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¿La utopía frenteamplista ha muerto?
Por Walter Martinez
Cortó grueso el pre candidato y senador del Partido Nacional, Jorge Larrañaga. En la presentación de las nuevas autoridades de la Fundación Wilson Ferreira Aldunate días atrás, presentó lineamientos de su programa de gobierno.
Recuerdo cuando mucho más audaz y en el ámbito internacional, el célebre Francis Fukuyama proclamaba el “Fin de La Historia”. Siempre un titular fuerte cumple con la seducción de llamar la atención y por supuesto me lancé a leer la nota que fundamentaba tan contundente afirmación. Para mi sorpresa, las novedades teóricas que nos propone el aspirante a la presidencia, luego de numerar algunos datos sobre niñez y educación, son de un desafío intelectual envidiable.
A saber, policía militarizada, darle ingreso a la empresa privada en el tema carcelario, no a la marihuana, y para cerrar algo novedosísimo, aumentar la producción y priorizar el trabajo. Todo un aporte de audacia e innovación.
Leí poco de Mark y Lenin, poquísimo de Gramsci y Rosa Luxemburgo, un poco más de Arismendi quizás, busco con dolor aún, pero con curiosidad intelectual el hilo conductor que explique la caída del proceso “del socialismo real” construido desde la vieja ex URSS. Digo esto porque cuando se trata de “enterrar muertos” y estos muertos, son ideas, creo hay que ser un poco más riguroso.
No tengo dudas que en las próximas elecciones el Frente Amplio volverá a ser gobierno. Si esta afirmación es cierta, la mayoría de la población, luego de 10 años de gobernar estará renovándole la confianza, la verdad que para utopía muerta, goza de bastante buena salud.
Tanta salud tiene el Frente Amplio aún, que además de haber marcado fuertes singularidades históricas, tales como la ruptura del bipartidismo en su momento, o el nacimiento del balotaje, como mecanismo de electoral para cerrarle su ascenso al gobierno, hoy, precipita la creación de nuevos lemas que agrupen a blancos y colorados esbozando una suerte de regreso a una bipolaridad política, infinitamente más real. Izquierda - derecha, progresismo - conservadurismo. Como lo entienda cada quien, de acuerdo a su matiz político, las viejas divisas necesitan hoy “nuevas formas” de organización política para cerrarle el paso a “una utopía muerta”. Si todo se redujera a una suerte de fórmulas políticas para “ganar elecciones” quizás podríamos hablar de ocasos. Sin embargo, desde los tiempos del viejo Batlle, no ha tenido nuestro país cambios más significativos.
Los gobiernos frenteamplistas serán sometidos a evaluación por los historiadores. Ellos apelarán a las huellas que este período dejará. Estoy seguro, y conste que no me alcanza, creo que aún podemos y le debemos a la sociedad infinita más equidad y audacia en el “reparto”, pero las innovaciones económicas, la atención social, la inserción democrática regional, el cambio de matriz energética, el abatimiento de todos los índices adversos que fuimos acumulando por décadas (léase gobiernos blanqui - colorados) dirán que más que una “utopía muerta” el Frente Amplio es “una admirable alarma”, una singularidad de diversidad y unidad pocas veces vista en los procesos políticos mundiales y por sobre todo, una fuerza política que revirtió el rumbo de un país que fue de “vacas y estancieros” luego, neoliberal con plaza financiera y servicios, reencauzándolo a una sociedad laboriosa, dinámica y sobre todo más justa.
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