macri-, que se dé más importancia a estatizaciones y no a la substancia que es la productividad y la producción en gran escala, que no se hayan levantado un millón de viviendas sociales en vez de unas cien mil realizadas (cuando se precisan más de dos millones), que el país continúe con la ecuación granos contra maquinaria, esencialmente idéntica a la de hace más de 100 años, sin entender que el crecimiento efectivo material es la única vía para abrir sendas hacia elevaciones intelectuales, culturales, y de justicia social.

Siempre estamos a tiempo, en tanto y en cuanto no se nos venga encima el calendario de la desestabilización económico-financiera-laboral. Pidamos al gobierno que se salve y que salve al país de disturbios que nos traben por un tiempo indefinido.

* Intelectual argentino y ex ministro del gobierno de Frondizi

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