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Las tres ideas centrales de la derecha en la próxima campaña electoral
Ministro de Economía Fernando Lorenzo
El Instituto 2005 realizó el pasado 11 de diciembre una actividad con la presencia del ministro Fernando Lorenzo y el intendente De los Santos. En su exposición el ministro Lorenzo subrayó que en la próxima campaña electoral la derecha política tratará por todos los medios de hacer una negación de los cambios que vive hoy la sociedad uruguaya, “Nuestra repuesta tiene que tener tres ingredientes: defensa orgullosa de las transformaciones que hemos procesado, visión crítica – pero constructiva en términos del camino que nos queda por recorrer – en las cosas que todavía no han evolucionado de acuerdo a lo que nosotros pensamos y una osada agenda de futuro con una visión de largo plazo”. Lo que sigue son los tramos más salientes de la disertación de Lorenzo.
Nosotros nos encontramos ingresando al último año del segundo gobierno del Frente Amplio y entramos - ya de lleno - en un año electoral en el cual, lo que va a estar en juego es la continuidad de un proceso de cambios, la continuidad y la profundización de las transformaciones en curso.
Y necesariamente una y otra cosa, que es continuar con lo que teníamos previsto realizar a lo largo de todo este último año y fortalecer la capacidad de movilización para volver a obtener las mayorías que nos den otro gobierno progresista.
Negación de las transformaciones Creo que son dos partes importantes del mismo trabajo. Necesitamos, al mismo tiempo, convalidar esta acción política y de administración de la gestión del gobierno, cosas que todavía están pendientes de concreción y - al mismo tiempo - tenemos la obligación de trabajar intensamente, militar intensamente, para asegurar otro gobierno progresista en Uruguay a partir del año 2015. En esta etapa nos vamos a enfrentar a una derecha política. Derecha que va a tratar de ponernos ante tres dimensiones y tres situaciones para las que yo creo que tenemos que estar preparados y munidos de argumentos para enfrentarla.
Las tres ideas centrales de la derecha y sus organizaciones aliadas que nos van a someter, tienen a su vez tres componentes:
1) En primer lugar, hay un proceso muy notorio de negación de los cambios ocurridos en nuestro país en los últimos años. O sea, la primera idea de fuerza que van a tratar de construir es que nada ha cambiado con señas de identidad suficientemente sólidas como para consolidar la idea de que la izquierda está transformando políticamente el país. La negación de los actuales procesos de cambio. 2) En segundo lugar, va a haber un cuestionamiento expreso a algunas de las líneas de acción más fuertes y más comprometidas que el Frente Amplio ha desarrollado en todos estos años. Va a haber una crítica dura a políticas, iniciativas y programas que han estado en el centro de nuestra acción transformadora. 3) En tercer lugar, nos van a tratar de ubicar en una agenda de futuros muy diferentes a la que nosotros hemos impulsado.
En estas tres áreas van a estar presentes dos actitudes de parte de la derecha conservadora, que es tan derecha y tan conservadora como siempre, nunca quizás! Porque ahora, además, le falta la herramienta con la cual recreaban el poder, por lo tanto, la falta del manejo del gobierno, los deja en una situación aún más nítidamente conservadora y nítidamente negadora de todo lo que son las ideas de cambio y de progreso. Necesita volver, necesita volver a hacerse cargo de los poderes fácticos con los cuales se ha relacionado con el poder desde siempre.
Me parece que no hay ninguna novedad en ese sentido. Pero esa derecha no entiende el país y la forma en que éste se ha transformado. ¡No lo entiende!
Tenemos que trabajar fuertemente sobre esa idea. La derecha ha sido tan negadora de los procesos de cambio que hemos tenido en estos años, que ha llegado a una situación en la cual rompe con la realidad y no entiende las características de las transformaciones y de la nueva realidad que tenemos. Y por lo tanto, hace como que las transformaciones no ocurrieron y quiere actuar sobre una realidad que ha cambiado mucho. Por lo tanto las ideas que nos van a proponer, riñen profundamente con cualquier intento de encontrarle factibilidad y utilidad para nuestra sociedad.
Situémonos ante algunos aspectos de esta actitud de no reconocer los procesos de cambio. Hoy la sociedad uruguaya tiene una actitud frente a la realidad completamente distinta a la que tenía. Hoy la sociedad uruguaya cree en el futuro, cree que se puede construir un futuro mejor, tiene confianza. Hemos ganado en confianza para llevar adelante iniciativas importantes y ya no es posible decir que este país es un país en el que llevar adelante procesos de cambio, era imposible. No. No logra hacerse cargo - la derecha - de la envergadura de este cambio de la superestructura en el mundo de las ideas, en el mundo de la confianza de la que las transformaciones son posibles. Porque a muchos de nosotros nos educaron y nos formaron bajo la idea de que los cambios - en este país - no son posibles. Que este país estaba condenado a un proceso secular de estancamiento, de inmovilismo porque al parecer - por alguna razón - nuestro país y nuestro pueblo no estaban en condiciones de procesar cambios y transformaciones que nos condujeran a vivir en una sociedad mejor e integrarnos a un mundo mejor del que tenemos.
Esta negación es tremendamente paralizante. Debemos tener en cuenta que la derecha tiene una idea históricamente paralizante sobre las energías que en este país tenemos para procesar los cambios. Es más, ¡no llegan ni a entender aquellas cosas que quisieran entender! No llegan ni a entender que con un Estado que hace buenas políticas, que acierta en el diseño de los instrumentos y que trata de movilizar a los privados que hacen negocios - eso que parece tan elemental y tan de pertenencia a algunas de sus ideas -, no han sido capaces de entender que cuando uno hace todo eso, no se necesita que los empresarios voten al Frente Amplio y que sean todos de izquierda, sino que van a actuar conforme a lo que las políticas públicas, los instrumentos utilizados y las actitudes del interés general, se materialicen claramente como los lineamientos y los límites de la acción del sector privado.
Transformación de las estructuras de producción Nunca esperaron que la respuesta en materia de inversión productiva y de transformación de las estructuras de producción de nuestra economía, alcanzara la magnitud y la diversificación que han alcanzado. ¡No lo pensaron, no lo creyeron! Es más, no lo creyeron y cuando se dieron cuenta que esos procesos avanzaban, lo que hicieron fue discutir las políticas. Téngase presente que la crítica más severa a la política de promoción de inversiones que ha llevado adelante nuestro gobierno en estos últimos años, ha venido de dirigentes de la oposición, que dicen: “¡Cómo les van a dar renuncias fiscales e incentivos fiscales a los empresarios!” ¿Cómo se nos va a ocurrir a nosotros hacer tal cosa? ¿Cómo se nos va a ocurrir pensar que si nosotros damos un marco de políticas claras, transparentes, independientes, sin ninguna línea de vinculación de interés público y privado y sin ninguna conjunción, cómo va a pasar que si ponemos incentivos a alguna cosa, los empresarios van a actuar de un modo absolutamente compatible con la orientación de los instrumentos que estábamos aportando? Y cuando se encuentran que por primera vez en muchas décadas que nuestro país tiene niveles de acumulación del capital que permiten pensar el futuro de otra manera, lo que hacen es rechazar la idea de que esas transformaciones están ocurriendo. Tratan de decirnos que todo es efímero, que todo es frágil, que todo pende de un hilo muy finito y que en cualquier momento se va a romper. Necesitan demostrar fragilidad, vulnerabilidad y precariedad de todos los avances realizados. Y no entienden que las transformaciones que han ocurrido en la producción, son de tal envergadura que se ha cambiado la realidad de nuestra economía y que la cambió de una manera verdaderamente diferente a la que se imaginaron. Porque esas mejoras en la producción ocurrieron de forma tan igualitaria y tan abarcativa y tan inclusiva, que les rechina con las ideas que trataron de vendernos durante más de dos décadas. Nos dijeron que había que aceptar - para destrabar aquellas cosas que impedían que avanzáramos - teníamos que hacer esperar a los humildes, a los trabajadores, a los vulnerables de la sociedad. ¿Por qué? Porque primero teníamos que movilizar las fuerzas productivas, teníamos que cambiar y dar las condiciones para la inversión del capital y un día ya vendría, en el futuro, el proceso mediante el cual esas cosas redundaran en mejoras amplias y extendidas a la sociedad.
Distancia entre realidad y hechos Una idea bien clara y bien contundente que es incompatible y que no logran entender que - simplemente y por ejemplo, para abarcar esta distancia entre la realidad que niegan y los hechos que no son capaces de entender; los Consejos de Salarios y la negociación colectiva, han sido herramientas fundamentales en la construcción de esa transformación. ¡No lo pueden entender! Porque habían suprimido la negociación colectiva, la habían eliminado, bajo el pretexto de que ese era un obstáculo para conseguir objetivos. Y quien piensa de manera distinta y actúa de manera distinta y dice que los procesos de transformación de la producción tienen que ir de la mano con los procesos mediante los cuales se genera justicia económica y justicia distributiva, quienes pensamos de esa manera, entendemos que al mismo tiempo que se movilizaba la producción tenían que ocurrir los cambios distributivos.
¡La negación de los cambios distributivos es sorprendente, es alarmante! Allí estan frecuentemente la negación absoluta de lo que ha sido el proceso de reducción de la pobreza extrema y las mejoras en la última década de las necesidades básicas. Por otra parte se trata del país de América que tuvo mayores mejoras distributivas ya que era el país que estaba en mejor posición en el punto de partida. Porque Uruguay entre otros países es más igualitario en nuestra región desde hace rato,
Aquí la palabra “igualdad” significa mucho más política y culturalmente que en cualquier otro país de la región. Significa cosas distintas. Hay países de este continente - de esta Latinoamérica - en que no se siente la sociedad lesionada por la desigualdad. La sociedad no vive como un tajo en la piel la existencia de la desigualdad. En Uruguay, el pensamiento tradicional es un pensamiento que está anclado a la igualdad, está anclado en el valor de la igualdad. Por eso la izquierda sintoniza tanto con los valores más profundos de este país. La izquierda cree además en las posibilidades de este país.
“Eso no es para Uruguay” Hace no mucho tiempo alguien me recordaba que durante gobiernos anteriores se les propuso a gobernantes uruguayos desarrollar el “Instituto Pasteur” y la respuesta fue: “Eso no es para Uruguay. Eso es para otro país”. Nosotros es como que no teníamos derecho - nuestro país - a ser parte de un involucramiento en emprendimientos científicos de alto nivel y con organizaciones con un prestigio internacional como tiene el “Instituto Pasteur”. Hoy el “Instituto Pasteur” está absolutamente integrado, valorado y trabajando de una manera que hasta es sorprendente para esos que no creían o no querían creerlo.
Hace no muchos años también - menos de 20 - la Asociación Internacional de Economía quiso traer un centro de excelencia de formación de economistas de escala continental e internacional en nuestro país. Esa misma idea fue la que hizo que este fin de semana pasado nos visitara el actual presidente de la Asociación Internacional de Economía - Joseph Stiglitz - para hacer el lanzamiento de ese proyecto que - más de dos décadas atrás - fue rechazado porque “no era” para Uruguay.
Esto muestra claramente este proceso de transformaciones y cambios negados por la derecha. Negados porque no creen que estos procesos de transformación sean irreversibles. Por eso quieren restauración. A todos los procesos de cambio que hemos impulsado y los más consolidados, la única respuesta es “lo negamos”, porque aquí apostamos a que estas cosas reviertan. Tiene frente a las transformaciones que han ocurrido en nuestra economía, en nuestra sociedad, una respuesta negadora y restauradora, necesariamente restauradora. Porque el Uruguay en que estas transformaciones han ocurrido, se ha complejizado mucho. Ya no es posible entender estas transformaciones sin comprender el tejido social y la estructura de peso de los distintos actores sociales. Los cambios han sido tanto, en estos nueve años que tratar de entenderlo como antes de los gobiernos del Frente Amplio, es imposible.
Hoy, la realidad del movimiento sindical organizado, la presencia de los trabajadores activamente en la negociación colectiva, la movilización de la sociedad civil organizada presionando y manifestándose a favor de ideas y de proyectos en los que cree, es una transformación tan democratizadora, que la derecha no llega a entenderlo, no lo va a integrar como una medida permanente y va a tratar de restaurar. Y la idea restauradora va a estar presente permanentemente y se va a manifestar bajo la negación de los procesos de cambio. Porque es muy difícil ser restaurador y decir: “Volvamos al pasado”. ¡Ya qué el pasado era horrible! Y volver al pasado va a ser negar el proceso de transformación. La negación de los cambios va a ser la forma de restaurar, por otra parte la única que tiene capacidad de restaurar.
Estados de opinión y realidad El segundo capítulo, que es el de aquellas áreas de las cuales tienen una fuerte crítica a la acción de hoy. Yo diría, una crítica exacerbada, creciente. Y manejan dos o tres encuestas de opinión pública, porque la limitación ideológica de la derecha tiene mucho que ver con lo que encuentran en los estados de opinión, en los estados de ánimo del mercado de los votos. Y ahí encuentran que - verdaderamente - la sociedad uruguaya aspira a progresos más significativos y más importantes en algunas áreas. A partir de esto construyen la crítica a la gestión y el trabajo del gobierno, sobre la base de cuestionar - duramente - la orientación de las políticas económicas. La más importante - y probablemente la más sensible - es la de seguridad, pero sobre lo que están siendo más encarnizados, es sobre el tema de la educación. Es bien interesante que construyamos colectivamente un relato efectivamente real, elaborado y profundo sobre las cosas que están pasando en el mundo de la educación y que nos ponen ante realidades completamente distintas de las que se nos quieren presentar.
En el Uruguay vivimos permanentemente sometidos a un conjunto de argumentos y críticas que tienen que ver con los resultados efectivos del proceso educativo. Seamos claros, están muy lejos de los objetivos que nosotros tenemos. ¡Muy lejos! Tenemos que ser bien claros en esto. Ahora bien, estamos comparando resultados promedio de desempeño actuales con unos momentos del tiempo - no muy lejanos - en los que teníamos entre un 20 y un 30% menos de cobertura en la enseñanza secundaria. Con toda seguridad - permítannos conjeturar - que quienes no estaban incluidos, estaban en contextos sociales, familiares y de inserción compleja, problemáticos, mucho peores - desde el punto de vista de la base educativa y del sistema educativo -que quienes estaban incluidos en el sistema. Ahora, los procesos de inclusión, ¿no son una etapa necesaria y fundamental sobre la que se asientan los procesos de transformación, si tratan de ser igualitarios? ¿No era un objetivo fundamental asegurar mayores niveles de cobertura y mayores niveles de inclusión? Estamos comparando - en cierto sentido - realidades absolutamente diferentes en lo cualitativo. Y esto no debe aparecer - de parte nuestra - como una justificación de los malos resultados. El progresismo no puede explicar el fracaso como un estar contentos, o simplemente encontrar una explicación que nos parezca razonable. ¡No tenemos derecho a hacerlo de esa manera! Pero tenemos la obligación de entender el papel que han tenido los procesos de inclusión.
Educación y Seguridad, ayer y hoy Segundo elemento: cuando nosotros llegamos al gobierno, la valoración de la sociedad expresada a través de los recursos públicos invertidos en la educación, nos reflejaba las preferencias y motivaciones políticas de quienes habían votado en el país hasta ese momento. Y teníamos bajísima valoración del trabajo de los docentes y - además - bajísima importancia de los recursos públicos aplicados a la educación pública. El proceso de reversión de esa realidad implicó una primera etapa en la que había que agregar recursos para restablecer el concepto de valoración de la sociedad de la educación pública y de quienes son un factor clave en la docencia en general y en la educación en concreto. Y ese proceso es un proceso que hay que entenderlo en su complejidad, porque nos tocó iniciar el proceso de transformaciones, pagando una deuda histórica.
Antes de plantear la transformación teníamos que liberar la “cancha”. Teníamos que poner sobre la mesa el restablecimiento de la valoración social sobre la educación. Era imprescindible. No hubiera sido posible tener un diálogo en términos con la comunidad educativa y con los resultados educativos, sobre la base de lo que se invertía en educación y sobre la base de la valoración que tenía la actividad y el compromiso de los docentes con la educación. Y, por supuesto, que cuando se construye esa nueva plataforma de valoración, aparecen y surgen más nítidamente los problemas planteados en términos de aspiraciones de nuestra sociedad. Hoy nuestra sociedad considera que el proceso de transformación - ahora - necesariamente tiene que ir cargado de transformaciones que se redunden en los resultados. Los resultados del proceso educativo no es cuánto gastamos, no es cuál es la remuneración de tal o cual categoría docente. Es el final del proceso educativo en términos de lo que la educación significa, en herramientas para que los jóvenes y los niños de este país puedan continuar progresando, como ha ocurrido en estos últimos años.
Y la derecha, ni hizo lo que tenía que hacer ni entiende la secuencialidad de estos procesos de cambio. Ahora, nosotros no podemos parapetarnos en la defensa del “statu quo” en la educación. Porque frente a la crítica a la acción que venimos desplegando en la educación, la peor respuesta es decir: más de lo mismo. No tenemos derecho. Necesitamos tener el liderazgo y a la derecha hay que decirle que su valoración sobre la educación la tenemos clara, porque nos tocó empezar a gobernar con la valoración que ellos le habían dado a la educación pública. Que era con mucho menos recursos y con mucho menos compromiso con la capacidad de la educación en generar ciudadanos y generar trabajadores mejor pertrechados de herramientas para el futuro. Este ejemplo en la educación, de ir sobre las políticas desplegadas, con saña, con fuerza, con todo tipo de argumentos, por supuesto que se va a vestir en algunos momentos de algunas apreciaciones y algunos conceptos que - probablemente - nos parezcan razonables (algunos) y que apunten a resolver algunos de los problemas pendientes en nuestro sistema educativo. Pero no perdamos de vista que el objetivo de la derecha no es progresar - necesariamente - en las líneas de valoración de la educación que nosotros hemos propuesto, sino simplemente aprovechar que las aspiraciones que tenemos como sociedad - en materia de educación -, son mayores para encontrar un argumento de crítica severa, contundente, a esta realidad.
Nosotros tenemos - a partir de la plataforma que hemos construido - que liderar el proceso de transformación en la educación. Y tenemos cartas de crédito para hacerlo y tenemos suficientes elementos, pero que no pasan - en estas áreas - por creernos que más de lo mismo y continuar haciendo exactamente lo que hemos hecho en estos años, nos van a conducir a mejores resultados.
Tomo el ejemplo de la educación y no es el único. Porque sobre una sociedad que se fragmentó y generó todas las formas de exclusión social y todas las formas de violencia, en un proceso bastante prolongado de tiempo y de desintegración urbana, los temas de seguridad corren la misma suerte. Infravaloración de quienes trabajan en la seguridad pública, hacinamiento de cárceles y ausencia de inversión de todo tipo, un sistema de gestión de menores infractores y formas de atender la problemática de los menores infractores, absolutamente lamentable. Esa era la realidad que teníamos. Y, asumido el proceso de transformación y fortalecimiento de nuestras estructuras, ¿hay problemas? Si, los hay. ¡Claro que los hay! Pero no son problemas que no se estén tratando de resolver, con nuestra visión. Y ahí, yo creo que nosotros tenemos un problema político importante que es: tenemos que imponer - democráticamente - nuevas relaciones sobre los temas de seguridad pública. Porque la visión de la derecha en esto, es una visión que sólo entiende la represión, que sólo entiende la victimización de las víctimas y la satanización del agresor, como elemento básico del establecimiento del orden. Y la derecha es el orden y toda cosa que se sale del orden, tienen que volverla al orden. Pero no hay que entender procesos de transformación profundos, no hay que entender realidades sociales que han mutado y cómo esos factores influyen y hacen persistentes los fenómenos vinculados a la seguridad pública, a la violencia que se ha exacerbado. No sólo en nuestro país, sino internacionalmente. Y un comentario - quizás - para ponerlo en claro. Cuando uno mide indicadores objetivos de problemas de seguridad, de delincuencia, de homicidios, nosotros rankeamos relativamente bien, muy bien en el concierto continental. Pero eso no quiere decir que no sea un tema de enorme importancia para los uruguayos. Porque para otros países de la región - el problema de la violencia, como el problema de la exclusión - es una realidad mucho más cotidiana, mucho más arraigada a las historias de los países y a las realidades sociales.
Entonces, tenemos que tener mucho cuidado que en estas áreas, sobre las cuales hay una fuerte crítica de la derecha, no podemos permitir que nos gane la batalla en términos ideológicos y no podemos permitir que dominen el tipo de soluciones que proponen para estas cuestiones.
Propuestas hacia el futuro, agenda prioritaria Cuando vamos a la tercera área de confrontación, ésta tiene que ver con las propuestas hacia el futuro. Las que no necesariamente tienen que ver, ni con la negación de los procesos de cambio, ni con las críticas severas de lo que estamos haciendo, sino con cuál es la agenda prioritaria. Y tengamos en cuenta que verdaderamente, en la agenda de prioridades y en el despliegue de preferencias que ágamos, van a demostrar toda su pobreza. Porque si no entendieron lo que está pasando y sólo entienden la negación de algunas cosas que estamos haciendo, se quedan con una agenda anclada en el pasado y anclada en aspectos que nada tienen que ver con los desafíos formidables que tenemos hacia el futuro. Que abarcan la producción, abarcan el efectivo ejercicio de derechos, abarcan - necesariamente - la continuidad de las mejoras distributivas, abarcan - necesariamente - aspectos que tienen que ver con la forma en que se restablece el sentido de pertenencia de parte de los colectivos de nuestra sociedad, a la sociedad integrada. Esa agenda es una agenda - y ustedes lo van a ver y lo van a poder apreciar - va a ser hueca por parte de la derecha.
Nosotros tenemos una enorme posibilidad de continuar construyendo cambios, anclados en la realidad, mejorando lo que hemos hecho y yendo a más, en algunas cosas en las que hay que ir a más. Porque nos vamos a enfrentar a temas nuevos y los tenemos que liderar.
Sabemos poco sobre recursos naturales no renovables En Uruguay, nosotros sabemos muy poco como sociedad y sabemos muy poco desde el punto de vista del diseño de políticas públicas sobre los problemas vinculados al manejo de recursos naturales no renovables. Nosotros no tenemos ni capacidad, ni acumulación histórica sobre estas cuestiones. No fuimos y todavía no sabemos, si somos un país en el cual la minería o la explotación de recursos no renovables, sea una alternativa para nuestra economía. No sabemos si es así. Ahora, si lo es, nos enfrentamos a problemas completamente diferentes de los que tuvimos en el pasado.
Explotar un recurso no renovable es muy distinto que explotar un recurso renovable. Y no sólo por razones ambientales. Permítanme decirles que, casi que los problemas ambientales, tienen que moverse en la misma jerarquía que con otro tipo de problemas que se plantean. Normalmente, la explotación de recursos no renovables, plantea dimensiones formidables acerca del uso y de la apropiación del valor de esos recursos. Es un tema absolutamente de debate, que nada tiene que ver - en absoluto - con un problema tan sólo ambiental y de preservación del medio ambiente.
En la explotación de recursos no renovables ocurre lo siguiente: que lo que uno extrae, en el momento que lo extrae, lo extrajo y ya no hay más. Eso que se extrajo, una vez extraído, no vuelve. No lo recrea ningún proceso físico, ni ningún proceso de construcción recupera esos recursos. Con lo cual - para gente de izquierda como nosotros - se nos plantean debates fundamentales. ¿Tenemos derecho los uruguayos de hoy a consumirnos el valor de esos recursos, nosotros hoy? ¿O tenemos que pensar que esos recursos - que hoy se encuentran en condiciones de viabilidad económica para ser explotados -, ahora como nosotros nos encontramos justo en las circunstancias históricas, los explotamos y nos gastamos todo el producido de eso en el presente?
Entonces, ¡este es un debate de enorme significación! Porque la izquierda es el presente y el respeto porque el futuro tenga - por lo menos - las mismas posibilidades que el presente. Que las generaciones futuras puedan gozar de algo que no tenemos ningún derecho - contemporáneamente - a aprovecharlo, desconociendo lo que ocurra hacia el futuro. No tenemos ningún derecho. Sí tenemos legitimidad para hacer una propuesta racional sobre el asunto. Y créanme que esta va a ser un área de enorme tensión. Y de enorme tensión con la derecha, fundamentalmente. ¿Por qué? Porque ellos no entendieron - por ejemplo - que nosotros propusiéramos en la Ley de Minería de gran porte, nada más ni nada menos que un Impuesto a la Renta Progresivo sobre la actividad minera.
¿Qué significa esto? Que cuanto más productivo es el proyecto, más recursos van para el Estado, no más recursos para el explotador. Esto interpela muy fuertemente las formas en que se genera la relación entre el explotador y el Estado. Y lo que es más importante, sobre el uso de los recursos. Si nosotros no lideramos el proceso - conceptualmente, intelectualmente y elaboradamente - de qué hacer con esos recursos, nos podemos equivocar históricamente. ¡Puede ser el error más grande de nuestra historia! Si uno cree que es irrelevante qué se hace con esos recursos - sobre todo con la parte económica de esos recursos - comete un craso error.
Las 7, 8 o 10.000 hectáreas que están vinculadas al proyecto del que más se habla - no es el único -, hoy están dedicadas a una ganadería tradicional. Están dedicadas a ganadería extensiva, por tanto, carne vacuna y ovina y lana. Es esencialmente lo que hay en esas tierras. Porque la calificación de esas tierras y sus características, hacen que en nuestro país y en este momento, una de esas 10.000 hectáreas tiene hoy una renta en la actividad sustentable ganadera del orden de 60 o 70 dólares, cuando anda todo maravillosamente bien. Estamos hablando de que en esas 10.000 hectáreas hay menos de 1 millón de dólares de producción anual. El proyecto (minero) que va a ocupar esas 7.000, 8.000 o 10.000 hectáreas, va a producir entre 2.500 y 3.000 millones de dólares anuales, a los valores de estimación, que no son del precio actual de explotación. Esta relación de escala de 3.000 a 1 es de una significación económica impensable. Imagínense que con - esencialmente - la misma utilización de recursos naturales (fíjense si fuera un cultivo), producir 3.000 veces más por hectárea, sería impensable.
El problema es que creerse que eso es renovable y que uno puede actuar sobre ese patrimonio como si al consumirlo, reverdeciera y volviera a la próxima primavera a renacer, es absurdo. Bueno, estos temas van a ser temas mayores en la discusión: el uso de los recursos. Y hay experiencias muy distintas en el mundo. Hay países que está muy bien documentado y han tenido crisis por manejar este tipo de recursos y tenemos que aprender de ellos. Y hay países que han hecho pésima utilización de estas ventajas y - también - tenemos que aprender de esto.
Ahora bien, démonos cuenta de los cambios que implican estas nuevas realidades respecto de lo que ha sido tradicionalmente nuestra visión sobre la economía, sobre el funcionamiento de la economía y sobre la inversión vinculada a esos proyectos. Porque está claro, los recursos no renovables, se acaban. Se acaban. No son infinitos. Se documenta cuántos son, se calcula cuántos son y se prolongan. Pero hay un momento en que eso se acaba. Y si no se utilizaron adecuadamente esos recursos durante las fases de explotación y si nos creímos que eran eternos, probablemente lo que estemos haciendo es en lugar de generar futuro, vamos a estar poniéndolo en tela de juicio. Y esto es sobre los recursos no renovables.
Pero también sobre los renovables la tensión va a ser mayor a la que hemos tenido ahora. ¿Por qué? En Uruguay, durante muchos años, la marca de “Uruguay Natural” identifica una marca país y el valor que tiene esa seña de identidad es que en Uruguay la producción es natural, la producción agropecuaria es poco agresiva con el medioambiente. Pero claro, porque - en realidad - el agro tenía muchos años de estancados y no eran rentables la mayoría de las producciones que había sobre ellas. Una vez que se valoriza la producción, aparecen las tensiones. Ahora sí, porque ahora es rentable. La tierra pasó de 300 o 400 dólares a 4.000. Ese proceso de valoración hace que la explotación de la tierra - necesariamente - va a ser más intensiva de lo que era antes. Y eso es lo que estamos observando en el país. Y la amenaza de un uso irresponsable - por parte de los privados - de esos recursos en este escenario más valorizado, es uno de los temas más importantes que tenemos para el futuro. Por eso el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, está imponiendo los planes de uso y manejo de suelos.
¿Qué es eso? Vamos a ser claros. Es un impuesto a la producción que - con un uso exagerado - puede deteriorar el ambiente. Es, a todos los efectos, un impuesto. Decirle a alguien que no puede hacer lo que quiere, sino que tiene que hacer algo sustentable y que le limita su tasa de rendimiento, su tasa de avance, es parte fundamental de algo que es pensar en el futuro y evitar que haya depredación, desgaste por parte de quienes hoy explotan estas actividades. Y cuando se valorizan los recursos naturales, es cuando hay que tener más preocupaciones medioambientales. Si la madera del Amazonas no valía, no hubieran desforestado el Amazonas. Si los recursos no valen, no hay ataque de la economía sobre ellos.
Enfoques conservadores en lo ambiental Ahora nosotros, en la izquierda, nos vamos a enfrentar en la agenda del futuro, a un dilema entre enfoques de lo ambiental que van a ir desde lo muy conservador, hasta lo muy progresista. ¡Pero cuidado, que hay enfoques muy conservadores en lo ambiental! Cuidado que no hay que creerse que la agenda medioambiental de preservación de los recursos naturales, etc., etc., es siempre progresista. Parece - a veces - que la agenda ambiental tiene señas de identidad progresista, pero no es así. El conservacionismo por el conservacionismo, no necesariamente arbitra bien. Ni con las necesidades humanas actuales, ni con las necesidades humanas futuras.
El conjunto estos temas nos van a invitar a nosotros - la izquierda - a una selección muy fina, en términos de qué es lo que hay que preservar y de qué manera. Porque lo que no podemos hacer es asumir una postura conservacionista en extremo e impedir que la explotación económica racional de alguna de esas producciones, continúe siendo una polea a través de la cual nuestra sociedad sigue avanzando. Y estos son dilemas de fuerza y la derecha no está pensando en estas cosas. Por ejemplo, no está pensando en la significación que tiene para el Uruguay el haber acortado la brecha energética entre los requerimientos energéticos y la disponibilidad de energía.
Energía eléctrica y comunicaciones en la agenda Nosotros llegamos al gobierno y, si la economía no hubiera estado más o menos como estaba y hubiéramos tenido - por ejemplo - la realidad de crecimiento económico que tuvimos en los años subsiguientes, nosotros hubiéramos tenido problemas de disponibilidad de energía eléctrica. Porque durante más de una década, se olvidaron de hacer ninguna inversión en materia de generación de energía. ¡Ni que hablar en materia de comunicaciones! ¡Ni que hablar el rezago que teníamos en materia de comunicaciones! La agenda energética y de comunicaciones hacia el futuro, hoy estamos posicionados como para vencer el futuro de manera despejada.
No tenemos urgencias. Hemos hecho un proceso de transformación enorme. En materia de comunicaciones estamos - por primera vez - a la cabeza de la región, en costos y en calidad de los servicios. Esto es una realidad muy diferente a la que teníamos al inicio de nuestro gobierno. Y la derecha va a tratar de llevarnos a otra agenda. Nos va a tratar de llevar a la agenda cuestionadora del pasado y va a poner en tela de juicio todo lo que hemos transformado y va a tratar de negar esos procesos, continuamente. Y la respuesta nuestra tiene que tener tres ingredientes: defensa orgullosa de las transformaciones que hemos procesado, visión crítica - pero constructiva en términos del camino que nos queda por recorrer - en las cosas que todavía no han evolucionado de acuerdo a lo que nosotros pensamos y una osada agenda de futuro con una visión de largo plazo.
Una combinación de estos tres elementos es la que nos tiene que parar - políticamente - frente al proceso electoral del próximo año. Lo peor que le puede pasar al Uruguay - no a nosotros, no a los frenteamplistas - es que la derecha pudiera salirse con la de ellos. Yo creo que es lo peor que le podría pasar al Uruguay. En el Uruguay, el avance realizado está en juego y los avances del futuro están condicionados por la continuidad del proyecto en el que participamos todos.
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