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Duelo mundial: Mandela, el luchador por la libertad, ha muerto
Por Eduardo Vaz*
AQUÍ: EL SIGLO DE MANDELA /JOSELO OLASCUAGA
La muerte de Nelson Mandela deja una sensación de vacío en el mundo. No fue, únicamente, el padre la Sudáfrica democrática y libre, sino uno de los líderes políticos más queridos que legó el siglo XX en todo el mundo.
¿A qué se debe ese fenómeno que no ha parado de crecer a lo largo de su vida y, seguramente, continuará ya como mito indestructible?
Estamos ante un luchador por la libertad, como él se definió en su autobiografía "El largo camio hacia la libertad". Reducir a Mandela al líder de un pueblo oprimido que sufrió una de las peores humillaciones del siglo XX, el apartheid, es ver una parte de su legado.
Sin dudas, no es concebible la Sudáfrica actual sin su papel como organizador y estratega del Congreso Nacional Africano (CNA), sus 27 años de prisión, su capacidad negociadora con los blancos, su empecinada voluntad de construir una república democrática para todos, su consecuencia no racista y su compromiso inquebrantable con el pueblo.
Pero esto mismo lo transformó en una figura de repercusión mundial. Junto a la caída de las últimas colonias portuguesas y los procesos de liberación nacional que sacudieron África de punta a punta, el proceso sudafricano fue punto de inflexión de la historia del continente. Tanto por su importancia económica, política y militar, como por su potente discurso, Madiba fue voz y conciencia de los oprimidos, revolucionarios y luchadores por la libertad y la democracia en todo el mundo y no solo de los negros que encontraron en su figura al líder de toda una raza.
Estudiar la vida de Mandela es un ejercicio que todo militante y activista político que se identifique con un luchador por la libertad, debería proponerse. Desde sus primeros pasos en su aldea natal, las tradiciones y formas culturales de su tribu a la gran ciudad de Johannesburgo para descubrir la opresión capitalista y, especialmente, el racismo con su rostro más despiadado.
Las necesidades económicas, sus estudios de abogacía y su proceso de toma de conciencia, hasta su ascenso en el CNA como parte de la juventud renovadora y radical que sacudió la organización con un nuevo programa y otra disposición al combate, son elementos trascendentes para entender aquella historia y su papel.
Junto a su entrañable compañero Oliver Tambo fundaron el primer estudio jurídico para negros en el país y, mientras pudieron, defendieron a gente sin recursos y sin ninguna otra esperanza que sus comparecencias ante aquel sistema judicial perverso.
La lucha política luego de la Segunda Guerra fue cada día más dura en el país y el gobernante Partido Nacional fue avanzando en el sistema del apartheid con la consiguiente pérdida de espacios legales para las organizaciones que se le oponían, desatando una creciente represión que obligó al CNA a adoptar otras formas de lucha clandestina y armada.
Fue Mandela el creador de su brazo armado, “Umkhonto we Sizwe” (Lanza de la nación); en pocos meses se transformó de abogado en comandante, estudió estrategia y táctica militar, aprendió sobre guerra de guerrillas e ideó un plan acabado para enfrentar en este plano al principal ejército del continente.
En su último juicio en 1964, fue, nuevamente, el abogado Mandela quien realizó su propia defensa demostrando tanto jurídica como éticamente, la invalidez de las acusaciones y la perfidia del régimen: "Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática, en que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal por el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir". Así cerró su célebre alegato en el juicio de Rivonia.
Luego serían los 27 años de cárcel, más de 18 en Robben Island, una isla donde las condiciones eran inhumanas para todos, pero especialmente para los negros: menos comida -les negaban el pan pues no era parte de su dieta, por ejemplo-, pantalones cortos -los racistas les decían "boy" a todos los negros en forma despectiva no solo en la prisión-, celdas aisladas, individuales, trabajos forzados donde era realidad el picar piedra y un sinfín de vejaciones que cualquiera que conozca algo de cárceles sabe que los guardias formados en el odio y con cierta libertad de acción, son capaces de transformar en verdaderos infiernos.
Aun allí, Mandela peleó por cada reivindicación, por cada sanción injusta, con cada atropello e insulto y fue el referente de todos los presos, incluso de otras organizaciones políticas rivales de la suya y de los comunes que alojaban en otras alas del penal. Con los años, no hubo director que no tuviera que discutir con él sobre los aspectos de la vida carcelaria y ceder ante la actitud inquebrantable de Mandela y sus compañeros.
Su traslado a la cárcel de Pollsmoor, en ciudad El Cabo, luego de más de 18 años en la isla, empezaba a marcar tenuemente, el camino de la liberación. Sin embargo, aun restarían 9 años para lograrla.
Si bien las condiciones mejoraron en varios aspectos, Mandela terminó siendo separado de sus camaradas y principales dirigentes del CNA para intentar presionarlo en soledad, generar suspicacias entre ellos y con la dirección exterior. Es apasionante y aleccionador conocer la actitud de Mandela para percibir las grietas en el sistema y buscar alternativas negociadas para ir saliendo de la situación.
Fue un largo proceso lleno de dificultades, donde las incomprensiones y desconfianzas eran tan o más duras en las propias tiendas que en las ajenas. ¿Se había debilitado luego de tantos años preso? ¿Habrían logrado los racistas doblegar al gran líder?
Su firmeza y claridad sobre la necesaria negociación para evitar la guerra civil total con un costo altísimo para todos, aislando a los intransigentes de ambos bandos, fue el factor decisivo para convencer a la dirección del CNA. Es de justicia decir del papel fundamental que jugaron figuras como Joe Slovo del PC sudafricano, Oliver Tambo en la dirección desde el exilio y otros prominentes dirigentes que estuvieron a la misma altura que su líder.
Una vez obtenida su libertad, el 11 de febrero de 1990, retoma la dirección de su partido y las negociaciones con el primer ministro blanco de Klerk para concretar el llamado a elecciones libres. Será electo presidente de la República de Sudáfrica en abril de 1994, cerrando una de las experiencias más terribles del siglo XX y abriendo la esperanza de un nuevo país.
Cuando tuvo todo el poder a nivel nacional y el respaldo internacional más amplio, decidió evitar la reelección y abandonar sus cargos, ejerciendo como líder espiritual de su pueblo. Evitó la venganza creando un modelo de comisión de la verdad donde se ventilaron muchas de las atrocidades cometidas por los racistas así como las propias violaciones a los ddhh cometidas por sus partidarios. No intervino para evitar el procesamiento de su esposa Winnie a quien acompañó durante todo el proceso, separándose de ella tiempo después.
Seguramente, el período de transición desde la última etapa de su prisión a la presidencia, es uno de los momentos cumbres de su acción política y su estatura como estadista. "Lo que hay que entender con toda claridad es que la lucha no ha terminado, y que las propias negociaciones forman parte de la misma. Están sometidas a triunfos y reveses como cualquier otra forma de lucha". Así explicaba a sus seguidores la fase en que se encontraban. Movilizó a todo el pueblo, viajó al exterior agradeciendo la solidaridad y pidiendo que se mantuvieran las sanciones al régimen racista, terminaron la lucha armada en todas sus variantes, organizaron un gigantesco partido de masas legal y lograron negociar la nueva república democrática, no racista, con el lema tan caro a ellos: un sudafricano, un voto.
Vendrían el Premio Nobel y reconocimientos de todas partes. Entre otros, vale recordar que la UdelaR, en 1988 con Mandela preso, lo distinguió con el título de Doctor Honoris Causa.
En diciembre de 2009, la ONU declaró el 18 de julio -día de su natalicio en 1918- como Día Mundial de Mandela, primera fecha del calendario internacional con nombre propio. Se celebra en Uruguay desde entonces, donde el colectivo de Ciudadanas y ciudadanos por el Día Mundial de Mandela, han promovido una iniciativa anual entre las que destacan el inauguración del Parque de los DDHH Nelson Mandela en la ciudad de Maldonado con apoyo de la comuna fernandina y la propuesta elevada a Primaria y al Parlamento para nominar una escuela pública con su nombre, aun no concretada.
Sudáfrica ha perdido al Padre de la Nación; el mundo pierde al ciudadano más ilustre y querido - - - - - - - -
MAS SOBRE MANDELA; "El largo camino hacia la libertad"
- - - - - - - *Eduardo Vaz (integrante de la red Proyecto Miramar)
Fotos: El martes 6 de agosto (2013), en Maldonado, con la presencia del intendente, Óscar De los Santos acompañado por Juan Raúl Ferreira, Presidente de la INDDHH; y el Colectivo Ciudadanas y Ciudadanos por el Día Mundial de Mandela, se colocó la placa definitiva que denomina Parque de los Derechos Humanos "Nelson Mandela", al espacio que se encuentra en la intersección de las calles Cachimbas del Rey y Simón Bolívar de esa ciudad.
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