Con un uruguayista, Juan Manuel Tenuta
Entrevista

El pasado 5 de noviembre a los 89 años, murió en Buenos Aires el actor uruguayo Juan Manuel Tenuta. Tenuta tuvo una larga y destacada carrera en cine, teatro y televisión. Fue uno de los fundadores del teatro El Galpón, donde actuó en innumerables obras. En cine será recordado, entre otras trabajos, por Esperando la carroza, donde interpretó a Sergio Musicardi; también estuvo con Marcello Mastroianni en De eso no se habla; en La noche de los lápices y en Camila. En televisión participó en ciclos como Los simuladores y De carne somos. Sus restos fueron cremados en el Cementerio de la Chacarita, quedando una parte de la cenizas en el panteón de actores y otra siendo traslado por colegas uruguayos a Montevideo, tal como informó la Asociación Argentina de Actores. Hace algunos años periodistas de La ONDA digital mantuvieron con este entrañable “uruguayista” el siguiente diálogo en su departamento de Buenos Aires.

- ¿Ya son muchos años fuera del Uruguay?
- Sí, si muchos.

- La profesión le ha permitido “recorrer” América y el mundo
Si, afortunadamente, sí. Recorrí América y Europa...

- ¿El pasaporte el cine, las telenovelas?
- Sí. En realidad, la imagen mía recorre Europa y América, a través de las pantallas de las obras, de las telenovelas y el cine que hacemos aquí. Estados Unidos, Turquía, Bulgaria, España, Italia. Es impresionante como la televisión exporta esos productos a muchísimos países del mundo y tienen un gran éxito. Por esa razón, a veces nosotros viajamos también a presentar esas obras y vemos la receptividad que tienen. Y la gente nos conoce en todas esos lugares del mundo en donde andamos, es como si estuviéramos viviendo aquí, en Buenos Aires. Este fenómeno me sorprende y nos hace muy felices, también. Pero sobre todo es sorpresa. Porque a veces - y lo conté en algún reportaje anterior - un paisano de Fray Bentos - como yo quiero ser y soy - de repente estoy caminando por alguna ciudad del mundo y me piden fotografiarse conmigo. Es muy extrañísimo que eso pase y a la vez más maravilloso el fenómeno de la televisión.

- ¿Pero siempre con su corazón en el Uruguay, en Fray Bentos?
- ¡Ah, sí, sí! Usted sabe que yo, varias veces - y no solamente acá, en Buenos Aires - me preguntan: “¿dónde nació usted?”. Y yo antes de decir uruguayo, me daba vergüenza y decía: “yo soy de Fray Bentos”. Como a veces digo, también, que soy de mi mamá - digamos -, porque de ella creo que recibo todo el amor, la solidaridad, la comprensión. Todas las cosas que - yo creo - son los valores esenciales del hombre, que pretendo tenerlos presentes permanentemente y para actuar en la vida, no solamente en el teatro, sino en mis relaciones sociales y de convivencia. Todo eso lo aprendí de mi madre y en Fray Bentos. Y bueno, todo lo que me ha dado el Uruguay de lo cual no me puedo desprender y no quiero - tampoco - desprenderme del Uruguay.

Siempre vivo pendiente del Uruguay, de toda su problemática, estoy al día con su teatro, con su cultura, con su pintura, con la novelística y con todos los conflictos sociales del pueblo trabajador, de la clase obrera y de todas las instancias del pueblo uruguayo, que me conmueven profundamente. Yo me debo al Uruguay, también. Hemos sido - mi familia y yo - muy bien recibidos acá, en la Argentina, con los brazos abiertos y en momento muy difíciles en los que hemos venido acá, escapando de muchas cosas terribles de la dictadura uruguaya y no tengo nada más que palabras de agradecimiento por cómo nos han recibido los argentinos. ¡No hemos tenido ningún tipo de discriminación! Todo lo contrario. Y eso me hace muy feliz rescatarlo y destacarlo.

- Ahora, usted pertenece a una generación de la cultura uruguaya que creó muchas cosas, entre ellas, el teatro “El Galpón”. ¿Cómo empezó esa iniciativa?
- Bueno, es una maravilla esta pregunta, porque yo creo que hay que - en este momento, sobre todo, de la vida uruguaya - habría que estar rescatando permanentemente la verdadera historia. La fundación de “El Galpón” se produce en 1949 y se da como consecuencia del desarrollo que en el 37 o 38 nace el teatro independiente, a instancias de muchos acontecimientos y de muchas cosas. El teatro independiente uruguayo nace, realmente, en defensa de la revolución española, por ejemplo y también de instancias del “Teatro del Pueblo” de aquí, de Buenos Aires, que toma de Romain Rolland sus principios fundamentales. Y allí se forma el teatro independiente en general, con el “Teatro del Pueblo”, con la “Isla de los Niños” y otros movimientos teatrales. También estaban los elencos filodramáticos desde la década del 20 en el Uruguay, que van formando una comunidad de actores, de directores y crean un público, muy chico, desde luego. Entonces en el año 49 nos reunimos gente de la “Isla de los Niños” y del “Teatro del Pueblo”, donde estaba yo. Yo venía de tres años de actividad y de trabajo en Chile con el “Teatro Experimental” de Chile y nosotros tomamos de ellos también muchísimas cosas y las volcamos a esta idea que nace en el “Ateneo” y en otros lugares en Montevideo y fundamos “El Galpón”.

- ¿Todas esas experiencia terminan condensándose en el Galpón?
- Desde luego se crea “El Galpón”- ¡y con qué orgullo lo digo!, siempre me gusta pasar por allí y abrazar a todos mis compañeros. Los fundadores de la Institución Teatral “El Galpón” nace a raíz de un desencuentro entre el “Teatro del Pueblo” y “La Isla”, de uno y otro lado, nos separamos. Unos se van al “Teatro del Pueblo” - propiamente se quedan con el nombre - y nosotros fundamos la Institución Teatral “El Galpón”. En ese momento está César Campodónico, Hugo Ulibe, Olga Cerviño, Blas Braidot - quien fue una pieza fundamental del teatro uruguayo y de “El Galpón” en particular -, Andrés Odizio, nuestro primer director, un hombre también muy importante en los comienzos -, Nora Picón, Chispa Pastorino - la señora de Ferruccio Musitelli -, Laurita Rodríguez. ¡Un grupo maravilloso de gente! Y en un momento muy particular de la vida del Uruguay, también. Cuando comenzamos nosotros edificamos el teatro en la calle Mercedes y Carlos Roxlo, en lo que era un barracón de Zunino. Y ahí hicimos la platea, los baños, los camarines, un escenario magnífico con luces, con todo y la Intendencia no nos daba el permiso de habilitación por razones políticas. Había toda una campaña y nos llegaron a decir: “el foco rojo de Mercedes y Carlos Roxlo”. Pero esto lo dician en forma totalmente equivocada - y esto es objetivo - porque fue una campaña orquestada en plena Guerra Fría, después de haber venido los sucesos del Trocadero, cuando la Cortina de Hierro, esa película. ¡Es muy apasionante!

- Pero la historia parece haberles dado la razon, salieron adelante…
- Salió adelante. Hasta que al final la prensa no nos daba mucha bolilla y me acuerdo que una de las primeras críticas que tuvimos fue una crítica de Antonio Larreta. Él sí se animó a apoyarnos, a ayudarnos y fue uno de los primeros críticos. Pero después vino Martínez Moreno, vino Mario Benedetti, los grandes.

- Las crónicas de la época dicen que la gente común ayudó a “El Galpón”.
Ah, sí, muchísimo. ¡Era impresionante! Los vecinos del barrio “El Cordón”, los obreros. Hablo en particular del Sindicato de Mecánicos, donde yo pertenecía. Yo trabajaba en el Automóvil Club del Uruguay.

- ¿O sea que compartía la vida del teatro con otra actividad?
- Sí, sí. Yo era el delegado del Consejo de Salarios del Grupo 18 - durante muchos años - del grupo de mecánicos. Y después hicimos la unidad con el SUIM, APTA y SUIM. Nos unimos en la calle Gral. Flores y fundamos el UNTMRA, que es uno de los grandes sindicatos uruguayos con una larguísima y maravillosa historia. Allí ellos también, que no eran espectadores de teatro, pero sí comprendían la importancia que tenía el teatro en la vida cultural del Uruguay, ayudaron en múltiples oportunidades. Porque “El Galpón” siempre fue un teatro que estuvo pendiente de lo que pasaba en el país y en Montevideo, en particular, y en el Interior, adonde íbamos mucho, también. Tenemos muchas anécdotas en varias ciudades uruguayas de cómo “El Galpón” participaba cuando había una huelga, cuando se necesitaba aportar comida para determinadas familias en los barrios. Nosotros teníamos una gran actividad de títeres y, a través del títere, expresábamos cosas que pasaban en la vida social, sindical y política del Uruguay y siempre al lado de la gente que estaba luchando por sus reivindicaciones.

- Eran actores y una institución sensibles a la situación social, ya que no se quedaban en el esenario solamente, ¿no?
- Claro. Eso yo creo que hay que rescatarlo como uno de los países - diría yo - en donde el actor nace y se desarrolla por necesidades ideológicas, también. A diferencia de otros países - es una profesión maravillosa la del actor y yo, a mi edad, la recomiendo por haber transitado toda la vida en esta profesión - en donde uno se dedica exclusivamente al teatro y muchas veces no se detenía en la ideología de determinada obra, sino que le gustaba expresarse (cosa muy respetable, también, no estoy haciendo una crítica), pero la diferencia con el actor uruguayo es que siempre se elegía obras que sirvieran al desarrollo armonioso de la sociedad. Una sociedad que había que cambiarla, en la que había muchas injusticias, problemas no resueltos, donde el teatro era una especie de apéndice de la escuela, de la secundaria, de la universidad. Lamentablemente, la Universidad uruguaya nunca tuvo los medios económicos suficientes como en otros países, como en Costa Rica, como en Chile, como en tantos países, donde las universidades tienen siempre su teatro también, como una continuidad, como una extensión cultural.

- Tenuta tengo entendido que otras personalidades entre ellas Atahualpa Del Cioppo se sumaron al Galpón?

- Si, claro. Atahualpa es un hombre maravilloso. Yo me emociono mucho cuando hablo de Atahualpa porque me siento un poco fruto de él, él fue nuestro gran maestro. Un maestro uruguayo y para todo el mundo. Sé de grandes personalidades mundiales, sé de las conversaciones de Vitorio Gassman con él y cómo esto conmovió a la intelectualidad italiana en su exilio. Su vida en México. Atahualpa viene al “El Galpón” en el año 54. Nosotros traemos de Chile “Así en la tierra como en el cielo”, la obra de Fritz Hochwalder, una obra que yo vi representar allá, en Chile, por la Universidad Católica de Chile y que me pareció muy buena y la traemos al teatro “El Galpón”. Atahualpa ya era una personalidad importantísima del teatro uruguayo, era el creador de “La Isla de los Niños”, la que después se transformó en “La Isla”. Los “grandes” de “La Isla de los Niños” se unieron con la gente de “Teatro del Pueblo” y por eso habíamos dicho que hizo “El Galpón”. Entonces, Atahualpa estaba de presidente del Instituto Uruguayo Soviético y nosotros hicimos gestiones con Braidot y con otra gente para que pudiera dejar esa función y viniera a dirigirnos. El único director que teníamos nosotros era Andrés Odizio. Luego también dirigió una obra de un argelino - Emmanuel Robles Monserrat Por entonces nosotros teníamos una falencia muy grande. No teníamos una persona importante desde el punto de vista intelectual y de todo tipo, socialmente, como lo era Atahualpa. Entonces pudimos “rescatarlo” y lo trajimos a “El Galpón”. Y ahí empieza su carrera y le da una impronta fantástica que trasciende - no solamente el Uruguay - sino toda América. Para mí “El Galpón” y Atahualpa, son dos cosas que van paralelas. El gran desarrollo de toda su labor, de toda su maestría, los títulos maravillosos que hizo y que están en el recuerdo de la gente uruguaya: “Las Tres Hermanas”, “El Círculo de Tiza”, “Si os parece”. En fin, las grandes obras que hizo Atahualpa, que le dio la firma, la marca y el gran prestigio que tuvo y que tiene “El Galpón” se lo debemos nosotros - en gran parte - a Atahualpa Del Cioppo, fue un hombre maravilloso que nos iluminaba.

- Hoy luego de tantas nuevas vivencias importantes que a vivido y los cambios en el mundo. ¿usted piensa que esa es una referencia básica y valiosa?
- Si, claro. Yo creo que sí. Y creo que todavía y seguirán estando vivas todas esas enseñanzas que vienen de Atahualpa y de una generación maravillosa. Nosotros venimos de toda una generación de periodistas, de escritores, de novelistas, de la gente de la cultura uruguaya a la que también habría que recurrir permanentemente para saber que nosotros venimos de ellos y que vendrá también un relevo de nosotros. Va a venir un relevo y va a venir de los Benedetti, de los Galeano. En la política - sin ninguna mezquindad - debemos valorar también la política uruguaya y verla inserta en el complejo mundo latinoamericano también. En el Uruguay - el político también - se destaca enormemente. Esto sin caer en chauvinismo ni nada. Como viene el nacimiento en el fortalecimiento de una democracia liberal - pongámosle ese nombre - y cómo se diferenciaba de las dictaduras permanentes, no solamente de América Central sino de la propia América del Sur. Y cómo el teatro también.

En el teatro uruguayo no había ni revistas pornográficas, ni siquiera revistas. Era un teatro siempre austero, siempre fue un teatro de ideas, un teatro de ideologías, un teatro de arte. Será porque nosotros - los actores - vivíamos para el teatro, pero no vivíamos del teatro y expresábamos allí nuestras ideas que reteníamos de toda esa cultura uruguaya que nos empapaba y que nos había formado y que nosotros tratábamos de mantenerla al día. Ya hablé de los críticos uruguayos y cómo el teatro uruguayo se formó junto con el periodismo uruguayo. No en balde, por ejemplo “Marcha”, nace junto con el teatro independiente y se desarrolla y crece. Y todos los maestros de la crítica, después: Benedetti, Ciro Scoseria, Don Melitón y todos los críticos que hemos tenido. Y los grandes actores. La creación de la “Comedia Nacional” en el año 47 en un país - y aquí hay una cosa también que no está totalmente estudiada y que no figura en el libro - por qué también nosotros formamos un público. Cuando Perón cierra las fronteras con Uruguay y no permite que compañías argentinas vayan al Uruguay, el teatro “18 de Julio”, el “Solís”, la época de los Mesutti con el teatro “Artigas”, a donde venían permanentemente compañías argentinas, buenas y de las otras. Entonces, al no venir, el teatro independiente - creo yo - toma esas salas y toma ese público también. Siempre fuimos - tal vez - un teatro que no ha tenido gran humor (a pesar que hacíamos Comedia), sino que éramos un teatro austero y al servicio del desarrollo armonioso de la sociedad. Eso era lo que pretendíamos nosotros.

- Hacían los clásicos con impronta uruguaya y mantenían vínculos con otros países…
- Ah, si, si. Eso sin duda alguna. Era un teatro también ligado a otros países, sobre todo a la Argentina. Estábamos en permanente comunicación con el teatro de Chile, sobre todo. Teníamos muchísimos vínculos - nada menos que - con Pedro de la Barra, un gran hombre de teatro que fue nuestro gran amigo, nuestro gran compañero y muy querido. Nosotros teníamos vinculaciones permanentes. También con actrices extraordinarias, como Bélgica Castro, traída por nosotros a “El Galpón”. Vino Pedro Botto, que dirigió esa famosa obra “El Gentilhombre”. Y nosotros mandábamos a Atahualpa Del Cioppo a dirigir el “Teatro Experimental de Chile”, que después fue el TEUCH, de la Universidad de Chile. En fin, estábamos permanentemente viajando, creando, junto a la Sociedad Uruguaya de Actores, también y manteniendo las comunicaciones latinoamericanas, fundamentalmente. Estábamos muy relacionados con los Teatros de Amadores de Brasil de San Pablo, Río de Janeiro, con los que teníamos una comunicación muy fluida. También con los peruanos. Con los paraguayos lamentablemente no. Ahora, por suerte, hay una vinculación muy interesante uruguaya-paraguaya, que habría que desarrollar más. Y estábamos en permanente comunicación con los grandes autores españoles, también. Hay una cosa que era fruto de la época: tal vez fuimos un teatro muy cosmopolita y no le dimos la importancia que tendríamos que haberle dado al teatro nacional uruguayo.

Si bien es cierto que hacíamos autores uruguayos, creo que eso fue una falencia del teatro independiente uruguayo, no haber ahondado más con los autores nacionales. Acá nosotros recibimos la influencia de un gran actor y director argentino - creador de “Fray Mocho” - que fue Oscar Ferrigno. Y a raíz de otras conversaciones con él y de ver la actuación de los “Los Mochos” y todo, nosotros introdujimos en el teatro independiente uruguayo algunas cosas del auténtico popular, como fue el “Juan Moreira”, que lo llevamos a las canchas de futbol de Fray Bentos, de Maldonado, de Mercedes, de Paysandú, de Canelones. Lo hicimos en la Avda. Agraciada y 18 de Julio, con 30.000 o 40.000 personas, en la cancha de Liverpool, en Belvedere. Bueno, tenemos miles de anécdotas sobre esta experiencia maravillosa, que después - por razones económicas - no pudimos seguirla. Esto lo dirigió Atahualpa Del Cioppo, nada menos, “Juan Moreira”. El “Juan Moreira” de Atahualpa Del Cioppo, de Bogliaccini y de Ulibe - estuvo Campodónico, también, en el libro - fue un acontecimiento extraordinario del teatro uruguayo que quedó trunco. Estábamos con los payadores - con Carlitos Molina, nada menos - y se armaban unas guitarreadas andando a caballo. Eran 20 caballos en una cancha de fútbol. ¡Impresionante! Una experiencia inolvidable que no se pudo seguir. Pero seguimos haciendo teatro nacional, aunque no mucho. Y lo llevábamos a las ciudades del Interior, al igual que el gran movimiento de los títeres - de “El Galpón”, en particular - junto con otros compañeros. Y como los títeres relacionaban los congresos internacionales, nosotros - “El Galpón” y SUA - íbamos a congresos y estábamos permanentemente en la Federación Internacional de Actores. Una cosa que no se sabe es que - durante muchos años - el Uruguay fue vicepresidente de la Federación Internacional de Actores. ¡Eso era una maravilla! Y nosotros éramos vicepresidente.

- Generaciones de uruguayos que no sólo ganábamos campeonatos Mundiales de Futbol, sino también en la cultura teníamos una expresión más allá de fronteras
- Si, si. A mi me tocó - personalmente - representar al Uruguay (tuve ese honor) hasta en Samarcanda, en Uzbequistán y en los lugares más increíbles. Ir a Seminarios, ir a Congresos. Y esto se daba porque representábamos un movimiento que tenía una trascendencia universal, porque en una ciudad que - en aquel momento - teníamos 1 millón de habitantes, había 18 o 20 teatros. Usted tomaba la cartelera de cualquier diario de Montevideo un sábado a la noche y tenía a Moliere, a Shakespeare, a Florencio Sánchez. ¡Era impresionante! Y sigue siendo impresionante.

Yo creo que - y dicho también sin petulancia - es uno de los records mundiales. Porque - por ejemplo - a “Fuenteovejuna” la vieron 140.000 personas, es decir, el 14% de una población; “Galileo Galilei” de la Comedia Nacional pasó las 140.000 personas en el teatro “Solís”. Yo no creo que ni en Moscú, ni en Nueva York, ni en Londres ni en ningún país o ciudad importante del mundo, una obra de teatro la vea este porcentaje. Lo máximo que la podrá ver es el 2 o el 3%. ¡En Montevideo llegó a verla el 14% de su población! Yo creo que es un record mundial. Esas cosas increíbles que pasan sólo en el Uruguay. Y otra cosa que hay que rescatar: yo, por el tiempo y todo, ¡me gustaría decir tantas cosas! Porque he sido tan apasionado con mi país…

- A ver, a ver, alguna de ellas...
- Por ejemplo, rescatar la emoción. ¡Una ciudad entera sale en Montevideo a recibir a “El Galpón”! Este acontecimiento también es único. Un teatro uruguayo que se dedicó - en su exilio de ocho años - a defender, a luchar, a trabajar unidos con los nicaragüenses, con los guatemaltecos, con los mexicanos, con los españoles, defendiendo la democracia uruguaya contra la dictadura uruguaya, haciendo teatro, desde su escenario. Y no solamente en el escenario. La sede que tenía en México era un centro de expresión de todos los luchadores por la democracia, contra la dictadura chilena, contra las dictaduras de América Central, apoyando todo eso. ¡Y eso lo hizo un teatro uruguayo, desde el teatro! Entonces, esas cosas hay que estarlas recordando permanentemente o haciéndoselas conocer a gente que no las sabe. Y lamentablemente no las saben. Porque, entonces, querrían más a “El Galpón” y al teatro uruguayo. Por ejemplo ahora, yo rescato también los festivales que hacen los críticos uruguayos. Acá, en Buenos Aires, no hemos podido organizar un Festival Internacional.

- Y que han llegado teatros de todas partes del mundo.
De todas partes del mundo. El público uruguayo tiene el privilegio de ver a los griegos, viene Norteamérica… ¡Yo no sé todavía cómo han hecho estos maravillosos críticos uruguayos que tenemos, trayendo tantas compañías! Y muchas compañías ahora yo las he visto acá en Buenos Aires - como los húngaros, los suizos y otra gente - porque han venido al Uruguay. Entonces, somos el “paisito” que decíamos en la época del exilio, ¿no? Creo que hay que rescatarlo. Yo creo que estamos ahí, pero tendríamos que volver más, todavía. Y ver el Interior, también.

- Tenuta, usted ha tenido el privilegio de ser un actor de esa generación y también vivir estos nuevos tiempos. ¿Trae cambios eso en la personalidad de un actor?
- No. Yo - afortunadamente - creo que mi generación no ha cambiado en nada, porque no cambiaron las cosas malas que nosotros siempre habíamos visto y que queríamos modificarlas. Todavía existen.

- O sea que en lo ético, ustedes se mantienen…

- Ah, si, totalmente. Totalmente. Yo soy un hombre que me mantengo con mis ideales, con mis sueños, con mis utopías, desde los 15 años. No solamente las cosas que yo aprendí de mi madre - a quien admiro, respeto, amo profundamente, para mí sigue viviendo conmigo - sino todo lo que rescaté, lo que aprendí de toda la gente, de la clase obrera uruguaya, de la intelectualidad uruguaya, de esa fuente inagotable que fue el Uruguay, de sus grandes poetas, de sus pintores, de sus creadores, de los arquitectos. De esa vida que yo viví y que fue maravillosa, porque fue una vida de lucha. Fue una lucha entretenida. Nosotros, en aquella época, no teníamos que recurrir ni a la droga… Estábamos permanentemente en la calle. Teníamos muchas satisfacciones, incluso en el deporte.

Yo era un apasionado del futbol y - en aquella época - gritaba los goles en 1935, cuando ganamos el Campeonato Sudamericano en Lima. Yo anunciaba esa victoria un domingo maravilloso en Fray Bentos, de a caballo, porque la Intendencia había puesto parlantes en la plaza. Entonces, yo tenía un caballo cuando tenía 11 años y me iba al galope a los barrios a decir los goles que hicieron ese día. Iba anunciando - como un juglar - a todos los barrios qué estaba pasando en el partido de Santa Beatriz en Lima en 1935. Quiere decir que yo creo que nosotros todavía y hasta que no se modifique - y por lo que está pasando en el mundo, parece que todavía faltan muchos años - nosotros siempre tuvimos la utopía del socialismo, del hombre con su dignidad, la erradicación del hambre (siempre me conmovieron los niñitos hambrientos del Uruguay y de todo el mundo). Nosotros creíamos - y yo sigo creyendo - que tenemos una necesidad y una obligación como gente de la cultura, de estar luchando siempre por esas reivindicaciones, en el Uruguay en primer lugar, pero que se transfieran a todo el mundo. Creo que hay como atisbos y hay algunas modificaciones. El rechazo a estas “cabezas rapadas” de Alemania, este nacimiento de “neofascismo”, esta cosa que - realmente - me tiene totalmente preocupado, como a toda la gente bien pensante, creo yo. Y todas esas cosas por las cuales luchamos. Cuando dice Brecht: “El vientre que generó esa bestia, todavía está fecundo”, es cierto.

Ese vientre todavía está fecundo. Y nosotros tenemos que eliminar esas posibilidades, porque no va a haber posibilidades de desarrollo. La cultura es un elemento modificador, progresista, es un elemento que lleva a hacer comprender a la gente a través del pensamiento - de la profundización de su pensamiento - las cosas negativas y rescatar los valores esenciales que ella le dio: el amor, la comprensión, la tolerancia, el conocimiento, la aventura del hombre. Es que la felicidad es una cosa muy abstracta. Yo me siento feliz - creo - por estar pensando así, porque tengo mi vida y mi manera de ser. Estoy en calma y en estoy en paz. Pero estoy profundamente triste, también. No puedo decir que soy un hombre feliz, porque todavía no se han cumplido mis sueños ni mis utopías. Pero hasta el final de mis días las voy a mantener vivas. Yo estoy contra aquellos que dicen que a los 15 años pensás una cosa, a los 20 otra y a los 40 ya te entregaste. No.

Uno no se puede entregar a estos sistemas de vida que son negadores del alma humana. Estoy contra la corrupción. Estoy poniendo mi granito a favor de aquellos que luchan contra el Sida, contra el cólera, contra la meningitis. Estoy por la educación, estoy por la vida. Por todas esas cosas de las cuales me nutrí desde el Uruguay. Me acuerdo de las manifestaciones del año 36 y 37 en el Uruguay por la Revolución Española. ¡Yo conocí a Rafael Alberti! ¡Qué maravilla Alberti, que vive! Yo fui a un centro cultural intelectual de periodistas, escritores, actores, pintores y ahí vimos a todo el mundo. Yo compartí comidas con Nicolás Guillén, con Atahualpa Yupanki, con quien hacíamos giras al Interior, nosotros haciendo títeres y él cantando. Y todos luchando por las mejores cosas del hombre.

Yo le pido disculpas porque no puedo evitar emocionarme, porque me gusta y le agradezco que me hayan hecho esta nota. Pero me doy cuenta que no he sido muy coherente, porque me apasiono.

-¿Usted es un “uruguayista”?
Si, si, si. Yo soy “uruguayista”.

- ¿Tampoco se jubila?
- No, no. ¡Jubilarse, jamás! En Venezuela algunos muchachos y alguna gente me decían el “maestro”. Pero yo no soy maestro de nada, si ni siquiera soy actor. Yo me hice una tarjeta que decía: “Juan Manuel Tenuta - Alumno de Teatro”. Es decir, “alumno de teatro” es ser “alumno de la vida”. Oler la vida, quererla, amarla, charlarla, ver qué pasa con el vecino, qué pasa con la gente, tratar de alegrarme, de divertirme y llorar mucho. Yo soy muy llorón. Me emociono profundamente con las injusticias, con el hambre de la gente, con estas tormentas que ha habido y esa noche yo casi no dormía porque tengo como culpa. Me digo: “¿qué hago por la gente de las Villas Miseria, por la gente de los Cantegriles?”. Todo eso que hace a un probable o presunto actor.

Todos nosotros - en cada obra que damos - estamos dando un examen, también. Y yo pretendo que el actor sea un hombre culto, que yo no lo soy. Soy un hombre - tal vez - informado. Me hubiera gustado haber hecho universidad o algo, pero yo fui zapatero y, bueno, de todo, ¿no? Porque en el Uruguay hay otra cosa que rescatar: todos los actores eran “por amor al arte”. ¡Y era por amor al arte! Le dábamos nuestro descanso e - incluso, a veces - no dormíamos: “¿cuándo podemos ensayar? Y bueno, de la 1 hasta las 3 de la mañana”. Y a las 7 u 8 de la mañana ya tenía que estar en el Automóvil Club, o en la “Confitería Americana”, o en la “Casa Schiavo”, todos los lugares donde yo trabajaba. Yo fui hombre de teatro desde los 7 años y no paré y no voy a parar. Pero hombre de teatro. Todavía actor, pretendo serlo, pero soy alumno de teatro. Estoy deseando - algún día - ir a Fray Bentos, también, donde en ese teatro “Young” empecé mi vida.

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