Revolución cultural
Luca Pacioli, el fundador del capitalismo
Por Jaime Secco*

¿Cuándo comenzó el capitalismo? Esa pregunta es muy cercana a cuestión de qué es. Y también puede decir algo sobre adonde va. Una respuesta interesante es que quien disparó el fenómeno fue el monje matemático renacentista Luca Pacioli (1445-1517).

El historiador Ferdnand Braudel sostiene que el capitalismo existió en distintos momentos. Pero su definición del capitalismo no coincide con el libre mercado, sino todo lo contrario. El capitalismo consiste en esquivar las reglas de la competencia para conseguir resultados extraordinarios opacando el circuito comercial y buscando posiciones de monopolio. Por eso, para Braudel el capitalismo se caracteriza por una alianza entre un grupo empresarial y el Estado. Y lo ve presente en el comercio medieval veneciano.

Para Marx, capital es un valor que se valoriza; es decir, un patrimonio pasa a ser capital desde el momento en que se invierte para que crezca. Y es imperioso mencionarlo, porque al fin y al cabo la palabra capitalismo fue acuñada por Werner Sombart en 1902, inspirado en Marx. Engels dijo que Sombart, que fue considerado de extrema izquierda, era el académico alemán que mejor había comprendido a Marx; pero en sus últimos años parece haber tendo una actitud al menos ambivalente con los nazis.

Puede pensarse que un comerciante del medioevo no tenía conciencia exacta de la valorización de su capital, ni mucho menos tenía como meta la construcción de una fortuna invertida. Comerciar era simplemente lo que hacía, como un almacenero.

Aquí es donde la historiadora australiana Jane Gleeson-White propone que Pacioli tuvo un papel clave por la puesta a punto de una herramienta fundamental: la contabilidad por partida doble.

Pacioli, educado en círculos platónicos, es más conocido hoy por su tratado sobre la proporción áurea, que incluía un desarrollo matemático de la perspectiva y la perspectiva de los poliedros; con colaboración de Leonardo para las ilustraciones. Pero también se adelantó a los logaritmos, escribió un tratado de ajedrez, uno sobre la aritmética y la magia. En su Tratado Matemático en italiano de 1494, para discípulos de la Universidad de Perugia, donde enseñaba, incluye un breve manual de contabilidad en el que aconseja llevar libros borrador, diario, mayor y de inventario y balance y establece principios que siguen vigentes, como que no hay deudor sin acreedor, todo valor que ingresa es deudor y el que sale es acreedor, toda pérdida es deudora y toda ganancia acreedora, etc. Se dice que el manual, de 27 páginas, podría ser usado hoy para enseñar contabilidad.

Gleeson-White no descubrió esto, aunque en su libro Double Entry (Doble entrada) habla de Pacioli y su tiempo. Lo que le interesa y el centro de su aporte está en el largo subtítulo del libro: “Cómo los mercaderes de Venecia dieron forma al mundo moderno - y cómo su invención pudo construir o destruir el planeta”.

Sombart y Max Weber habían hablado de la contabilidad como parte de la revolución cultural que estuvo en el origen del capitalismo (causa o consecuencia). La autora australiana sostiene que éste método de anotación y cálculo permitía no sólo registrar compras y ventas, sino además ganancias y pérdidas. Su cuenta “capital”, que refiere al patrimonio, introdujo la palabra y permitió que el incremento del capital fuera un objetivo medible. Al principio, la contabilidad se llevaba por cada expedición o cosecha, pero recién ahí el incremento del capital comenzó a ser el fin central de la actividad empresarial. La aceleración había comenzado.

Marx estaba asombrado por la fuerza acumuladora del capital, que hacía desvanecer en el aire a todo lo sólido. Hoy, mundo sólo es inteligible a través de datos contables. No solo hay contabilidad empresarial, hay contabilidad nacional -el PBI, etc.- y están los ‘quanty’ de Wall Street, analizando millones de datos para buscar fracciones ínfimas de ganancia.

Muchos opinan que ésta lógica está encontrando un límite en la capacidad física del planeta. Y de no haber una nueva revolución cultural, vamos a una catástrofe ecológica. Marx estudió la tendencia a la concentración del capital y la reducción de la tasa de ganancia y también predijo un límite. Hoy, cuando 300 personas ganan tanto como la mitad más pobre de la población, da la sensación de que algo debe necesariamente cambiar. Pero Pacioli no se habrá perdido. Hay intentos de canalizar la nueva mentalidad mediante adaptaciones a la contabilidad, como incluir el daño ambiental.

FOTO: Luca Pacioli en hábito franciscano ante su mesa de trabajo, junto a un joven desconocido. Cuadro atribuido a Jacopo de' Barbari.

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