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Vivian Trías en tiempos de certezas y de incertidumbre
Julio A. Louis
En el marco de la 36 Feria Internacional del Libro de Montevideo el viernes 4 de octubre la editorial Arca presentó el libro, Vivian Trías, el socialismo y la Patria Grande de profesor Julio A. Louis. Presentaron el libro Luis Vignolo, Gabriel Quirici, Daniel Larrosa y el autor. Lo que se puede leer a continuación son algunos de los conceptos fundamentales de Louis al reflexionar sobre el libro y Vivian Trías.
Vivian Trías - ante todo - fue un eximio docente y el docente, más que dar línea, tiene que ayudar a pensar. Y eso fue lo que hizo Trías con muchos de nosotros. Por eso - mal o bien y sin intentar repetir a Trías - estamos en su senda: tratar de pensar la situación concreta, que es algo así como el abecé del materialismo dialéctico.
Trías tiene dos grandes ideas: el socialismo y la Patria Grande. Pero su tiempo es distinto al nuestro. En tiempos en que Trías empieza a actuar a fines de los 40 - él nace en el 22 - el socialismo se dividía en dos grandes vertientes, cada una de las cuales tenía la razón: la socialdemocracia, el gradualismo, Suecia, etc.; o los regímenes stalinistas, que empezaron siendo la revolución proletaria y pronto dejaron de serlo, para convertirse en regímenes burocráticos, autoritarios, que preconizaban partidos y revoluciones “papagayos”, como les llamaba Trías. Frente a eso intentó otra cosa - intentamos nosotros con él - lo que se llamó “la tercera fuerza”, una simbiosis, una colaboración, entre el socialismo auténtico europeo y los nacionalismos del entonces llamado “Tercer Mundo”, lo que hoy - de algún modo - se llama “El Sur”.
El tiempo de Trías - en que Trías teoriza - es tiempo de certezas. El socialismo va y gana. Es cuestión de días o es cuestión de tiempo. La fórmula es ésta, no se puede discrepar. Y quien discrepa - como más de uno lo hicimos - pasaba a ser divisionista, agente de la CIA, etc. ¿Qué ha pasado de entonces a hoy, post-vida de Trías? Que aquella presunción que el socialismo iba, no ha ido. Que la Unión Soviética - paladín del socialismo mundial - cayó como un castillo de naipes y que el otro gigante, el que de algún modo se mantiene, China, lo hace a expensas de dar muchos e importantes pasos atrás. Al punto que - teóricamente - el Partido Comunista habla que está (y por todo el siglo XXI) en una etapa primaria del socialismo. Un socialismo que tiene mucho de capitalismo y multimillonario y que genera un montón de dudas que hay que abordarlas, que hay que estudiarlas y que no es de fácil solución.
Con lo que estoy diciendo, ¿cuál es la característica de nuestro tiempo? Si el de Trías fue las certezas, el nuestro es la incertidumbre. Si ser militante en esos tiempos - cualquiera fuera el pelo - tenía un tanto de fanatismo religioso, el nuestro tiene que tener muchísimas dudas detrás y - a pesar de las dudas - trabajar por los pasos concretos que se puedan ir dando. Hoy en día hay que saber qué pasa con el capitalismo. Leía un editorial del director de “El País” del domingo, donde dice que nunca en el mundo hubo menos hambre, menos guerras y menos violencia.
Yo tengo otra visión. La visión que el capitalismo - yo no voy a decir que está agonizante, se ha dicho muchas veces y sigue vivo - es un sistema que denigra y degrada a la humanidad y que es un sistema en descomposición. Que si no ha caído - y me parece que acá hay mucho de parecido a la caída del Imperio Romano - es porque lo viejo no ha encontrado todavía uno nuevo. Nuevos vectores que sean capaces de voltearlo. Y esos vectores o esos sujetos históricos llevan su tiempo de construcción y en América Latina - entre otros - estamos viviendo ese tiempo de construcción.
Lo decía Frugoni hace un siglo: “Hay suficientes razones para ser socialistas, más allá de saber si el capitalismo va a caer dentro de 5 años o de 300”. Las incertidumbres existen, pero la convicción que hay que pelear por una - mal llamada - “utopía”, por un proceso distinto, donde el pueblo trabajador sea el que tenga el poder, tiene razón más que suficiente de ser.
En el caso de nuestros países creo que está cundiendo una enorme tergiversación. No puede haber “país de primera” en el Uruguay, mientras el Uruguay sea un país aislado de otros y sea un país dependiente del imperialismo. Lo explicaba muy claro Trías, que se remontaba a la Ley del Desarrollo Desigual de Lenin: “El capitalismo, en su fase imperialista, organiza y combina la desigualdad de las naciones. Las naciones ricas - las metrópolis - nutren su prosperidad gracias al atraso de la periferia”. No es posible repetir paso a paso lo que ha pasado en EE.UU., en Gran Bretaña o en Alemania. El proceso es otro. Porque no habrá revoluciones burguesas - como explicaba Trías - como las hubo en Inglaterra, en Francia o en otros lados. Otras son las revoluciones y otros son los actores - con la clase trabajadora como centro - que tienen que ir rumbeando en otra dirección, que no sea la de afirmación del capitalismo.
La otra gran idea de Trías es la “Patria Grande”. ¡Pero atención con esto! En la historia los conceptos van cambiando y hay que saber qué es lo esencial y qué es lo secundario. En tiempos de Artigas y de Bolívar, la “Patria Grande” - que no se llamaba así - era Hispanoamérica. No contaba Brasil, por ejemplo. En nuestro tiempo, la “Patria Grande” es América Latina y el Caribe, son los pueblos aborígenes, somos los descendientes de españoles, de portugueses, pero de otros, también. Y entonces hay que reformularse, replantearse qué significa la “Patria Grande”. Y en ese sentido nosotros - uruguayos - tenemos que saber cuál es el rol histórico que el colonialismo ha pretendido de Uruguay y que muchos uruguayos todavía muerden en ese anzuelo: ser un estado tapón, ser una cuña divisionista entre grandes, ser un país que sirva al poderoso de turno.
Como decía uno de nuestros ex presidentes: “Yo quiero poderosos aliados, pero que estén lejos”. O sea, para pelearse contra Argentina y Brasil. Y yo no quiero eso. Yo quiero una “Patria Grande” que retome las raíces del artiguismo. ¿Qué quería Artigas? La igualdad de las provincias. Artigas no aceptaba la supremacía de Buenos Aires sobre la Provincia Oriental. Y hoy en día, cuando hablamos de “Patria Grande”, si bien tenemos que hacer un frente común contra el imperialismo norteamericano - que es el que está en la región -, tenemos que saber que nosotros somos una nación pequeña y que no tenemos que ir detrás y sumisamente de nuestros grandes vecinos. Lo decía claro Pivel Devoto - que era un nacionalista, un auténtico nacionalista - uno de los docentes que tuve: “No podemos aislarnos, pero tampoco podemos ser una colonia de vacaciones de nuestros vecinos. Tenemos que tener nuestra presencia, tenemos que saber defender nuestros intereses”.
Por eso - y no lo saqué yo a relucir - el tema de las Malvinas tiene que ver. También tuve de profesor a Petit Muñoz - que era comunista - que no era chauvinista y que nos explicaba hace 50 años atrás, que - desde el punto de vista histórico - las Malvinas serían uruguayas y no argentinas. Yo no defiendo hoy eso, como se ha pretendido. Lo que digo es que las Malvinas son de nuestra América y que los argentinos - mal que les pese - no tienen razones ni históricas ni geográficas para decir que las Malvinas son argentinas. Y que ese es un tema que hay que discutir. ¡Es un tema que hay que discutir! No para hacer patrioterismo de pequeña nación contra patrioterismo de otra pequeña nación, sino para plantearnos cómo hacemos la “Patria Grande”. Y en la “Patria Grande” también entran los malvinenses, llámense malvinenses, kelpers, o como les guste llamarse. Lo otro es una visión estrecha y yo no comparto visiones estrechas ni soy patriotero de mi Uruguay y - menos - soy patriotero de naciones vecinas.
Por fin, Trías señalaba que hay que transformar estructuras. Y estos regímenes progresistas, han mejorado muchísimas cosas en el Uruguay y en la región (en cada uno de los países de la región), pero no han tocado las estructuras del poder dominante. No han tocado el gran capital financiero, han hecho una contrarrevolución agraria, no han tocado el poder de los medios masivos de comunicación, no han tocado el poder militar. Lo digo yo y tengo la convicción que Trías diría lo mismo, aunque no lo puedo demostrar -, que si no tocamos las estructuras del poder, estos regímenes progresistas terminan siendo un batllismo más. Un batllismo que no se anima y que termina - en definitiva - coaligado y sirviendo a la derecha.
Creo que después de Trías - y para terminar - ningún dirigente político ni ningún intelectual puede decirse de izquierda, si duda o ignora lo que es el imperialismo. Si se pone a decir que el imperialismo ya fue, o que quien sabe que ahora los deberes de EE.UU. son distintos, en ese mismo momento - si no antes - deja de ser un dirigente o un intelectual de izquierda. La línea divisoria de los pueblos pasa por la actitud frente al imperialismo, frente a la sangría de plusvalía permanente, frente al espionaje a nuestros gobiernos, frente a las bases militares que nos imponen. ¡Eso es el imperialismo! Y no podemos ser de izquierda si no somos antiimperialistas. Por eso creo que es el tiempo de tocar las estructuras y que en estos tiempos - quiérase o no - o se gira a la derecha o se gira a la izquierda. Y para girar a la izquierda tenemos que tener mente amplia, mente muy amplia, sabiendo que los septuagenarios no somos imprescindibles y que la tarea de los septuagenarios es pasarle la posta - de la mejor manera posible - a las nuevas generaciones. Por eso yo apuesto también a las nuevas generaciones en el quehacer inmediato.
*Vivián Trías nació en la ciudad de Las Piedras, Canelones - 30 de mayo de 1922, falleció el 24 de noviembre de 1980. Político e historiador uruguayo, dirigente del Partido Socialista. Estudios en la Facultad de Medicina. Luego de cursar algunos años, en 1945 comienza su agregatura en Filosofía. Profesor de filosofía y luego de historia en la Enseñanza Secundaria, escribió reconocidos ensayos que se inscribieron en una corriente de revisionismo histórico, como "El imperialismo en el Río de la Plata" (1960), "Las montoneras y el Imperio Británico" (1961), "Reforma agraria en el Uruguay" (1962), "Imperialismo y rosca bancaria en el Uruguay" (1972), e "Historia del imperialismo norteamericano" en tres tomos (1977), "Por un socialismo nacional"(1985) En 1938 se afilia al Partido Socialista del Uruguay. En 1956 ingresó a la Cámara de Diputados en sustitución de Mario Cassinoni, en 1958, se transformó en Secretario General del Partido Socialista.Tras el golpe militar de junio de 1973, fue proscripto y destituido de sus cargos docentes, aunque no llegó a ser detenido. Falleció en noviembre de 1980, pocos días antes del plebiscito que rechazaría la reforma constitucional propuesta por la dictadura cívico-militar y marcaría el comienzo de su fin.
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