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Con más de lo mismo, no alcanza
¿Cómo va a enamorar a los uruguayos el Frente Amplio?
Politólogo Gerardo Caetano
El jueves 26 de setiembre Ediciones Trilce, presentó el libro del Ingeniero Wladimir Turiansky; “Frente Amplio debate para la acción. Ideología y programa. El bloque social del cambio y sus fuerzas motrices”. Participaron del evento el vicepresidente del FA, Juan Castillo; el politólogo e historiador Gerardo Caetano y el autor. Lo que sigue a continuación son los tramos más relevantes de la exposición de Caetano.
Para mí es un honor presentar este libro, Wladimir forma parte de esa generación de los fundadores. Yo admiro particularmente a los fundadores, son un espejo, son muy exigentes. Yo no sé si hoy habría una generación de fundadores. Ojalá que sí. Es importante esto ponerlo como interrogante legitima y no retórica. Esta generación de la que forma parte Turiansky, es una generación muy importante, de gente muy seria, de gente muy trabajadora, estudiosa, con mucho rigor y de gente que a los 86 años se pueden presentar con este libro y con su figura, Esto nos interpela por un país mejor, por una sociedad mejor.
Esta generación tiene un metodo sabio, pensar desde la historia, en política ayuda mucho pensar desde la historia. Esto es una característica de los que fundaron la CNT y el Frente Amplio. Wladimir Turiansky estuvo en ambos, como la mayoría. Yo esto lo pude reconocer en figuras como el Gral. Liber Seregni, que siempre pensaba históricamente. Pensar históricamente no es como piensan muchos, pensar hacia atrás, o desde la nostalgia, desde lo que pasó, de la “mochila”, no, pensar históricamente siempre es pensar en el mañana siguiente, en el dia después.
Quien piensa históricamente no se queda nunca en el presente, siempre tiene una mirada más larga, siempre está interpelado por la mañana siguiente. Ese sentido del futuro siempre me ha parecido una expresión indentificatoria de esta generación. En particular en figuras emblemáticas como la de Wladimir.
Él nos propone con mucha oportunidad; un momento de balance, pero no de cualquier balance, un balance que se oriente en un debate para la acción. Aquí tenemos a un hombre de pensamiento, pero también de acción, y esto está en su libro, es la praxis. No es solamente la acción, no es el accionismo, tampoco es solo el pensamiento, es el pensamiento para la acción. Una ruta sustantiva para esta tarea eterna que tiene la izquierda por definición, que es reconstruir todos los días.
La izquierda, a diferencia de la derecha, todos los días se pregunta, se interpela, necesita pensar para ser.
Por eso hoy es muy fácil reconocer quién es de derecha, en realidad es una pauta histórica, el hombre de derecha, es aquel que niega ser de izquierda o derecha. En este tema vale recordar a Quijano que decía; “aquel que niega ser de izquierda o derecha, no se preocupen es de derecha”. La persona que se inscriba en la izquierda tiene que preguntarse todos los días; ¿Qué es ser de izquierda? Tiene que interpelarse todos los días en la perspectiva de un debate para la acción.
Esto es muy importante advertirlo, porque muchas veces las izquierdas se olvidan de esto y más allá de que se inscriban en determinado Partido o circunstancia, se vuelven derecha. La historia está llena de izquierdas que se volvieron derechas. Y de izquierdistas que se volvieron derechistas. Muchas veces sin saberlos.
Wladimir Turiansky eligió un buen momento. Un momento en que el Frente Amplio como todos los partidos políticos, pero particularmente el Frente Amplio como partido gobernante, con la marca de dos administraciones, una concluida y la otra muy avanzada, tienen que construir un debate para la acción, un balance de lo que ha acontecido y construir un programa para ver cómo van a enamorar a los uruguayos. O qué le van a proponer a los uruguayos. Principalmente; para qué un tercer gobierno.
Esto es muy importante. No es una pregunta retórica. Hay muchos que eluden la pregunta y que van ya como al tercer gobierno. No, no, para responder cómo, tienen que responder para qué. Si no se responde con rigor para qué (no soy político, ni quiero serlo, yo estudio la política, que es una cosa distinta) pero créanme que saltearse la pregunta de para qué, sobre todo en este momento, luego de dos administraciones del Frente Amplio, además de un grave error es algo muy de derecha. Uno de los grandes aportes de este libro, es una premisa, que es una primera repuesta del para qué. Esta repuesta del para qué, es una repuesta a la que yo adhiero particularmente, es una muy buena repuesta. Es un talante que debiera estar en la discusión, se puede definir de varias maneras, pero se puede definir; más de lo mismo no alcanza.
Luego de dos experiencias de gobierno el Frente Amplio necesita pensar, dice Wladimir Turiansky y yo coincido, necesita pensar en algunas reformas estructurales claves, sin las que no va haber una acción efectivamente transformadora, no se va a consolidar siquiera la tendencia virtuosa que se ha vivido en los últimos años. En particular lo que muchos autores llaman el salto al desarrollo, no se va a poder cumplir. Porque más de lo mismo, no va a afirmar la cohesión social que el país necesita, para terminar con sus vulnerabilidades que todavía persisten.
Franjas de la población que son vulnerables, porque entre otras cosas han salido de la pobreza, pero que ante un cambio de contexto económico, y vaya si la izquierda tiene que pensar en esto, ya que hasta ahora gobernó en un contexto favorable, pero por supuesto que la izquierda también tiene que tener un programa para un contexto desfavorable. Y ese programa no se hace de un dia para el otro, no se hace cuando nos enteramos que la situación internacional ha variado y hay desaceleración sino recesión.
¿O acaso la izquierda uruguaya solo tiene programa para las épocas de abundancia? Turiansky en el libro nos plantea esta interpelación. Es una interpelación ineludible para el Frente Amplio. A la vez nos plantea una hoja de ruta, primero trabajar en la filosofía del cambio, sus ritmos, dirección, luego el análisis del contexto y la fuerza social para el cambio.
Turiansky es de esas generaciones de fundadores que no entienden que pueda haber cambios sin fuerzas sociales. Entiende que esto es más que importante en términos de perspectiva histórica, que prepararse para ganar las elecciones. Construir una fuerza social para consolidar y hacer irreversible los cambios.
Cuando estos fundadores construyeron la CNT, no existía la palabra empoderar, de lo que se trataba y sigue tratándose es de eso, empoderar actores sociales y políticos para que no dependan de circunstancias para consolidar derechos. Sino que sean una usina de nuevos derechos, porque siempre tendremos nuevos derechos que discutir, pero a la vez que defender.
En esta perspectiva Turiansky plantea la activación social, que es el núcleo del cambio, éste no puede sino darse en la profundización de la democracia. Aquí hay un elemento muy importante, que siempre hay que recuperar; primero las vías de transformación de la sociedad uruguaya son democráticas o no lo son. La otra, que una izquierda que se aprecie de tal (aun cuando la izquierda uruguaya está conformada por una pluralidad de opciones) en la perspectiva de Turiansky, no puede abandonar, ni siquiera en periodos de contexto complejos, no puede abandonar la perspectiva post capitalista. No puede quedarse solamente con la idea de administrar mejor el capitalismo, sino que tiene una vocación legítimamente utópica, revolucionariamente utópica.
Utopía es una palabra extraordinariamente positiva, porque la utopía es lo que interpela a caminar siempre, a no quedarse pesando con la acción.
La utopía no es un lugar al que se llegue, ni hoy ni nunca, sirve para transformar la realidad todos los días. Entre estas dos convicciones; que no hay transformaciones de la sociedad uruguaya sino es en una perspectiva democratizadora radical.
Ojo, la democracia es por definición un sistema político que no termina de construirse nunca y la democracia ha sido siempre la utopía del Uruguay, siempre. Sobre la democracia es sobre lo que más discutimos los uruguayos. Y no hay una solo concepción de la democracia. La concepción de la democracia de Turiansky, no es cualquier concepción, es una concepción que afirma derechos, donde la libertad de las personas, depende del pueblo, la libertad de las personas no es la libertad egoísta, no es el egoísmo creador del capitalismo. No, no es la libertad que no puede realizarse a nivel personal, sino es en el marco de la libertad donde hay otros que forman parte de mi libertad. Sin los cuales mi libertad no es posible.
Esa señal de identidad, nos plantea la necesidad de que una democracia participativa es una democracia que tiene que reformar el Estado. Porque entre otras cosas en el Uruguay el Estado, como construyó el primer batllismo, “es el escudo de los débiles” y si es el escudo de los débiles tiene que tener una acción democratizadora y no la tiene.
Uno de los bloqueos más grandes (el libro es insistente en esto) es la reforma del Estado, pero no como reforma privatizadora, sino como democratización de la gestión. Para construir un Estado como dice el autor, que pueda ser planificador, que construya futuro regulador. Hoy la clave del eje social de las políticas públicas es la capacidad del Estado de regular, distribuir.
En America Latina hemos tenido gobiernos (incluso de izquierda) que han podido configurar planes sociales para abatir la pobreza, pero muchos no han podido construir ecuaciones sociales para abatir la pobreza. Y el escándalo de America Latina es la desigualdad, el problema en America Latina es la pobreza. Si nosotros tuviéremos la pauta distributiva de África, tendríamos muchísimos menos pobres. El escándalo del continente más desigual del planeta, es que tiene el hombre más rico del planeta.
Cuál es la clave de la transformación del Estado en el Uruguay, la democratización de la gestión, y la democratización del Estado, no es un mejor gerenciamiento del Estado, es un debate para la acción, pensamiento. No es acción, no son los gestores que no piensan. No, la acción social y la política es teoría en acción, y para hacer política, como para defender a los trabajadores hay que pensar y construir teoría.
En este sentido el libro nos recomienda evitar los atajos. Uno de los atajos es colocar como única disyuntiva, cambiar el sistema con la imposibilidad de avanzar por el camino de una mayoría. Este extremo conduce a renunciar a la lucha. ¡Gran sabiduría de los “fundadores”!
El otro extremo; alejar tanto el objetivo de superación del capitalismo, que termina por desaparecer de la comprensión colectiva, con lo cual la lucha por disminuir la pobreza y la indigencia, la desigualdad, puede conducir a la agudización de un sistema esencialmente injusto.
Hace cien años Batlle y Ordoñez decía; “hay que construir un país modelo de país, en que los ricos sean menos ricos y los pobres menos pobres”. Hay muchos gobiernos progresistas, incluso algunos que se dicen de izquierda en America Latina, que dicen; que lo que importa es hacer que los pobres sean menos pobres y que si para hacer que los pobres sean menos pobres, hay que hacer que los ricos sean más ricos, bueno hay que pagar ese costo. Turiansky dice ese es un costo que la izquierda no debe pagar. En su debate para la acción está cuestionada esta visión. El bloque social del cambio no es solo una coalición para luchar contra la pobreza. Coalición social para luchar contra la desigualdad, para construir esas políticas públicas que se orienten a transformaciones estructurales.
El país necesita diversificar su matriz productiva y su matriz exportadora, esto no se va a hacer sin una transformación educativa en serio. Y no ha habido una transformación educativa en serio. No lo ha habido en los últimos 60 años, en los últimos 30 años y no lo ha habido en los últimos ocho años del Frente Amplio.
Sin esa transformación educativa tampoco vamos a tener una comunidad científico tecnológico, que sea el eje de la creación de valor (agregado). La agregación de valor hoy no pasa solo por la industria, pero necesita y mucho de un país que acepta la desindustrialización.
Un país que siempre que pensó en la energía, pensó en una perspectiva larga, en transformar su matriz energética. Uruguay en estos años ha hecho una revolución, en poco tiempo, llegó a tener el 50% de su matriz energética de energía renovable.
Turiansky habla que la activación social es la clave, que el movimiento sindical es un actor fundamental, pero que no es el único, ni tampoco el actor privilegiado. No hay actores privilegiados. Lo dice un marxista como Wladimir Turiansky. No hay actores que por sí solos en estas nuevas sociedades, aseguren las transformaciones de la sociedad, se necesitan bloques sociales y multiplicidad de actores. Menciona a los trabajadores, dirigentes sociales, intelectuales, también habla de pequeños y medianos empresarios. Y luego dice; ¿no podría haber un gran empresario con vocación transformadora? Es una pregunta suscribible cien por ciento. Primero habría que encontrarlo. Si lo hubiera, por supuesto. Pero en Uruguay encontrar un empresario que invierta en ciencia y tecnología, encontrar un empresario que advierta que la Concertación para el Desarrollo, también lo incluye, es complejo.
Encontrar un empresario que sienta como un escándalo pagar salarios de hambre. Esos 500 mil trabajadores que ganan 10 mil pesos o menos o los 200 mil trabajadores que ganan 14 mil pesos o menos de los cuales nos han estado hablando los trabajadores por estos días. Esto debiera ser un escándalo para un empresario que se llame de tal. Pero como dicen los trabajadores muchas veces los empresarios son más patrones que empresarios. Están acostumbrados a construir su acumulación no sobre la base de la incorporación de un modelo de desarrollo que incorpore innovación. Están mal acostumbrados y todavía tienen un marco ideológico que justamente los asocia a un rol que no arriesgan. Esto está en este libro.
También habla de los intelectuales, créanme, en los partidos políticos uruguayos no hay mucho territorio hospitalario para los intelectuales, hay mucho territorio para los asesores, consultores, para los que dicen que sí, para los que ilustran lo que ya se sabe, pero no para los intelectuales que tienen muchas veces que peinar a contrapelo y tienen que decir no, o que por lo menos tienen que desorganizar sabidurías demasiado ordenadas, demasiado instaladas. En este sentido dice Turiansky; “el aporte de la academia nos hace falta. Nos hacen falta los intelectuales. Su contribución a la base de la conciencia social es también limitante de los intelectuales, incluso el pensamiento crítico que es característico de nuestro país y no deberíamos ser más modestos, sino por el contrario estimulo para la acción.
Finalmente el autor habla de la fuerza política; del Frente Amplio, habla nuevamente desde la larga década de los años 60 como él dice. Desde esa matriz fundacional, no para utilizarla como una mochila pesada que hace imposible el fututo, no, como una inspiración para interpelar, como acicate para el futuro, no para restaurar las repuestas de hace 50 años, sino para encontrar las novedades. Allí vuelve a estar la necesidad de pensar históricamente, ubicando temas urticantes; por ejemplo el tema de las relaciones del gobierno frenteamplista y Frente Amplio. Tema irresuelto y central, es el tema de las demandas de hoy y del mañana. El Frente Amplio debe tener como todo partido político el desafío de las demandas del mañana, a su vez el gobierno tiene las demandas del hoy, pero una cosa sin la otra se queda a mitad de camino.
Un gobierno que solo vea el hoy, sin estar desafiado por el mañana, va a caer en la tentación de más de lo mismo. Allí hay un análisis crítico y desafiante de cómo el Frente Amplio ha articulado y cómo puede articular su doble condición de coalición y movimiento. No esconde el problema de los sectores y de las “bases”. Incluso desaconseja sin pelos en la lengua esta idea, tan instalada en el Frente Amplio de sectores que duplican su representación peleando lugares en los Comité de Base, planteando que ese no es el camino.
Este es un libro muy importante para el Frente Amplio, para la academia, nos interpela, un libro muy importante para el país, es un libro que vuelve a reconstruir la mirada de “los fundadores”, ese observatorio de quienes hicieron posible faenas históricas extraordinarias, motivo de orgullo, motivo de envidia, no solamente en America Latina sino en el mundo. Una única central sindical, donde los fundadores no se enriquecieron de dinero, ni uno, pero sí se enriquecieron de pensamiento.
Turiansky termina su libro, no pesimistamente sino realistamente. Hoy los tiempos no son de ofensiva, registra los desafíos del contexto, pero esto no liquida la utopía. Por esto tenemos que celebrar este libro.
LA ONDA® DIGITAL
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