La bala que mató a Grauert en el 33,
también mató a Zelmar y al “Toba” en el 76

Crónica del homenaje

"Todos precisan un futuro para tener un pasado"

El pasado 26 de octubre, con su salón de actos lleno de público, el Centro Cultural y Museo de la Memoria, homenajeo al dirigente batllista y periodista Julio Cesar Grauert, acecinado por la dictadura de Gabriel Terra un 26 de octubre de1933. Hablaron en el evento, Elbio Ferrario Arquitecto y Director del MUME, Juan Raúl Ferreira, Felipe Michelini, Ope Pasquet, María Emilia Pérez Santarcieri, Eduardo Platero Roballo, Mario Bianchi, Luis Caballero Presidente de la Asociación de Amigas/os del MUME. También se leyó un saludo al homenaje del presidente de la República José Mujica.

La profesora de historia MARÍA EMILIA PEREZ SANTARCIERI; inicio el homenaje, leyendo alguno de los postulados doctrinarios de Grauert y a continuación, recordando el valor que tiene para los individuos y las sociedades en todos los tiempos, “el recordar, el tener memoria”.

“Sin memoria, prácticamente no existe la personalidad. Quiero ilustrar esto con un recuerdo personal. Cuando yo era niña y había terminado la segunda Guerra Mundial, empezaron a conocerse muchas películas que trataban el tema de la amnesia. Generalmente lo que se veían, eran hombres que venían del frente y que - de repente - habían olvidado todo. Y esos hombres que habían olvidado todo, también habían perdido los sentimientos, porque es imposible querer lo que no se conoce. Entonces me parece que todo el trabajo que se haga en favor de la memoria, como se está haciendo aquí, como estamos haciendo hoy tiene un valor muy importante. Porque a mí me da vergüenza que alguien me pregunte - como me han preguntado algún día - ¿quién era Ordóñez? Por Batlle y Ordóñez, me preguntaban por Ordóñez. Esas cosas yo creo que son inadmisibles y tenemos que tratar - por todos los medios - de que no aparezcan entre los uruguayos.

Por ejemplo, la muerte de Grauert puede parecerse a la muerte de Delmira Agustini que fue horrible, trágica y - hoy en día - sería un caso de violencia doméstica. Pero lo importante es que recuerden, conozcan lo que ella escribió. Y acá, en este caso de Grauert, es lo que él propuso, lo que hizo en esa cortísima vida de 30 años y cómo se jugó totalmente por su ideal.

Entonces pienso que si recordamos a los muertos, es para tener una mejor vida. Y, por lo tanto, todo lo que hicieron en favor de la memoria, esa memoria que en los cursos actuales en la Escuela generalmente se abandona. Ya no mandan a aprender - porque a alguien le puede parecer ridículo que mandaran a aprender - poesía. Y todo eso es muy importante porque es nuestro bagaje para entender la identidad como uruguayos y como personas”.

Por su parte el diputado FELIPE MICHELINI subrayó “que desde una perspectiva amplia, plural, que va en la línea del diálogo y la reflexión, y con el objetivo de aprender del pasado que han tenido quienes organizaron el homenaje. Vale recordar que: Julio César Grauert, viniendo con Juan Guichón y Pablo Minelli a la altura de Pando - desde Minas - donde habían hecho un acto a cuatro años del fallecimiento de José Batlle y Ordóñez, en una estrategia de generar las condiciones para oponerse al régimen, son emboscados por un operativo conjunto de la policía de Lavalleja, Canelones y Montevideo. Son baleados y posteriormente, después de un proceso gangrenoso, muere Julio César Grauert. Fue claramente un asesinato político. Y esa situación trágica que generó impotencia, que generó dolor, que generó rabia, se reflejó en el propio momento del sepelio, en el cual miles de ciudadanos acompañaron el último camino de Julio César Grauert.

Yo creo que es importante tener presente la época, fuera de la anécdota. La época significaba - por un lado - treinta años de batllismo en el país. Y había - desde el punto de vista de los valores, desde el punto de vista de la impronta, desde el punto de vista de la infraestructura, de la reconversión, del desarrollo de la paz en esos treinta años, sin perjuicio que había todavía situaciones de peligro de tumulto - lo cierto es que ese ciclo de 30 años que había empezado en 1902, se terminaba y - además - coincidía con el fallecimiento de quien había tenido el timón de la sociedad uruguaya, o sea, José Batlle y Ordóñez. Sea para su apoyo y adhesión, sea para su crítica y combate, lo cierto es que el país tiene esa impronta aplicada que creo que desde un abordaje franco, no lo había tenido nuestra tierra desde José Gervasio Artigas. Y ese cierre de ese ciclo se da con la crisis del modelo del estado de bienestar, de ese abordaje en defensa de los trabajadores, de los sectores más humildes, de la impronta que el batllismo social - no sin dificultades, por cierto, incluso dentro de su propio partido - le había dado a la sociedad uruguaya.

Una sociedad uruguaya muy distinta de la que hoy, 80 años después, podemos abordar. Prácticamente en el padrón electoral, éramos 500.000 ciudadanos, no votaba casi ni la mitad. Era una sociedad que todavía tenía - pese a la impronta renovadora del batllismo - una composición que venía de la sociedad tradicional y que no había terminado de adoptar o adaptar, todavía, las corrientes migratorias - básicamente europeas, pero de otras partes también - en su totalidad.

Entonces, en ese marco, es bien interesante la respuesta de Julio César Grauert. Orador destacadísimo, con una estupenda pluma, con una inteligencia privilegiada, fundador de la FEUU, diputado departamental, diputado nacional, que había generado su propia agrupación, que era “Avanzar”. Y la respuesta después del golpe de estado fue una respuesta desde sus convicciones y fue una respuesta radical. Julio César Grauert era en radical en sus ideas, un radical en su comportamiento, un radical en su doctrina”.

JUAN RAÚL FERREIRA, perteneciente al Partido Nacional y integrante de la Institución Nacional de Derechos Humanos, dijo que el “entierro de Grauert se convirtió por la represión policial y militar y la salida del pueblo a la calle en un acontecimiento “impresionante, que - de alguna manera - se revive cuando se produce el entierro de Zelmar y el “Toba”. Pero que - además de la represión - la represión desmiente algunas cosas que - desde mi punto de vista - se han tomado como un valor indiscutido, como la prescindencia del ejército en todo el proceso, porque reprime la policía y el ejército. Y después algo que si uno no lo pone en su verdadera perspectiva, puede sonar hasta irreverente, o degradante y que - a mí, por lo menos, me suena impresionantemente emocionante, conmovedor y comprometedor - es la manera cómo llega a su lugar último de descanso el féretro que contenía los restos de Grauert. Dañado, mutilado, estrujado. Yo creo que es como la condecoración máxima que le pueden haber dado.

Advierto que hay mucha gente joven que le haría muy bien conocer esta historia. Cuando yo empecé a anunciar que venía acá, me encontré con que había mucho interés en las redes sociales, había mucha gente que respondía preguntando la hora, etc., etc. Pero cuando se me ocurrió poner en las redes sociales la manera cómo había muerto Grauert, empezaron a aparecer jóvenes que ponían: “¡yo no sabía esa historia!” Cuando uno escribía que fue previamente acribillado a tiros y que malherido en un brazo, en una pierna, en el calabozo - no solamente no se le da asistencia médica, sino que - se le maltrata y se le tortura y se le deja desangrar hasta morir. Y que - todavía - el dictador hace mofa de esto diciendo que murió de gangrena, dicho de un modo despectivo, como que era un orgullo para él o - por lo menos - no un oprobio y una vergüenza reconocer la manera cómo moría el primer periodista y primer político asesinado por una dictadura en el siglo XX en nuestro país.

Y este detalle a mi me hace reflexionar sobre un par de cosas. Nosotros nos hemos acostumbrado - y estamos empezando a dejar legitimar y a acostumbrarnos (me honra la presencia de todos los integrantes de este panel porque ninguno de ellos ha sentido esta tentación), en eso de ir legitimando cosas con tal de no discutir cada palabra, cada término, cada expresión que es muy importante.

Por ejemplo: a la última dictadura se la conoce mucho como el régimen cívico-militar. Y yo me pregunto: ¿qué tenía de cívico la dictadura que se instaló en el año 73? ¡Tenía civiles al servicio de la dictadura militar! Pero de cívico, no tenía nada. Y, sin embargo, nos hemos acostumbrado a hablar de dictadura cívico-militar. Y en lo que se refiere a la dictadura de Gabriel Terra - y más buscando en mi propia mochila de la responsabilidad que le quepa a mí y a mi generación y a la gente formada como yo - nos hemos acostumbrado a llegar hasta el término de “golpe de Terra”. “El golpe de Terra”. Pero muy pocas veces se habla de la “dictadura de Terra”. Y yo creo que en esas pequeñas cosas que parecen semánticas tenemos - precisamente, para preservar ese patrimonio común.

Estoy seguro - y creo que eso era un activo, que era una cosa positiva para el encuentro para recordar una figura gigante como la de Grauert, quizás, excesivamente olvidada - que quizás sea una buena oportunidad para asumir un compromiso que esté mucho más presente en nuestras reflexiones, en nuestros análisis, en nuestra manera de ver ese pasado que nos compromete hacia un país que - ojalá - podamos construir entre todos”.

A su turno el senador y dirigente del Partido Colorado OPE PASQUET, recordó que a la salida de la dictadura del 1973 a 1985, “algún grupo de su partido, había constituido un comité en su barrio que se llamaba - justamente - Comité “Julio César Grauert”, del que algunos de sus integrantes todavía andan por ahí y me recordaban esto cuando veníamos para acá. La figura - tanto de Grauert, como de Brum - estaba especialmente presente en aquellos momentos, porque simbolizaba toda una lucha contra la dictadura que era la lucha del momento para nosotros. Y a veces, lo que no se podía decir explícitamente, se implicaba haciendo la referencia a esos hombres, a su lucha, a su muerte heroica. Y también nos llegaba la referencia de lo que había sido Grauert - en particular - a través de nuestros mayores en el Partido Colorado. Y estoy pensando - especialmente - en Don Luis Hierro Gambardella, formado en la agrupación “Avanzar”, que a principios de los años 80 publica un libro que se llamó - si no recuerdo mal - “El Viento y la Siembra”, que es el recuerdo de lo que era la Peña del “Café Barrucci”, al que don Luis asistía junto a sus amigos de sus épocas jóvenes. Y muchos de ellos - sino todos - vinculados de alguna manera o de otra a la agrupación “Avanzar” y a esa corriente radical - muchas veces romántica, anarquista o socializante en otros aspectos - de gente joven que se había acercado al batllismo. Y él decía que más allá de fórmulas ideológicas o de proyectos políticos concretos, había un ambiente como de fraternidad al que él llamaba: “un cristianismo sin Cristo”. Con un profundo sentido de solidaridad social, de solidaridad con los más débiles, con los que sufren, que era compartido por todos aquellos jóvenes de aquella Peña y los unía y los mantuvo unidos a través de lo que fue la dictadura de Terra hasta la recuperación de la democracia.

Después cada uno tomó caminos distintos. Algunos integrantes de la agrupación “Avanzar” - por ejemplo, Cerruti Crosa - se incorporaron al Partido Comunista, otros se incorporaron al Partido Colorado. Pero aquella comunidad solidaria, fraternal, generosa que era una interpretación - yo creo - muy auténtica del batllismo original, eso alentaba a quienes habían pertenecido a aquella generación y se habían reunido en aquellos ambientes y seguían unidos por una común devoción a la figura de Julio César Grauert.

El tiempo siguió pasando, recuperamos la democracia, recuperamos la vigencia de la Constitución y hoy - cuando han pasado 80 años de la muerte de Grauert - si volvemos a leer los editoriales de “Avanzar”, uno advierte que lo que Grauert proponía era una cosa muy distinta de lo que fue la propuesta de corriente central del pensamiento batllista. Julio César Grauert proponía la socialización integral de los medios de producción y de cambio. Lo decía así y lo repetía enfáticamente, porque creía que el camino de la justicia consistía en la apropiación por el estado de todos - absolutamente todos - los medios de producción y luego particularizaba en una serie de medidas específicas, algunas de las cuales fueron señaladas hace un rato por la profesora Pérez Santancieri. Esa no es - sin duda - la orientación del batllismo. Baltasar Brum, por ejemplo, hablaba del cambio a la normalización del capitalismo, no de la abolición de él.

Pero más allá de las disquisiciones doctrinarias, de evaluar lo que ha sido la evolución de estas ideas a lo largo del siglo XX, cómo se empezó y cómo se terminó por este camino, yo creo que lo que permanece, lo que queda, lo que está vigente y - en definitiva - lo que nos convoca, es Grauert como defensor de la democracia, asesinado por una dictadura. Porque frente al asesinato, permanece vigente e incólume, su ideal y su conducta.

Y termino volviendo al momento inicial, ese momento en la ruta de regreso a Montevideo desde Minas. Cuando a Grauert, a Guichón y a Pablo Minelli - tenemos que recordarlos a todos - los detienen una y otra vez, hasta que - finalmente - los detienen definitivamente al llegar a Pando y les trancan el paso y pretenden arrestarlos. Y ninguno de los tres se deja arrestar porque habían sido elegidos diputados en la elección anterior y se seguían considerando diputados, pese a la disolución del parlamento y al golpe de estado. Es decir, ¡qué defensa heroica del fuero parlamentario! En medio de una dictadura, rodeados por la policía, no se dejan arrestar, porque los diputados no lo permiten y reclaman una orden judicial, si es que se pretende encarcelarlos. Y se defienden. Y quedan ellos tres en esa madrugada - que debe haber sido terrible - del 24 de octubre. Y son tres, porque kilómetros antes habían hecho bajar del auto y tomar otro vehículo a un joven que había ido con ellos, que era Aldo Ciasullo, que después fue embajador y tuvo una larga trayectoria dentro del Partido en el Servicio Exterior. Pero ¡fíjense ustedes si tendrían conciencia del peligro que vivían, de lo delicada que era la circunstancia, que al más joven - que no había sido diputado, no había sido diputado - lo hicieron bajar del auto y se quedan ellos tres solos a enfrentar lo que se venía!”.

Al intervenir en el homenaje el ex dirigente sindical de Adeom EDUARDO PLATERO ROBALLO, recordó que en su familia de profunda tradición batllista siempre se dijo; “el dictador Terra”, advirtiendo “que aun hoy tiene una hermosa represa que siempre le dijimos - y seguiremos diciendo - “Rincón del Bonete” y no “Gabriel Terra”, pero oficialmente se llama “Gabriel Terra” y que no hemos cambiado.

Yo recuerdo que a los diez años de la muerte de Grauert - todavía - estábamos viviendo la transición de la dictadura que fue dura - no blanda de la que se salió con grandes dificultades. Soy tan viejo que conocí la campaña del 46 - en la vuelta del batllismo al gobierno - y que en la fila que hicieron los batllistas (en mi pueblo había tan pocos colorados que no hicieron actos), pararon en “Plaza de Mayo” y los acompañaba Guichón, que para mí era una figura inmensa. Yo ahora me doy cuenta que no debería ser tan alto, pero yo era un niño. Guichón - que estaba rengo por el balazo que le habían pegado junto a Grauer - acompañó hasta el último momento la idea de un batllismo renovador y una idea también - y quiero señalarlo - de un batllismo o de un “coloradismo” que no estaba tan, tan enfrentado con el “blanquismo”. Porque si Batlle hizo el Uruguay que hizo, no lo hizo solo. Lo hizo con lo que era el pueblo blanco independiente. Y si se resistió a la dictadura de Terra, se resistió con parte del batllismo y parte de los blancos que fueron blancos independientes. Es decir, que la unidad contra la dictadura, siempre exigió - para beneficio de nosotros, unidad. Y me parece justísimo y oportunísimo que el “Museo de la Memoria” recuerde a Grauert porque fue uno de los adalides de la libertad, tanto como cualquiera de los que estuvieron presos, murieron o estuvieron en el exilio en esta última dictadura, que - coincido con Juan Raúl - que de “cívico” no tenía nada. Tenía de militar con serviles y aprovechados civiles que se rindieron”.

Finalmente habló MARIO BIANCHI de la FEUU Gen.83, que inicio su intervención pidiéndoles a los dos representantes nacionales presentes que le cambien el nombre a la represa “Gabriel Terra”, indicando luego que para el “Grauert es en realidad un gran olvidado. Pero es un hombre selectivamente olvidado. Es selectivamente olvidado porque la selección del olvido que tienen las fuerzas dominantes - muchas veces - generan que los muertos terminen muertos. Y en la medida que se rescaten las obras, los pensamientos, para hacerlos vivencia, es cuando las cosas cambian. ¿De quién hablamos cuando hablamos de Grauert? De el del 17, de las Peñas universitarias, de los ateneos universitarios, el del Instituto “Ariel”, del de las luchas por la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay, de su creación, del mantenimiento de lo que era la Universidad, de la autonomía universitaria, del luchador sin tregua en la interna del Partido Colorado, del fiel representante del batllismo, porque acá habría que hablar de batllismo y de oligarquía. Habría que hablar del batllismo real, del batllismo de la primera época, del Batlle joven, de ese que rescataba Grauert y por el cual se enfrentó al resto del Partido Colorado, a los conservadores de esa época, que no creían que el proyecto batllista pudiera seguir avanzando después de la muerte del propio Batlle.

Y Grauert era el gran sucesor. Seguramente - en aquel modelo del Uruguay del 29, con toda la crisis - con la muerte de Batlle, era necesario alguien que removiera las entrañas del propio batllismo, para llevar adelante las ideas que el “joven” Batlle tenía. Porque poco se habla de qué decía el joven Batlle sobre los medios de producción y la tenencia de los medios de producción. Poco se dice qué decía el joven Batlle de la tenencia y del latifundio de la tierra. Y Grauert lo sabía y lo sufría en carne propia y lo llevaba hacia adelante. Porque ese pensamiento sostenía que el obrero tenía que estar preparado, no solamente para su trabajo, sino para su generación de justicia social.

Cuando uno empieza a leer todo lo que se escribió sobre Grauert, se ve que se ensalza su valor, se ve que se ensalza su osadía, se ve que se habla - principalmente - de la identificación de él con la causa de la libertad. Pero se termina hablando siempre de su muerte. Y cuanto más hablamos de su muerte, más nos olvidamos de su verdadera memoria. Grauert no fue muerto solamente por una circunstancia aislada en Pando. A Grauert lo mata el dictador de turno, pero también lo mata el jefe de policía de Montevideo - que en ese momento era coronel - y que terminó siendo el sucesor de Terra, Alfredo Baldomir. Entonces, las balas que matan en la dictadura son selectivas. La bala que mató a Grauert en el 33, también - para mí - mató a Zelmar y al “Toba” en el 76. Porque fue generado por las clases dominantes para frenar - de alguna manera - la generación de las causas reales de los pueblos.

Creo que hoy, si tuviéramos que pensar cómo se le reverencia a Grauert, yo no creo en los oropeles, yo no creo en el Grauert en bronce, yo no creo en el Grauert que me da el mármol. Pero sí creo en el Grauert que se le reverencia todos los días buscando - no en sus escritos para que se conozcan, sino - en sus escritos para hacer diariamente la causa que él nos legó, la formación de un país mucho mejor. Por eso me gustaría que nos quedaramos pensando (y ojalá hubiera más jóvenes) en lo que fue la figura de Grauert. ¿Qué fue lo que nos quiso dejar Grauert? Y tal vez, el mejor homenaje - como hacía Rodó -, es que alguno de nosotros pudiera poner una huella, una pisada delante de la última huella que nos dejó Grauert”.

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