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La fuga del senador boliviano; "un juego de la política interna"
Por embajador Samuel Pinheiro Guimarães
En una entrevista de Carta Maior, el ex secretario general del Itamaraty, embajador Samuel Pinheiro Guimarães, analiza el episodio de la fuga del senador boliviano, que acabó provocando la dimisión del canciller Antônio Patriota. Lo que sigue es la versión en español de
La ONDA digital de esta entrevista
-¿Cuál es el contexto latinoamericano en el que se da la fuga del senador Roger Pinto, hacia Brasil? - Es un contexto razonablemente claro. Por un lado usted tiene gobiernos de izquierda, en diferentes grados y características, que son los gobiernos de Brasil, de Argentina, de Uruguay, de Venezuela, de Ecuador y de Bolivia. Por otro lado usted tiene gobiernos que pueden estar situados como de centro hacia la derecha, como el de Chile, el de Perú que, a pesar de haber sido electo con grandes perspectivas, en realidad se mostró un gobierno aliado a las tesis de la derecha, y el gobierno de Colombia. No es por coincidencia que estos gobiernos se unen a México para formar la llamada Alianza del Pacífico, que se ubica claramente en oposición al Mercosur. Y esto se refleja en el escenario interno brasileño, donde usted tiene a los partidos de centro derecha que se alían con estos gobiernos de derecha, que se desviven en elogios a Chile, a Colombia, incluso elogian a Paraguay. Y critican a Venezuela, a Evo Morales, y aprovechan todas las oportunidades para hacer este embate. Esta situación actual se ubica en este contexto. El senador Roger Pinto pertenece a un partido de derecha.
- Y ¿cuál es el papel de él en la política boliviana, en esta oposición sistemática al presidente Evo Morales? - Él tiene un papel destacado, acusando a Evo de narcotraficante, etc. Él responde a procesos por corrupción y ya fue condenado por uno. Entonces, resolvió crear un hecho político. Que yo sepa, no existe ningún otro político boliviano en la cárcel. Por lo menos, los diarios no publican nada acerca de esto. No veo a ningún periodista preso en Bolivia.
-¿No existe un marco de persecución política general en aquel país? - No lo veo. Los diarios que normalmente son aliados de estos gobiernos de centro derecha, inmediatamente lo publicarían. Este senador resolvió pedir asilo al gobierno brasileño para crear un problema político para los gobiernos de Bolivia y de Brasil, que mantienen estrechas relaciones. Gobiernos a los que él, siendo de derecha, se opone.
- ¿Fue un error de Brasil aceptar el pedido de asilo? - Yo no voy a juzgar las posiciones de Brasil. Quien aceptó el asilo fue el embajador en aquella época [Marcel Biato]. Estos temas son complejos. Yo no estoy en Bolivia para juzgarlas. De cualquier manera, creo que fue una medida precipitada, porque esto implica un juicio sobre los cargos que pesan contra el senador y sobre el presidente de Bolivia.
-¿Ha habido un episodio similar en la política exterior de Brasil? - Que yo sepa, no. Usted tiene el asilo territorial, cuando una persona entra en el territorio y pide asilo, y el diplomático, que se otorga en las embajadas, incluso en los buques de guerra. En este último caso, el más reciente que recuerdo, es el del presidente de Honduras, Manuel Zelaya, que había sido depuesto, víctima de un golpe de estado y se asiló en la embajada brasileña.
Un caso totalmente distinto, incluso porque después, la situación en Honduras se manifestó gravísima, con decenas de periodistas asesinados, sin que la gran prensa aquí se preocupase en ningún momento con esto. En el caso del senador Roger Pinto, existen personas que inmediatamente pasan a criticar al gobierno del presidente Evo Morales que, en este caso, no tiene ninguna responsabilidad, dígase de paso. El senador estaba en la embajada de Brasil bajo los cuidados de la embajada de Brasil. No estaba en una prisión boliviana. Por lo tanto, él no estaba pasando por malos tratos en una prisión boliviana.
Normalmente, en las embajadas, los exiliados son tratados con total consideración, con un razonable confort. La idea de que el exiliado no puede tomar baños de sol es algo que depende de las decisiones del embajador o del encargado, en ausencia del embajador. No son exigencias del gobierno boliviano. Lo que la prensa hace, es que parezca que el gobierno boliviano estuviese maltratando al senador Roger. No es el caso. Además, la apariencia del senador Roger Pinto es muy buena. Yo me congratulo porque él muestra óptimas condiciones de salud. No parece estar en condiciones de privación. Supongo que siempre le sirvieron todas las comidas a él... su aspecto no es de alguien que esté pasando hambre.
-¿Es pertinente la crítica de que Bolivia debería haber concedido un salvoconducto para el senador? - El derecho de asilo diplomático es una institución latinoamericana. No es reconocida por el derecho internacional, distinto del asilo territorial. Y en esta convención latinoamericana [la Convención de Caracas, de 1954], los países que están obligados a seguir sus disposiciones, son los que firmaron la convención. Bolivia, no es signataria de esta convención y no tiene ninguna obligación de seguirla, de dar un salvoconducto. Además, ni siquiera considera que él sea un asilado político. Entonces, no tiene porqué dársela. El senador podría perfectamente abrir la puerta y salir a la calle, nada se lo impedía. Lo que se está creando es una situación de política interna para crear dificultades para la presidenta, para el Itamaraty, para criticar al Itamaraty por una razón o por otra, por haber dado asilo o por no haber dado asilo.
-¿Usted piensa que fue una acción orquestada por la derecha? - No, pero creo que la derecha siempre aprovecha estos momentos. Yo nunca oí hablar que ninguna de estas personas que defienden al senador estuviese preocupada, por ejemplo, con los presos en Guantánamo, que están allá hace diez años sin cargos y sin abogados. Todas estas personas, ahora extremadamente preocupadas por los derechos humanos, no emiten una sola opinión en defensa de estos presos. Ni veo que ellas reivindiquen el salvoconducto para Julian Assange, que está exiliado en la embajada de Ecuador en Londres. Es todo un juego de política interna. Estas personas creen que el gobierno del presidente Evo Morales no es ni siquiera democrático, cuando él fue electo por una enorme mayoría, en elecciones supervisadas, completamente legítimas, tiene mayoría en el congreso y todo el apoyo de la población. Pero estas personas son conservadoras y creen que la ascensión de los trabajadores, de los indígenas, de los negros en los países de América Latina, es algo preocupante para ellos.
- ¿Existe este tipo de actitud de falta de respeto a los gobiernos de origen popular en el Itamaraty? - No, creo que no. Seguramente, en toda organización superior usted tiene puntos de vista diferentes. Personas de todo tipo de posición política. Yo pienso que, incluso el Itamaraty, de una forma general, caminó, en los últimos años, hacia una visión más clara y conciente de la importancia de América Latina, incluso por la influencia del ex presidente Lula.
¿Del Itamaraty del ex presidente Lula al de la presidenta Dilma, existió alguna pérdida del protagonismo de Brasil en la región? - El protagonismo de un país depende mucho del presidente de la república, del énfasis que este presidente le da a los lugares donde va, que él prestigia con su presencia. El Itamaraty es un instrumento del presidente de la república. Un instrumento. Hace el día a día de la política, genera las informaciones, cumple las determinaciones del presidente. El presidente Lula le otorgaba prioridad a América del Sur, desde su discurso de asunción. Y había toda una experiencia previa de Lula, de la experiencia que él tuvo en el pasado, de crear el Foro de San Pablo con los partidos políticos. Todo esto hizo que él tuviese relaciones muy estrechas con muchos líderes de América del Sur. Él tenía un interés muy grande en la región, creía que América del Sur era esencial para la política exterior brasileña, sin descuidar las relaciones con otros países. Pero estas concepciones varían, y dependen mucho de las acciones del presidente. Lula iba una vez cada tres meses a la Argentina, a Venezuela, a Bolivia. Y esto iba creando un entendimiento, una comprensión política cada vez mayor de cada realidad. Esto es muy importante.
- ¿La presidenta Dilma se relaciona poco con América del Sur? - No estoy diciendo esto. Estoy diciendo que cada uno tiene su estilo. Y la situación también cambió un poco. La crisis internacional comienza ya en 2008 y, a pesar de ello, Brasil creció mucho. Después, sus efectos fueron instalándose sobre la economía brasileña. La presidenta Dilma también le otorga mucha importancia a estos temas.
- ¿Cuál es el impacto de la muerte de Hugo Chávez en el marco general de la región? - El presidente Chávez y el presidente Lula eran dos personas profundamente convencidas de la importancia de la integración latinoamericana, de la importancia de la coordinación entre los países, de la unión en el contexto de la política internacional. El presidente Maduro tiene muchos méritos, pero no es Chávez. Son personas diferentes. Y no es que él no sea bueno. El mismo Chávez juzgó que él sería el más calificado para sucederlo. Y Chávez debía tener sus razones.
- Como Lula juzgó que Dilma sería la más calificada para sucederlo... - Pero las circunstancias eran diferentes. Uno se estaba muriendo. El otro estaba vivo. (risas). Está vivo y espero que continúe así por mucho tiempo.
- ¿La dimisión de Antônio Patriota fue adecuada? - Si, fue la correcta. No quiero decir que el ministro Patriota conociese el caso o fuese el responsable directo por lo que sucedió, pero la presidenta necesitaba tomar una actitud con relación al gobierno de Bolivia. Y la destitución del ministro - que es un auxiliar de la presidenta - es conveniente. Soy amigo de Patriota, quiero dejar esto en claro, pero son temas políticos, no personales. El tema se ubicó de una forma tal que la decisión de ella fue acertada, porque permite que el nuevo ministro entre en contacto con las autoridades de Bolivia, sin tener ningún pasado de ninguna naturaleza. Fue una medida políticamente importante.
- ¿Se crea un precedente preocupante? ¿Cualquier delincuente común puede pedir asilo en una embajada? - Pienso que no crea precedentes, no, porque cualquier ciudadano ya puede pedir asilo. Depende de que la embajada conceda el asilo o no.
-¿La decisión de conceder asilo es de la embajada? ¿Pasa por el presidente? - No necesariamente, porque muchas veces, cuando se le comunica al presidente, ya ocurrió en los hechos.
-¿Es tradición de la diplomacia brasileña acoger a cualquiera que pida asilo? - No recuerdo ninguna negativa. Pero este caso del senador Roger Pinto es complejo, porque, incluso acusado de corrupción, él es un político de oposición, de fuerte oposición. Entonces, las cosas se mezclan. De cualquier manera, una cosa es conceder el asilo y otra es organizar una fuga.
-¿Es posible que un diplomático, solo, pueda patrocinar una fuga de estas? - No lo sé. Lo que leí en los diarios es que fueron autos de la embajada, acompañados por fusileros navales.
- Concedido el asilo, ¿el país puede dar marcha atrás? - Puede, claro. Puede existir también un pedido de extradición. La decisión es del Ejecutivo, como ocurrió en el caso de Cesare Battisti. El poder judicial lo puede examinar, pero el mismo poder judicial brasileño llegó a la conclusión de que la prerrogativa es del Ejecutivo. Y es importante observar que estos temas tienen un alcance limitado luego de cierto tiempo. Nadie más habla del caso
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