Siria: un paréntesis, trabajando para la guerra
Por Antonia Yánez*

Hasta ahora, todas las grandes potencias y el propio gobierno Sirio trabajaban para la guerra. El paréntesis que la diplomacia logró para eliminar el arsenal de armas químicas y evitar el ataque de EE.UU, no implica por el momento que ésta conducta haya cambiado.

La guerra en Siria es la más formidable convergencia de intereses geopolíticos y financieros, luego de la Segunda guerra Mundial. Una guerra en Siria o Irán con las grandes potencia interviniendo directamente amenazaría por primera vez -desde la aventura hitleriana- directamente a Rusia y aislaría militarmente a su principal aliado, China.

Vladimir Putin y la diplomacia rusa no solo extremaron al limite su imaginación, también expusieron su poderío militar, como en los tiempos más aciagos del periodo de la guerra fría.

El pasaje de los días revelará más detalles de esta gran pulseada que tiene como actores más visibles a Obama y Putin y a éste último como el gran ganador.

Pero una real contextualización del conjunto de los hechos, no puede omitir que no solo la población norteamericana está en su inmensa mayoría en contra de la guerra, sino como en pocas oportunidades es un clamor global. Reflejo de esto es la negativa a intervenir militarmente en Siria del Parlamento británico y muy probablemente el Congreso Norteamericano hubiera hecho lo mismo de insistir Obama. Es el propio Presidente que reconoce exacerbando un estilo de sinceridad: “esta nación está harta de guerras”. El otro gran factor a evaluar tanto en EEUU, como en Europa es la precariedad de la economía y la incidencia concreta en la ciudadanía de ambos continentes. Ya lleva demasiado tiempo y aún son millones los desocupados.

En Siria la guerra continúa y tiene toda la ferocidad y crueldad de las guerras civiles, sus causas primarias continúan intactas, los que la alimentan continúan haciéndolo. Pero el paréntesis en holocausto de armas químicas y su pretendida acción intervencionista para evitarlas, invita a reflexionar a todos sobre un camino distinto.

La postal que proyecta el barrio Goutha en Damasco luego del aterrador ataque con armas químicas, donde hoy solo habita la calma y el silencio del horror, dice mucho de un camino a no repetir, llámense armas químicas, Drones, o daños colaterales.

La ONU, más allá de su cuestionable funcionamiento estructural de la actualidad, no es una genialidad de generaciones que nos precedieron en el ejercicio de la convivencia humana y de los Estados, es la escala humana y real, donde se pueden resolver estos conflictos, auxiliados por el Derecho Internacional. Pero para que esto pase, especialmente los llamados “emergentes”, tienen que dejar de protestar por su ubicación formal en este foro y de una vez por todo gritar inmensamente más fuerte, hacer suyo ese grito de “estamos hartos de guerras”.

Vladímir Putin, se convirtió en líder ganador en este paréntesis de la guerra química en Siria y salvó a Obama de una mayor derrota, que probablemente no le servía a Putin ni a nadie. Pero el pasaje del tiempo dirá cuanto más encierra la estrategia de este líder profundamente implicado en esta guerra y hasta ahora poco confiable.

Obama desde su inocultable derrota ha introducido en los acuerdos aun no escritos con Rusia, el tema Iraní. “Creo que los iraníes entienden que la cuestión nuclear es un asunto mucho más serio para nosotros que la cuestión de las armas químicas”. Agregando “la amenaza que supone para Israel un Irán nuclear está mucho más cerca de nuestras principales preocupaciones”. He ahí el factor clave de los intereses geopolíticos en juego, que pautarán los próximos tiempos de este extraordinario conflicto.

*Socióloga uruguaya

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