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Artigas sin pueblo, no es comprensible
Historiador Gerardo Caetano*
En el la Intendencia de Montevideo, el pasado miércoles 11 de diciembre, con la presencia del Presidente de la República, José Mujica y de los ex presidente Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle, fue presentado el libro "Las Instrucciones del Año XIII. 200 años después", coordinado por los historiadores Ana Ribeiro y Gerardo Caetano. El evento conto con numeroso publico y diversas autoridades nacionales y departamentales y la representación de un fragmento de la obra “Instrucciones para un pueblo libre” de Carolina Cerruti y Ana Rico. Cerró el evento el historiador y académico Gerardo Caetano que entre otros conceptos dijo lo siguiente.
Esta es una obra colectiva. Desde muchas perspectivas, para mí también ha sido un honor y un placer, coordinar esta obra con mi querida amiga Ana y haber podido convocar a un conjunto tan extraordinario de historiadores y de académicos uruguayos. También de evitar eso en lo que tantas veces caemos, que es una mirada provinciana - mirar la historia uruguaya desde un uruguayismo exacerbado - y convocar la mirada de otros. Otros iberoamericanos, pero también otros europeos, norteamericanos, lo cual le daba “mundo”. Ala vez me siento muy orgulloso, muy orgulloso, de que ese pluralismo académico - absolutamente amplio - haya ratificado una vez más la mejor versión del Uruguay, con la presencia honrosa de los cuatro exvicepresidentes - pertenecientes a distintos partidos - y del presidente actual, José Mujica. Creo que hay muy pocos países que pueden darse ese lujo de que, convocados los representantes de los grandes partidos uruguayos, participen de una obra colectiva de esta naturaleza.
Quiero decirles que - hace algún tiempo - me preocupaba mucho que Artigas estuviera sólo en el Estado y en el sistema educativo. Que Artigas no estaba en las canciones, que Artigas no estaba en el teatro. Estaba, pero solamente en términos episódicos. Pero sobre todo, me preocupaba que no estuviera entre los jóvenes. Que la reiterada machacona del sistema educativo terminaba alejando a Artigas de la vida. Y hoy hemos podido ver más que a Artigas, porque Artigas sin pueblo, no es comprensible. Artigas sin artiguismo, no es comprensible. Como se decía en la obra: “Artigas es conductor y conducido. Ellos creen que los conduzco, pero ellos me conducen a mí”. Esa dimensión del liderazgo de una figura como Artigas. No hay Artigas sin pueblo, no hay Artigas sin artiguismo y hemos concentrado demasiado todo en la figura de Artigas. Y hemos creído que la revolución artiguista es Artigas. Y de alguna manera era muy importante proyectarnos hacia el artiguismo. Hacerlo contemporáneo, sin anacronismo.
Y hoy lo vimos en el teatro, lo vemos en esta obra. Esta obra la vi el 8 de octubre de este año y me impactó. Es una obra construida para jóvenes del sistema educativo, que perfectamente puede adaptarse como una obra mayor. Una obra dirigida por Carolina Cerrutti, de coautoría de Carolina Cerrutti y de Ana Rico y con las canciones absolutamente inolvidables - nada menos que - de Jaime Roos.
No hay Artigas sin pueblo. Y debemos recordar que Artigas fue el líder de una revolución popular derrotada. Y debemos recordar que Artigas originariamente no fue uruguayo. Siento decirle embajador/1, que - menos aún - fue argentino (risas). Entre otras cosas porque - en los tiempos de Artigas - la palabra “argentino” quería decir “porteño”, habitante de Buenos Aires y sus alrededores. Y lo menos que Artigas quería ser era habitante de Buenos Aires y de sus alrededores. Artigas era oriental. Ni siquiera era “argentino oriental”, como luego sería Lavalleja. Era oriental. Y en aquel momento, la dimensión de orientalidad, era una dimensión en controversia. La historia hizo que luego eso deviniera en un estado independiente. Así como Artigas no fue uruguayo, los uruguayos lo hemos hecho legítimamente uruguayo, como hacen los pueblos en su lectura del pasado. Y entre otras cosas, lo hemos hecho legítimamente uruguayo, ¿por qué? Porque el Uruguay - que es entre otras muchas cosas -una comunidad de valores, una comunidad de ideas que nos acomunan mucho más allá de nuestras diferencias (y yo diría, desde nuestras diferencias), lo hemos hecho uruguayo porque, más allá que a lo largo de la historia cada uno quiso poner en Artigas (y muchas veces quiso utilizar a Artigas y al artiguismo poniendo lo que quería), hay ciertas dimensiones del artiguismo que - aún hoy - son absolutamente contemporáneas y que definen lo que para algunos es la “orientalidad”, para otros es la “uruguayidad”. No es una esencia, es nuestra manera de concebir el “nosotros colectivo” que nos acomuna, más allá de diferencias, desde las diferencias.
Ahí está esa idea de libertad republicana. El Instituto “Artigas” de Servicio Exterior tiene una enorme suerte, en que su emblema es un sello de armas de Purificación, muy simple, muy sencillo y que - sin embargo - dice algo que podía ser la síntesis de cómo los uruguayos concebimos la nación, de cómo los uruguayos concebimos la política, de cómo los uruguayos concebimos la cuestión nacional como la cuestión democrática. Dice muy sencillamente y no tiene colores: “Libertad republicana”. Y esa noción de “libertad republicana” es una noción muy profunda que - de alguna manera - desde contextos muy distintos, llega hasta nosotros. Esa noción de “libertad republicana” es la libertad que no puede concebirse solamente como la libertad individual, como la libertad del egoísmo creador. Es una libertad que afirma la individualidad - por supuesto -, pero que la afirma en un contexto más amplio. Que se hace cargo - por ejemplo - de la libertad de la soberanía particular de los pueblos. En los tiempos de Artigas, “soberanía” se asociaba directamente con “libertad”. Eran conceptos casi intercambiables. La soberanía particular de los pueblos era también parte de esa libertad republicana.
Y bien, desde una mirada historiográfica - y Ana lo decía bien -, los historiadores somos “aguafiestas”. En las conmemoraciones no somos hospitalarios. Es nuestro oficio, son las reglas de nuestro oficio. Nuestro oficio no administra la verdad sobre el pasado. Nuestro oficio produce conocimiento crítico sobre el pasado. A veces los auditorios quieren recibir de los historiadores algo que los historiadores no tienen, que es la verdad sobre el pasado. Los historiadores dan hipótesis, siempre controversiales, siempre controvertidas y discuten con la mejor versión de la hipótesis contraria. Y como diría Braudel: “Las hipótesis son como barcos, sirven para navegar”. Y el momento más significativo - sobre todo, la hipótesis más querida - es el naufragio. Es esa vocación de verdad que - sin embargo - no termina en la verdad, sino que termina en la visión crítica.
Por eso quiero agradecerles a todos la presencia y quiero - de alguna manera - convocarlos a esa tarea que no termina, que es la construcción cotidiana de un “nosotros”. Ustedes saben bien, hay una sola representación directa de Artigas - que es la carbonilla de Demersay -, un Artigas casi indescifrable, de perfil, cuando tenía 80 años. Cuando el senado uruguayo le pidió a Blanes construir una imagen de Artigas, Blanes consultó a un historiador. Y vio la carbonilla de Demersay y le preguntó al historiador: “¿Pero a quién hago? ¿A la vieja del Paraguay o al héroe revolucionario?”. La vieja del Paraguay era la carbonilla de Demersay, aclaro. Y, por supuesto, el historiador le dijo: “Al héroe revolucionario”. Y allí Blanes pintó a Artigas, esa suerte de “centre half” a la antigua, allí, en la Puerta de la Ciudadela. Un Artigas gigantesco que, obviamente, no tiene nada que ver con la realidad. Y Blanes lo sabía. Cuando le respondió que iba a hacer al héroe revolucionario, dijo: “Se va a parecer tanto a la realidad - creo que - como una pera a un zapallo”. Y sin embargo, aquí tenemos - por ejemplo - a uno de los últimos Artigas. Podríamos pasar por el Artigas de Figari, que tenía un caballo gigantesco y un Artigas chiquitito. Parecía un jockey. O podríamos pasar por el Artigas de Zanelli que ganó - precisamente - porque no se parecía a la realidad, porque era un Gattamelata con ese caballo absolutamente increíble, que nunca corrió ni correrá por las praderas orientales. Pero le ganó al Artigas de Ferrari, precisamente porque era un Artigas universal. Era un Gattamelata. Hay un artículo de Ana Frega - “La construcción monumental de un héroe” - que nos relata esa historia y que tiene, incluso, la documentación del fallo de porqué le daban. El fallo era muy claro y decía: “El Artigas de Ferrari se parece mucho más al que seguramente fue. Pero el otro es más cosmopolita. El otro es más prócer. Por eso le tenemos que dar el premio a Zanelli y no a Ferrari”. Y aquí tenemos también a uno de los últimos Artigas, que es el que el maestro Anhelo Hernández pintó. Y uno podría decir: “bueno, todo eso es invención”. Y, sin embargo, en esa invención hay una continuidad de valores. En esa invención está ese anhelo de libertad republicana.
Yo los convoco a que sigamos inventando - en este caso - el futuro. Estoy seguro que desde la crítica, desde el pluralismo de visiones, seguramente - no tengo dudas - construiremos desde la libertad republicana del siglo XXI, la continuidad de nuestro “nosotros”.
* "LAS INSTRUCCIONES DEL AÑO XIII - 200 AÑOS DESPUÉS”: Este libro cuenta con seiscientas páginas de texto y cincuenta de bibliografías. La presentación y coordinación general es de los historiadores Gerardo Caetano y Ana Ribeiro. En los capítulos siguientes escriben; Javier Fernández Sebastián,Lincoln Maiztegui,Guillermo Vázquez Franco, Inés Cuadro Cawen,Carlos Demasi, Ariadna Islas, Manuel Chust e Ivana Frasquet, Enrique Ayala Mora, José Portillo, José Carlos Chiaramonte, Noemi Goldman, Joao Paulo Pimenta, Jerry Cooney, Juan Marchena Fernández, Juan Carlos Luzuriaga, Charles Esdaile, Ana Frega, Óscar Sarlo, Romeo Pérez, Julio Sánchez Gómez, Wilson González Demuro, Alejandro Sánchez, Giovanni Levi, Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle, Tabaré Vázquez, y el actual presidente de la República José Mujica.
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