Sin apuro; pero con rumbo,
convicción y confianza

Por el Prof. Dr. Tabaré Vázquez*

Unas formidables décimas de Alfredo Zitarrosa expresan que “no hay cosa más sin apuro/que un pueblo haciendo su historia” Los frenteamplistas no somos la totalidad del pueblo uruguayo pero somos parte insoslayable del mismo y más allá de nuestra propia historia (que viene de lejos y cuya trayectoria no ha sido fácil), somos también parte de su devenir histórico.

Ese devenir implica un porvenir en el que el Frente Amplio tiene la oportunidad, la responsabilidad y, ¿por qué no?, la necesidad de confirmar ese dato de la realidad que tanto compromete a nosotros e irrita a otros: que somos el mejor proyecto político de país, el de mayores aspiraciones y capacidad para concretarlas, el de mayor arraigo en la sociedad y responsabilidad para con ella, el más sensato y más confiable.

Pero estas cualidades lejos de ser una condecoración o un estado inmutable, son un desafío cotidiano y un compromiso permanente.

Como el futuro no está predeterminado ni admite exclusividades, hay que construirlo paso a paso y entre todos. El proceso de elaboración programática en curso en el Frente Amplio para el período de gobierno 2015/2020 es demostración de ello.

Del mismo no saldrán los planos del futuro, ni fórmulas milagrosas para el bienestar general, ni un recetario para la felicidad individual, ni un traje a medida para la ocasión, pero emergerán las líneas rectoras de un programa de gobierno y una estrategia de país (al fi n y al cabo eso son los programas de gobierno) que incluso trasciendan el período 2015/2020.

Este proceso no parte de cero
Por lo pronto, hay una extensa serie de documentos elaborados durante los meses pasados en el ámbito de la Comisión Nacional de Programa que conforman la propuesta presentada el pasado 21.09 al Plenario Nacional del Frente Amplio para su consideración por parte de los frenteamplistas y decisión en el VI Congreso “Hugo Cores” a realizarse en noviembre próximo.

En esa elaboración colectiva así como hay acuerdos explícitos y propuestas concretas, también hay matices implícitos y vacíos a llenar. No es un drama: el Frente Amplio es pluralismo y unidad, diversidad y síntesis. Y la unidad, la diversidad y la síntesis, cuando son auténticas, no son espontáneas ni fáciles. Requieren tiempo y paciencia, inteligencia y confianza, visión estratégica y pragmatismo, en fin: cuestan, pero valen.

Más allá de las bases a consideración, hay valores, principios y compromisos que identifican al Frente Amplio y, consecuentemente, pautan sus sucesivas propuestas programáticas.

Esa impronta es lógica y saludable pues (aunque es obvio no está de más reiterarlo) la libertad, la democracia, la equidad, la igualdad, la justicia, la solidaridad y el trabajo no son palabras lindas pero huecas, ni deseos inalcanzables, ni ofertas de temporada, ni prácticas zafrales.

En tal sentido, “más allá” de la propuesta referida y “más acá” de las señas de identidad que los inspiran, hay un amplio espacio ocupado por la acción de gobierno del Frente Amplio tanto a nivel nacional como departamental. En Montevideo desde hace 23 años, 8 en otros departamentos y en el país, 4 en Artigas…. no es casualidad y hay mejoras tangibles que no pueden explicarse solamente por “factores externos” y “vientos de cola”, como algunos políticos de la oposición y analistas independientes (….) pretenden hacerlo. Algún mérito tenemos, y algún acierto también. Sería sano que alguna vez reconocieran uno (apenas uno, nada más).

También es cierto, digámoslo claramente, que en otros casos no pudimos o no supimos mantener el respaldo de la ciudadanía en la gestión del gobierno. Eso tampoco es casualidad y creo que en gran medida está vinculado a carencias y disfuncionalidades en nuestra propia unidad.

Se equivoca irremediablemente quien cree que los adversarios del Frente Amplio están dentro del Frente Amplio. Nuestros adversarios -que existen, no son tontos ni haraganes y hacen su trabajo- están fuera del Frente Amplio.

Nuestra disputa no es entre nosotros, es con la derecha. Y está universalmente demostrado que la derecha no le teme a los berrinches de la izquierda pero la espanta nuestra unidad. Consecuentemente con lo anterior, no está demás reiterar que allí donde el Frente Amplio tiene responsabilidades de gobierno los frenteamplistas tenemos el compromiso ético y político de apoyar al gobierno y acompañar a quienes lo ejercen.

Nuestros gobiernos no son de tal o cual compañero o sector y en rigor ni siquiera son “nuestros”; son responsabilidad del Frente Amplio en su conjunto. Y están al servicio de todos los uruguayos.

Precisamente porque el Frente Amplio es un proyecto político al servicio de la sociedad uruguaya (y el mejor de todos), su propuesta programática y compromiso de gobierno para el período 2015/2020 no puede ser “más de lo mismo” ni una “carta a los Reyes Magos”.

Ninguno de estos extremos es viable; ni siquiera es creíble. El Uruguay de hoy no es el del 2005 ni el del 2010. No es perfecto, pero es mejor, tiene otras posibilidades y también tiene otros desafíos. Negarlo es desconocer la realidad, negar el esfuerzo de la sociedad uruguaya y negarnos a nosotros mismos.

Dicho de otro modo: ni inercia ni aventuras, ni aburrimiento ni locas pasiones. Un Programa para seguir creciendo y desarrollándonos, lo cual supone reafirmar lo que está bien, mejorar lo que aún no está bien, renovar el compromiso con la calidad de los servicios públicos (salud, educación, seguridad) e integrar otros, porque el desarrollo no es un estado sino un “proceso de transformaciones productivas, tecnológicas, sociales, institucionales, culturales y organizativas que permitan producir y reproducir las mejores prácticas de una época histórica”.

Lo anterior es cita textual de un pasaje del capítulo “Claves de una visión de desarrollo nacional” de las bases programáticas presentada en el referido Plenario y ahora a consideración de los frenteamplistas.

No quiero ser injusto con otros capítulos sobre temáticas más específicas pero creo que este capítulo, por su enfoque holístico y mirada larga, es una excelente síntesis programática: reivindica valores (equidad, justicia, trabajo); identifica la modalidad de desarrollo que queremos y podemos construir (crecimiento económico, aumento del nivel de vida material con la ampliación de las libertades y la participación política, una sociedad igualitaria, culta y solidaria, un Estado de Bienestar); y asume la multidimensionalidad y multifactorialidad del mismo (desde la soberanía energética del país a las responsabilidades de cada uno de sus ciudadanos (porque los derechos son importantísimos, pero las responsabilidades también), pasando por la institucionalidad y la gobernabilidad; la gestión macroeconómica; la infraestructura física, el equipamiento y la logística; las inversiones, la innovación y la competitividad productiva; el Estado y el sector privado; la salud, la educación, el empleo, las relaciones laborales y la protección social; la seguridad nacional y la convivencia ciudadana; el cuidado del medioambiente, etc.

Un programa que iguale la libertad
Libertad e igualdad no son una pareja tan estable como parece. La experiencia histórica indica que en aras de la libertad se ha sacrificado la igualdad y viceversa.

Creo, modestamente, que hay que asumir la libertad en lo que ella tiene de:
- no dominación ni interferencia,
- de autonomía individual pero no de “individuos solitarios”, sino de capacidad para orientar la vida según deseos y proyectos propios “en presencia” de los demás
- de ideal social que para ser realidad cotidiana de la sociedad requiere una arquitectura institucional y un funcionamiento democrático que así garantice.

Asimismo, creo que la igualdad ha de ir más allá de la igualdad ante la ley y de la igualdad de oportunidades. Ambas son fundamentales, pero conviene observar que en la igualdad de oportunidades no todo es igual. No es lo mismo la igualdad de oportunidades para ser socio de una institución recreativa que la igualdad de oportunidades para acceder a la educación universitaria. El ejemplo es burdo, pero intenta expresar que también en la igualdad de oportunidades existe una diversidad que no puede ser ignorada.

Y hay que tener en cuenta también que la igualdad de oportunidades inicial ha de complementarse con medidas de igualación y facilitación de recorrido, especialmente en áreas estratégicas tales como la salud, el hábitat, la educación, el empleo y la seguridad social.

Un programa que consolide la democracia en tanto equilibrio dinámico entre una sociedad que se ocupa del Estado y permite a éste manejar sus asuntos, y un Estado que proteja a la sociedad a ésta manejar los suyos. A simple vista parece la cuadratura del círculo, pero si se observa más atentamente no lo es. Tampoco es fácil, pero no es imposible. Hay que trabajar para ello.

La política es la clave de esa tarea. Pero no la política que promueve y premia al conformismo, ni la política como gimnasia de poder o danza de cargos; ni la política como espectáculo mediático de la angustia (ajena, obviamente, porque es más fácil y rentable mostrar el sufrimiento ajeno que la miseria propia); sino la política como espacio y proyecto donde pueden nacer y cobrar forma los valores comunes, el bien público, así como los acuerdos y programas para alcanzarlo.

Un programa que confíe en la sociedad. Que la convoque, que la involucre, porque en el vacío ciudadano hasta el mejor programa y el mejor equipo de gobierno naufragan irremediablemente.

Y porque además la gente no necesita que le cuenten lo que le pasa (lo sabe bien) ni que le resuelvan la vida (¿a cambio de qué?).

Lo que necesita, lo que reclama, a lo que tiene derecho, es a que la acompañen a construir y recorrer su propia vida.

Porque como bien dicen las décimas de Zitarrosa, “no hay cosa más sin apuro/que un pueblo haciendo su historia”. Y en esa tarea de todos los uruguayos estamos los frenteamplistas.

*Presidente de Uruguay 2005-2010,
Precandidato a Presidente por el Frente Amplio 2015-2020.

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