Uruguay y el factor argentino
Por Héctor Valle*
vallehec@gmail.com

Ante la situación que vive la Presidenta de la República Argentina, con el deterioro de su salud, hemos creído del caso ofrecer una síntesis de nuestras ideas sobre el tema a considerar. Lo hacemos, ante todo por el respeto que nos merece quien ostenta la representatividad del hermano pueblo argentino, bien como porque aun hay zonas algo oscuras respecto al real alcance de lo acontecido.

Bregamos, desde estas páginas, porque la Señora Cristina Fernández se restablezca y así la Nación Argentina continúe su senda de paz en el ejercicio pleno de su democracia republicana.


Estando así las cosas, digamos, en mérito a lo insinuado en el título de este artículo, que la Argentina atraviesa, desde hace años, una serie de crisis que lejos de aminorar su gravedad continúan ahondándose. Son ellas, a nuestro criterio, las siguientes:

1. Energética (grave y sin visos de solución en el mediano plazo);

2. Económica y financiera (voluntarismos, impericias, políticas erráticas, desconcierto generalizado);

3. Federalista (divorcio - salvo las “amigas” del poder - entre el Gobierno central y las provincias);

4. Agropecuaria (falta de políticas estratégicas que propendan a una diversificación y mejora de la producción, con políticas coherentes y sin enemigos internos);

5. Inseguridad interna (ostensiblemente, la ausencia de estrategias en el combate al narcotráfico, sin mengua de la incoherente acción contra las mafias operantes a nivel delictivo en general)

6. Política interna (maniqueísmo permanente, ausencia de diálogos civilizados, enfrentamientos incluso con la Justicia por espacios de poder);

7. Política externa (o su ausencia, algo que viene no sólo con el actual Secretario de Estado -paradigma de la chabacanería y el comportamiento tan soez como genuflexo, dependiendo a quién tenga ante sí, o por detrás - sino que ya con los dos anteriores se padeció comportamientos menores y subalternos de igual altura de zócalo, muy alejados, claro está, de los elementos que, en plena democracia, supo tener la Argentina, de la mano de un Palacio San Martín respetado dentro y fuera de fronteras).

A ello debe sumársele, ciertamente, la ausencia notoria de planes estratégicos de esta Nación para el mediano y largo plazo tanto fronteras adentro como asimismo respecto de su inserción en el contexto regional e internacional. Es decir, carece, estructuralmente, desde su Gobierno, de una visión geopolítica que ausculte cuestiones vitales más allá del horizonte aparente del día de mañana.

Por su parte, y a su escala, el Uruguay ha comenzado un ciclo virtuoso que se extenderá por los próximos 20 años, más allá de la contienda de vanidades que hace que su política interna ostente, a ojos vista, una ausencia de oposición seria, con ideas y programas de acción que hoy por hoy brillan por su ausencia.

Además de las inversiones ya recibidas en el Uruguay, en fase de producción creciente, es dable aguardar para los próximos dos lustros, inversiones del orden de los 15 mil millones de dólares estadounidenses, con sendos proyectos, en no pocos de los cuales habrá mayor porcentaje de valor agregado en los bienes a producir, además de una adecuación, en el orden de lo territorial, contemplando las cuatro regiones del país y con ello, una diversificación estratégica a todas luces beneficiosa para la cohesión de nuestra República

Mencionemos algunas:
1. Pasteras, sea sobre la frontera con la Argentina, sea, tal vez, sobre la frontera con el Brasil (en cuyo caso, quizá, comprenda también la generación de biocombustible, llevando valor agregado a la producción);

2. Puertos que además del de Montevideo (en franca y permanente expansión y modernización), generen un sistema de puertos que coadyuven, y cómo, a la emergencia de un Uruguay hasta ayer impensado y que ahora, ciertamente, nos atrevemos a imaginar manifiestamente mirando al Atlántico Sur.

Pensemos, en este sentido, en los puertos, ya proyectados, junto con el Brasil, sobre los ríos Cebollatí y Tacuarí, que forman parte del “sistema Laguna Merín”, bien como el llamado puerto de “Aguas Profundas”, en el que Brasil tendrá un papel protagónico si bien sería muy apresurado descartar la presencia de China en el mismo.

3. Minería a cielo abierto (emprendimiento concatenado con el puerto de “Aguas Profundas”) a punto de resolverse su factibilidad;

4. Nuevas y diversas instalaciones de generación de energía (eólica, solar y biomasa);

5. Una planta regasificadora de vital importancia (que comprende la creación de una escollera que llegará dos kilómetros y medio al sur de Puntas de Sayago).

6. El tan relegado como estratégico tema del ferrocarril y su restauración a nivel nacional para viabilizar los proyectos anteriormente citados.

En fin, hay no pocos proyectos de inversión, en curso y en estudio de factibilidad, que, repetimos, distribuidos en nuestro territorio, merecen ser estudiados y pensados, estratégicamente y a largo plazo. Algo que la Argentina ve y siente, como lo ven y sienten otros actores regionales e internacionales.

Con el manido tema de las pasteras (originalmente con la entonces denominada “Botnia” - hoy “UPM”) y la salvaje embestida entrerriana, fogoneada por un Néstor Kirchner resentido y de miras estrechas, fueron llevando al Uruguay a pensarse “en soledad”.

Vale detenernos en una cuestión central: con el acceso de un nuevo Partido al gobierno del Estado uruguayo - el Frente Amplio -, se acabó la paz o, mejor dicho, el statu quo de las clases dominantes de ambas orillas que, hasta entonces, se habían valido de sus representantes políticos (del lado uruguayo: Sanguinetti, Lacalle y Batlle) para convalidar sus negocios sin fronteras y sin aduanas.

Es así que el Uruguay, desprovisto de “lazos amigables” con aquellos (recordemos a los Menem, los Duhalde, y por qué no los De la Rúa), optó por pensarse a sí mismo como nación, esto es, atlánticamente, internacionalmente. Porque el Uruguay mira hacia el Atlántico Sur. Tal es, geopolíticamente, su mayor virtud y su mayor problema a tratar y a consolidar. Algo que, poco a poco, comienza a darse en los hechos.

Dejemos algo en claro, por favor: Como las miserias del hombre acechan y encuentran sitio en toda época y circunstancia, advertimos que no seremos nosotros quienes nos sumemos a ideas maniqueas de buenos y malos, de derecha e izquierdas, aunque sí, convengámoslo por imperio de la realidad de a puño de los hechos históricos acaecidos en un lustro y medio, que el Uruguay se ha ido emancipando, no sólo de su clase dominante (cuyo momento culminante, o crepuscular, lo tuvo, binacionalmente hablando, en el gobierno alegre y dicharachero del señor Jorge Batlle), sino también de péndulos y genuflexiones regionales.

Es decir, que ni “aquellos” fueron los 100 por ciento “malos” ni los que les siguieron los 100 por ciento “buenos”. Sólo que “éstos”, los de este lustro y medio en el gobierno de nuestro país, tuvieron a bien pensarse desde sí, desde nuestra circunstancia, rindiendo cuentas a sus bases - les gustara o no - y no, como otrora, desde la circunstancia de la clase dominante rioplatense, sin fronteras reales y con esquemas operativos propios, por privados.

Tal es la diferencia entre partidos devenidos escenografías electorales y partidos que, pese a sus conciliábulos en “las alturas”, deben atenerse no sólo a un programa “real”, sino al imperio de lo que sus bases opinen y expongan como lo estratégicamente inclaudicable, en una relación dialéctica que prosigue y así mejora, sustantivamente, la raigambre democrático republicana del Uruguay.

Asimismo, de regreso a la actualidad de “este” Uruguay, si bien es harto evidente la aproximación actual para con el Brasil, también lo es la “internacionalización” de nuestra Nación, sea en inversiones, sea en visiones continentales y hemisféricas de las que mucho habrá para escribir, y más para reflexionar, en los próximos años.

Por consiguiente, quien piense que el péndulo quedó varado, o imantado, hacia un lado (frontera con el Brasil) está seriamente equivocado.

De regreso al sentido primero de estos apuntes, la Argentina parece ser que se insulariza. Enfrentada al Uruguay, reacia al Paraguay (no olvidemos que, históricamente, si no fuera por el acierto de la política exterior brasileña, luego de la guerra de la Triple Alianza, la Argentina hubiera concretado su sueño de una “Gran Argentina”, barriendo con los restos del Paraguay, a tales efectos), la Argentina prosigue su rosario de enfrentamientos binacionales con sus vecinos.

Es así que, desde un tiempo a esta parte la Argentina ha comenzado a replegarse en sí misma, hasta un punto tal que nadie puede entrever cómo saldrá de sí en el futuro.

Entonces, el “problema” con el Uruguay, no es el de una dama ofuscada con su pequeño vecino, menos aun de una provincia herida para con otra, sino que la Argentina contempla, desde la “tertulia”, su insularización, en tanto el Uruguay adquiere una mayor, por más vasta, jerarquía de Nación, al relativizar, lo enfatizamos, su dependencia económica de la Argentina y buscar y encontrar en el concierto internacional de naciones, inversiones de gran porte y diversificada producción.

Luego, el “problema” del Uruguay es que despega por sí mismo, y no sólo por la excelencia operativa del puerto de Montevideo, sino por su estratégica, y productiva, internacionalización, con emprendimientos llegados y a llegar a sus cuatro regiones, sea mediante materias primas, sea, también y en grado creciente, en productos con valor agregado.

Y así el Uruguay, sin buscarlo, sumado a la inoperancia y falta de pensamiento calculador de la Argentina, coadyuva para que esta se repliegue en sí misma y se separe del resto de la América del Sur.

Nosotros mismos, uruguayos, nos hemos quedado atrapados, en tanto no reflexionamos, en nuestra pequeñez geoespacial, que debe ser morigerada con otras realidades, bien como las proyecciones aquí apenas esbozadas, que harán, lenta pero irremediablemente que relativicemos nuestra dependencia económica de la Argentina. Incluso en lo turístico.

En suma, mientras que el Uruguay, sin perder de vista su pequeñez relativa, da certezas; la Argentina sume a todos en el pavor de lo inesperado como realidad cercana, siempre.-

* Historiador y geopolítico uruguayo.

LA ONDA® DIGITAL

Portada


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


© Copyright 
Revista
LA ONDA digital