“Marcas de la Resistencia” en
la casa del Dr. Amílcar Vasconcellos

Entrevista al Dr. Amílcar Vasconcellos (hijo)

Como viene sucediendo en las últimas semanas en varios lugares de Montevideo, hace pocas horas se colocaron las “Marcas de la Resistencia 1973-1985” frente lo que fuera el domicilio del dirigente Batllista y activo opositor a los militares golpistas de 1973, senador de la República Dr. Amílcar Vasconcellos, en la calle 18 de Julio. "Marcas de la Memoria", que trascienden los actos de resistencia, ya que buscan no solo que funcionen como una "marca-símbolo", sino también como una "marca-lugar" en la que se pueda "deconstruir y reconstruir la memoria colectiva" de estos momentos tan trágicos que vivió el país. La iniciativa votada por la Junta departamental de Montevideo viene siendo implementada por Intendencia de Montevideo (IM) y del Instituto y de la Asociación Memoria de la Resistencia 1973-1985. La ONDA digital conversó sobre este hecho con el Dr. Amílcar Vasconcellos (hijo).

- Como hijo de Amílcar Vasconcellos, como familiar, ¿qué significa este homenaje o este reconocimiento que ha hecho a partir de la Junta Departamental de Montevideo?
- Bueno, para mí - desde el punto de vista personal, familiar, como hijo - sabía que había habido una resolución de la Junta Departamental, pero me causó un impacto emocional verlo y - sobre todo - ver concretado aquí frente a mi casa, que como se sabe, antes fue su domicilio.

-¿Qué significación tiene para la sociedad uruguaya recordar a Vasconcellos, hoy?
- Bueno, acá me tengo que deslindar de mi calidad de hijo y de mis factores emocionales. Creo que el reconocimiento va hacia un hombre o una figura que había sido electo por un partido, pero creo que en ese momento trascendió las barreras partidarias para tener otro tipo de perspectiva desde el punto de vista nacional, republicano. Y el recuerdo es para una personalidad y una actitud de franca oposición al desborde militar, a los militares golpistas y después, de franca oposición a la dictadura que se instaló durante doce años en el país.

- ¿Cómo recuerda aquellos días de y como fue ver a Amílcar Vasconcellos participando y actuando?
- Yo tengo el recuerdo de algunas cosas, no de todas. Pero por ejemplo, en la alocución que se trasmitió el 1° de febrero de 1973, me llamó mucho la atención que él - que era un orador expediente y ducho - escribió su mensaje y lo leyó. Quiere decir que evaluó y calculó exactamente lo que quería decir.

- ¿Ese mensaje fue en el parlamento?
- No, fue a través de Radio Carve. El 1° de febrero, el parlamento estaba en receso. Lo grabaron acá - en el comedor de mi casa - y fue irradiado en la noche. Y, por supuesto, hubo un gran revuelo. Hubo una carta del entonces presidente Juan María Bordaberry y luego, la Junta de Comandantes (no integrada del todo, sólo con la firma del ejército y la fuerza aérea, porque la marina no suscribió el comunicado), hizo lo que llamaron un “complemento” de la contestación de Bordaberry, que eran una serie de críticas y unos cuantos agravios. Pero, fundamentalmente, lo que quiero destacar de lo que más se agraviaban, era que estaba acusando a los mandos desbordados de estar preparando un golpe de estado, lo que después los hechos vienen a confirmar como una verdad histórica insoslayable.

- La historia le dio la razón.
- Yo creo que sí. Lo del 27 de junio ya fue la segunda etapa y bueno, vinieron del parlamento. (Yo oí la sesión por radio, cosa que en esa época no era muy frecuente y tenían que tener autorizaciones especiales. Pero ese día no hubo autorización ninguna y la trasmitieron igual). Llegaron a mi casa como a las dos o dos y media de la mañana y había una serie de amigos que lo acompañaban y se quedaron acá, con él, toda la noche pensando que lo podían detener. Y él mismo pensaba que lo podían detener, porque me había encomendado a mi - y supongo que a alguno más: “Cuando me detengan, tu llamas a Justino Jiménez de Aréchaga que yo ya le dejé todo lo que le tengo que dejar y que él va a ser mi abogado”.

- ¿Cuáles serían las dos o tres ideas fuertes que hoy los jóvenes - y la propia sociedad uruguaya - debieran conocer y atender del ideario de Vasconcellos?
- Si nos situamos en ese momento, es una afirmación, una defensa del sistema republicano democrático y de las libertades públicas. También en su trayectoria ha habido otras actividades y otras propuestas - sobre todo siguiendo un lineamiento histórico de origen batllista - como una acendrada defensa de lo que podría llamarse la “justicia social” y manejar los temas del país dentro de una independencia frente a los grandes poderes externos y, sobre todo, a los grandes poderes financieros externos.

-¿Vasconcellos era batllista o colorado
?
- Yo creo que las dos cosas. Pero fundamentalmente estaba afincado en el ideario batllista y empezó su militancia contra la dictadura de Terra en la agrupación batllista “Avanzar”, que fuera fundada por Julio César Grauert.

- Grauert, que fue asesinado por esa dictadura, ¿no?
- Si, si, exactamente. Ahí en la carretera viniendo de Minas, cerca de Pando.

- O sea que, ¿se había iniciado en la política ya marcado por la lucha por la libertad?
- Si, exactamente. Después tuvo una importante militancia en la época de la guerra - sobre todo en las gremiales estudiantiles - para que el Uruguay saliera de una política - en determinado momento - de cierta neutralidad y tomara una participación más activa a favor de los aliados.

¿Fue parlamentario y ministro en varias oportunidades?

Fue electo en el 50. Fue diputado del 50 al 58. En el último gobierno batllista de Luis Batlle Berres ocupó cuatro ministerios distintos: Hacienda, Ganadería, Industria y Defensa Nacional. Y después, en el 62, fue electo Consejero Nacional, ya había hecho unas suplencias en el Consejo Nacional de Gobierno, antes. Con la reforma del 66 fue electo senador y estuvo unos 100 días en el Ministerio de Hacienda, con el equipo que conformaba con el Cr. Faroppa, cuando resolvieron no seguir las directivas del Fondo Monetario Internacional, tema que duró por poco tiempo, pero que fue un planteo al cual yo me refería de la independencia frente a los grandes poderes financieros. Y luego es reelecto senador en el 71 y, bueno, culmina con esto que estábamos hablando del 73, cuando se disuelve el parlamento.

-¿Qué pasó luego de junio de 1973 cuando el Golpe de Estado?
Bueno, cuando están proscriptos, se crean las “autoridades de emergencia”. El Partido Nacional tiene un Triunvirato, que es: Mario Heber, Ortiz y Carlos Julio Pereyra. Y el Partido Colorado crea otro Triunvirato, que es: Jorge Batlle, Raumar Jude y mi padre.

- ¿Eran algo así como las autoridades públicas de los partidos?
- Públicas pero provisorias, pero a su vez proscriptas por la dictadura. Fue una manera de tener interlocutores y de poder organizar las actividades. Sobre todo, después fue todo eso encaminándose hacia el plebiscito del 80.

- ¿Cómo vio él lo del 80? Lo del plebiscito y el propio acto del 83?
- En el acto estaba presente, como hace pocos días lo destacaron por varios lados. Pero en el plebiscito del 80 era necesario derrotar el proyecto autoritario que presentaban quienes querían la continuidad y por eso fue la inclinación por el “NO”. Porque la Constitución era una Constitución de corte autoritario, una manera de legalizar la dictadura, con la particularidad que quienes defendían la Constitución, decían que había que aprobarla para que se fueran. Nadie defendía frontalmente la Constitución.

- Ahora, desde un punto más íntimo, más subjetivo, ¿cómo vivió él esos momentos, tanto los del 80 como del 83?
- El 80 era algo como que se venía venir, pero nadie creía que sucediera. Hasta que sucedió. Porque, prácticamente, las actividades que se hicieron por el “NO” eran muy pocas, muy restringidas, no se podía hacer casi publicidad. Hubo un acto que hizo el Partido Colorado en el Cine “Cordón”, otro que hizo el Partido Nacional en el Cine “Cordón” y algunas actividades en el Interior. Pero era todo muy limitado y no se podía acceder a los medios de comunicación, en tanto la propaganda a favor del proyecto era una propaganda abundante, estridente. Y después lo del 83, ya el régimen había estado un poco más cercano a la transición, empezando un camino de transición. Aunque también ahí hubo cosas muy duras y me refiero, particularmente, a lo que pasó con Roslik y algunas otras represiones. Pero ya - con el acto del 83 - la comunidad de los partidos políticos y de las fuerzas sociales en algunos puntos comunes, estaban indicando que el régimen ya no tenía sustento social y que iba a tener corta vida y que iba a tener que buscar alguna alternativa de salida, o de negociación o lo que fuera.

-¿Y se lo veía contento en aquellos días?
-Sí, si, muy contento. El 83 fue muy importante. Pero en el 80, derrotar a una dictadura en un plebiscito en las urnas, no es una cosa sencilla.

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