|
Chile: no se puede cobrar a la historia una factura que todavía no venció
Por el profesor Luiz Moniz Bandeira
El 31 de agosto llegó a las librerías la edición alemana del libro de Moniz Bandeira: Wachstumsmarkt Brasilien - Der deutsche Wirtschafts- und Handelsbeitrag in Geschichte und Gegenwart (Brasil - mercado en crecimiento - la contribución económica y comercial de Alemania en la Historia y en el Presente), publicada por una de las mayores editoriales de Alemania, la Springer Gabler.
El libro ya está anunciado en Amazon y será presentado el 10 de octubre, en la Feria del Libro de Frankfurt, en el cual Brasil será este año el país-tema. A la presentación concurrirá la ministra de Cultura de Brasil, Marta Suplicy, y se referirán a la obra el economista Dr. Wolfgang Müller y el sociólogo Gilberto Calcagnotto.
- El próximo 11 de septiembre, el golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende cumplirá 40 años. ¿Cuáles son, en su opinión, las reflexiones que debemos hacer en esta fecha, que nos sean de utilidad en la actual coyuntura latinoamericana y mundial? - La principal reflexión que se puede sacar de la tragedia de Chile es la de que no se puede cobrar a la historia una factura que todavía no venció. Marx expuso, en el prefacio de Zur Kritik der Politschen Ökonomie, que los resultados de sus investigaciones mostraron que una formación social nunca se desmorona sin que las fuerzas productivas dentro de ella estén lo suficientemente desarrolladas, y que las nuevas relaciones de producción superiores jamás aparecen en el lugar, antes de que las condiciones materiales de su existencia sean incubadas en las entrañas de la propia sociedad antigua. Y esta no era la situación de Chile, un país cuya economía se basaba fundamentalmente en la explotación del cobre, que dependía del mercado mundial, bajo la tutela del sistema capitalista. Ni Marx, ni Engels, ni Lenin, jamás concibieron el socialismo como vía de desarrollo o modelo alternativo para el capitalismo, el único modo de producción que se expandió globalmente.
En la primera parte del Manifiesto Comunista de 1848, Marx y Engels destacaron que la industria había creado el mercado mundial, mediante el cual la burguesía le dio un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países, retirando de la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales - subrayaron Marx y Engels- fueron destruidas o estaban siendo cotidianamente destruidas o suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convertía en un asunto vital para las naciones civilizadas, por industrias que no empleaban más materias primas domésticas, y sí materias primas oriundas de regiones distantes y sus productos no sólo eran consumidos en el propio país sino que, al mismo tiempo, en todas partes del mundo. Esta lección mostraba la inviabilidad del proyecto socialista de la Unión Popular, además dentro del contexto del conflicto Este-Oeste, en que la CIA efectuaba una terrible guerra psicológica, apuntando a aterrorizar al pueblo y fracturar aún más la sociedad chilena. Si al presidente João Goulart, cuyas reformas pretendidas tenían apenas un carácter reformista y nacional-desarrollistas, los Estados Unidos no lo toleraron y trataron de derrocar a su gobierno, es evidente que harían lo mismo o más contra el gobierno del presidente Salvador Allende, que se había alineado con Cuba y la Unión Soviética.
- En Chile, la experiencia del gobierno de la Unidad Popular parece haber anticipado algunos de los dilemas estratégicos enfrentados hoy por parte de varios gobiernos progresistas y de la izquierda latinoamericanos. En su opinión, ¿qué de actual tiene aquella experiencia para los partidos de izquierda que dirigen o participan de gobiernos electos en nuestra región? - La situación actual es muy diferente de la que existía en los años 1960, cuando los Estados Unidos mantuvieron y fomentaron el golpe militar en Brasil - 1970-1973. En aquel momento, cuando promovían el ignominioso golpe en Chile, estaban perdiendo la Guerra de Vietnam. Todo su poderío militar no bastó para darles la victoria sobre fuerzas que vivían en su propio hábitat, en la más perfecta simbiosis con la naturaleza y sobrevivían en las condiciones más primitivas, combatían extremadamente bien, con eficiencia y recibían el más amplio apoyo de la población, en todos los pueblos de Vietnam del Sur. Y, desde 2001-2003, los Estados Unidos están empantanados en las guerras en Afganistán y en Irak, donde los ataques y atentados terroristas más que se intensificaron y cuadruplicaron y de los cuales no consiguen retirar totalmente sus tropas. Y los Estados Unidos, sumergidos todavía en una profunda crisis económica, se tornaron una superpotencia dependiente. Dependen de todo, inclusive de capitales y financiamientos, que les resultaron posibles mediante la compra de bonos del Tesoro americano por parte de China, Brasil y otros países. Como bien observaron Bill Bonner y Addison Wigging, “la nación más rica, más poderosa del mundo, depende de los ahorros de los países más pobres”.
El poderío militar de los Estados Unidos se enfrenta, por lo tanto, con severos límites económicos y financieros. Pero Washington, ya sea George W. Bush o Barack Obama el presidente, jamás toleró, evidentemente los gobiernos progresistas que emergieron en América del Sur, contra los cuales promueven operaciones de guerra por medio de la prensa nacional e internacional y otros métodos, a través de ONGs, financiadas por la NED (National Endowment for Democracy), y entidades civiles, como Freedom House, el Open Society Institute (renominado la USAID, Open Society Foundations [OSF] en 2011), y otras organizaciones no gubernamentales, como Facad para promover la política de regime change sin golpe de Estado. La Open Society Foundations, la NED y la USAID financiaron algunos movimientos y ciertos vehículos de la prensa, alentando la denuncia de fraudes reales o no en las elecciones de varios países, como Serbia, Georgia y Ucrania - en los cuales fomentaron “nonviolent revolutions”, llevando a la oposición a las calles, por medio de activistas, muchas veces remunerados en manifestaciones contra el gobierno. El libro básico para la formación de estos activistas es From Dictatorship to Democracy, del profesor del Gene Sharp, que enseña como intervenir en elecciones extranjeras bajo la máscara del interés imparcial. Según él explica, la lucha no violenta es llevada a cabo por diversos medios, tales como la guerra psicológica, social, económica y política, aplicados por la población y por las instituciones de la sociedad. Dichos medios son, por ejemplo, las protestas, huelgas, no cooperación, deslealtad, boicots, marchas, desfiles de automóviles, procesiones, etc. Es el modelo del pós-moderno coup d’etat patrocinado por los Estados Unidos, adaptado a las condiciones post comunismo, una forma de “cold war revolutionary”, según definió el coronel David Galula las actividades subversivas desarrolladas dentro de la legalidad. Además, ya en los años 1980, William Colby (1920-1996), entonces director de la CIA, declaró que muchas operaciones, antes conducidas de forma encubierta (covert actions) por la CIA, podrían ahora ser realizadas por las ONGs (un tercio de las cien mayores estaba basado en los Estados Unidos), abiertamente y sin cuestionamiento.
- En este sentido, ¿cómo evaluó usted los eventos de junio en Brasil y en qué medida esto se conecta con las dificultades vividas, no solo en Brasil, por parte de los gobiernos progresistas y de izquierda? - Desde el comienzo, vi los eventos de junio con cierta sospecha. Brasil no está sufriendo una grave crisis económica y social. Las cuentas públicas no son insolventes. No existe riesgo de default, de no hacerse cargo de la deuda interna y externa. Por el contrario. La balanza de pagos no está en crisis. Sin embargo, mientras el gobierno pasó a enfrentar una enorme dificultad para contener la amenaza inflacionaria, se produjo una fuerte devaluación del real frente al dólar, provocada, en gran medida, por la expectativa de cambio de la política monetaria americana, y por el hecho de que el real se había valorizado más que las otras monedas en 2008. Sin embargo, al mismo tiempo en que el ataque especulativo aprovechaba dichas circunstancias, se produjeron, simultáneamente, manifestaciones de protestas, llegando incluso a la violencia, en diversas ciudades, especialmente en Río de Janeiro y San Pablo. Los motivos existen, son muy antiguos; son problemas antiguos, de varias décadas, generados, en parte, durante el régimen militar, y agravados con el neoliberalismo, que incentivó aún más la privatización como, por ejemplo, de la salud y la educación, por parte de los gobiernos de Collor de Melo y Fernando Henrique Cardoso.
Causas reales, sin duda habían. No obstante, fueron superadas con creces por la intensidad y continuidad de las manifestaciones, que buscaron desmoralizar las instituciones, los gobiernos y el país, perjudicando su economía e imagen en el exterior. Si posiblemente ellas fueron (en parte) espontáneas, no se puede ignorar que hubo y hay una tentativa de socavar la estabilidad y la fuerza económica, política y militar, sin recurrir al uso de la fuerza, provocando violentas medidas, a ser denunciadas como brutalidad del gobierno. La divulgación de informaciones falsas o verdaderas, a través de la prensa nacional e internacional, tuvo como objetivo socavar la credibilidad y la confianza, no solamente en el gobierno, sino en Brasil.
Quien leyó y conoce la doctrina que el general Collin Powel estableció, en 1992, como jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas (The Military Strategy of the United States. US Government, Printing Office, ISBN 0-16-036125-7, 1992, p 7), que los Estados Unidos, luego del colapso de la Unión Soviética, tratarían de preservar su “credible capability to forestall any potential adversary from competing militarily”, impidiendo que la Unión Europea se tornase una potencia militar, fuera de la OTAN, la remilitarización de Japón y de Rusia, y desalentando cualquier desafío a su supremacía o intento de revertir el orden económico y político internacionalmente instituido, debían subsistir tan sólo para mantener una capacidad militar necesaria para la autodefensa, combatir el narcotráfico y ejercer actividades policiales. Los Estados Unidos se empeñan, naturalmente, en crear las mayores dificultades a Brasil en la medida en que este se desarrolla como una potencia global y forma con China e India un grupo de resistencia a su full-fledged dominance.
- Usted está lanzando un nuevo libro: la Segunda Guerra Fría - Geopolítica y Dimensión Estratégica de los Estados Unidos (De las rebeliones en Eurasia a África del Norte y Medio Oriente). Cuéntenos sobre el mismo. - Este nuevo libro - la Segunda Guerra Fría - Geopolítica y Dimensión Estratégica de los Estados Unidos (De las rebeliones en Eurasia a África del Norte y Medio Oriente) - profundiza, despliega y actualiza mi otra obra - Formación del Imperio Americano - que este año fue lanzada en China y, en 2011, en Cuba. En él, traté de demostrar, con documentos e informaciones, procedentes de las más variadas fuentes, que las llamadas “revoluciones coloridas”, en Serbia, Ucrania, Georgia y en otras repúblicas de la extinta Unión Soviética, así como aquellas surgidas más recientemente en África del Norte y Medio Oriente - llamadas “Primavera Árabe” - no fueron espontáneas, aunque hubiese condiciones domésticas para que ellas ocurriesen, ni democráticas. El papel de los Estados Unidos, así como de Francia y de Gran Bretaña, fue fundamental en la promoción de la agitación y de la subversión, por medio del envío de armas y de personal, directa o indirectamente, a través de Qatar y de Arabia Saudita. Además de las intervenciones de la OTAN, abiertas o veladas, como en el caso de Libia, las organizaciones no gubernamentales (ONGs) y disidentes activistas entrenados por la Middle East Partnership Initiative (MEPI), como parte de la “freedom agenda”, constituyeron una de las armas empleadas para promover la “political warfare”, movilizando multitudes, con el pretexto de fomentar el desarrollo de la democracia, lo que significaba un regime change, es decir, subvertir gobiernos e instalar regímenes favorables a las inversiones e intereses estratégicos del cartel ultraimperialista, formado por los Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea, contraponiéndose al advenimiento de China y a la recuperación de Rusia, bajo la dirección del presidente Vladimir Putin.
Los brasileños deben estar atentos ante la posibilidad de que los intereses imperiales tambien intenten fragmentar a Brasil, como parece ser el objetivo de rediseñar el Medio Oriente y, de cierto modo, fragmentar partes de China (Xinjiang) y de Rusia (Chechenia y otras regiones).
Las amenazas existen, aunque puedan parecer remotas. Como varias veces advertí, el peligro que representa una gran potencia, tecnológicamente superior, pero con enormes carencias, sobre todo de energía, puede ser muy superior, cuando ella está perdiendo la supremacía y quiere mantenerla, que cuando expande su imperio. Ella respeta la ley internacional, pero entre las potencias cuyas fuerzas se equilibran. En este momento estoy indignado por la situación que los Estados Unidos y los llamados “rebeldes” armaron para la intervención en Siria. Los niños no constituyen un objetivo militar. Los niños atacados con gases tóxicos sólo sirven como efecto de propaganda contra el régimen, mediante la visualización de videos en los medios de comunicación, haciéndose eco y haciendo suyas las acusaciones de la guerra psicológica. Hay que denunciar esto en voz alta y clara. Puede usar mis palabras. Se trata de otra trágica puesta en escena armada por los salafista-al-Qaeda-Estados Unidos y sus aliados occidentales.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
LA ONDA® DIGITAL
|
|