En Brasil y Chile piden que la prensa que colaboró
con las dictaduras, pida perdón

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Por estos días al cumplirse un aniversario más de los golpes de Estado en Brasil, Chile y Uruguay, debiera no omitirse Argentina si del Cono Sur se trata. Una de las tantas reflexiones que se vienen realizando en cada país, contiene a un sujeto común: el rol de los medios de comunicación en aquellos momentos dramáticos.

No es la primera vez que el tema es abordado y existe una variada y muy amplia producción literaria, sociológica, periodística y política al respecto. Quizás un aporte y un rasgo distintivo que se viene dando por estos días especialmente en Brasil y Chile, es que junto al análisis del rol que cumplieron algunos medios de comunicación se les exige que realicen una publica autocritica.

Esto queda bien expresado el trabajos de Mauricio Dias para Carta Capital de Brasil y de Mónica González, en el Mostrador de Chile
.

Dias indica en su artículo que; “O Globo, casi 50 años después, parece molesto por haber “confundido” el golpe que acabó con la democracia con “revolución”, como sonaba en los titulares. A la cual traería la democracia de vuelta. “Desde las manifestaciones de junio, un coro volvió a las calles: ‘La verdad es dura, la Globo apoyó a la dictadura’. De hecho, se trata de una verdad y, también de hecho, de una verdad dura”, dice el diario con esta especie de autopenitencia.

El texto esconde muchas verdades. Una de ellas, la más dura: apoyo a la dictadura significa apoyo a la tortura. Pero por este “pequeño” sacrificio la empresa fue recompensada. Bajo la dictadura, el Sistema Globo se convirtió en un imperio: televisión, radio, diarios, revistas, etc. Existe un relato de como los aliados obtenían ventajas materiales. Está registrado en el libro Dossiê Geisel (FGV), organizado por Celso Castro y Maria Celina D’Araujo. He aquí un caso esencial para la comprensión de la alianza cívico-militar:

“La concesión de un canal de televisión para João Pessoa tuvo cuatro candidatos y uno de ellos era la Red Globo. El ministro (Euclides Quandt de Oliveira) se manifestó en contra del otorgamiento a la TV Globo, porque esto significaría aumentar el monopolio de la emisora”.

“El ministro expuso su política con relación a la radiodifusión (...) Se debía procurar cierto equilibrio entre dos o tres redes, para que ninguna de ellas estuviese en condiciones de ejercer un monopolio virtual de la audiencia de televisión (...) Si una red de TV llegara a tener índices de audiencia, en el ámbito nacional, superior al 80%, representará un virtual peligro, lo que no puede ser aceptado por el gobierno.”

“Marinho no estuvo de acuerdo (...) Afirmó que debería estar permitido el crecimiento, sin restricciones y sin límites, de la Red Globo (...) el comportamiento de la Globo debería hacerla merecedora de atención y favores especiales por parte del gobierno.” Quandt de Oliveira tenía razón. Roberto Marinho, sin embargo, ganó la pulseada. La supuesta autocrítica publicada en O Globo coexiste con un comunicado de igual novedad. Con el Consejo Administrativo de Defensa Económica (Cade) el diario firma el compromiso de abandonar la práctica de descuentos en los avisos (dumping), de la cual se valió para aniquilar económicamente a algunos adversarios. El texto no convence. No alcanza el objetivo. Probar que O Globo se convirtió a la democracia”.

Por su parte la periodista e investigadora chilena; Mónica González afirma concretamente que si como es de conocimiento publico “El Mercurio conspiró contra Allende, ¿no merecería que Agustín Edwards (su director) pida perdón?”

Indicando luego, “a mí los perdones personales me cargan pero los perdones institucionales creo que son importantes y los medios ni que hablar”, señala la profesional egresada de la Universidad de Chile y ex directora del desaparecido Diario Siete.

En esa línea, recuerda: “El 4 de septiembre (1970) Allende es elegido Presidente en las urnas, no en la violencia. El 14 de septiembre, 10 días después, el dueño de El Mercurio, Agustín Edwards, estaba reunido, ¿con quién?, con Kissinger y Nixon, no era para convencerlo para que hiciera la conspiración y el complot contra Allende, porque ya estaban convencidos”.

“El Mercurio prestó sus páginas para esa conspiración -que culmina con el asesinato del general Schneider, indicó- y si vemos que de los dos millones y medio casi que entrega la CIA a la desestabilización en Chile el primer año del gobierno de Allende, 700 mil van al Mercurio. Ese tipo de cosas, ¿no merecería que Agustín Edwards pida perdón?”, agrega.

“Creo que un pueblo tiene que asumir lo que le pasó, tienen que asumir su historia y cuando uno se encuentra con tanta gente que no asumía ni un dedo de su historia personal, era preocupante. A mí me gusta, creo que hace bien, que invita al dialogo franco, sincero, amoroso en la familia”. Así reflexiona la periodista y directora de Ciper Chile, Mónica González, respecto de las declaraciones de ‘perdón’ que ha surgido de distintos sectores en el marco de la conmemoración de los 40 años del Golpe de Estado.

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