Posmodernidad: el alzheimer histórico
Por Raúl Legnani*
urumex80@gmail.com

El alzheimer es una enfermedad cruel, no solo porque la mayoría de las veces termina con la vida de las personas, pero también con las de sus familias.

Está generalizado de que esta enfermedad tiene mucho que ver con la pérdida de la memoria y por cierto hay mucho de verdad en eso, pero no es el único síntoma.

He tenido muchos amigos, gente que podría decir que fueron mis hermanos, que sufrieron de esta enfermedad, que en cualquier momento me puede dar el abrazo del oso. Confieso, además, que dos por tres siento su respiración en la nuca. Pero como este debate que tiene como protagonistas a la vida y a la muerte en torno a esta enfermedad es un asunto de la biología y de los científicos, no le doy mucha trascendencia, en tanto está lejos de mis posibilidades intelectuales.

En estos días he descubierto, quizás tardíamente, que también existe el “alzheimer político”, sobre el que se comenta mucho, pero no hay un trabajo sistemático de análisis sobre el mismo.

Un ejemplo de ello es que el pasado jueves, con motivo de que diario El País cumplía 95 años de existencia, dos figuras de la cultura popular vinculada a la izquierda, como Rúben Rada y “Pitufo” Lombardo y otro, al que le dicen “Pinocho”, que por cierto no conozco, cantaron en la plaza Cagancha, en la puerta de ese producto de prensa escrita, en homenaje a la historia de ese medio periodístico.

Lo que no quedó claro si esos cantos se refirieron a toda la historia de este matutino o solo a la parte en la que estuvo comprometido con la dictadura, siendo el principal vocero de los sectores más fascistas de nuestro país.

Un diario, además, que se enfrentó en su momento a las ideas de Mandela y de Martin Luther King, pero que ahora, gracias al olvido (¿alzheimer?), parecen querer reconquistar para sus alforjas culturales, sin hacer autocrítica de sus conductas del pasado.

El mismo medio de prensa que no solo disfrutó de los requerimientos de las fuerzas conjuntas de militantes de izquierda para llevarlos al infierno, sino que contribuyó activamente con la campaña derechista que intentó aislar a Wilson Ferreira Aldunate de los blancos que resistían en el interior del país, durante la dictadura.

Es una lástima que exponentes de la cultura popular no hayan calibrado lo que significa cantarle en su aniversario a un diario que es el ícono de una dictadura cívico-militar que nos hizo mucho mal como sociedad.

Todo esto nos duele en el alma, pero mucho más debe doler en el alma de aquellos que cantaron porque el olvido los ganó. Quizás cuando la posmodernidad pase, la historia recobre sus bríos y se haga carne en la mayoría de los actores sociales. Por ahora, con ese canto en la Cagancha, la derecha metió un doble de media cancha.

*Maestro y periodista
Publicado el lunes 23 de setiembre en La República

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