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El Partido de la Concertación es una buena idea, para los montevideanos
Por Aníbal Steffen*
Admitamos que la Intendencia de Montevideo nunca fue un dechado de virtudes. Hasta donde llega mi larga memoria, siempre nos hemos quejado de la “mole de ladrillos” y su insoportable burocracia.
No obstante, esa misma intendencia diseñó, promovió y ejecutó durante la primera mitad del siglo pasado, un desarrollo urbanístico que convirtió a Montevideo en una hermosa capital, abundante en parques, plazas y avenidas arboladas, sin olvidar el sello distintivo de su rambla.
El último gobierno capitalino colorado, comandado por el economista Julio Iglesias, dejó en 1990 al triunfante Tabaré Vázquez, una intendencia económicamente saneada, con 13 millones de dólares de superávit. Y para ello no necesitó matarnos con impuestos y tasas abusivos.
El oncólogo socialista, llegó a la Intendencia de Montevideo en ancas de una campaña publicitaria cuyo punto central era la rebaja del boleto del transporte. Su primer acto como Intendente fue aumentar el boleto y durante todo su mandato se dedicó alegremente a convertir la “mole de ladrillos” en un inmenso comité de base rentado.
Al tiempo que la intendencia se llenaba de “amigos políticos”, y a pesar de que aumentó exponencialmente la carga tributaria, logró la “hazaña” de convertir el superávit inicial en un déficit de más de 25 millones de dólares.
Desde entonces, 25 años de intendentes frenteamplistas (Arana 2 veces, Ehrlich, Olivera) han logrado convertir la comuna montevideana en un barril sin fondo, caracterizada por una pésima administración, mal gerenciamiento, dilapidación de recursos y escasas obras que, en general, sólo sirvieron para empeorar la decadente situación de la otrora “Tacita de Plata”.
Así las cosas, tras un cuarto de siglo de administración frenteamplista, los habitantes de Montevideo nos encontramos sumidos en la mugre, la contaminación, la oscuridad, el desorden, el descuido y agobiados por una carga impositiva que no se ve reflejada en realizaciones. ¡Festejen montevideanos!
Pero, atención: el Frente Amplio sigue siendo la principal fuerza política capitalina. ¿Por qué? Para esas cosas no hay explicaciones simples. El Frente Amplio se ha convertido en el peronismo uruguayo. Más que un fenómeno político es un fenómeno cultural, como el fútbol o el carnaval.
Por eso, Raúl Sendic, hijo, puede decir que el Frente Amplio gana aunque lleve una heladera de candidato. Ya lo probó consagrando a la ignota Ana Olivera Intendenta de Montevideo.
En el Interior de la República, la gente vota con otra cabeza. La elección departamental suele ganarla el mejor candidato, con cierta independencia de su color político. Los problemas municipales, tienen, en el interior, otra dimensión. Por eso la gente suele saltar por encima de las barreras partidarias y elige a quien proponga las mejores soluciones para los problemas cotidianos.
Aclaro que al hablar del Interior excluyo la costa Este del Uruguay, que se ha ido mimetizando con la lógica capitalina.
En el área metropolitana se vota con la camiseta. Y así nos va. ¿Qué hacer? Seguir así es inaceptable. Desde esa perspectiva se entiende que la oposición busque caminos que le permitan competir exitosamente con la maquinaria frenteamplista. En ese sentido, el Partido de la Concertación es una buena idea, difícil de instrumentar, pero esperanzadora.
Será necesario trabajar sobre aspectos culturales y emocionales que tienen que ver con el sentido de pertenencia a un partido, llámese Nacional, Colorado, Frente Amplio o Independiente.
La primera misión es modificar la lógica del voto departamental, haciendo entender a la gente que la basura, los pozos en las calles, el transporte capitalino, etc., no tienen ideología. Importan las soluciones, prácticas, inteligentes, una buena gestión, sin demagogia, ni clientelismo ni amiguismos.
Tomando en cuenta los factores que están en juego, la prédica del futuro candidato del Partido de la Concertación, no debe ser anti frentista. Debe ser exclusivamente pro Montevideo.
Ideas claras, bien expuestas, contacto racional y emocional con el ciudadano, propuestas inclusivas, abarcativas, solidarias, pero sin caer en promesas fáciles que se lleva el viento, pueden hacer la diferencia. En futuro gobierno departamental de Montevideo no será blanco ni colorado. Debe ser montevideano.
Fuente:Periodista de La Democracia
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