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La extranjerización de nuestras tierras
Por el Dr. Daniel Volpi Avedutto*
Soy hombre del interior, y precisamente de Artigas. Vengo observando la presencia de muchos brasileños aquí en el norte, quienes adquieren campos a los efectos de explotación ganadera, la minería o las plantaciones de arroz. Van ingresando paulatinamente a nuestro país y muchos de ellos traen la mano de obra de allá.
Recuerdo que a unos 15 años atrás el entonces Senador blanco Carlos Julio Pereyra se preocupó mucho por nuestras tierras que estaban siendo adquiridas por extranjeros no residentes en Uruguay. Sostenía Don Carlos Julio que en el momento de la firma del Tratado del MERCOSUR, Argentina, Brasil y Paraguay realizaron reservas de kilómetros hacia el centro del territorio desde las costas; decía que Argentina y Paraguay reservaron 50 kms cada uno y Brasil reservó 100 Kms. Uruguay, en cambio, no hizo reserva de ninguna extensión de su territorio.
El mencionado caudillo, en 2008 brindó para La Democracia un amplio abordaje sobre esta problemática que vale la pena recordarlo. Dijo que el gobierno del Frente Amplio habla del país productivo cuando la tierra uruguaya se está vendiendo a los extranjeros no residentes en una forma alarmante. En aquel momento tenía la convicción de que la extranjerización debería estar llegando al 30% del territorio nacional.
Este problema se sigue agravando porque se ha visto favorecido por los inversores de Argentina que vienen a explotar la agricultura. A raíz de las retenciones que el gobierno argentino aplica a algunas producciones agrícolas, los productores de aquel país han arrendado gran parte de las tierras del litoral, muy aptas para la agricultura. También lo han hecho en otras partes del país como Rocha donde producen soja.
El productor endeudado, tentado con las actuales ofertas de Argentinos y Brasileros, termina vendiendo sus tierras. De esta manera se va desplazando la familia campesina hacia las ciudades, parecen atraídos por las luces. Esa familia del campo que tiene un estilo de vida muy particular, una cultura especial, una forma de apreciar al país, afirmando la verdadera nacionalidad asociada a la tierra, que es la base de las exportaciones.
Carlos Julio, mientras estaba en el senado, presentó unos proyectos que no prosperaron porque faltaron poquitos votos y no pudieron convertirse en leyes. Durante el período pasado los entonces diputados Casareto y Olano repitieron estos proyectos presentándolos en forma similar y lamentablemente no han prosperado debido a la falta de intereses por parte de la bancada mayoritaria.
Ese proceso de extranjerización se proyecta además hacia la industria. Como dato en 2007 se compraron 5 frigoríficos por firmas brasileras, cuando Uruguay tiene los mejores mercados para la colocación de sus carnes, que es tal vez la mejor del mundo por el origen natural de la alimentación de los animales. Brasil es el mayor exportador de carnes, pero de carnes de inferior calidad.
Uno de los argumentos más fuertes a favor de la inversión extranjera es la creación de fuentes de trabajo para los uruguayos, pero eso es una verdad a medias, porque quien viene y compra un frigorífico ya instalado, lo único que hace es cambiar la titularidad.
Nuestro país tenía un sector muy importante que era el arrocero. Con un sistema de comercialización que había unido al productor con el industrial. Es el caso de Saman, que se ha vendido a capitales brasileros. Cuando los productores arroceros han querido mantener ese sistema que tenían desde muchos años atrás para determinar los precios en acuerdo con los molinos y de acuerdo con la exportación, se les contestó por parte de los nuevos dueños que eso duraría el primer año. Después la empresa establecería las reglas de juego.
Es decir que el capital extranjero vino a desplazar a capitales nacionales pero también viene a modificar un sistema de comercialización que beneficiaba a la producción nacional. Sin dudas la extranjerización de nuestras tierras va a terminar afectando la Soberanía del país, y fundamentalmente cuando los compradores de tierras en grandes extensiones, muchos de ellos, son quienes han aspirado a adueñarse del territorio nacional a través de la historia. El profesor Carlos Julio Pereyra, con más de 40 años de legislador, siempre ha sostenido eso.
Carlos Julio es para mí un gran Caudillo nacionalista y un gran Patriota; con sus 90 años, hoy aporta mucha experiencia, es historia viva. Fue el sucesor de Javier Barrios Amorín en el liderazgo del Movimiento Nacional de Rocha; también fue compañero de fórmula de Wilson en 1971, ambos impulsaron el programa de gobierno “Nuestro Compromiso con Usted”, un programa progresista en serio.
En 1986, la editorial Librosur, edita un libro titulado: “En Defensa de la Nación”, cuyo contenido son versiones taquigráficas de las palabras de Carlos Julio en el Parlamento desde el 15 de febrero de 1985 hasta diciembre del mismo año. Esa mencionada obra, una verdadera joya blanca, se divide en tres capítulos que son: “Restauración de la Democracia”, “la compra de las carteras bancarias” y la “refinanciación de la deuda interna”. Tres grandes temas en tiempos en que el Uruguay recién retomaba su vida en Democracia y había una ardua tarea por delante, nada más y nada menos que solucionar los problemas de la Nación, se trataba de una reconstrucción nacional.
El Artículo 4º de nuestra Constitución establece que la Soberanía en toda su plenitud existe radicalmente en la Nación, a la que compete el derecho exclusivo de establecer sus leyes del modo previsto y consagrado en esta Carta Magna. Esta Carta que consagra los derechos, deberes y garantías por las cuales lucharon y murieron muchos integrantes del Partido Nacional, el partido de la Nación.
* Fuente La Democracia
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