Habitar (atrapados) en la RED
Por el arquitecto Luis Fabre

La saturación de información, la supresión del espacio por la velocidad de las comunicaciones físicas y las no tangibles, son parámetros del “Habitar en la Red”. A las dificultades en seguir el ritmo, la velocidad de la vida actual se agrega una mayor, la aceleración de todos los procesos que achican nuestro tiempo subjetivo…, o el de todos.

La incertidumbre inherente a la subjetividad respecto al futuro, se ha incorporado al presente y hace cada vez más difícil tomar decisiones con medidas probabilidades de resultados. Parece tener más incidencia el azar que las acciones personales respecto al trabajo, a nuestra formación, a la superación económica, e incluso respecto a los vínculos. Algunos investigadores proponen crear (se) remansos, tomarse pausas de reflexión y análisis en el torbellino de la vida actual. Pero por inercia, las mismas se destinan a templar herramientas de acción y definir conductas para volver al torrente y reincorporarse a la vertiginosa velocidad de la carrera por la vida en la sociedad globalizada. En un pasado no tan lejano podíamos escapar instalándonos a vivir en una isla desierta. Ahora ya no quedan. Pero antes de adelantar alguna conclusión analicemos una contingencia que ilustra la situación:

Las claves informáticas y el poder
La diversidad de opciones en la red está siendo controlada por el acceso mediante claves. Su mayor cantidad, resguardo, memorización y obligatoria actualización han devenido en dificultades para el usuario. Cuando, simultáneamente, la búsqueda de datos en la web se produce con herramientas más sofisticadas hemos retrocedido en la acción preliminar; habilitar al usuario.

Este paradigma de la clave se ha establecido basado en nuestra seguridad. Pero veamos esto en profundidad en referencia a un aceptado axioma: en cualquier ámbito que opere, el poder por definición es opaco. No cede la ventaja de la información; es una de sus fortalezas.

La Red como construcción humana está implicada en las relaciones de poder, en la continua acción de naciones, grupos y personas por la supremacía económica e ideológica. De ahí que en las operaciones informatizadas de toda índole, cuando claves mediante, cumplimos las condiciones de opacidad que el sistema nos marca, simultáneamente reservamos la transparencia para quien lo maneja y para quienes, con mecanismos reservados, ocultos, legales o ilegales, tienen acceso al mismo.

Por las filtraciones conocidas en todo el mundo, ahora sabemos que esto no es ciencia ficción; está sucediendo. Que con todas las dificultades de acceso personal que aparejan las claves, amén de nuestra seguridad (¿) lo que aseguran es transparencia para el sistema.

Entonces me pregunto: tomado el vocablo en su más amplio sentido: podrá atentar a mi seguridad más un hacker que no me conoce o quienes detentan mis movimientos personales, mi currículo, mis viajes, mis cuentas bancarias, mis propiedades, mis amigos, mi centro de enseñanza, mis preferencias políticas, religiosas, artísticas o deportivas?

Recordamos otro axioma que rige para la tecnología; una herramienta no es buena o mala por sí misma; depende de cómo y para que se use. No tenemos la solución para estos riesgos, pero señalamos que no propiciamos un nuevo luddismo; apelamos a la conciencia colectiva, a la exigencia de derechos acorde al status de ciudadanos del mundo, a que no se nos manipule camino a nuevas formas de sojuzgamiento, que ahora presentimos no tan lejanas.

¿Podemos cambiar esto?
Volviendo al principio, apelamos a la brillante mente de Ilya Prigogine (Premio Nobel de Química) para tomar una metáfora afín a nuestra condición de legos. Según su teoría de “estructuras disipativas” todo sistema - y la sociedad humana es uno- en una evolución de complejidad creciente puede adoptar una nueva estructura. En un mundo en equilibrio las “fluctuaciones” son absorbidas, pero sin embargo, en situaciones alejadas del mismo pueden aumentar e invadir todo el sistema. Esto se produce cuando el sistema toma una “bifurcación” no determinable a priori, facilitada por la incidencia de componentes que actúan distinto a la mayoría. Prematuramente, pese a su apellido, adelantaba Tarde a comienzos del siglo pasado: “el comportamiento del individuo puede transformar el comportamiento global de la sociedad, no a causa de una ola de exigencia espiritualista, sino porque el régimen global se halla en una estado de inestabilidad estructural respecto a este tipo de comportamiento”.

Conclusión de conducta
De modo que, coincidiendo con lo anterior, no por ser pocos y pequeños debemos desistir de cambiar, desde este pequeño lugar donde tantos “imposibles” se han logrado, las grandes cosas que mueven la humanidad sobre el globo, transitando hacia la utopía de una integral vida mejor.

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