|
Se retira Enrique Iglesias de la Secretaria General Iberoamericano
Discurso
18 octubre 2013
DECLARACIÓN DE PANAMÁ final
El diario español El País a dicho de la XXIII cumbre que “El fiasco de Panamá agudiza la crisis de la comunidad iberoamericana. La mitad de los presidentes da plantón a una cumbre que aplaza las reformas”.
Por su parte Enrique Iglesias, se retira como secretario general iberoamericano. Al dejar inaugurada la reciente XXIII Cumbre Iberoamericana de Panamá, se despidió de los jefes de estado y de gobierno, luego de cumplir “casi medio siglo
de trabajo por América Latina”.
(…) - “Ésta será mi última intervención ante Ustedes en mi condición de Secretario General Iberoamericano, luego de haber servido los dos mandatos con que Ustedes me han honrado. Quiero agradecer a Ustedes y sus Cancilleres todo el apoyo a mi gestión; y a sus Gobiernos, y a los Coordinadores Nacionales y Responsables de Cooperación, comprometidos en la búsqueda de los necesarios consensos. Y a mis Subsecretarios y colaboradores, que integraron un pequeño y dedicado equipo de profesionales y técnicos de ambos lados del mar. En particular, quiero agradecer a los Gobiernos de España su invariable confianza en la Secretaría General.
Con la finalización de mis funciones en la Secretaría cumplo casi medio siglo de trabajo por América Latina desde diversas perspectivas: desde los gobiernos de mi país, desde las Naciones Unidas, desde la Cooperación Latinoamericana y, ahora, la Iberoamericana. Mucho agradezdo al gobierno de mi país y a todos Ustedes por las múltiples oportunidades que se me abrieron para trabajar por América Latina e Iberoamérica, y acumular un invalorable capital de vivencias y experiencias.
Me llevo conmigo mucho, comenzando por constatar que el desarrollo económico y social era mucho más complejo que lo que creímos cuando nos iniciamos como practicantes de la economía. Es una tarea que no puede reducirse fácilmente a ecuaciones matemáticas, ni a una prolija suma de objetivos y políticas establecidos en un Plan de Desarrollo. Es, ante todo, un gran compromiso político, inspirado por una conducción responsable y transparente, capaz de captar la confianza y el apoyo de los ciudadanos. Pero es, asimismo, un gran ejercicio de participación ciudadana para descubrir los múltiples mecanismos de creatividad social que complementan, desde la acción comunitaria, los objetivos de desarrollo que promueve la gestión pública.
Aprendí también que todo esfuerzo por el desarrollo requiere un gran compromiso con los objetivos sociales de vencer la pobreza, reducir las inequidades, haciendo posible la igualdad de oportunidades para todos, y salir al encuentro de los grandes sectores rezagados, muy especialmente las comunidades originarias y afrodescendientes.
Pero ese impulso requiere una dosis de racionalidad económica, impuesta por una globalización creativa, y abierta a muchas oportunidades, aunque implacable a veces, con reglas injustas que se imponen desde fuera a las economías más débiles.
Compromisos sociales sin buena racionalidad económica pueden terminar en una sociedad sin economía. Racionalidad económica sin compromisos sociales puede conducir a una economía sin sociedad. Ni una cosa, ni la otra.
Aprendí, en medio de la larga serie de crisis económicas que me tocó acompañar, a valorar el papel fundamental que juegan las instituciones como obras que perduran, que unen a la gente y testimonian una voluntad colectiva. En esa valoración fui descubriendo que un buen mercado puede crear riqueza, pero que un buen Estado es indispensable para asegurar la equidad y la justicia social.
Aprendí, también, a alimentar una ilusión creciente en mis años jóvenes, como fueron los primeros intentos de integración económica en la Región para una juventud donde la construcción de la Comunidad Europea se nos presentaba como una aventura estimulante a imitar.
Hoy, medio siglo después, estoy más convencido que nunca del imperativo de la cooperación y la integración regional. En un mundo lleno de incertidumbres y contradicciones, es fundamental navegar en convoy, juntos antes que aislados. Ningún país, por grande que sea, puede renunciar a este activo, que hace menos costoso y más viable alcanzar el desarrollo social de nuestros pueblos.
Por último, debo reiterarles lo dicho, trabajando en Iberoamérica aprendí a apreciar el papel de la cultura en nuestras sociedades y en nuestro enriquecimiento espiritual y económico. Una cultura nutrida de muchos acentos y pueblos, revitalizada y fecundada por los más diversos aportes a lo largo de los años.
La potenciación del espacio cultural iberoamericano que Ustedes impulsaron en la Cumbre de Cádiz es el instrumento más vigoroso de identidad y compromiso de la Comunidad Iberoamericana y debe ser también el mejor puente de colaboración y diálogo con Comunidades que reconocen en sus orígenes el influjo de las lenguas, de los valores y las culturas iberoamericanas.
Al iniciar esta singladura en Salamanca, en 2005, me comprometí a trabajar por una institución que estuviera atenta a las aspiraciones de la región, que fuera pequeña, eficiente y abierta a la sociedad civil. Dije entonces también que por este proyecto “vale la pena jugársela”. Lo sigo creyendo y creo que los logros alcanzados permiten, ojalá, pensar que parte de la tarea ha sido cumplida.
Miro al futuro con optimismo. Al finalizar este periodo, junto al gran Pacífico, creo haber llevado a buen puerto la nave, presta a navegar bajo otra dirección hacia nuevas travesías que nos seguirán acercando a la apasionante tarea de vivir juntos.
Resolución sobre la Renovación
LA ONDA® DIGITAL
|
|