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Una anécdota con Fidel Castro
La baja sistemática de la mortalidad infantil en Cuba
Por NikoSchvarz*
La tasa de mortalidad infantil es uno de los índices fundamentales para conocer el estado de la salud pública en un país, la eficiencia y la extensión (o no) de los servicios de salud brindados al conjunto de la población. En este sentido, el bajo valor absoluto y el descenso sistemático de la tasa de mortalidad infantil en Cuba es un fiel reflejo del elevado nivel de sus servicios de salud pública, extendidos en forma gratuita a toda la población. Es ésta una de las conquistas fundamentales y una señal de la vitalidad de la revolución cubana, que se ha mantenido en alto y que se perfecciona, a pesar de los ataques permanentes de sucesivos gobiernos de Estados Unidos y del bloqueo a la isla que éstos mantienen desde hace más de medio siglo. El bloqueo afecta de manera específica los servicios de salud, impidiendo la llegada a Cuba de suministros esenciales y medicamentos específicos, como lo ha denunciado permanentemente el gobierno cubano con el apoyo de la comunidad internacional en su conjunto, en reclamo colectivo de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero de maneradefinitiva.
El pasado 3 de diciembre Cuba celebró el Día de la Medicina Latinoamericana con la tasa de mortalidad infantil más baja de su historia, según informó en La Habana el ministro de Salud Pública, Roberto Morales. Éste precisó que tomando en cuenta las cifras hasta el mes de noviembre, el país registró un índice de 4,2 de mortalidad infantil por cada mil niños nacidos vivos. (Esta es la forma en que se registra el índice según los estándares internacionales: número de niños fallecidos en un año por cada mil nacidos vivos).
El ministro señaló que en todas las provincias se registra una estabilidad en esta materia, que evidencia la sostenibilidad del trabajo colectivo en el sector. El índice quedó fijado en el reducido nivel de 3 en alguna provincia, y en ninguna sobrepasa el nivel de 5.5 (siempre por cada mil nacidos vivos). Es uno de los más bajos del mundo.
El Día de la Medicina Latinoamericana se instituyó en 1933 en honor a Carlos J. Finlay, descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla (el mosquito Aedes Aegypti) y considerado uno de los máximos científicos cubanos. Según cifras oficiales, Cuba conmemora esta jornada con más de 130 mil médicos graduados desde 1961 (dos años después de la revolución) hasta el presente año 2013. Además, según cifras del ministerio de Salud Pública, hay actualmente más de 95 mil estudiantes de Ciencias Médicas en el país, con 13 carreras de nivel superior y 24 en el nivel técnico.
Sobre el tema de la mortalidad infantil en Cuba, quiero contarles una anécdota personal, más algunas consideraciones sobre el espíritu solidario e internacionalista de Cuba en este terreno.
Participábamos con la delegación uruguaya en La Habana en los primeros días de diciembre del año 2001 en el X Encuentro del Foro de Sâo Paulo, organismo que reúne a un conjunto de partidos y movimientos de izquierda, democráticos avanzados y antiimperialistas de América Latina y el Caribe, fundado en julio de 1990 en la ciudad bandeirantepor una iniciativa conjunta, en lo esencial, de Lula y Fidel Castro. Los sucesivos encuentros se efectuaron en Ciudad de México, Managua, La Habana (por primera vez), Montevideo, San Salvador, Porto Alegre, luego por segunda vez en forma sucesiva en México, Managua y finalmente en La Habana como sede del X Encuentro. Los siguientes encuentros tuvieron lugar en Antigua (Guatemala), Sâo Paulo (volviendo a la ciudad fundadora), se repitió sucesivamente en San Salvador, Montevideo (en mayo de 2008) y Ciudad de México, pasó a Buenos Aires, a Managua por tercera vez y luego a Caracas. Este año se realizó en Sâo Paulo por tercera vez, estando proyectado el XX Encuentro para el próximo año 2014 en Cochabamba, Bolivia.
Volvamos al X Encuentro del Foro de Sâo Paulo en La Habana, con el Palacio de las Convenciones como sede. Participaron en el mismo 518 delegados provenientes de 81 países de América Latina y del Caribe, América del Norte, Europa, Asia, África, Oriente Medio y Australia, representantes de 74 partidos y movimientos políticos miembros y de 127 partidos y organizaciones invitados. Esa reunión, que se efectuaba a menos de tres meses de los atentados del 11 de setiembre en Estados Unidos, se pronunció contra toda forma de terrorismo, en particular del terrorismo de Estado, y condenó la PatriotAct y la “doctrina Bush” con que el presidente de Estados Unidos pretendió definir los campos en el mundo (“o están con nosotros o están con los terroristas”).
En la clausura del Encuentro, el 7 de diciembre de 2001, Fide Castro bajó del estrado a conversar con los delegados. Tuvimos la suerte de que la delegación uruguaya estaba en primera fila de la platea, salimos a su encuentro y le pregunté, derechito: ¿En cuánto está la mortalidad infantil? Me respondió, como un pistoletazo, sin vacilar, con una cifra: 6, 29. Se ve que la tenía en la cabeza, y que seguía el tema sin cesar.
Esta cifra permite medir el camino recorrido en esta docena de años: bajó de 6,29 a 4,2. Detrás de esos números hay vidas de niños salvadas. El porcentaje es considerable (del orden del 33%), tomando en cuenta además que a esos niveles, ya de por sí muy bajos, resulta sumamente difícil seguirlos reduciendo.Es un mérito indudable de los servicios de la salud pública cubana en la atención a los niños en su primera edad. A la vez, es un símbolo de su devoción por la vida.
Esto se conjuga con el sentido solidario e internacionalista de la medicina cubana. Muchos de nosotros hemos tenido oportunidad de conocer la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) de La Habana, que permite realizar estudios completos de la carrera hasta graduarse a estudiantes de decenas de países, principalmente de América Latina y de África. Muchos jóvenes uruguayos se han beneficiado de esta oportunidad impar, y están prestando sus servicios a la colectividad en nuestro país. Lo mismo sucede en las decenas de países mencionados. En dicha escuela se respira un clima de sana fraternidad y de trabajo esforzado en pos de un objetivo humanitario.
Es el mismo que persiguen las misiones de médicos cubanos en distintas latitudes, sobre todo (pero no exclusivamente) en América Latina y en África. De ello es ejemplo la labor de los médicos cubanos en las clínicas oftalmológicas del Hospital Saint-Bois en nuestro país, que han devuelto la visión a miles de uruguayos, operándolos de cataratas y otras afecciones, en forma totalmente desinteresada. Cada uno de nosotros conoce a algún compatriota que siente que ha nacido de nuevo tras estas operaciones y desde entonces ve el mundo (literalmente) de otra manera. Lo mismo cabe decir de las misiones Barrio Adentro en Venezuela y en muchos otros países.
Todo ello con dedicación total y sin reparar en los riesgos. Porque cuando se produjo un terremoto de enormes proporciones en Cachemira, que afectó gravemente a regiones difícilmente accesibles, quienes llegaron allí a salvar vidas poniendo en riesgo la propia fueron los equipos de médicos cubanos, y ningún otro.
Todo esto tiene que ver con un tema hoy más actual que nunca: las cualidades del hombre nuevo, el hombre del futuro de que nos hablara el Che.
*Periodista y ecritor uruguayo
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