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El principal problema está en la educación media
Rector de la UDELAR, doctor Rodrigo Arocena
“Alguien piensa que va a mejorar la calidad de la educación nacional indisponiéndose – a priori – con los docentes, con sus organizaciones”.
El jueves 7 de noviembre en la sala del IMPO se presentó la publicación, “Desarrollo profesional docente y mejora para la educación”, editada por el Programa Metas Educativas 2021 de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). En el evento hablaron el Consejero del Consejo Directivo Central (CODICEN) de la ANEP, inspector Javier Landoni, el titular interino del MEC, maestro Óscar Gómez, el Director Nacional de Educación, maestro Luis Garibaldi, el Coordinador del Área Estadística del MEC, Gabriel Errandonea, el rector de la UDELAR, doctor Rodrigo Arocena, y el Secretario General de la OEI, Álvaro Marchesi. Lo que sigue a continuación son los conceptos más salientes de las palabras
del rector Arocena en esa oportunidad.
En esta intervención voy a partir de reconocer y afirmar que los uruguayos estamos y debemos estar desconformes con nuestro sistema educativo. Y como la crítica - al igual que la caridad bien entendida - empieza por casa, señalar que la educación y - en particular - la Universidad de la República - durante mucho tiempo - hizo como que eso no sucedía.
El país inició un debate educativo en 2005 y la Universidad pareció entender que eso no le concernía, con lo cual hizo un pésimo aporte a una cosa que pasa hoy por hoy. Cuando se discute de educación en el Uruguay, cuando se escriben trabajos, cuando destacados académicos - incluso universitarios - escriben trabajos sobre el estado de la educación uruguaya, muy a menudo terminan en la enseñanza media. No se ocupan de la enseñanza universitaria, parecería que eso no tiene que ver. Por suerte, el cogobierno universitario - palabra que voy a usar más de una vez, porque está de moda - en 2006, resolvió que esa era una situación insostenible y que la crítica bien entendida tenía que empezar por casa. Desde entonces - con muchas carencias, con mucho más insuficiencias que realizaciones - la Universidad intenta cambiar. Y desde esa perspectiva de intentos insuficientes, es que quiero hacer algunos comentarios motivados por el libro y su periferia y su contexto.
Uno tiene que tener cuidado con no hablar desde el ombligo. Está claro para quienes trabajamos en la Universidad, que la generalización de la educación terciaria y universitaria es una gran meta nacional. Pero decir que es hoy el principal problema de la educación pública, sería un error. El principal problema de la educación pública - a mi modesto entender, pero con gran convicción - es el problema de la educación media. Nosotros podemos mirar hacia el pasado o mirar hacia el futuro. Y si miramos al futuro y no somos capaces de prever en diez años una transformación integral de la educación media, el déficit para el desarrollo nacional va a ser inmenso. Nosotros tenemos que pensar una educación media diversificada, variada, experimental, con múltiples vías, pero con un propósito compartido. Toda muchacha, todo muchacho en este país tiene que poder terminar una educación media donde no haya que optar entre si estudió para trabajar o si estudió para ingresar a la educación terciaria. ¿Es imposible - acaso - que en cinco o diez años organicemos una educación media tal que el 80% de nuestros jóvenes lo puedan concluir y - al concluirla - tengan, a la vez, posibilidades de ingresar al mundo del trabajo, ligados a su vocación y seguir estudiando? Yo creo que no. En todo caso, ese es el problema número uno de la educación uruguaya. De eso estoy convencido. Y lo digo enfáticamente para suscitar discusiones, porque - por favor - vamos a discutir sobre los temas sustantivos y no sobre los temas adjetivos.
Y para eso - naturalmente - llegamos a la cuestión clave, a la cual este libro nos convoca: la formación docente. No vamos a transformar la educación a todos los niveles, la media. Pero hacia arriba y hacia abajo, hacia adelante o hacia atrás, si no somos capaces de dar la mejor formación de tipo universitario a los docentes de todos los niveles de la enseñanza. Y por las dudas que alguien pueda creer que cuando digo esto estoy diciendo “de todos los niveles” y excluyendo a la Universidad (no sea que una futura institución universitaria de educación pretenda - como algunos dicen - “formar docentes universitarios”), déjenme decirles - por lo menos a quienes no son uruguayos - que la docencia en la Universidad de la República es de libre aspiración y no existe ningún título. Así pues, no es que nosotros tengamos ningún temor de que se vayan a formar docentes universitarios para - de pronto - nuestra institución. ¡Que se formen todos los docentes posibles! Ahora bien, que se formen en un clima de creación. Porque - si no - ¿cómo van a hacer para entusiasmar y enamorar a la muchachada con sus disciplinas, con la manera de crearla y con la manera de usarla? Todos los que están acá saben muy bien eso. Así que yo no lo voy a pretender elaborar académicamente, simplemente voy a recurrir - como viejo que soy - a un recuerdo: lo que fue para mi generación universitaria en 1965 entrar a la Universidad de la República y encontrarnos con que la matemática la enseñaba José Luis Massera. Y la enseñaba de manera creativa, la enseñaba como una cosa que - de pronto - nosotros podríamos llegar a ser algo. Habíamos sufrido dos años de enseñanza muy exigente, pero absolutamente acartonada y separada de la creación. El cambio que fue para nuestra generación, quisiera trasmitirlo como la vivencia de un recuerdo que creo que tiene más fuerza - para no hablar demasiado, al menos - que toda una teoría sobre la necesidad de que los docentes de todos los niveles se formen a nivel universitario, entendiendo por nivel universitario no una determinada institución, sino la combinación de enseñanza, creación y uso socialmente creativo del conocimiento.
Es llamativo que cuando el Uruguay discute si crea o no una institución universitaria de educación, lo que aparezca en la prensa y lo que nuestro sistema político priorice, no sea el proyecto académico (parece que vamos a repetir un error reciente) y sea - en cambio - el marco institucional. Y cuando se habla del marco institucional, entonces - de manera muy esquemática - es la autonomía y el cogobierno lo que está en discusión. ¿Es una solución o es una maldición la autonomía y el cogobierno? Bueno, si es una maldición - como buena parte de la prensa lo dice - tendría que traducirse en los hechos, porque las maldiciones suelen tener impactos en la vida real de la gente. Nosotros - bajando la voz, para decirlo con toda calma - no pretendemos que la universidad autónoma y cogobernada sea mejor que ninguna otra institución del país. Muéstrenme alguna que sea mejor. Y lo digo con claridad y estoy dispuesto a comparar indicadores de todos los tipos. ¿Quiere decir eso que yo entiendo que la autonomía y el cogobierno son la solución o la bendición? ¡De ninguna manera! ¡De ninguna manera! La autonomía puede - y sobran los ejemplos en el mundo - ser la manera de que un grupo de gente se retraiga en su propia institución, se dedique a pagarse a sí mismo o a sus amigos altos salarios y hagan muy poco más por la educación pública. En cambio, cuando la autonomía está forjada en un contexto de discusión abierta, de responsabilidad entre los propios colectivos, pasan cosas de las cuales es mejor dar un ejemplo - de nuevo - que hacer una teoría.
La Universidad de la República tuvo un incremento para sus asalariados menor que el resto de la educación. No entro a discutir ahora y aquí si eso fue justificado o no. Por supuesto, yo creo que no lo fue. Pero no es eso lo que importa. Teníamos 4,1% para asignar como incremento a los docentes universitarios. Vamos a asignarle menos que eso. ¿Cómo? ¿Van a asignarle menos? ¿Qué pasó? ¿Se quisieron pelear contra los docentes? No. Los docentes universitarios organizados en su gremio - otra palabra que a veces suscita escozor, porque si no están organizados en su gremio cómo van a opinar como docentes, opinaría cada uno de ellos por separado -, el gremio docente universitario propuso que el incremento salarial fuera menos del que podría haber sido. ¿Por qué? Porque dijeron que habiéndose postergado otros rubros presupuestales que tienen que ver con la carrera docente, con la posibilidad de tener más docentes, de más dedicación, de mejor formación, querían reservar una suma para eso. ¡Para eso también sirve la autonomía y el cogobierno cuando se trabaja con vocación de servir al estado!
Nuestra problemática es sí - por cierto - ampliar la educación con calidad. Pero aquí - de nuevo - vamos a hacer alguna observación. Los rankings están de moda. ¡Pobre de aquel que no maneje un ranking y que no se desempeñe bien en él! Seguramente todos lo saben, pero por si alguno de los que están acá no lo tienen presente, déjenme decirles que una manera de subir en el ranking más connotado de los últimos tiempos en la prensa uruguaya, para la Universidad de la República sería simplísimo. Si echamos a las tres cuartas partes de nuestros estudiantes, inmediatamente subimos en el ranking. Porque uno de los indicadores es el cociente entre el número de docentes y el número de estudiantes. Si no nos da la plata para multiplicar por cuatro el número de docentes, dividamos por cuatro el número de estudiantes y el resultado es el mismo. Claro, Universidad de la República. Se tiene que preocupar por la república entera, ¿no? No sólo por los que están adentro, sino por los que están afuera.
Entonces, en esa perspectiva de calidad - pero con compromiso social - nos hace falta construir un sistema a todos los niveles, desde una estrecha colaboración. Una colaboración que no signifique estarnos peleando por los docentes sino al contario: estar peleando porque los distintos equipos colaboren entre sí. ¡Ojalá avancemos en esa dirección! Al Uruguay le falta una política de nación para la educación. Una política que involucre - por supuesto - a los partidos y al gobierno. Muchas veces desde una autonomía entendida como “autarquía” se ha querido marginar del debate educativo a los partidos políticos y al gobierno. ¡Qué insensatez! Pero al mismo tiempo - y a la inversa - una política de nación, donde el sistema educativo y sus protagonistas colectivos no puedan estar ausentes. ¿O alguien piensa que va a mejorar la calidad de la educación nacional indisponiéndose - a priori - con los docentes, con sus organizaciones, con sus maneras de actuar individual y colectivamente?
En fin, ojalá esta obra - a cuyos autores, en nombre de la Universidad de la República felicitamos calurosamente - ayude a lo que necesitamos: defender, mejorar - creo que estaba en el título, también a la educación pública - pero sobre todo, transformarla. Tenemos un deber. Estamos viviendo de las glorias del pasado, en materia de educación pública. Tenemos que defender esas glorias del pasado. Tenemos que defender la democracia educativa que en muchos lados hemos logrado construir. Tenemos que mejorar la educación y - para eso - tenemos que transformarla. ¡Ojalá este libro sea una referencia para eso!.
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