Falleció Mario Otero, ex
Decano de Humanidades

Por Mario Bunge*

El decano Álvaro Rico informó este viernes del fallecimiento de Mario Otero, Profesor Emérito de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE).

“Se nos ha ido un destacado servidor de la Universidad de la República -lamentó el rector Rodrigo Arocena, estoy seguro de interpretar un sentimiento ampliamente compartido cuando agradezco a sus familiares, allegados y compañeros por la contribución de Mario Otero al cumplimiento de los fines que caracterizan a esta Universidad”.

Otero era Licenciado en Filosofía, egresado de la FHC, Docteur Université de Paris (Logique et Méthodologie des Sciences), egresado del Tercer Ciclo en Planificación de la Educación del IEDES, Paris, y Fulbright grants para trabajos de investigación, Harvard University, 1962 y 1966.

Fue Profesor Emérito de la Facultad de Humanidades y Ciencias y Doctor Honoris Causa de la Facultad de Ciencias, ambas de la Universidad de la República. Enseñó en la Universidad de la República, Universidad Nacional de Buenos Aires, Universidad Nacional Autónoma de México, y Universidad Metropolitana de México.

Ofreció conferencias de su especialidad en el Boston Colloquium for Philosophy of Science, en la AAAS (San Francisco), en el Instituto Poincaré y en la Ecole Normale, ambos en Paris. Publicó más de una docena de libros como autor o editor, formó parte de los consejos editoriales de diez revistas internacionales, y fue miembro honorario de la Asociación de Filosofía e Historia de la Ciencia.

Ex Decano de la entonces Facultad de Humanidades y Ciencias, electo por la Asamblea del Claustro para el período 1972-1976, vio interrumpido su mandato por el golpe de Estado y la intervención de la Universidad en 1973. “Allí sufrió los embates de la prisión y el exilio. Con el retorno de la democracia, en 1985, Mario Otero volvió a conducir la Facultad hasta 1989. Hasta el último día, fue Docente Libre del Instituto de Filosofía de la FHCE”, comunicó el decano de la FHCE.

Perfil
“He tenido el privilegio de ser amigo de Mario H. desde hace medio siglo. Nos vimos por primera vez en 1958, cuando me visitó en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Él acababa de sobrevivir un año en la glacial Buffalo bajo el ala de Marvin Farber, quien seguía buscando su nicho filosófico después de su gran desilusión con la fenomenología de Husserl.

En 1962 Mario H. consiguió que su Facultad de Humanidades me invitase a dictar un seminario. Allí expuse la primera mitad de mi libro La investigación científica, que fue publicado en inglés cinco años después. Mario H. había reunido a una decena de jóvenes filósofos, con quienes sostuvimos discusiones esclarecedoras, al menos para mí.

Menciono ese seminario organizado por Mario H. porque en el Río de la Plata no había tradición de debate filosófico. Tan es así, que en la reunión inicial de la Sociedad Argentina de Filosofia, celebrada en 1956, cuando alguien se atrevió a formular una objeción al autor de la conferencia, éste no respondió. La organizadora del acto declaró que, puesto que la nueva sociedad era una agrupación de amigos, en ella no cabía la discusión. Mario H., como Sócrates, sabe que las discusiones más fructíferas se entablan entre amigos.

Ese mismo año de 1962 Mario H. nos invitó a Osvaldo A. Reig, paleontólogo de reputación internacional, y a mí, a que fuésemos a Montevideo a revolver el avispero con la intención de organizar un grupo de debate filosófico.

Por la mañana nos reunimos con los investigadores del Instituto de Matemática, y por la tarde con un grupo de profesores y estudiantes de los departamentos de Botánica y Zoología. Reig y yo abogamos por la fusión de ambos departamentos, arguyendo que ni la genética ni la biología evolutiva cabían íntegramente en los departamentos existentes. Los profesores se opusieron, pero los estudiantes aprobaron, y la Universidad falló en favor de la modernización de la biología. Poco después, Mario H. nos informó que había logrado organizar el Grupo Uruguayo de Lógica y Epistemología.

Yo me fui voluntariamente de Argentina en 1963, y Mario H. abandonó su país una década después, huyendo de la dictadura militar. Durante esos años nuestros intercambios se limitaron a unas postales. Afortunadamente, en 1975 volvimos a encontrarnos, esta vez en el Instituto de Investigaciones Filosóficas, de México. Allí estrechamos nuestra relación académica y afectiva, que esta vez incluía a mi familia y a la suya.

Pocos años antes Mario H. había sido arrestado y torturado en Montevideo por el sólo hecho de ser profesor universitario. Afortunadamente pudo emigrar. Con buen tino eligió a México, siempre hospitalario para con los perseguidos políticos. Lo acogió el Instituto de Investigaciones Filosóficas, entonces dirigido por nuestro amigo Fernando Salmerón, vigoroso impulsor de la filosofía contemporánea y generoso anfitrión de filósofos rioplatenses, tales como Ernesto Garzón Valdés, Eduardo Rabossi, Tomás Moro Simpson, y los dos Marios.

Mario H. participó activamente en el seminario de la Agrupación Mexicana de Epistemología. Ambos tuvimos que soportar y sortear la hostilidad de los filósofos que se autodenominaban analíticos porque habían seguido unos cursos en Inglaterra o los EEUU. Estos hacían más política que análisis filosófico, de modo que no les interesaba nuestro seminario ni tenían tiempo para publicar. Tanto a Mario H. como a mí nos interesaba mucho la política nacional e internacional, pero rehuíamos la política universitaria, salvo como palanca para facilitar la investigación científica y humanista.

Un buen día Mario H. desapareció de México sin decir una palabra. Ni siquiera su familia tenía noticias de él. Al cabo de un tiempo nos enteramos de que Mario había regresado clandestinamente a Montevideo, para contribuir a preparar el retorno a la democracia. Regresó a poco a México sin decirnos una palabra sobre su misión secreta. Desde entonces nos hemos vuelto a ver en congresos celebrados en distintos lugares, pero hemos seguido intercambiando información y preguntas. Todos sus correos me han alegrado, informado y estimulado.

En resumen, Mario H. es uno de los filósofos más serios, curiosos, amplios y lúcidos que he conocido. También es un gran organizador, porque todo lo hace con dedicación al bien común y con una suavidad inusual en la Banda Occidental.

Gracias, querido botija oriental, por haberme brindado tu amistad y la de tu familia durante medio siglo.

Fuente: Galileo - Edición homenaje al Prof. Mario H. Otero - Diciembre 2009

* Mario Bunge nació en Buenos Aires el 21 de septiembre de 1919. Interesado en la filosofía de la física, Bunge comenzó sus estudios en la Universidad Nacional de La Plata, de la cual se graduó con un doctorado en ciencias físico-matemáticas en 1952. El tema de su tesis doctoral versó sobre Cinemática del electrón relativista. Bunge, es un físico, filósofo y humanista argentino; defensor del realismo científico y de la filosofía exacta. Es conocido por expresar públicamente su postura contraria a las pseudociencias, entre las que incluye al psicoanálisis, la praxeología, la homeopatía, la microeconomía neoclásica (u ortodoxa) entre otras, además de sus críticas contra corrientes filosóficas como el existencialismo1 (y, especialmente, la obra de Martin Heidegger2 ), la fenomenología, el posmodernismo,3 la hermenéutica,4 y el feminismo filosófico.

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