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¿Qué nos queda a los jóvenes?
Por Juan Andrés Pardo*
Suele decirse comúnmente que el Uruguay es “un país de viejos”. Sin embargo, el promedio de edad de nuestra población[1] es de 31 años, por lo que si nos guiamos por los números, la realidad indica que no es aplicable tal dicho.
En lo personal, creo que esa visión de vejez a la cual nos vemos ligados, deviene de un concepto idiosincrático elaborado por nosotros mismos, sin distinción de grupo etario. Esto es, más allá de la cantidad de habitantes por edad, existe un espíritu conservador que atañe a gran parte de los uruguayos, incluidos los jóvenes.
Hace unas décadas atrás, la generación de nuestros viejos luchaba por una sociedad más justa en un contexto de bipolaridad ideológica donde se creía en revoluciones o se peleaba contra el autoritarismo, siempre con conciencia y convicción de principios como elementos claves para un futuro mejor.
En la actualidad, la cultura del vértigo y del “todo ya” pareciera estar por encima de los sueños colectivos, y a juzgar por lo que veo y las miles de discusiones que he tenido al respecto, el confort u la comodidad aparecen tristemente como objetivos a perseguir para muchas personas. En este contexto, como joven que soy, me agarra cierta angustia cuando escucho a mis amigos, colegas y gente de mi edad hablar, a decir de Benedetti, como “viejos prematuros”. ¿Cuántos somos los que realmente peleamos por utopías colectivas? ¿Cuáles son esas utopías y sueños?
Por lo general, las respuestas son materialistas y sin grandes perspectivas: “tener una casa”, “tener un laburo que de mucha plata” (no faltan aquí los que manifiestan como gran anhelo, obtener un empleo público), “tener un auto”, “tener una tablet”, u otras respuestas en el fondo carentes de real felicidad, donde la ambición y el individualismo, es moneda corriente.
No quiero ser injusto con quienes persiguen este tipo de objetivos. Todos los sueños y fines son respetables, pero me parece que nos está faltando bastante de compromiso social.
Vale mencionar también, que la dulce realidad económica que vive el país desde hace unos años ha generado un ambiente propicio para el surgimiento y consolidación de “nuevos uruguayos”, que en realidad son los mismos de siempre (pero con plata), entonces el capitalismo salvaje se ve retroalimentado por más y mejores consumidores que derrochan sus ganancias en una lógica de “tengo y compro”, donde más vale, el que más consume y del cual a muchas personas se les hace difícil mantenerse aislado.
Mientras tanto, el tiempo corre y el compromiso por el quehacer colectivo parece disminuir cada vez más. Aún en pleno auge de las redes sociales y el avance de las tecnologías de comunicación, la desconexión social aumenta y el “hacé la tuya” se naturaliza.
Como joven que soy, invito humildemente a quienes estén -y quienes no- dentro de mí grupo etario, a hacerse un tiempo para la reflexión, cuestionando al menos las preguntas filosóficas básicas:
¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde queremos ir?, cuestiones que de ser respondidas, nos enriquecerán espiritualmente y podrán ser útiles para la consecuente construcción de un futuro mejor para la sociedad.
“…sobre todo les queda hacer futuro a pesar de los ruines de pasado y los sabios granujas del presente.”
“Qué les queda a los jóvenes” Mario Benedetti
* Blog Hormigueando.com
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