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"El uevo mundo", libro del Senador Enrique Rubio
Perfil
“Es tan difícil imaginar el fin del capitalismo cuanto es difícil imaginar que el capitalismo no tenga fin”
El nuevo mundo, es un ensayo sobre las perspectivas de la crisis civilizatoria actual y sus alternativas desde el Sur. En los últimos veinte años hemos escrito cinco libros sobre cuestiones que tanto nos han acuciado: Utopía y Estrategia.
Democracia y Socialismo (1994), con Marcelo Pereira; La izquierda del futuro (1999); Saber y Poder. La cuestión democrática en la sociedad del conocimiento (2003); e Izquierdas y Derechas en la Mundialización (2007), y ahora queremos insistir con El Nuevo Mundo.
Energía y recursos naturales. Crisis del Norte y ascenso del Sur. Nuevas tecnologías y cambios culturales. Las realidades sociales y los desafíos civilizatorios (2013).
La información ha cambiado y los puntos de vista también, pero los problemas, en nuevos escalones, persisten. Espero que el lector sepa excusar las reiteraciones, a veces textuales. Tenemos la esperanza de contribuir en algo a la búsqueda de salidas. Sólo nos resta agradecer a quienes me han ayudado directamente: Juan Artola y Salvador Schelotto, y en el arduo trabajo de convertir el texto en legible, a Bárbara Rodríguez y Adriana Barros.
Introducción: muchas interrogantes En el presente texto2 propongo considerar, en primer lugar, tres grandes temas o líneas de transformación global presentes en el mundo contemporáneo, para luego ingresar en el debate ideológico, político y social acerca de la necesidad, la posibilidad y el camino para superar la crisis civilizatoria que identificamos, y fundaremos a lo largo de este ensayo.
Me planteo enfrentar la defección del pensamiento estratégico, y no practicar la prospectiva como mero ejercicio académico sino la política de largo aliento.
Las tres grandes líneas mencionadas comprenden a: 1.- La crisis en materia de recursos naturales no renovables, el ambiente, la seguridad alimentaria y la energía.
2.- El reordenamiento geopolítico del mapa mundial, fundado en la crisis del sistema capitalista central así como en el desarrollo de nuevas áreas y factores de poder, y su expresión en la gradual irrupción de un mundo multipolar.
3.- Los cambios culturales y las nuevas realidades sociales, apoyados en la tecnología y en las transformaciones económicas, principalmente en relación con la euforia de la sociedad de consumo, la hegemonía del capital ficticio y el auge del mundo virtual. Así como también advertir el desarrollo de una posible contracara, con base en el empuje de la sociedad del conocimiento y con eje en la educación, la investigación y la innovación.
En segundo lugar, se desarrolla una perspectiva ideológica de mediano plazo vinculada con diversas consideraciones sobre las corrientes políticas y los movimientos sociales, con la mira puesta en la superación de la crisis civilizatoria.
Esta apertura temática se explica por las preguntas que nos acucian y a las cuales queremos dar algún esbozo de respuesta:
¿Cuál es el nivel de gravedad de la situación ambiental?
¿Qué tendencias, en qué grado y tiempos pueden alterar positivamente la matriz energética mundial? ¿Se ganará esta carrera contra el tiempo? ¿Se podrá alterar el paradigma civilizatorio? ¿O el dominio de las finanzas sobre la economía y de ésta sobre la geopolítica nos dejará sin herramientas para el cambio global? ¿Qué consecuencias tendrá el modelo extractivista que se ha generalizado en gran parte de América Latina, África y otros lugares, en materia de recursos naturales y de perspectivas de desarrollo? ¿Qué contribución pueden aportar a la resolución de estos problemas humanos las políticas de investigación e innovación científica y tecnológica? ¿Qué tensiones se han creado como consecuencia del desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, y en particular en relación con la gobernabilidad de Internet? ¿Cómo impactan los cambios comunicacionales, en las sociedades y en la política? ¿El auge del mundo virtual, desde el consumismo a las redes y desde el ciberespacio a la financiarización, no han creado un efecto burbuja de altísima vulnerabilidad y al mismo tiempo introducido herramientas de cambio muy prometedoras? En otros términos, ¿Qué es y qué no es «burbuja», y en qué lugar se pueden desatar fuerzas contra hegemónicas? ¿Cuál es la profundidad y qué enseñanzas deja la crisis del capitalismo central? ¿Qué consecuencias producirá el nuevo ordenamiento geopolítico del mapa mundial, con el ascenso de los países emergentes y del Sur y el declive de los centrales y del Norte? ¿Qué perspectivas abren los cambios sociales que se están dando aceleradamente, como los que ocurren en el mundo laboral, en materia de migraciones o con el desarrollo de las clases medias, los movimientos de protesta de base étnica o cultural, o de género, o las manifestaciones de indignación frente a las políticas de ajuste en el capitalismo central?
Finalmente, ¿Cómo están encarando, y cómo pueden hacerlo, las políticas de izquierda estos problemas contemporáneos?
Está claro que las preguntas son muchas y que en materia de respuestas sólo es posible indicar algunas pistas.
Pero, ¿podemos prescindir de las miradas globales? En una situación de estabilidad y logros, esa omisión no sería grave. Pero las turbulencias que conmueven el mundo que ya vino demandan miradas y políticas globales a quienes nos consideramos de izquierda.
¡Claro que corremos el riesgo de equivocarnos! Pero, ¿quién no? Los avatares de la prospectiva resultan increíbles: ¿quiénes, cuántos, anticiparon el derrumbe de la dominación europea en Asia y África en menos de dos décadas durante la segunda posguerra mundial? ¿Quiénes, cuántos, previeron la implosión del socialismo real en Europa del Este y en la URSS, treinta años después, y en breve lapso de un par de años, si contamos desde la destrucción del Muro de Berlín hasta el desplome de la URSS? ¿Quiénes, cuántos, pronosticaron la mayor crisis del capitalismo central a partir de 2008? ¿Quiénes, cuántos, anunciaron el ascenso de China, de los países emergentes y del Sur en general, que han cambiado el equilibrio del mundo en los años recientes? La agenda democrática En nuestra mirada, las izquierdas tienen amplias posibilidades de desarrollarse a condición de que no pierdan las referencias de sus fuentes inspiradoras, desarrollen sus principales categorías de interpretación de la realidad, y sostengan sus objetivos históricos.
También a condición de que sepan incorporar lo nuevo, y comprender que la disputa principal se da en la dimensión cultural de lo social. En los períodos de importante turbulencia, como el que anticipamos, la lucha por las agendas constituye una de las claves más importantes.
Una agenda compartida es la clave para una movilización planetaria y a su vez localizada. Quizás hallemos la explicación a tanta dificultad para encontrarla en las asimetrías en los puntos de partida; los foros de estos últimos veinte años son bastante ilustrativos de esta realidad. Podríamos agregar, con base en nuestra propia experiencia, y con el propósito de contribuir a una agenda para repensar y profundizar la democracia: Primero, que es necesario refocalizarse en el desarrollo sustentable. Es preciso superar la fijación económica de la izquierda tradicional, y al mismo tiempo combatir la hegemonía ideológica del consumismo, el extractivismo y el incrementalismo económico a cualquier precio. Nos aproximamos rápidamente a los límites físicos del planeta, y sólo habrá posibilidad de encontrar salidas si logramos generar políticas públicas que promuevan el ahorro de recursos y que acudan a tecnologías fundadas en la desmaterialización. Hablamos del relevo del consumismo y la opulencia, hablamos de construir caminos que puedan reconciliarnos con la madre naturaleza.
Segundo, que importa defender la idea de solidaridad y de protección social en sociedades de baja cohesión, fragmentadas, excluyentes, y en las que gravitan las redes y los circuitos criminales.
Debemos acentuar las responsabilidades intergeneracionales. Así como en la distribución primaria del ingreso y en la economía social, con El nuevo mundo base en el trabajo autónomo y en la cooperación como prioridades del estado social. Resulta crucial profundizar la democracia y la diversidad en todas las relaciones sociales. Así como potenciar «la izquierda de los derechos» civiles, políticos, económicos, sociales, medioambientales y culturales, en tanto que Derechos Humanos. En particular, los derechos de los trabajadores y de todas las identidades no reconocidas, de género y otras, los derechos al acceso a la esfera pública, al patrimonio colectivo y a los bienes públicos, y los derechos a preservar la esfera privada. Es clave expandir los derechos de los ciudadanos para incentivar a los que se sienten o perciben como «no ciudadanos» a integrarse.
Tercero, que importa terminar con el espíritu anti-estatal y diferenciarlo del anti-burocrático; combatir la burocracia y fundamentalmente impulsar las formas realistas y efectivas de democracia directa e interactiva. Sin olvidar que, para transformar el Estado, se debe operar desde el gobierno, pero siempre se debe actuar desde la sociedad y con su mirada. El Estado como productor eficiente de bienes públicos, y como generador de espacios de participación y control, se encuentra cuestionado. Sólo en la práctica, con políticas públicas adecuadas, es posible superar este cuestionamiento.
Cuarto, que es vital, en última instancia, promover el postmaterialismo en el campo de los valores y las prácticas sociales, no sólo como una cuestión ética sino también una opción civilizatoria, apoyándonos en la mejor historia del humanismo social que la izquierda ha sabido cultivar.
Pero no basta con una buena agenda para inducir la movilización planetaria. Porque, si prima la lógica de la ganancia y de sus actores centrales, las transnacionales financieras, productivas y comunicacionales, al costo de jaquear las bases naturales de la civilización contemporánea; si el poder político carece de la pujanza imprescindible para equilibrar a las fuerzas que controlan la economía y para gobernar a la globalización, incluso cuando y donde gravitan más las orientaciones progresistas; si las expresiones de la sociedad civil se limitan a la irrupción de protestas tan multitudinarias como puntuales, no se podrá torcer la hoja de ruta que siguen los actores dominantes.
Para lograrlo es preciso y urgente articular estrategias democráticas de poder que disputen realmente con el sistema establecido. Y ello sólo puede lograrse con el desarrollo de movimientos sociales, culturales y políticos con esa visión y con vocación de resistencia, permanencia y acción colectiva.
Esas estrategias democráticas resultarán exitosas si tienen la capacidad para aunar la claridad y el realismo en los objetivos y en las alianzas posibles, con una impronta alternativa animada de una buena dosis de indignación.
En última instancia, el antagonismo entre el capitalismo y la democracia atravesará las luchas del mundo que vendrá y deslindará los campos. Izquierdas y derechas se definirán, precisamente, por sus opciones básicas en el conflicto social.
No busquemos atajos o alternativas que no son tales. La utopía democrática es el horizonte y la profundización democrática el camino.
LA ONDA® DIGITAL
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