Recuerdos de Salvador Allende
Por Niko Schvarz*

Siendo presidente del Senado de Chile, Salvador Allende estuvo en Montevideo en agosto de 1961, cuando el Ché Guevara estigmatizó en la cara del propio Douglas Dillon la fementida Alianza para el Progreso en la conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES, dependiente de la OEA), inaugurada el 5 de agosto en Punta del Este. En esa ocasión, se realizó en nuestra capital una reunión de dirigentes políticos de varios países de América Latina, para denunciar el engendro que se estaba fraguando por parte de la OEA. Allende habló en un acto público con ese contenido efectuado en la Plaza Libertad. Unos días después, el 17 de agosto, presidió la mesa que en el Paraninfo de la Universidad recibió al Che, que pronunció su magnífica conferencia, de intensa repercusión internacional.

Lo acompañaban en la mesa el profesor Luis Gil Salguero, Victorio Casartelli, el “colorado” Luis Echave, dirigente de la FEUU, Ricardo Saxlund y varios integrantes del movimiento de solidaridad con Cuba. Al término del acto se produjo el atentado de las bandas fascistas que segó la vida del profesor Arbelio Ramírez. Allende se retiró del acto del brazo con el Ché por una puerta lateral. Todos los datos de este episodio se encuentran en la estupenda recopilación efectuada por Asdrúbal Pereira publicada bajo el título: “Ernesto Che Guevara en Uruguay. Para dar vuelta al mate”, que tiene en la tapa la foto del Ché tomando mate con Eduardo Víctor Haedo, acompañado de su hija Beatriz, en su residencia de La Azotea, en Punta del Este. En la misma década de los 60, cuando se crea la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) para defender a la naciente revolución cubana, acosada por el imperio, el senador Allende ocupa su presidencia.

El 4 de setiembre de 1970, el día de la victoria electoral de la Unidad Popular, estuve en la sede de la Federación de Estudiantes de Chile sobre la Alameda de Santiago, en una jubilosa recepción al presidente electo. Allende saludó desde el balcón a la multitud congregada frente a la sede, que estallaba de alegría. Yo nunca había presenciado algo semejante. A duras penas y a los gritos pude trasmitirle las felicitaciones de Arismendi, pero lo escuchó y me respondió. Yo había tenido ocasión de conocerlo personalmente unos cuantos meses antes, cuando acompañé a Arismendi a su casa de la calle Tomás Moro (qué coincidencia el nombre, ahora que lo pienso) a un almuerzo muy bien regado, con doña Tencha como exquisita anfitriona. Por esa fecha se había realizado el Congreso del PC de Chile, que había dado un impulso decisivo a la candidatura presidencial de Allende como abanderado de la Unidad Popular.

El otro recuerdo directo que tengo del líder chileno se refiere a su discurso desde La Moneda el día del golpe de Estado de Pinochet, el 11 de setiembre de 1973. Lo escuché dos veces en las calles de Santiago, después de haber presenciado el bombardeo en picada de los aviones Hawker Hunter sobre la sede gubernamental. Yo estaba ubicado del lado opuesto al que ahora se encuentra el monumento que perpetúa la memoria del presidente asesinado. Su discurso, pronunciado en circunstancias dramáticas, , es un documento de una fuerza, una lucidez y una visión de futuro realmente impresionantes en todo sentido. No puedo describir el impacto que provocó entre la gente que lo escuchaba por radio en las esquinas, en su mayoría jóvenes, en medio de un cuadro de tremenda tensión y angustia, con los tanques en la calle y la marina sublevada en el puerto de Valparaíso. Ese discurso de las grandes alamedas por donde pasará el hombre nuevo, abrió una esperanza en medio del drama y fue una guía señera en el lento y tenaz proceso de la recuperación democrática en lucha abierta contra la dictadura que pervivió hasta 1990. A esa altura, el pueblo chileno ya tenía una idea de la magnitud bestial que habría de asumir la represión dictatorial. En otro lugar he contado que esa noche yo estaba en la redacción del diario El Siglo, en el despacho del director, escribiendo una crónica para El Popular, y ahora agrego que en la madrugada atendí una serie de llamadas telefónicas de obreros que hablaban desde las fábricas del suburbio de Santiago, denunciando que estaban cercadas por las tropas, que los obligaban a salir y los fusilaban a mansalva.

Ese discurso de Allende se pasó dos veces por Radio Magallanes, que por milagro se había mantenido al aire, y se difundió por el mundo entero, como expresión de la peculiar vía chilena hacia el socialismo que su gobierno había inaugurado y que durante sus mil días se concretó con realizaciones fundamentales, comenzando por la nacionalización de su principal riqueza, el cobre (el “salario de Chile” lo llamaba Allende). Este proceso augural quedó tronchado por el golpe de Estado.

Años después, durante nuestro exilio en México, revivimos estos hechos con Hortensia Bussi de Allende, su viuda, una figura emblemática y combativa de la resistencia chilena en el exilio, que actuaba conjuntamente con Emma Obleas de Torres, viuda del presidente boliviano general Juan José Torres. Éste había sido llevado al Palacio del Quemado en los camiones de los mineros, encabezó un gobierno progresista y fue derrocado por el golpe de Estado del coronel Hugo Bánzer, que después lo mandó asesinar en Buenos Aires. Ambas fueron mujeres ejemplares en la lucha contra las dictaduras del Cono Sur, y realizaron su labor junto a los exiliados de otros países, entre ellos el nuestro, contando con la ayuda solidaria permanente del pueblo mexicano.

En este 40º aniversario del golpe de Estado en Chile se ha realzado en el mundo entero la figura de Salvador Allende, su fidelidad al ideario de liberación nacional y social, y su aspiración plenamente vigente, para decirlo con sus palabras, de realizar “un gobierno democrático y popular que abra el camino al socialismo”.

Todo esto constituye un aspecto esencial del legado de Allende: la búsqueda de los caminos de transición de la democracia al socialismo, tema fundamental para la izquierda en el mundo de hoy, y muy particularmente en la nueva época que vive nuestra América Latina.

*Periodista y escritor uruguayo

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