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El mundo contra la decisión de Obama de atacar a Siria
Por Niko Schvarz*
La decisión del presidente Barack Obama de desencadenar un ataque militar contra Siria, anunciada en tono prepotente y de típico desborde imperial, como si fuera capaz de imponer su voluntad al mundo entero, ha causado una imponente oleada de rechazo, fundamentada y consciente, en todas las regiones del planeta. Pocas veces en la historia se ha registrado un pronunciamiento colectivo y universal de semejante magnitud, al extremo de que ha dejado prácticamente aislado al gobierno de Estados Unidos en el seno de la comunidad internacional, incluyendo a sus aliados más próximos (en realidad, subordinados a la gran potencia) en el dispositivo militar intervencionista de la OTAN. Y ésta es sin duda la razón por la cual Obama ha desactivado momentáneamente la orden inminente de ataque, antecediéndola de una solicitud de autorización al Congreso, que no se reuniría antes del 9 de setiembre. Esto da tiempo para acentuar la movilización internacional de pueblos y gobiernos en todas partes, incluyendo a los propios Estados Unidos, para evitar una nueva hecatombe que podría incendiar todo el Oriente Medio y asumir las dimensiones de una conflagración mundial. El peligro persiste, con total intensidad.
No cabe ninguna duda sobre el propósito abiertamente intervencionista del presidente estadounidense. En su declaración del 31 de agosto, en que anunció su decisión de solicitar la autorización del Congreso, expresó: “Nuestras fuerzas militares tienen recursos preparados en la región. Estamos listos para atacar cuando lo decidamos”. No son meras palabras. Detrás de ellas están: cinco destructores dotados de misiles de crucero Tomahawk desplegados frente a las costas sirias del Mediterráneo: los USS Mahan, Ramage, Barry, Gravely y Stout; las bases aéreas de que dispone EEUU en territorio turco, en Incirlik e Izmir, y en otros países de la región; los portaaviones Nimitz en el Océano Índico y Truman, que se dirige al Golfo de Omán. Además, Francia (el único país europeo dispuesto a apoyar la intervención de EEUU) dispone en la región de aviones Rafale estacionados en Abu Dhabi y Djibuti. Los intervencionistas tienen todo listo para hacer hablar el lenguaje de las armas.
A ello se opone la voluntad de paz de la comunidad internacional y del propio pueblo de los Estados Unidos. Las manifestaciones del 31 de agosto frente a la Casa Blanca son realmente aleccionadoras por su carácter multitudinario y la claridad de sus lemas. Pudimos verlas a través de Telesur, ya que el monopolio mediático las ocultó. “No war in Syria” era una de las consignas repetidas en las pancartas, llevadas por varias organizaciones, entre ellas la Coalición Answer. Otras decían: “La guerra en Siria, justificada por mentiras”. Los oradores recordaban las agresiones en Libia y Afganistán, y afirmaban que los recursos debían invertirse no en la guerra, sino en los servicios de educación y salud, duramente afectados por la crisis.
El clima era similar al vivido unos días antes en Londres, y que sin duda influyó en la decisión de la Cámara de los Comunes de negar la autorización solicitada por el gobierno de David Cameron (amanuense de EEUU) para secundar la agresión yanki. Dicho sea de paso, otra jubilosa manifestación al día siguiente en la capital británica celebró la retirada de Gran Bretaña del engranaje intervencionista.
Las manifestaciones en Washington eran la viva expresión de lo que habían revelado las encuestas de opinión en esos días, en el sentido de que cuatro de cada cinco ciudadanos opina que no puede desencadenarse el ataque contra Siria sin la autorización del Congreso, y más de la mitad reprueba toda intervención militar.
En Europa, Estados Unidos se ha quedado sin ningún aliado, salvo Francia. Alemania se pronunció en contra, lo mismo que Italia, y en total se han contabilizado 12 países integrantes de la OTAN que se han negado a texto expreso a secundar la agresión. Italia ha declarado oficialmente que en ningún caso autorizará la utilización de sus bases militares para un operativo bélico, como sí se hizo en el caso de la invasión a Libia.
Fue ejemplar, en nuestro continente, el pronunciamiento definido y unánime de los 12 países miembros de la UNASUR, en una muy extensa y fundamentada resolución aprobada por unanimidad y que subraya la voluntad de paz de la región. Otro tanto hizo la cancillería de Cuba. Al término de la reunión de UNASUR, un encuentro del presidente venezolano Nicolás Maduro con su homólogo surinamés Desi Bouterse reafirmó esta voluntad colectiva de paz, contra la intervención en Siria.
Incluso países influyentes de la Liga Árabe como Egipto, Argelia, Irak, El Líbano y Túnez, entre otros, se pronunciaron contra la intervención militar extranjera en Siria. El gobierno (de facto) de Egipto menciona la posibilidad de convocar a la Liga Árabe para considerar este tema. Siria fue excluida del organismo, pero podría ser readmitida, aunque tendrá la oposición de Arabia Saudita.
Rusia y China han reiterado en todos los ámbitos, dentro y fuera del Consejo de Seguridad de la ONU, su oposición radical a la intervención armada contra Siria. En recientes declaraciones, el presidente Vladimir Putin declaró que una intervención militar en Siria carece de toda lógica y configura una verdadera provocación. Instó a EEUU a mostrar las evidencias que dice tener sobre la responsabilidad del gobierno sirio. Quizá el tema reflote en la reunión del G-20 a realizarse el 5 de setiembre en Moscú, en que estarán presentes tanto Putin como Obama.
Este último dijo que la posición de su país se basaba en sus propios informes de inteligencia sobre la responsabilidad del gobierno de Bashar-al Assad en los ataques con gas sarín perpetrados el 21 de agosto en un suburbio de Damasco. El gobierno sirio, que niega toda implicación en los hechos, lo instó a que presentara dichas pruebas, pero Obama no lo hizo. El vicepresidente Joe Biden y el secretario de Estado John Kerry aludieron a estas presuntas pruebas, que resultaron ser absolutamente vagas, inconsistentes y sin ningún valor probatorio. Se refieren en parte a notas de prensa y a mensajes captados en internet.
La misión de inspectores de la ONU sobre el uso de armas químicas en Siria estuvo hasta el sábado 31 de agosto en el terreno. Declaró que no había finalizado su informe y que debía enviar el material recogido a laboratorios en Holanda. Es posible incluso que deba retornar a Siria para completar su misión. Por otro lado, se han publicado documentos según los cuales fueron las fuerzas de la oposición siria y no el gobierno quienes utilizaron el gas neurotóxico, en combinación con maniobras preparatorias efectuadas en Turquía.
De todos modos, lo esencial es no bajar la guardia frente a la gran provocación en ciernes por parte del gobierno de los Estados Unidos, que no está desmontada ni mucho menos.
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