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1er Congreso Internacional de Responsabilidad Social
Lula en Argentina: que Dios cuide de Cristina
Por Cristina Iriarte*
“A veces en algunas reuniones sentaba frente a mi a empresarios que yo sabía que habían ayudado a mi adversario, y le habían dado mucho dinero a mi adversario y a mí no me habían dado nada”.
El 14, 15 y 16 de octubre pasados en el predio del Holiday Inn, Ciudad Evita, Partido de La Matanza, Buenos Aires, Argentina, se llevó a cabo el “1er Congreso Internacional de Responsabilidad Social”, organizado por la FORS (Fundación Observatorio de Responsabilidad Social). El mismo contó entre sus oradores invitados, con la presencia –personalidades relevantes – como el ex presidente de la República Federativa de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, quien recibió el título de “Dr. Honoris Causa”, otorgado por el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires. A continuación, transcribimos las partes más salientes de su disertación:
Es un motivo de mucha emoción y de mucha alegría el estar participando de este plenario. No sé si por razones de edad - el 27 de octubre voy a cumplir 68 años - pero me emociono con más facilidad de lo que lo hacía cuando era más joven. Pero hoy especialmente. Porque creo que la primera vez que estuve en la Argentina - luego de haber resultado electo en 2002 - y vine por primera vez antes de asumir mi mandato, había decidido que la principal señal que iba a dar para la política de integración que yo iba a trabajar en América Latina, era visitar como primer país - luego de haber sido electo - la Argentina. Y fue así que visité al presidente Duhalde y - en aquel momento - le pregunté: “Duhalde, ¿quién va a ser su próximo presidente?” Y él me respondió: “Usted no lo conoce. Es un hombre de una provincia muy lejana, llamado Kirchner”. Y así fue que desde 2002 siempre me encontré con Kirchner y con Cristina juntos. Después que él falleció siempre me encontré con Cristina cada vez que vine aquí. Y hoy quiero aprovechar estos micrófonos para decirle a Cristina que yo he sido un hombre de mucha fe y creo en Dios. Porque si no fuera por Dios yo no habría llegado donde llegué y creo que Dios debe cuidar que Cristina se recupere enseguida para que pueda seguir haciéndose cargo de llevar este país adelante.
Yo tuve el placer y la felicidad de ser presidente de mi país en una época de oro de América Latina y de América del Sur. Saliendo de los regímenes autoritarios y conquistando la democracia, tuvimos durante algunos años ciertas personas que - en nombre del neoliberalismo - intentaron destruir todo lo que nuestros antepasados intentaron construir en nuestros estados. Y tuve la alegría de llegar a la presidencia - Chávez estaba ya hacía dos años - después Kirchner, ya estaba Lagos, Bachelet vino después y luego hubo una sucesión extraordinaria de personas que fueron siendo elegidas. Y yo tuve el placer de convivir con Kirchner y de convivir con Chávez. Dos personalidades polémicas, pero dos personalidades de un carácter inatacable. Dos personas que - sobre todo - pensaban en los más pobres. Y yo pienso que nosotros no conseguimos hacer todo lo que hubiéramos querido hacer, pero innegablemente nuestra querida América del Sur y América Latina, están infinitamente mejor de lo que estaban hace diez o quince años atrás. Nunca me voy a olvidar lo que sucedió en la reunión 2006 aquí en Argentina - en la ciudad de Mar del Plata - donde enterramos para siempre la propuesta del ALCA que se le estaba imponiendo a nuestra querida América del Sur. Fuimos todos juntos que creamos la UNASUR, el Consejo de Defensa de la UNASUR, juntos creamos la CELAC, juntos creamos la reunión entre América del Sur y África y juntos creamos la unión entre América del Sur y el Oriente Medio. Y creo que eso hace la diferencia del momento que estamos viviendo hoy. Es por eso que le quería rendir un homenaje de corazón al compañero Kirchner y al compañero Chávez (aplausos).
Y quiero contarles algo sobre Felipe González. En 1989 yo era candidato a la presidencia de Brasil y - en aquel momento - todo el mundo tenía miedo de Lula (risas). La gente tenía miedo de mi barba, tenían miedo de la estrella del PT, tenían miedo del color rojo de la bandera del PT y también tenían miedo de mi discurso, que era de términos radicales y - a veces - algo sectario, ya que éramos duros en la defensa de los intereses de la gente que nosotros creíamos que debíamos defender. Y todos los candidatos de América Latina creíamos - pienso que en Argentina también - apenas teníamos la posibilidad de viajar por Europa pensábamos que era bueno sacarse fotos con figuras importantes. Y yo fui a Francia en momentos en que el primer ministro era Rocard y quedé decepcionado, porque estuve esperándolo por más de una hora. En cuanto salió de su oficina - yo estaba con Marco Aurélio - pasó por mi lado, se paró medio segundo y se fue. Y yo me quedé muy cabreado, porque pensaba que era una falta de respeto. ¡Pero me saqué la foto! Y cómo la gente no sabía lo que había pasado, la foto me sirvió para la campaña. De ahí me fui a España, donde el gobierno de Felipe González estaba en su época de oro, con más de 7 años en el poder. Me recibió muy cordialmente en el Palacio de la Moncloa y hasta me ofreció agua, ni café, ni cerveza, sólo agua. Allí Felipe me preguntó cómo iba a tratar a las Fuerzas Armadas y yo le dije que pensaba democratizar a las Fuerzas Armadas. A partir de la enseñanza primaria hasta la Escuela de Guerra, las pensaba democratizar. Y él me hizo la siguiente reflexión: “Lula, usted sabe que todo aquel que quiere llegar a ser General, tarda 40 años. Su mandato será sólo 4 años. Por lo tanto, usted no va a tener tiempo de tener un general democrático. ¿Cómo lo va a hacer?” (Risas). Eso fue muy interesante. Cuando yo fui electo presidente no conocía a nadie y yo tenía que elegir a los comandantes. Allí me serví de un compañero que era hijo de un General y le dije: “Compañero, yo quería conversar con tu padre”. Y le fui a pedir orientación y me dijo: “Oiga, Lula, usted no puede equivocarse. Nuestra carrera nos obliga a quedarnos en la fila todo el tiempo esperando por lograr los galones. Si usted elige a los primeros de la fila, no va a tener problemas”. Y así fue, Felipe, que aprendí a elegir a mis comandantes sin que fuera necesario formarlos en la escuela. Así que - como puedes ver - algo tan simple como lo que me dijiste, nos permitió convivir democráticamente con el ejército que existe y no tener que formar otro ejército. Y eso fue algo muy importante la relación que nosotros establecimos en mi país.
Otra cosa muy importante que yo quería, es hablarle un poco a la juventud que está hoy aquí presente, en este momento de la “Primavera Árabe”, en este momento de manifestaciones en todas partes del mundo - en Brasil, en España, en Portugal - y es que algunos intentan negar estos movimientos y algunos intentan negar la política. Lo primero que debemos entender es que, si algo de importante tiene la democracia, son las movilizaciones de la sociedad. La democracia no es un pacto de silencio. La democracia es una sociedad en constante movimiento en la búsqueda de nuevas conquistas, de mejorar su calidad de vida. Y yo le quiero decir a la juventud que muchas veo en algunos diarios o en algunos canales de televisión a algunos comentaristas - no todos, pero muchos - intentando desacreditar a la política. Y yo voy a aprovechar para decirle a los jóvenes de Argentina lo que les digo en Brasil: fuera de la política no hay salida (aplausos). Fuera de la política, o es autoritarismo, o es fascismo, o es nazismo. Es cualquier cosa, menos democracia. Y lo que quiero decirles, es que ustedes - jóvenes de América Latina - es importante que sepan que murió mucha gente en este continente en la búsqueda de la conquista de la democracia. Y la Argentina tiene una enormidad de ejemplos. Y que en lugar de andar negando la política, en lugar de andar diciendo que Lula no sirve, que Cristina no sirve, que Dilma no sirve, que no sirve nadie, ¡por amor de Dios! ¡Sirvan ustedes! ¡Entren en la política! Porque el político que ustedes desean - quien sabe - por ahí está dentro de ustedes mismos (aplausos). Y si entran en la política, podrán cambiar la historia de sus pueblos, de sus estados y del mundo. Este es un momento en que se debe fortalecer la política y de la Política con P mayúscula, para que puedan sentirse orgullosos del partido que defienden, del diputado que elijen, del intendente que elijen, del gobernador, del presidente, de la presidenta. ¿Por qué creo que la política es extraordinaria? ¿Quién podía imaginarse que América Latina y América del Sur tuviesen cuatro presidentas mujeres? Porque ya estoy contando con la elección Michele Bachelet en Chile (aplausos).
Nosotros estamos haciendo una verdadera peregrinación en defensa de la política. No me da vergüenza la política, no tengo vergüenza de mi partido político, no tengo vergüenza de mis diputados, de mis gobernadores ni de mi presidenta. Siempre digo: el que quiera más y mejor, que cree un partido mejor, presente un mejor candidato y gane. Porque la democracia exige que hagamos eso. Al final de cuentas - queridas compañeras y compañeros - sólo la democracia es capaz de permitir que un negro haya sido elegido como presidente de los Estados Unidos de América del Norte, que un indio haya resultado electo presidente de Bolivia, que un metalúrgica haya resultado electo presidente en Brasil y que un ex preso político, que estuvo seis años en la soledad de los calabozos - como el “Pepe” Mujica - haya sido electo como presidente del Uruguay (aplausos). La democracia es una herramienta extraordinaria, que es preciso que la defendamos.
Bueno, voy a hablar de lo que vine a hablar aquí, pues para eso fui invitado (risas). Quiero decirles que es un placer volver otra vez a la Argentina donde tengo muchos queridos amigos. Sólo tenemos divergencia en el futbol (risas), donde Argentina tiene muchos jugadores de gran calidad y espero que no vayan a Brasil el año que viene para ganar la Copa del Mundo en Brasil. ¡Por amor de Dios! Quédense en Argentina y permitan que Brasil gane la Copa que le quitó Uruguay en el 50. Quiero felicitar a la FORS por tener la iniciativa de este Congreso. Uno se cree que ya ha hecho todo y de repente se inventa un seminario que consigue un éxito extraordinario y con tanta gente participando, ya sean conferencistas como asistentes. La Responsabilidad Social se viene convirtiendo en un tema cada vez más concreto en la cotidianeidad de las empresas y de un universo de personas con la que cada una de ellas se relaciona. Es notable el avance de las prácticas socialmente responsables desde que el entonces Secretario General de la ONU - Kofi Annan - instó al mundo empresarial a debatir sus principios en el Foro Económico Mundial de 1999. En dicha oportunidad se construyó un pacto global al cual ya adhirieron más de 5.000 organizaciones empresariales en 130 países. La evolución de los datos recabados en la práctica llevó a crear en 2010 la Norma de Responsabilidad Social ISO 26000. La responsabilidad de una organización por los impactos y actividad en la sociedad y en el medio ambiente se mide a través de un comportamiento ético y transparente. La ISO 26000 distingue a aquellas empresas que vienen adoptando - voluntariamente - sus principios. Y para demostrar el compromiso de nuestra región con el tema, cabe recordar que esta es la primera Norma ISO desarrollada con participación directa de una empresa latinoamericana que - por coincidencia - es una empresa brasileña, la PETROBRAS. Este Congreso de hoy - por lo tanto - es una excelente oportunidad para intercambiar experiencias sobre la interacción entre empresas de gobierno y empresas de la sociedad. Mi contribución es la experiencia de un trabajador de Minas Gerais que tuvo la oportunidad de fundar un partido político y de llegar a la presidencia en un momento en que la sociedad experimentaba muchos cambios.
Pienso - amigos y amigas - que el éxito que conseguimos lograr en Brasil se debe a la cantidad de compromisos que asumimos antes de llegar a la presidencia de la república. Todo el mundo sabe que yo nací del mundo sindical. Pasé mi vida entera aprendiendo a hacer una lista de reivindicaciones y cuando resolví disputar un cargo público, era conciente que quería ser elegido para atender aquello que demandaba de los otros. Recuerdo el primer debate del cual participé, en el que me preguntaron porqué yo quería ser presidente y yo dije: “Quiero ser presidente porque quiero probar que soy capaz de atender mis reivindicaciones y, por lo tanto, hacer más que aquellos a los que yo reclamaba”. Y tuvimos que vencer algunos tabúes: los pobres no son considerados un problema político, mientras ellos estén quietos; el hambre no es considerado un problema político, mientras ellos no la sientan y la miseria no se considera un problema político mientras que las personas estén quietas. Solo comienzan a considerarse como un problema político, cuando los miserables, los hambrientos y los pobres comienzan a movilizarse. Cuando comienzan a rebelarse, ahí dejan de pertenecer al mundo de los libros y pasan a convertirse en un tema político. Y Brasil debía estar gobernado por un tercio de la población y el resto debía ser pobre. Y ¿cuál fue el milagro que nosotros conseguimos? El milagro fue que nosotros conseguimos que los pobres pasasen a ser parte de la solución de los problemas de nuestro país. Y tuvimos conflictos pero era cuestión de que la gente rompiera un tabú que decía - y que aún hoy en ciertos países de América Latina está vigente - que primero la economía tiene que crecer para que después se pueda distribuir. Mientras que la economía no crezca, no hay nada para distribuir. Y esto se mantuvo durante generaciones y generaciones, que esperaban que la economía creciera. En Brasil, entre 1950 y 1980 - por lo tanto, durante 30 años -, la economía brasileña fue una de las economías que más creció en el mundo. En promedio, creció un 7% anual durante casi 30 años. Y cuando la torta creció, algunos pocos se comieron la torta y para el pueblo no quedó nada. Y fue ahí donde acuñamos una frase que era muy popular en Brasil y era “que los ricos estaban cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres”. Y yo quería probar que era posible que las cosas fueran diferentes y así fue que comenzamos a intentar de que los pobres dejasen de ser un problema, para que pasasen a ser las soluciones a nuestros problemas.
Brasil - como ustedes saben - es un país marcado históricamente por una profunda desigualdad social y racial, desde los tiempos de la colonia. La evolución económica, política y social del país excluyó a la mayoría de la población, privilegiando a las elites y castigando a los pobres. Desde este punto de vista, nuestra historia no fue tan distinta a la del resto de los países de América Latina. Al final de cuentas, todos pasamos de la colonización hacia otra forma de dependencia económica y política. La predominancia de los regímenes autoritarios entre las décadas del 60 y del 80, hizo coincidir hizo coincidir - nuevamente - el destino histórico de la mayor parte de los países latinoamericanos. Logramos superar las dictaduras casi simultáneamente. Cada país de acuerdo con su propio proceso político, pero siempre como resultado de la movilización social reclamando el retorno de la democracia. La democracia reconquistada es un valor que preservamos con mucho celo. Fue la democracia la que nos permitió superar la desastrosa experiencia del neoliberalismo en nuestra región, con una orientación económica que sólo arrojó desempleo, miseria y la dilapidación del patrimonio público durante la última década del siglo pasado y los primeros años del siglo XXI. Cuando quedó demostrado que había que responder a los designios de aquel modelo, muchos países optaron por elegir gobiernos comprometidos con el desarrollo y la inclusión social. Así sucedió - por ejemplo - en Brasil y en Bolivia, cuando un trabajador y un indio fueron electos presidentes, lo que marca - simbólicamente - el sentido de las transformaciones. Mujeres que fueron electas presidentas en Chile, en Argentina y después en Brasil y en Costa Rica, lo que también constituye un símbolo de cambio en América Latina. Gobiernos volcados hacia el nuevo modelo fueron electos en Venezuela, en Uruguay, en Ecuador, Nicaragua, Paraguay, en toda América del Sur y en toda América Latina. Es sobre esta experiencia que pretendo conversar con ustedes, para mostrarles que la actitud social de las empresas es fundamental en el proceso de cambio.
Mis queridas amigas y amigos, yo creía casi ciegamente en la idea de integración latinoamericana. Y lo creía, porque no lograba entender como es que los países vivían con miles de kilómetros de frontera seca en toda América del Sur y con todo el mundo mirando hacia los EE.UU. y Europa y no cuidábamos el hecho de establecer entre nosotros una alianza que pudiese mostrar que era posible - a partir de nuestra propia realidad - dinamizar la política de América Latina. Tuvimos una pelea inmensa y muy fuerte para demostrar que el ALCA no nos servía, tuvimos una pelea muy fuerte para convencer a la gente que era posible establecer una relación más fuerte y se - que aún hoy - hay gente que se queja. Todavía hoy hay gente que piensa que sería mejor si estuviésemos participando de la ahora llamada Alianza del Pacífico. Quisiera recordar que cuando nosotros llegamos a la presidencia en 2010, la relación de Brasil con el Mercosur era de apenas 10 mil millones de dólares. El año pasado fue de 50 millones de dólares. En toda América del Sur, pasamos de 15 a 70 mil millones de dólares y con América Latina pasamos de 20 a 90 mil millones de dólares. Y con nuestra querida Argentina, pasamos de 7 mil millones a 34 mil millones el año pasado y podremos llegar a 40 o a 50 en el momento en que entendamos que Brasil y Argentina no deben entrar en confrontaciones porque uno se complementa con el otro (aplausos).
Ahora, no fue fácil llevar adelante este tema de la integración, porque nosotros - los latinoamericanos - hacemos muchos discursos y hacemos discursos y no paramos de hacer discursos y no nos damos cuenta que las diferencias entre el discurso y la práctica son muy grandes. Si no vencemos a la burocracia, no tendremos integración. La burocracia - como ustedes saben - está enquistada en los estados y fue un esfuerzo gigantesco el que hayamos podido avanzar todo lo que avanzamos, pero todavía falta mucho por hacer. Quiero decirles que yo soy fan del modelo de integración que logró la Unión Europea. No con todo lo que hizo la Unión Europea, porque tengo divergencia con algunas cosas. Pero el hecho de imaginar la reunificación de 27 países después de la Segunda Guerra Mundial y de tener a Francia y a Alemania en una misma mesa de negociaciones, es algo que solamente la democracia puede garantizar. Y aspiro a que un día nosotros tengamos algo similar - o un poco mejor - en función de la cultura de América Latina, en función de nuestra historia. Pero el dato concreto es que si no tenemos cómo vivir, si no tenemos comunicación, si no tenemos líneas férreas, si no tiene carreteras, si no tenemos desarrollo compartido, no podremos construir nuestra integración. Brasil no puede ser rico en soledad, ni Argentina puede ser rica en soledad (aplausos). No podemos cometer el mismo error que Alemania está cometiendo ahora. Porque Alemania es fantástica, porque ahora, en esta crisis - todos los países que no son Alemania - no trabajan lo suficiente, tienen muchas vacaciones, pasean mucho y dicen que trabajan. Lo que no dice Alemania es que el 70% de lo que exporta va hacia la Unión Europea. Por lo tanto ella también tiene un compromiso con la Unión Europea y no puede exigir a los otros que hagan los sacrificios que ella no hace. Aquí, en América Latina, nosotros podremos hacer algo muy fuerte, pero el problema es que no creemos en nosotros mismos y, aún, tenemos la cabeza colonizada. Yo confío en que las generaciones que nos sucedan podrán tener la cabeza más abierta políticamente y lograrán consagrar la integración que nosotros comenzamos. Pero aún falta mucho. No puedo entender cómo todavía - si uno le pregunta a cualquier estudiante brasileño dónde quiere estudiar - muchos le responderán que quieren ir a Londres, a París, a Madrid, a los EE.UU. y que nadie quiera venir a Buenos Aires, a Brasil, a La Paz. Quieren ir a universidades más sofisticadas. Y Argentina tiene universidades sofisticadísimas, de punta al igual que Brasil. Y nosotros tenemos que alentar el intercambio - no sólo entre Cristina y Dilma - sino entre la Universidad de Buenos Aires, la UNICAMP, las universidades brasileñas, entre nuestros científicos, nuestras juventudes. Esto es lo que quiere decir integración.
Yo, al haberme convertido en el primer trabajador presidente, soy una prueba de la madurez brasileña, superando preconceptos políticos, ideológicos y sociales. Para mí - y para el Partido de los Trabajadores - aquella elección representó una inmensa carga de responsabilidad. Por ejemplo, un fracaso de nuestro gobierno, significaría que hubiera que esperar décadas para que otro trabajador resulte electo como presidente de la república. Nosotros teníamos - por lo tanto - la obligación de aceptar que no había otro camino que no fuera gobernar para todos, con una amplia alianza política y un profundo diálogo con todos los sectores de la sociedad. Nosotros nos preparamos para esto desde la campaña electoral, promoviendo encuentros con líderes empresariales, dirigentes sindicales, organizaciones sociales y los más diversos actores de la sociedad. Estos encuentros fueron el embrión de algo que nosotros creamos: el Consejo Nacional de Desarrollo Económico y Social en 2003, con instancias calificadas de interacción entre la presidencia de la república y la sociedad. La composición del Consejo no fue una distinción de carácter político partidario. Invitamos - inclusive - a empresarios que apoyaron otros candidatos en la campaña electoral y ellos compartieron con nosotros la tarea de repensar el país. Hubo allí intensas discusiones y propuestas de políticas y programas de gobierno tendientes a retomar el crecimiento económico entre los diferentes sectores. Promovimos también decenas de conferencias nacionales, con la participación de millones de personas de diferentes niveles de acción. Las conferencias dieron una contribución efectiva para las políticas públicas adoptadas en el área de la salud, educación, medio ambiente, protección a la infancia, promoción de las mujeres y discriminación racial entre otros. El diálogo social fortaleció el proceso democrático y contribuyó para devolver al país autoconfianza, condición necesaria para todo proceso de desarrollo nacional. Comprendimos que nadie es capaz de gobernar solo el país, con las dimensiones y las complejidades que tiene Brasil. Esta comprensión se extendió a los diversos actores sociales, incluyendo a los empresarios. Pero no hubiéramos alcanzado esto, sin poner en práctica las políticas de acción definidas en el diálogo nacional. Este fue y continúa siendo el gran desafío.
Yo fui elegido con el estigma de representar apenas a un segmento de la sociedad. Yo era un metalúrgico y estaba dispuesto a crear un Consejo que pudiera traer al conjunto de la sociedad hacia adentro del gobierno. A veces en algunas reuniones sentaba frente a mi a empresarios que yo sabía que habían ayudado a mi adversario, y le habían dado mucho dinero a mi adversario y a mí no me habían dado nada. Y yo, en lugar de sentir rabia, yo los trataba como a ciudadanos brasileños, porque yo tenía ese derecho no para gobernar a quien me apoya, sino para gobernar al pueblo brasileño todo, incluidos aquellos a quienes no les gusto. En la primera reunión a la que asistí del Consejo, fui informado por un informante - que no fue mandado por Obama (risas) - acerca de que se había realizado una reunión empresarial en la que algunos empresarios discutían cómo comportarse en la reunión para no permitir que yo los cooptase o los conquistase. O sea, era como una asamblea estudiantil. La gente llega, ocupa el primer lugar y se adueña de la asamblea. Al enterarme de esto, fui distribuyendo a un sindicalista al lado de un empresario, a un cura al lado de un pastor evangélico, un indio con otro empresario. Y así fui mezclando a las personas de manera que en poco tiempo se formara una verdadera “pizza” en la reunión, con todo el mundo junto. Y luego de algunos meses, todos se hicieron amigos. Yo trabajaba en la idea de que no podía fallar. Mi ejemplo era Walesa, porque cuando nosotros comenzamos en 1980, Walesa también hacía huelgas en Europa. “Solidaridad” se convirtió en una pasión aquí, en América del Sur y también en España. Recuerdo que en una oportunidad viajé a Italia, en el momento en que estaba siendo condenado por la Ley de Seguridad Nacional. Hasta recuerdo al Santo Padre de aquel momento - que era Juan Pablo II - y fui a encontrarme con las centrales sindicales para pedirles ayuda porque había sido condenado por la Ley de Seguridad. Y a Walesa le financiaban una gráfica de 30 millones de dólares. Y yo pensé: “¿Por qué tanto para él y nada para mí? Y ahí comencé a entender lo que significaba la victoria de Walesa en Polonia - que era la caída del régimen militar - y tuve plena conciencia de la lucha anticomunista en Polonia. Pero de todas maneras Walesa fue electo presidente de la república y yo tenía la esperanza de que Walesa iría a ser un presidente extraordinario. Pero cuando terminó su mandato y se presentó a la reelección, tuvo un 0,6% de los votos, menos del 1%. Entonces, yo tuve miedo de fallar. Porque yo no hablo español, yo no hablo inglés, no hablo francés. Por lo tanto, si yo fallase, no podía hacer un curso de postgrado en Brasil. Entonces tener éxito - para nosotros - era hasta una cuestión de fe. Y tener éxito significaba conquistar a la sociedad. Y tuvimos un trabajo inmenso.
Hoy se los digo con orgullo: dudo que en la historia de Brasil haya habido algún presidente que hubiera conversado tanto con los empresarios como yo lo hice, tanto con los sindicalistas como yo lo hice, tanto con los indios como yo lo hice, tanto con los negros como yo lo hice (aplausos). Y eso es porque aprendí a tener capacidad de oír. Como yo no soy un académico famoso, como no soy un intelectual famoso - o sea, yo no sé todo -, tengo que aprender. Y aprendo oyendo a la gente. Y escucho mucho y escuchaba demasiado. Oía en todas las reuniones a todos los empresarios, sindicalistas, indios, a todo el mundo. A mi mesa se sentaban 30, 40 o 50 personas y yo nunca hablaba primero. Yo escuchaba primero a todos. Mis orejas están caídas de tanto oír (risas), de tanto escuchar se fueron cayendo. Pero yo tenía la certeza de que así debía ser. Y fue esa capacidad de oír que me permitió aprender a darme cuenta de que el país cuando el país iba bien. Y creo que eso le hace falta a muchos. Porque cuando estamos en campaña y somos candidatos, somos todos simpáticos, le damos la mano a todo el mundo, le sonreímos a todos, los abrazamos. Y cuando ganamos, aparece un desgraciado de seguridad, nos mete en un auto blindado y nunca más podemos abrazar a la gente. ¡Nunca más! (aplausos). Y es gracioso que cuando uno está en la presidencia si alguien habla mal de uno, uno se ofende. ¡Es impresionante! Uno ni siquiera se pregunta: “¿por qué hablan mal de mi? ¿No será que hice algo mal?”. Y enseguida manda a los de seguridad para que lo alejen de la gente. Parecería que sólo nos gusta rodearnos de quienes hablan bien de nosotros y muchas veces, aquel que habla mal, está siendo mucho más honesto que los “alcahuetes” que sólo saben adular (aplausos). Esto también se lo debo a mi capacidad de oír. Es mucho más fácil escuchar que nos digan que sabemos todos. Pero gobernar un país significa despojarse de la liturgia del cargo y comenzar a hacer aquello que la gente espera que todo presidente haga. Este fue el milagro que yo creo que sucedió en Brasil, esta interacción.
Mis amigos de la prensa - no los periodistas -, mis amigos dueños de periódicos, de canales de televisión, nunca hablaron nada bueno de mi. Nunca vi un titular favorable a mi. Les voy a decir una cosa: si ellos me hubieran elogiado, yo no hubiese llegado a ser presidente. Y aprendí una lección: el pueblo es más inteligente (aplausos). Hoy, con la Internet, el pueblo aprendió a formar su propia opinión y no asumir la opinión de los otros. Hoy la comunicación es interactiva, porque se reciben informaciones y se pasan informaciones. Y también hay algo extraordinario y es que el pueblo lee más, estudia más, conversa más, debate más. Ya no es más aquel tiempo en que el ciudadano miraba la televisión era la ley y el orden. En el año 2005 me criticaban de mañana, tarde y noche y, cuando estaba durmiendo, sentía que me pegaban. Y le dije a Marisa: “si sigo leyendo los diarios, mirando la televisión o escuchando la radio, me voy a morir de acidez, me va a dar un malestar”. Y simplemente paré de leer. Y, ¿saben qué descubrí? Que no desaprendí nada. Y cuando terminó mi mandato, tuve el placer de dejar la presidencia de la república con una aprobación del 87% entre buena u óptima, algo nunca visto en toda la historia de Brasil (aplausos). Y dicen que yo critico a la prensa. Y no hubiera llegado adonde llegué si no fuera por la prensa. Es gracioso, ¿no? Ellos me critican y para mí es un mérito. Porque - aún cuando hablan mal de mi - siempre alguien consigue interpretar qué es lo bueno y qué es lo malo. Pero en algunos países de América Latina - ¡mi Dios! - la prensa actúa como si fuese un partido político, pero no tienen el coraje de asumirlo. Pero si alguien piensa que yo voy a mover un dedo para crearle problemas a la prensa, pueden ver que el dedo ya se me ha caído (risas). Porque quien les va a dar una lección a ellos son los lectores, los teleespectadores, los radioescuchas y no el presidente de la república. Por lo tanto les digo: “hablen mal, pero hablen de mi. No hablen de los otros”.
Yo soy hijo de una mujer que nació y murió analfabeta. Mi madre no sabía hacer una O ni con un vaso. Y yo, por diferentes razones, no pude cursar estudios superiores. Y es algo fantástico, porque tanto yo como mi vice - que era un gran empresario y yo un buen dirigente sindical - nos encontramos y nos juntamos y, ni él tiene formación universitaria ni yo tengo formación universitaria. Y nosotros ya pasamos a la historia como el gobierno que hizo más universidades en la historia de Brasil, nosotros (aplausos). Y hoy se pueden encontrar dentistas negros, médicos negros y cosas que antes parecían imposibles, porque los afrodescendientes estaban predestinados a ser tratados como ciudadanos de tercera categoría en nuestro país. Y me da mucho orgullo saber que pudimos hacer muchas cosas.
Quiero terminar agradeciéndoles la oportunidad de compartir experiencias con los participantes de este Congreso. Regresaré a Brasil confiando en que cada vez más, los empresarios de Argentina y de toda nuestra región son concientes de la importancia de la responsabilidad social. América Latina avanzó mucho en la última década en términos económicos, sociales y políticos, convirtiéndose en una región de estabilidad, amante de la democracia, con desarrollo e inclusión social crecientes. Consolidamos nuestra integración con la creación del Mercosur, la Unasur, la CELAC. Pero precisamos evolucionar en una visión estratégica de este proceso, de forma integral abarcando infraestructura, regulación financiera, los emprendimientos económicos, la legislación laboral, social y ambiental. Es un sueño que se va a convertir en realidad en la medida que se involucren los gobiernos con todo el conjunto de la sociedad, en la medida en que más y más empresas se comprometan con un comportamiento social responsable. Muchos empresarios latinoamericanos ya comprenden que todos ganamos con la integración y esto es esencial para construir una América Latina mejor y más justa y con oportunidades para todos.
Queridas y queridos compañeros, yo quería terminar de verdad diciéndoles que somos concientes de que todavía nos queda mucho por hacer. En Brasil hemos logrado cosas que parecían imposibles, como lograr que a los cortadores de caña los empresarios les ofrecieran agua helada y les ofrecieran una comida caliente y les proporcionaran el acceso a un baño digno para hacer sus necesidades. Conseguimos humanizar la relación entre empresarios y trabajadores en la construcción civil, mediante muchas conversaciones y mucha humildad. Hemos aprendido que hoy, cualquier empresario que desee tener éxito, tiene que tener en cuenta que debe ubicar dentro del costo de una obra no solamente el porcentaje que requiere de lucro, sino también un porcentaje de la calidad del tratamiento que le quiere dar a sus trabajadores (aplausos). Yo soy de la época del movimiento sindical en el que sólo por el hecho de llegar en un camión para hacer una asamblea, el empresario mandaba llamar a la policía. Yo pertenezco a aquellos que, sólo por el hecho de sindicalizar al trabajador, al otro día el trabajador era despedido. Ahora mismo yo acabo de hacer una nota pidiéndole al presidente de la NISSAN de los EE.UU. - que ha sido como el signo del país más democrático del mundo - porque la NISSAN norteamericana no permite la sindicalización. Y muchas veces son los propios gobernadores de los estados que le piden al empresario que no permita la sindicalización. Estamos avanzando en los países más pobres e involucionando en los países más ricos. Felipe González me decía ayer que la renta del pueblo americano es la misma de hace 40 años, la renta del trabajador. Tal vez la renta del trabajador en Europa sea la misma que 15 años atrás. Y nosotros estamos evolucionando escalón por escalón aquí, en nuestra América Latina. Creo - queridos compañeros y compañeras - que voy a terminar pidiéndoles lo siguiente: debemos discutir con mucha seriedad todo el modelo que fue creado durante todo el siglo XX, somos concientes que el mercado no resuelve los problemas de la humanidad y mucho menos los problemas sociales, somos concientes de que las decisiones que aprobamos en los ámbitos multilaterales no fueron cumplidas… Hablamos del desempleo, del salario, hablamos de acabar con los paraísos fiscales, hablamos de acabar con los bonos, que es la desgracia que fomenta determinado señor de las empresas a ganar dinero vendiendo o cambiando papel, sin producir una botella de agua. Todo esto continúa intacto y debemos discutir cómo arreglar esto. ¿Será que Europa va a aceptar quedarse pobre de nuevo? Ya se gastaron 10 trillones de dólares para salvar la crisis financiera creada por la burbuja inmobiliaria. ¡10 trillones de dólares! En la guerra de Irak se gastaron 3 trillones de dólares y no se cuánto se ha gastado ahora en la guerra de Libia. No sé cuánto se está gastando en Siria. Estas personas, que deberían tener una cabeza un poco más política y que gobiernan el mundo de hoy, deberían saber que la cosa más barata que podrían hacer en el mundo - en vez de vivir intentando salvar banqueros - es salvar a millones de seres humanos que duermen todas las noches sin tener un plato de comida (aplausos). ¡Es impresionante la falta de sensibilidad! Son cerca de 70 millones de personas que se van a dormir sin comer. Son millones de niños de niños que se van a dormir sin tener que comer. Y mientras tanto, se gastan millones en guerras y más guerras. La impresión que tengo - mi querido Felipe González - es que algunos países del mundo ya no saben vivir sin guerras. Posiblemente algunos aprendieron a vivir, a depender de una industria llamada “industria bélica”. Es preciso fomentar la discordia y nosotros no formamos parte de esto. América del Sur no tiene bomba atómica, no queremos guerra nuclear ni nada de eso. ¡Queremos trabajar, estudiar, desarrollar la cultura y vivir en paz! ¡Eso es lo queremos y eso es lo que vamos a conquistar! Yo me siento deprimido como ser humano, como ex político, como ex presidente de la república, al ver - muchas veces - el comportamiento sórdido de algunos gobernantes que no quieren hacer muchas cosas para que el mundo evolucione. Soy un amante de la paz. ¿Por qué ya no hicimos un acuerdo con Oriente Medio, Felipe? La impresión que tengo es que quienes se sientan a la mesa no quieren la paz. Los que quieren paz deben ser el pueblo judío o el pueblo palestino, pero otros no quieren la paz. Y, ¿por qué la ONU no asume la responsabilidad de garantizar definitivamente la paz? ¿Cuál es el papel que cumple? Ninguno. No sirve para nada.
Entonces yo quisiera terminar diciéndoles que a quien no le gusta la política, yo quería decirle lo siguiente: la desgracia del que no le gusta la política es que debe ser gobernado por alguien que le gusta. Y si al que le gusta es siempre minoría, significa que la mayoría va a estar siempre subordinada a la minoría. Y yo creo que al que no le gusta la política debe observar el mundo y percibir que el mundo está en esta situación - principalmente la parte más rica del mundo - por la fragilidad de la política. O sea, están tratando problemas políticos como si fuesen problemas económicos. Están tercerizando la responsabilidad de decidir. En estos momentos es importante escuchar a todos los economistas del mundo, a todos los tecnócratas, vamos a escucharlos a todos. Pero la decisión no tiene que ser económica, sino política.
*Periodista y Traductora uruguaya
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